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Eyessofia

El color de los ojos, el tono de las pupilas, los espejos del alma. Se admira un bello e inusual color de ojos, y se cree ingenuamente en el sentimiento que engendra celebrarlo. Diría que lo asumen como si fuese muy importante, pero yo no lo creo. Precisamente el encendido tinte de mis pupilas me trajo la muerte a mis diecisiete años; luego nació mi venganza.

Me conocen como Sofía Smith, y así me hago llamar. Mi madre fue una inmigrante que contrajo matrimonio con un importante banquero en México. Ojos rojos maternos, ojos azules paternos. ¿Sabían que mezclando rojo y azul, se obtiene lila? Ese es el precioso color de mis ojos, razón de envidias airadas, abusos y burlas, lo que comúnmente se comprende como bullying. Y por lo que recuerdo, tal ha sido mi experiencia escolar desde mis primeros años en calidad de estudiante.

Los espejos del alma, ¿cierto? El sufrimiento aborrecido los opaca, las aguas cristalinas de un manantial se enturbian si se vierte en sus ondas una sustancia venenosa. Monótona es la carrera de los días y muy pesada para un corazón que padece martirio inextinguible; pero tarde o temprano la copa se desborda y el volcán inflama su alta chimenea, ¿sino cómo olvidar esa soleada tarde de verano, cuando en la preparatoria estatal, cargando mis libros, y el azar me cruzó con una adolescente, "la chica más popular del mundo", Jenny?

—¡Oh! Vaya, vaya, pero qué tenemos aquí. ¡Si se trata de la inmigrante!

—¿Por qué mejor no te vas a besuquear con el imbécil de tu novio?

Jenny contaba con sus amigas Emily, Sarah y Elizabeth, tan ineptas y vanidosas como ella.

—Por lo menos ella sí tiene novio. Tú ni en tus sueños más lejanos, cucaracha-corearon.

—No estoy interesada en ningún chico por ahora, y ustedes no son nadie para restregarme en la cara sus obsesiones.

El día anterior había desviado el bebedero a propósito. Intuía este desagradable encuentro y quería deshacerme de ellas. Lo abrí y tras dibujarse en el aire el chorro de agua, oí los gritos enojados de las "huecas", graciosamente empapadas. Me reí a mis anchas, y más aún al contemplar el rostro furioso de Jenny. Las clases culminaron al caer el sol y tomé el bus. Cuando llegué a casa, me recibió el delicioso olor a rosbif, mi comida favorita.

—Cariño, ya estás aquí.

—Sí, mamá.

Dándome un cálido abrazo y besándome la frente, mi madre me salió al paso. Por supuesto que estaba grande para esas cosas, pero siempre he amado los mimos de mamá.

—¿Cómo te fue?

—Bien, mamá.

Sentándome a comer, devoré mi apetitoso emparedado de rosbif y tomé de a sorbos el jugo de naranja. Me levanté después y lavé mi plato, pensando. No soy como los demás, ¿saben? Indiferente me muestro ante el maquillaje, el príncipe azul, el ideal de la super-modelo, ¡qué idiotez la de "bajar unos kilos"! A mí me apasionan íntimamente la escuela y los animes. Estos días no me he sentido bien, tengo ataques de ansiedad muy a menudo, no le he dicho nada ni a mi madre ni a nadie.

Esa noche, terminada la tarea, me entretuve viendo una película que me tomó hasta las diez. Así que me acosté lo más pronto posible para despertar temprano por la mañana. Creo que cerré mis párpados, sintiéndome adormecida. Repentinamente las hojas marchitas del suelo crujieron bajo el peso de mis pies; en lo profundo del bosque, guiada por la luz de mi linterna hasta que encontré un dibujo bastante raro "YOU CAN'T ESCAPE" y enseguida oí pasos atrás mío.

Di un respingo del susto. Empecé a temblar, aterrada.

Una mano pesó sobre mi hombro, larga, afilada y esplendorosamente blanca. Pegué un grito de horror y desperté agitada, ¿fue un sueño nada real?

—Mi niña, ¿qué sucede? ¿Un mal sueño?

—Nada, mamá.

Abrazada a mi cojín de cuerpo completo de mi Vocaloid favorito Kaito Shion, el sueño me venció. Durante el día siguiente las clases y el recreo transcurrieron con normalidad, pero, resonante el timbre de salida, y adelantándome yo, junto a la puerta del laboratorio, me cayó encima, girado el picaporte, una cubeta llena de lejía. Fui el hazmerreír del salón, y como era de esperarse, las risas más prolongadas y exasperantes les pertenecían a las "huecas". Corrí de inmediato al espejo del baño: mi cabello había encanecido completamente. El único que no reía y se mantenía distante, lleno de curiosidad, era un bello muchacho al que desconocía. Llorando incontenibles lágrimas y cubriéndome los cabellos en mi viaje de regreso, entré en casa. Papá quedó estupefacto cuando me vio.

—¿Se puede saber qué te ha pasado? ¡Tu cabello!

Mis padres se reunieron con la directora quien suspendió a las culpables

Mi victoria florecía, y no se abrían aún los pétalos del capullo más hermoso. El nombre del muchacho simpático era Nolan, alto, de negros cabellos y ojos café. Me lo hizo saber sentándose a mi lado y compartiendo la mesa del almuerzo.

—Sofía, ¿me equivoco?

—Soy yo. Dime, Nolan.

—Esto, yo... Bonito look, Sofía. Todos creemos lo mismo.

—Gracias. También el tuyo. Oye, ¿esa bufanda te queda?

—Por supuesto que sí, ¡es tan cool! Me la regalaron hace unos años.

Platicamos intensamente alrededor de una hora. En mi mente me congratulaba por él: era el tipo de chico con que realmente desearía entablar una relación seria.

—¿No querrías...? No lo sé..., palomitas, una película.

—¿Me estás invitando al cine? Claro que me encantaría.

—¡Oh, eso es..., excelente! Te veo a las siete de la noche en punto.

Mi primera cita y apenas podía creerlo: fue una noche inolvidable, palomitas, películas... Mis discursos sobre mi desinterés por el amor se habían desvanecido como por arte de magia.

—Eres muy bonita. Desde que te vi por primera vez, me deslumbró lo dulce y bonita que eres. Quiero darte algo.

Besó mis labios, dejándome pasmada, pero no tardé en corresponderle.

—¿Te gustaría ser mi enamorada?

—Sí —suspiré.

Esa misma noche tuve aquella pesadilla donde ese hombre con traje y sin rostro me perseguía en el bosque, en mi mente se repetía "YOU CAN'T ESCAPE!". Desperté agitada, ¿qué me pasaba? Estaba claro que mi mente no estaba bien.

Mi primer amor dulce y feliz lo viví a partir de ese día, y breve y fugaz, además ¿Sería auténtico en el lenguaje del amor verdadero? Porque aún me lo pregunto. ¿Feliz? Me temo que ese término no es compatible conmigo. Semanas después lo sorprendí abrazado a Jenny, riendo y susurrándose palabras al oído. Mi desilusión extrajo lágrimas de los ríos de mis ojos y regó un odio que alimentó mi profundo dolor.

Deseé morir con todas mis fuerzas en ese momento. En mi agonía me sedujo el deseo de suicidarme lanzándome desde lo alto. No, el miedo me invadió, unido a mi sufrimiento cruel...

Consternada, devorada por un fuego que me consumía por dentro, corrí precipitadamente fuera del salón, pero al descender precipitadamente las escaleras, tropecé y me vine de bruces, instantáneamente quedando inconsciente. Ignoro cuánto tiempo permanecí en ese estado, desfalleciente. O me parece que sí me aventé desde el piso superior. No lo recuerdo muy bien: difusas nostalgias... Inconsciente, suspendida quedé.

—¡Despierta!

Abrí los ojos, confundida. Me dolía terriblemente el cuerpo y un líquido viscoso brotaba lentamente de mi cabeza una silueta rara me habló.

—Has sufrido por la culpa de seres insignificantes y mediocres. Que aprendan la lección.

Todavía aturdida, pero con una idea fija en mi mente, inspirada por sus palabras me levanté.

Al parecer en el patio no circulaban alumnos ni profesores; al fondo, sin embargo, tras los almendros en flor, las encontré. Una insoportable Jenny, exhalando aires de autosuficiencia, se jactaba ante su círculo de amigas de lo sucedido con Nolan. Al verme una de ellas y realizar señas significativas, se levantaron en conjunto.

El puente de Londres se caerá, se caerá, se caerá el puente de Londres, se caerá mi bella dama —susurraba yo como una desquiciada.

—¡Q-qué tienes! ¡Mírate! —balbuceó horrorizada.

La acusé con un dedo, clavando mi mirada lo más cerca de sus ojos, dilatados por la ansiedad. En sus reflejos aprecié los míos: sombríos, torvos, de un tono morado y lechoso.

—Exquisitos ojos esmeralda, Jenny, quiero probarlos.

¿Esa era mi voz? Cavernosa, gélida y extraña incluso para mí misma. La desgraciada chilló, pero la callé con un rotundo golpe en la mandíbula. Engarfié mis dedos y los hundí profundamente, arrancándole los ojos, mientras las demás huían aullando y vociferando frases ininteligibles. Mi tacto detectó la materia gris, impregnándose de su viscosidad. Jenny cayó muerta.

—No me sirven —bostecé, fastidiada. Los estrujé y luego sepulté mis manos en su pecho, comprimiendo su corazón aún palpitante. Fue glorioso e inimaginable el placer que experimenté. No tienen ni idea.

Una por una buscó auxilio, pero yo les di alcance. Una por una sufrió el mismo destino.

El puente de Londres se caerá, se caerá, se caerá, el puente de Londres se caerá, mi bella dama."

—S-Sofía, fue un malentendido... Perdóname, nena, perdóname la vida, por favor —sollozó Nolan.

Di un paso al frente. Olía su terror como un perfume grato y sensual.

—No hago tratos.

—¿Pero qué demonios eres? —rugió él, temblando incontrolablemente.

Lo golpeé frenéticamente, saboreando el placer que me producía el desfigurarle el rostro y quebrarle las costillas; luego, como acto final, le extirpé los ojos, deshaciéndome en carcajadas.

—¡Idiota, siente lo que yo sentí!

El sonido maravilloso de su corazón en medio del pecho abierto..., incomparable, nada hay igual en este mundo. En uno de sus bolsillos guardaba una navaja menuda. Repetidamente lo apuñalé hasta que mis carcajadas se convirtieron en llanto desgarrado.

Cuando se agotaron mis fuerzas, volví a sonreír.

—Bye, bye, amor mío. Eras poca cosa.

Aplasté sus ojos contra el concreto, esparciendo pedazos de carne gelatinosa.

Can you see me?

Cedieron mis rodillas bajo el peso de mi tormento. Insuficiente, ¡quería más! ¡Más!

La noche crecía. Desperté de súbito, sorprendido por los rechinantes ruidos de arriba, semejantes a cortadas y rasguños. Calcé mis pantuflas, portando la linterna de mi mesita de noche, porque la luz se había ido. Me dirigí al ático por la escalera descendente. Una joven, de espaldas, cuyos cabellos blancos como la nieve caían en gruesa catarata, gemía y suspiraba. Parecía que lloraba.

—¿Qué haces en mi casa? ¿Quién eres? ¡Date la vuelta!

Sangrando de las extremidades y del rostro, ella se rió de mi expresión helada. Horrible era, tanto que no encontré palabras para describirlo. Empezó a cantar.

El puente de Londres se caerá, se caerá, se caerá, mi bella dama.

La policía halló el cuerpo putrefacto de un hombre, desprovisto de sus ojos, flotando en un río de la localidad. Siete casos similares se han reportado simultáneamente.


Palabras de la creadora: Yo no comparto todos los créditos. Somos un equipo. Yo soy la creadora, mi editor Quo Croce y mi artista fan art Aisu-san. Gracias, muchachos n.n. Ojalá siga aquí nuestro creepypasta, ¡gracias por leer!