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Me desperté esa mañana, sin ganas de nada. Era extraño, ya que yo siempre solía tener mucha energía, pero aquel día fue diferente. Era como… como si algo se la hubiese llevado.

Decidí no ir a clase ese día. Yo vivía en un piso de estudiantes normal y corriente sin nadie que me dijera lo que tenía que hacer, así que me dejé llevar por el cansancio y me volví a acostar. Me tumbé en la cama y ahí estuve hasta que se me cerraron los ojos.

Cuando los abrí seguía en mi casa, como era de esperar. No sabía cuánto tiempo había pasado desde que me dormí, pero algo había cambiado. Todavía tenía ese particular estado de ánimo con el que me había despertado, pero había algo más; algo raro. Todo estaba en completo silencio, algo que puede parecer normal cuando uno vive solo, pero era un silencio especial. No se oía absolutamente nada, ni siquiera el sonido de mi propia respiración. No entendía nada, pero tampoco me importaba. Estaba en un extraño trance que no me dejaba pensar con claridad.

Decidí levantarme e ir a la cocina a por un café. Seguía sin oírse nada, ni siquiera mis pasos.

Mientras me lo tomaba, se empezó a escuchar un ruido molesto y constante, que no sabría describir bien. En circunstancias normales me habría alarmado, pero es ese momento no reaccioné. Se escuchó un golpe seco y fuerte en mi cuarto, lo que por fin me hizo retomar el control de mi mente con un respingo. Fui lo más rápido que pude hasta la puerta de mi cuarto, que estaba cerrada, aunque yo recordaba haberla dejado entreabierta.

Puse la oreja pegada a ella, y escuché un jadeo enfermizo en el interior de mi habitación. Antes de que pudiera preguntarme que era eso, la puerta de abrió y detrás apareció una copia exacta de mí, sonriendo maliciosamente. No dijo nada, sólo me empujó al interior de la sala.

En una esquina estaba otro clon mío, temblando y murmurando cosas sin sentido con voz débil. El otro comenzó a desfigurarse en una criatura espeluznante, la representación de mis mayores miedos.

–El miedo es el camino hacia el lado oscuro. El miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento. Veo mucho miedo en ti.[1] –dijo, con una voz demoníaca, mientras sonreía de nuevo.

En verdad tenía miedo. Estaba en shock; no sabía qué hacer, y tampoco sabía qué estaba pasando. Entonces sentí como me ardía el pecho, y grité. Golpeé las paredes y el suelo, de pura furia. Me estaba volviendo loco. Estaba enfadado con todo, y a la vez con nada. Era solo una manera de desahogarme que buscaba mi subconsciente.

Me odié, y odié a todo y a todos sin razón. Era un remolino de sentimientos, todos originados por el miedo, que no sabía cómo controlar. Finalmente me acurruqué en una esquina, donde antes había estado mi otro clon, y lloré. Loco o no, aquella cosa tenía razón.

–¿Ves cómo el único monstruo eres tú?

No hay un enemigo peor que nuestra propia mente.

  1. Frase extraída de Star Wars.