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Yo era un tipo normal. Iba andando a media noche por la calle, miraba de un lado a otro pensando en lo que haría al llegar a casa, ya sé, es un poco raro que esté en este momento en la calle solo y andando a cualquier lugar cuando yo solo tengo 15 años. Pero dejemos eso a un lado, jeje, no quiero recordar el por qué me escapé de mi casa. Seguí andando y de pronto mi teléfono móvil sonó, sobresaltado agarré el teléfono, solo era mi amiga Tamara llamándome como cada noche:

-¿S-si? ¿Quién es? -Pregunté.

-¡Hey! Mickey soy yo Tammy.

-Ohh... ¿Qué y qué quieres?

-Nada solo me aburro como todos los días...

SCP-ES-029 2

En ese momento me sorprendí, nunca me había dicho que se aburriera... De hecho era una chica muy activa y amable.

-Como siempre ¡Jaja, que chistosa!

-No es broma... Me aburro.

-Yo estoy llegando a el bar de la esquina, si quieres pásate... –propuse con miedo.

-¡¡¡Tengo una idea mejor!!! Quedemos en la Fábrica Abandonada lo pasaremos genial allí.

Justo ahí colgó y sorprendido e intrigado por lo que me había dicho accedí a ir allí. Ese lugar me daba escalofríos, aunque ya había estado allí antes y no soy un chico miedoso así que allí fui. Cuando llegué la llamé con una voz un poco patética:

-¡¿T-Tammy?!

Nadie contestó y me maldije... Había llegado mucho antes de la hora preparada. Me senté a esperar entre que agarraba un fierro con la mano d

-Este sitio me da miedo– me dije a mi mismo mientras levantaba el fierro sobre mi hombro.</p>

En ese instante el aburrimiento atacaba y no sabía qué hacer, así que para probar mi valía, antes de que llegara Tamara, me adentre en ese sitio. Había cables y máquinas rotas en cada lugar de esa fábrica. Pero entonces, llegué a un lugar completamente diferente.

Ese rincón de la fábrica estaba lleno de sangre y con esa misma sangre se alzaba en una pared cercana la palabra ‘’Sálvame’’...

En ese momento me asusté mucho y me di la vuelta pensando que todo había sido una broma pesada de mi amiga... Le gustaba hacer ese tipo de bromas aunque yo no estaba de acuerdo.

De pronto alcancé a ver una silueta acercándose a mí... Agarré fuertemente el fierro y exclamé:

-¡¡Detente!!

La silueta se detuvo a 2 metros delante de mí, dio un paso y vi que era Tamara. Ella no estaba igual. Su rostro era mas pálido y su cuerpo parecía estar encorvado sin ganas de moverse. Entonces le dije:

-Tammy, ¿estás bien? Parece que tienes fiebre.

-S-sí estoy... Genial... Tengo que irme ya a mi casa.

Ella echó a correr saliendo de la fábrica. En ese momento, la puerta se cerró.

Grité para que ella me abriese, entonces descubrí que la puerta sólo podía cerrarse y abrirse desde dentro. Un escalofrío invadió mi cuerpo. Sabía que no estaba solo. Agarré de nuevo el fierro aún más fuerte que antes. Comencé a ponerme nervioso, y entonces escuché una voz algo parecida a la de un varón joven aunque tenía pinta de siniestra:

-No tendrías que haberte escapado de casa...

-¡¿C-cómo sabes eso?!

-Yo no lo sé... ¿Tú lo sabes?

-¡Pués claro que lo sé, idiota!

Él se quedó callado. Vi la hora en mi teléfono móvil, la una y media. Ya llevaba una hora y media ahí metido. Prendí la linterna del teléfono ya que no veía nada. Caminé y entonces escuché la misma voz:

-Ding dong, yo voy a por ti- Dijo-. Ding dong, no podrás huir...En ese mismo instante no conseguía decir nada, el miedo me paralizaba. No sabía nada sobre él hasta que pasó de nuevo. En una de las paredes, escrito con sangre se podía leer ‘’Mi nombre es Kin’’. En cuanto leí eso escuché pasos, pasos con eco, pasos distintos a los míos. Entonces escuché:

-Hola, ¡soy Amy! Me he perdido en este lugar... ¿Me ayudas a encontrar a mi mamá?

En ese momento un escalofrío recorrió mi espalda. Me di cuenta era una niña de unos 6 años, estaba un poco pálida aunque no le di mucha importancia. También me di cuenta de lo que había dejado atrás, a mi madre... A mi padre... A mis tíos... Esos momentos dulces que había pasado con ellos... Agité mi cabeza para olvidarlos y asentí hacia la niña, ella sonrió:

-¿Cuál es tu nombre?

Mi nombre no me gustaba ya que era igual al de una caricatura de unos dibujos animados. Aun así le dije:

-Mickey, me llamo Mickey...

-¡Qué nombre mas raro, jiji!

Eso me sorprendió. De pronto ella me propuso jugar al escondite y aunque fuera peligroso accedí. Ella me dijo:

-¡Yo me esconderé! ¡Cuenta tú!

Asentí y empecé a contar 1, 2, 3, 4... Cuando acabé me di la vuelta y allí estaba la niña con sus manos en la cara. Fui a ver lo que pasaba y de pronto escuché la misma voz de antes:

-Ding dong, ¡ya estoy aquí!

La niña cayó haciéndose polvo. En ese momento no conseguía decir nada. Me caí al suelo y gateaba hacia atrás mientras veía la apariencia que tenía el muchacho. Tenía una máscara negra con ojos de neón rojos que le cubría toda la cara, una chaqueta color naranja y unos vaqueros negros con unas botas negras y blancas. Su cabeza estaba cubierta por una capucha. En su mano tenía dos machetes, cuando los vi solté el fierro que había agarrado y me apoyé en una pared mientras él me miraba con su máscara y alzando sus machetes. Primero me clavó uno en la barriga, en ese momento grité pero él sólo me dijo:

-Shh... Aunque grites nadie vendrá a por ti...

Sabía que tenía razón pero seguía gritando por el dolor. Él clavó su otro machete en el suelo y dejando el otro clavado en mi barriga se quitó la máscara y me tapó la boca.

-Soy Iker Kin Mártns... Ya sabes mi nombre...

Él me descolocó su filoso machete, y después de ver esos ojos rojos de neón, mi mundo cambió a ser oscuridad...