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Todavía se me pone la piel como carne de gallina. Mis padres salieron a celebrar su XXV aniversario, supongo que querían un poco de intimidad. Bajé a la cocina y vi una nota en la nevera. En ella, decía lo siguiente: "en la encimera tienes dinero, cómprate algo."

Genial. La casa entera para mí. Eché un vistazo en la nevera que estaba a rebosar. Invité a comer a mi amiga. Al entrar, Estefanía corrió radiante hacia mí y me dio dos besos que me sobresaltaron. Después de almorzar subimos a mi habitación, tenía algo que contarle. Pasa y resulta que me había pasado la noche en vela, sin dormir y lo peor no era eso, había tenido una pesadilla horrible.

Estefanía me miró y me preguntó: "¿Qué pasaba en la pesadilla...?"

De repente, escuchamos unos pasos que, firmemente, se acercan a nosotros. Un escalofrío subió por mi espalda hasta llegar a la cabeza. Cogí a mi amiga del brazo y no la solté. Ella me preguntó si me encontraba bien. El miedo no me dejaba pensar, mi cuerpo me estaba traicionando y mis manos empezaron a temblar, mi corazón palpitaba rápidamente, mis piernas no me respondían, estaba a punto de entrar en shock...

Los pasos se escuchaban cada vez más cerca. Estefanía de verdad creyó que eran mis padres. Le dije que no abriera la maldita puerta. De buenas a primeras, se fue la luz en la casa de forma extraña. Estefanía me pidió que la soltara y eso hice, la dejé ir libre. Se aproximó a la puerta y abrió. Sus ojos se agrandaron de forma involuntaria. Asustada, cerró la puerta.

Lo único que dijo fue: "Hay que salir de aquí cuanto antes."

¿A qué se refería...? Como sea, escapamos por la ventana. Conseguimos salir sanos y salvos. En ese momento, llegaron mis padres. Venían borrachos y de fiesta. Traté de explicarles lo que pasó pero no me dejaban hablar. Mi madre entró en la casa y no vio a nadie. Tenía terminantemente prohibido traer a chicas a casa, cierto, pero conviene recordar que ellos habían dejado solo a un menor de edad...

Mi padre me castigó sin salir y mi madre me quitó las llaves y el móvil. Mi padre se acercó a mí y me dijo: "dos minutos, no te doy más." Tenía dos minutos para despedirme de Estefanía. Agradecí muchísimo que viniera. Parecía nerviosa y sudaba mucho. Intrigado, le pregunté: "¿Qué has visto en las escaleras...?"

Ella me miró y me dijo: "A una mujer muy, muy alta vestida de blanco y con un candelabro de cristal en la mano..."

[Fin...]