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Hace poco escuché algo sobre una supuesta leyenda. Me dijeron de que hace 50 años, en mi pueblo, se había visto una especie de sombra que, decían, acosaba y seguía a la gente que volvía recientemente de un viaje. Yo no me lo creía, hasta que un amigo mío me dijo que también se lo habían contado.

Cuando me enteré decidí investigar. Me marché de vacaciones el tiempo suficiente, y volví con una amalgama de esperanza y temor. El primer día no pasó nada. Ni el segundo, ni el tercero... Pero al cuarto día, vi algo extraño que me asustó mucho. En uno de mis paseos nocturnos, observé que sobre el campanario del pueblo se levantaba una sombra tridimensional, mas sin forma definida pero de nitidez asombrosa. La visión -que nadie más tuvo- fue suficiente para que me aterrara y echara a correr.

Al sexto día, nuevamente en otro de esos paseos, me encontré con un charco de un extraño líquido. Allí se apareció la sombra. Huí, y parecía que la sombra me perseguía gracias a ese líquido. En cierto momento de la huída, caía, y sin vacilar, el líquido (junto con la sombra) se precipitó sobre mis piernas como si fuera su presa. La oscuridad de mi alrededor me impedía observar qué era aquella extraña sustancia, ni tampoco su aun más extraño portador. El alba y la auorora hicieron su mágina aparición para salvarme. 

Pude escapar, pero incluso yo reconozco que fue más suerte que estructura narrativa. Desde entonces cancelé todo paseo nocturno, pero incluso siento extrañas presencias durante el día. En líquidos, y cualquier objeto que pueda reflejarme a mí. La ventana es la peor; siempre observo su figura eterea, y sé que la sombra, incluso sin ojos, también me observa. Paciente. Siempre esperando. Me encantaría saber qué.