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Esquizofrenia-low
Creen que estoy loco, que solo soy un pobre diablo trastornado que

nació en el lugar equivocado, dicen que estoy enfermo, pero son ellos los que están enfermos, enfermos de ignorancia por no creer lo que veo.

No sé cuánto tiempo pasaré encerrado en este hospital, ellos dicen que aquí estaré seguro y de nuevo se equivocan. Nadie está a salvo ni yo, ni ellos, ni nadie. La memoria de los humanos es frágil, tendemos a tergiversar la realidad y acomodarla de forma que nuestra mente pueda vivir por ella. Los humanos olvidamos con facilidad, por eso es que construimos enormes monumentos y también es por eso que estoy escribiendo mis memorias, antes de volver a casa.

La primera vez que los pude ver yo tenía unos cinco años, estaban por todas partes revoloteando alrededor de las personas, o simplemente purulando por el cielo. Normalmente eran pequeños, como pequeñas moscas horrendas, a las que decidí llamarles Gremlins por la película que fascinó y aterró a la vez cuando la vi unos meses antes de poder verlos.

Recuerdo que ese día volvía de la escuela con mi mejor amigo de aquel entonces. Fue cuando lo vi, en la plaza de el pueblo era un hombre trajeado hablándole a unas cien personas.

Me quedé impresionado, el pueblo en el que vivía era muy pequeño, apenas unas diez mil personas lo habitaban, por lo que incluso con esa edad me pareció una proeza reunir a tal cantidad de personas, pero más me impresionó la criatura que había detrás de ese hombre, rodeado por una multitud de esos pequeños bichejos a los que llamé Gremlins.

Solo se podía apreciar un par de alas de murciélago y unos enormes ojos rojos parecidos a los de una mosca, pero obviamente solo yo podía verlo. Fue la primera vez que vi un demonio y cuando me di cuenta de que curiosamente estos no producen sombra, no producen oscuridad, me di cuenta de que los demonios son la representación de la oscuridad.

Me quedé tan extasiado que mi amigo me tuvo que dar un pequeño golpe en la cabeza, le pregunté si podía verlo, obviamente ni siquiera podía ver al enorme demonio que se encontraba detrás de ese señor.

Cuando por fín estábamos a punto de salir de la plaza, el señor, del que posteriormente me enteré que era un famoso político de la extrema izquierda, empezó a hablar. Inmediatamente, el ser que estaba a su espalda espantó a todos los Gremlins y le pinchó con una especie de cola en forma de aguja en la nuca y su tamaño aumentó apenas unos milímeros... Pero lo pude notar, pude notar cómo todo lo que decía no eran más que mentiras. Parecía que ese ser se estaba alimentando de sus mentiras, de sus malos actos, de su oscuridad.

Unos años después, cuando yo tenía ocho años, mi padre murió y mi madre encontró a otra persona y yo encontré el significado de la palabra terror.

Al principio la relación de mi madre y ese chico iba bien, solo tenía unos cuantos Gremlins revoloteando a su alrededor, nada fuera de lo común. Pero progresivamente uno de ellos fue agrandando su tamaño, hasta llegar a convertirse en una bestia.

Su cuerpo era una gran esfera, colmada de bocas y con cuatro alas negras como las de un pajaro y en cada una de estas plumas había una boca, por debajo de sus alas se extendian tres largas serpientes negras que formaban su cola.

Este demonio tenía un comportamiento agresivo con los Gremlins, no dejaba que estos se acercaran al humano del que se alimentaba, el compartamiento del novio de mi madre también se volvió mas agresivo. Nos pegaba, amenazaba mi madre con matarme y cuanto más hacía esto, más oscura y negra se volvía a su alma, por lo que lo maté.

Por supuesto, nadie sospechó de mí, tardé dos meses en planear su asesinato. Realizarlo fue fácil, los viernes siempre volvía muy tarde por la noche completamente borracho, así que aproveché una de esas noches para tirarlo por las escaleras.

La verdad que tuve suerte porque al caer él se partió el cuello. Gracias a eso no me hizo falta simular cómo se degolló con un cristal de la botella que llevava en la mano, pero era demasiado tarde. En cuanto comprobé que estaba muerto, corrí para decírcelo a mi madre. La encontré en el baño, colgando de un cinturón atado, con profundos cortes en sus muñecas y rodeada de cientos de Gremlins, bajo ella un gran charco de sangre teñía las losas del baño del cual una especie de ángel rojo envuelto en unos caños de sangre y que desprendía un aura oscura bebía, es el único demonio rojo que he visto en mi vida.

Desde ese momento decidí matar a todos los demonios que pudiera.

Historias como esta tengo miles, con el tiempo descubrí que es mejor no hablarle de estos seres a la gente (por hablar de ellos estoy aquí, encarcelado), que los demonios nunca mueren y, más importante aún, descubrí que estos seres eran como una marca. Cuanto más grandes y terroríficos fueran estos seres, más corrompida y oscura es el alma de la persona de la que se alimentan. Son como una especie de parásitos, por eso fue por lo que decidí hacerme juez y por juzgar es por lo que estoy encerrado, por intentar llevar a un demonio de vuelta al infierno.

Ayer me llevaron frente a un hombre de unos ochenta años, el cual tiene mi misma habilidad, me miró a los ojos y luego miró hacia el techo y me dijo de forma muy calmada, "¿Qué clase de vida has llevado?", a lo que le respondí: "Dime, ¿qué ves?".

Al instante me dijo con una calma aterradora: "Es lo más parecido a un Serafín del infierno que he visto nunca, un esqueleto humano bañado en platino con tres pares de alas con plumas negras como las de un cuervo. Con dos de ellas se tapa el rostro, con las otras cuatro mantiene su vuelo mientras unos caños de sangre envuelven su cuerpo y las innumerables serpientes provenientes de su espalda están mordiendo tu cuerpo."

Debe ser que se han quedado sin espacio en el infierno y por eso ahora los demonios habitan en la tierra, pero creo que va siendo hora de que este demonio vuelva a casa.


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