Wiki Creepypasta
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Todo comenzó un día en el que estaba en el instituto como de costumbre; era la clase de educación visual y plástica.

Estaba absorto en mis pensamientos cuando Sebastián, uno de mis compañeros, me empezó a hablar de la casa abandonada que había enfrente del instituto. Se veía por la ventana del salón.

Me dijo que en esa casa ocurrían cosas extrañas, que de noche habían luces a pesar de no haber electricidad y que se escuchaban voces aunque no se veía a nadie...

Para cuando salí de la clase, reflexioné sobre el lugar. Pensé que a lo mejor se habían instalado vagabundos o drogadictos, gente así; pero mientras miraba la casa diciendo eso vi una luz similar a una luciérnaga dentro de esta y de repente una ventana abierta se cerró de golpe.

En ese momento, me asusté mucho y no volví a mirar a esa casa en el resto del día... Luego pensé que quizá había sido el viento.

Deseché esa teoría al pensar en lo antigua que era la ventana y en el hecho de que costaba mucho cerrarla por el hierro oxidado. Decidí ir con Sebastián y otros dos amigos cuando fuera de noche y las calles estuviesen solas; fuimos a la casa a la medianoche.

Costó un poco porque estaba bien cerrada por la madera podrida de la puerta.

Nada más entramos el frío de la casa nos heló los huesos. A primera vista, el salón estaba destrozado y los sillones arañados; había sangre seca en algunas partes. Eso nos asustó, y más las huellas que iban a las escaleras.

La seguimos, lo cual fue la peor decisión de nuestras vidas.

Un charco de sangre seca enorme estaba en el suelo del piso superior. Seguimos los pasos hasta una habitación con una cama matrimonial destrozada; al perder el rastro exploramos lo demás de la casa y no había nadie. Me quedé en la habitación un rato antes de irnos, pero un grito ensordecedor me hizo correr a la habitación de al lado.

Mi amiga Mónica estaba a allí, llorando, diciendo que un hombre había corrido hacia ella con sangre en la cara.

Me harté del lugar y le dicté a mis amigos que era hora de irnos. 

Intentamos salir, pero a pesar de haber forzado la entrada anteriormente, la puerta no abría. Escuchábamos pasos y presas del pánico huimos hasta la puerta trasera; estaba igualmente cerrada, así que tomé una silla y la golpeé contra la puerta varias veces hasta que la rompí.

Salimos finalmente, y desde ese día tengo la sensación de que alguien me mira desde aquella casa cuando estoy en el instituto. Estando solo escucho esos gritos.

Estoy cansado. Tengo miedo.

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