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Me ha dado hambre. Bajé los escalones de dos en dos, solo para llegar más rápido. El juego lo tenía en pausa, me enredé con los largos audífonos y casi llegué en un segundo al comedor. Juro que no volveré a colocármelos.

Algo me decía, tal vez mi intuición, de que no abriera ese refrigerador. Lo abrí y saqué mantequilla, terminé de prepararme el pan y mastiqué. Unos asquerosos gusanos estaban dentro, se movían por mis manos, no aguanté y vomité todo el pan, arranqué de ese comedor. Llamé a mamá contándole esto, mientras que me intentaba desinfectar las manos con lo que fuera. Le rogué que volviera luego a casa, que tenía mucha hambre y no me daba apetito comer gusanos, le rogué que me trajera algo de comer. En verdad estaba hambriento y era extraño que mi madre no volviera a estas horas.

Un maldito gusano estaba saliendo de mi ojo, me dolía, me sangraba y comenzaron a salirme gusanos por la nariz, miles de ellos. Yo no paraba de sangrar, traté de pararme, pero se habían devorado mis pies. Y devoraron mis ojos. Por suerte desperté, me había dado cuenta de que me quedé dormido por esperar a mi madre. No me tomó ni un paso el notar algo horrible, ver que desde el refrigerador salían gusanos y bajaban lentamente por su puerta. Hasta las pegatinas estaban llenas de ellos, me espanté y comencé a matarlos. Lo más horrible fue esperar a que mi madre llegara, me impacientaba eso, quería saber si ella estaba bien.

No paraban de caer gusanos del refrigerador, entonces abrí. Comencé a abrir todo, hasta dar con lo que alimentaba a los gusanos. Aún estoy llorando; dentro del frasco de mermelada había una lengua cortada, en la hielera habían unos ojos, en el frasco de nutella había una oreja. ¡Qué horror!. Lloré y subí a mi habitación. Me encontré con la cabeza de mi madre sin sus sentidos, mi cama y mi cuarto llenos de sangre, y resbalé con una nota escrita que decía: ¿Puedes alimentar a los gusanos con tu carne?. No alcancé a correr, una mano tapó mi boca y me apuñalaron por el abdomen. Sentí como arrancaban mi ropa, me arrancaban la piel y me subían gusanos. Pensé que me dolería… Pero era más doloroso el saber que mi madre estaba muerta…