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Hay alguien aquí... Siento sus pasos que perforan el piso del pasillo hasta llegar a la habitación donde duermo, o al menos intento dormir. Observo como el picaporte baja y oigo un clack, indicando que logró abrir la puerta, aún cuando estaba con dos vueltas de llave; fui un idiota al creer que eso bastaría para detenerlo. Él tiene magia y la usó no solo para abrir la puerta, sino también hizo explotar mi única salvación; el foco de luz. Creo que además mató a mis padres, pues ellos no se han despertado para ver lo que está pasando. Puede que tal vez; solo tal vez, todo esto sea una broma de mal gusto por parte de mi cerebro. Esto no me puede estar pasando, ¿Por qué a mí? Yo sólo hice una cosa mala durante mi corta vida y estoy pagando muy caro por ella.

Hace una semana, o puede que más, vengo sufriendo este tipo de cosas. Cada noche me levanto entre las 3:30 y 3:33 de la mañana, toda mi frente está sudorosa y siento la humedad en mi almohada, cuando abro los ojos hay una especie de neblina roja que se va desvaneciendo con el paso del tiempo. Algunas veces, creo ver la silueta de algo raro sentado en el borde de mi cama, mirándome con ojos totalmente en blanco pero que atraviesan mi mente. Con ellos, parece que me habla telepáticamente. Vas a morir; es lo que dice. También dice cosas en latín, sé un poco de eso porque mis padres intentaron (sin éxito) enseñarme, aunque conservé algunas palabras fruto de su extensa pero limitada paciencia. Lo que me dice no es nada bonito, sin embargo no entiendo mucho más que "idiota" o "morirás" lo demás es inentendible para mí.

Creo sentir su presencia ahora mismo, algo se está acercando a mí y lo noto por el olor a azufre que me quema las fosas nasales. Una figura enorme permanece quieta frente mi cama. Sus ojos están cerrados y se camuflan con el negro de la oscuridad, pero empiezan a abrirse y muestran aquello a lo que más le temo desde el día que me propuse a demostrar la "falsedad" de un ritual satánico. Soy muy escéptico por naturaleza y al leer un texto medianamente largo que pedía no realizarlo bajo ningún concepto pues la leyenda decía que todo aquél que lo hacía debía tener en claro lo que iba a pedir y sabiendo con anticipo el costo de su deseo. Caso contrario, ÉL acabaría con la persona que lo estaba invocando; primero de forma psíquica, causándole horribles pesadillas e invadiendo su privacidad. Luego, una vez que el sujeto estaba demacrado y asustado, se lo llevaría al sitio más oscuro y perverso que haya existido jamás; el Infierno.

Confiado de que era puro cuento, busqué todo lo necesario para realizar este ritual y demostrar que lo sobrenatural y las leyendas urbanas no existieron, existen ni existirán. Compré velas rojas y unas tizas blancas; debía dibujar una estrella que apuntase hacia abajo y poner en cada extremo una de las velas. En el espacio central debía estar yo; el invocador, con un cuchillo en la mano. Apoyé la filosa punta entre el dedo pulgar e índice izquierdo y realicé un pequeño corte para dar así la ofrenda de sangre. Luego de que cayeran unas 5 o 6 gotas, cubrí mi mano cortada para que no volviese a manchar el piso y retrocedí sin tocar la tiza. Enfoqué mi cámara al centro de la estrella y pude observar como pequeños destellos de fuego saltaban sobre mi sangre. Eso me asustó un poco, pero supuse que era algo de mi vieja cámara. Fue en ese instante que un humo negro empezó a llenar mi cuarto, cerrado y a oscuras salvo por la iluminación de las velas. No me lo creía, realmente estaba funcionando y yo... estaba boquiabierto viendo como el centro de la estrella iba creando una especie de portal negro que se ensanchaba más y más.

Una mano empezó a salir de allí, luego otra. Pero no eran manos humanas, eran de un asqueroso y repugnante color rojo y tenían largas uñas. Aquellas garras, porque eso parecían, hicieron fuerza y pude ver como el ser más temido de la religión católica comenzaba a salir del portal. Su rostro, era el de cualquier humano, pero sus ojos daban muestra de ser inhumanos; los globos oculares eran de un color amarillo y la parte central roja, no tenía pupilas. Finalmente, la bestia que había invocado se mostró completamente mientras yo seguía distraído con su mirada tan perturbadora y llena de odio. Tenía miedo y el lo sabía; estaba sonriendo con una sonrisa llena de dientes blancos y filosos, tal vez de esos que te arrancan alguna extremidad al mismo tiempo que rasgan la carne de ella con una sola mordida. En sus ojos podía ver varias cosas que me llegaban a la mente; muertes de todo tipo, aberraciones realizadas por el ser humano y cosas que solo un desquiciado y genocida podría imaginar. Di un paso hacia atrás lentamente y, por puro instinto, encendí la luz. No creí que eso ayudaría, pero lo hizo. Cuando prendí la luz nada de lo que había hace unos instantes estaba ahora; las velas, la estrella hecha con tiza, ni siquiera la mancha de mi sangre. Es más, mi herida había cicatrizado y sanado, como si nada de esto hubiese pasado; una horrible pesadilla tan vívida en la que fui partícipe del más insano horror que cualquiera podría imaginar jamás. Fui al baño a lavarme la cara y refrescarme un poco luego de todo lo sucedido aquella tarde para encontrarme algo horrible en el espejo, había algo escrito allí y puedo jurar que estaba escrito con mi propia sangre, la que dejé como ofrenda. Lo que decía era "No siempre vas a estar protegido por la luz".