Wiki Creepypasta
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No sé cómo empezar esto, no sé desde cuándo empezó, pero sí cuándo empeoró... Hace un mes, todo era relativamente normal, hasta las voces en mi cabeza, ellas eran las que me acompañaban siempre adonde fuera, ellas evitaban que me aburra y que me sintiese sola. Juro que era normal, hasta esa noche...

Soy estudiante universitaria, con más problemas de los que debería tener una chica a esta edad, las voces las alucinaciones los sueños, el espejo, el maldito espejo. Desde adolescente tuve problemas, desde mi actitud que cambiaba constantemente; yo solo quería encontrar mi verdadera personalidad, casi muero en un arranque de ira. Me cortaba para liberar la tensión acumulada. Jamás fue algo tan grave ni peligroso hasta que tuve un día pésimo entre peleas con mis maestros y mis amigas: estallé, me corté de más las venas... Empecé a sentir sueño, me sentí muy relajada... Recuerdo que entraron a mi cuarto y después todo se tornó negro.

Pasé tres días en el hospital mientras los doctores buscaban qué había de malo en mí. Me mandaron al psicólogo, quien no resolvió la gran cosa. Pasaron mis ansias de liberar tensión, estaba consiente de que aún no quería morir. Dejé de asistir al psicólogo. Tomaba ese tiempo para pensar por mí misma, no quería que nadie me dijera qué pensar.

Cuando entré a la universidad no tenía tiempo de sentirme miserable, después de tres años todo mi estrés acumulado salió. Mis horarios eran terriblemente agotadores, y lo fueron aún más cuando comencé a trabajar.

Una noche, ya cansada, me puse el pijama. Fui al baño a lavarme la cara como siempre lo hago, y al verme al espejo, quise gritar. No reconocía mi propia cara, mis voces me volvieron loca... Me decían que esa no era yo, la imagen en el espejo era mi cara, pero no correspondía con el miedo intenso que sentí, esa sonrisa y la mirada... No podré olvidar esa mirada que no era mía, las muecas eran realmente malvadas y yo me moría de miedo, durante segundos que parecieron horas. Por dentro mis voces no se callaban, seguían diciendo que no era yo, esa no podía ser yo, de repente mis voces se callaron y pensé que jamás volvería a pasar... Era el principio.

Después de una semana tranquila, me desperté en la noche. Vi siluetas en mi habitación, giré mi cabeza a la derecha y ahí estaba, una garra negra como si fuera de un animal tratando de atraparme. Me levanté corriendo... Veía más sombras hasta que encendí la luz. No encontré nada, ¡me estaba volviendo loca! Estresada de tanto miedo, no sabía qué hacer. No volví a dormir con la luz apagada.

Después de días sin dormir yo escuchaba música muy cerca de mí. Aunque la casa estuviera sola y sin ningún ruido, yo la escuchaba, pero jamás logré entenderla. Por más atención que ponía no lograba descifrarla, pero pronto lo iba a descubrir. Vi nuevamente una sombra pasar a mi lado, en forma de un insecto deforme. La sombra empezó a moverse y lo último que recuerdo fue que me atacó... Me desperté en el hospital, me dijeron que empecé a gritar de la nada y que me arañaba la cara como queriéndome quitar algo. Caí de la silla y me golpeé tan fuerte en la cabeza que me desmayé. Dijeron los doctores que había tenido una crisis de nervios...

Dijeron los doctores que era demasiado violenta para dejarme en el hospital, que tenían que internarme en un psiquiátrico, dijeron que era posible que tuviera esquizofrenia. Yo no podía creer que me dijeran que estaba loca, ¡porque no lo estaba! Lo que pasaba es que no me entendían, no sabían lo que yo veía. Los escuché desde mi cuarto aunque estaba muy aturdida. Sentí un sueño muy pesado otra vez y lo último que escuché fue: “La trasladaremos en la mañana”.

En la noche, entre sueño y sueño, vi a las sombras acercarse a mí. Yo no podía gritar y ellas me hacían daño, se burlaban de mí. Traté de defenderme, de escapar de ahí, pude zafarme de las correas y correr, pero una sombra atrapó mi reflejo en las ventanas de reía. Yo gritaba y lloraba, quería salir de ahí. Nadie sabía por qué señalaba a las ventanas y gritaba que la mataran. Se acercaron varios doctores tratando de controlarme diciéndome que no había ningún peligro, que solo estaba soñando, pero no era verdad. Yo veía mi reflejo, riéndose de mí, de lo que me hacían, no sé cómo pude zafarme de ellos. Corrí por la calle. Era de noche y no había casi nadie afuera. Me enterré vidrios y piedras en los pies, pero eso no me detuvo. Yo tenía que seguir corriendo y huir de ahí, de esos monstruos.

Llegué aquí, a tu casa; sabía que tú me ibas a creer, que me ayudarías, ¿pero cuál fue mi sorpresa? Que ellos ya habían llegado antes. Lo que antes era mi reflejo me abrió la puerta, me sonrió y sabía que algo malo te había pasado. Sentí un calor recorrer mi cuerpo y empecé a golpearla una y otra vez, y veía su cara de terror y me gritaba que no le hiciera daño, yo no me iba a detener después de todo lo que ella me había causado; cuando dejé de golpearla noté que no respiraba, que no se movía... La había matado al fin, corrí a tu cuarto a buscarte y estabas en tu cama tumbada llena de sangre. Ella te mató porque sabía que tú me ayudarías.

Se escuchan las sirenas, ellos vienen por mí… Yo estaba tranquila, me tomaron de los brazos, me tiraron al piso. Traían armas, y a uno lo vi vomitar cuando vio tu cadáver.

Ellos dicen que estoy loca, que tengo graves enfermedades mentales, y que soy muy peligrosa por matar a dos personas con mis propias manos.

Ahora estoy en una habitación blanca, me siento tranquila, tengo una bonita camisa de fuerza, eso evita que me haga daño o a los doctores que vienen a darme de comer y hablar conmigo. La última vez que un doctor me enseñó un espejo, me lancé contra él y le mordí el cuello... Pero no fue para tanto, él sigue vivo, por eso decidieron ponerme una camisa de fuerza.

Las sombras a veces vienen y me hacen mucho daño y ellos no se dan cuenta. Mi mamá dice que jamás me recuperaré y que no puede soportar verme así. Ya no me visita. Lo bueno es que tú sí viniste a visitarme, sabía que me ayudarías, ¿pero cómo es que estás aquí si moriste?

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