FANDOM


Veinticuatro horas atrás había decidido olvidar, hacer un esfuerzo por seguir adelante y volver a respirar. Pero el caso de su novio resurgió como un alma que aún no ha alcanzado la paz y la devolvió a la oscuridad.

Te prometí que siempre te protegería y pronto me necesitarás a tu lado. Sosteniendo su bolso para que no resbalara de su hombro corrió por la acera y se detuvo ante el semáforo en rojo. Resguardada bajo su paraguas esperó impaciente a que la silueta verde le permitiera el paso.

Se sentía angustiada y muy preocupada, acababa de recibir una llamada del hospital informándole que su mejor amiga se encontraba ingresada. Aquella misma noche Claudia le había comentado que saldría con unos amigos, que juntos irían a visitar a un conocido que llevaba años sin ver, y que no la esperase despierta. Sin embargo el sueño de Elibé fue interrumpido cuando un ladrón entró en su piso y desbarajustó todo a su alrededor.

A pesar de sus ansias por querer denunciarlo, la salud de su amiga era lo primero y decidida se dirigió hacia el hospital del pueblo. Cerrando el paraguas entró en el edificio y con una expresión de preocupación se acercó a información.

-Buenas noches ¿Podría decirme en que habitación se encuentra Claudia Morales?-Preguntó a la administrativa sentada tras una cristalería.

-Sí, un momento por favor.-Respondió llevando las manos al teclado del ordenador.

-¿Claudia Morales Rivera?

-Sí, esa misma.

-Ha ingresado hace unas horas ¿verdad?

-Sí.

-Pues... parece ser que ya le han dado el alta.

-¿Cómo dice?-Preguntó extrañada.

-No puede ser, acaban de llamarme diciendo que...- Antes de que pudiese acabar la frase una mano se dejó caer sobre su hombro y una voz familiar dijo su nombre en alto. Elibé se giró al instante.

-¡Claudia!-Exclamó

-¿Se puede saber que te ha pasado?

-Siento haberte hecho venir, pero no me dejaban volver a casa por mí misma.

-Pero... pero ¿Qué ha ocurrido?

-Bueno, nada- Negó con la cabeza.- Estaba volviendo a casa cuando me he desmayado. En serio, estaba justo en la entrada cuando perdí el conocimiento.

-¿Qué te has desmayado? ¿Y los médicos? ¿No te han dicho por qué ha sido?

-Falta de potasio, dicen. Pero ya les he dicho que venía de fiesta y que había bebido demasiado.

-Ah, ¿Y eso es todo?

-Sí, bueno... tendré que tomarme unas pastillas durante un tiempo.

-No Claudia, no digo eso-Insistió Elibé

- Ya sabes porque te ha ocurrido, pero no quieres escucharme.

-¿Qué? ¿Me vas a venir otra vez con eso? En serio, si te he llamado a ti y no a mis padres es porque quería ahorrarme el sermón de turno.

-Joder, ya sé que no te digo nada nuevo, pero me preocupas, estás demasiado delgada y a penas pruebas bocado.

-Elibé por favor, me conoces desde hace mucho tiempo y ya sabes que soy de constitución delgada. Además no soy una niña, sé cuidarme yo misma.

-Bueno, di lo que quieras pero no quiero volverte a ver aquí.-

Mientras mantenían la conversación decidieron apresurarse y abandonar el hospital.

-A partir de mañana las cosas van a cambiar- Siguió.

-Tanto para ti como para mí.- Claudia no respondió, simplemente asintió con la cabeza mientras intentaba situarse bajo el paraguas.

-Espero que lo entiendas, no quiero echarte la bronca, tal sólo quiero que estemos bien.- Sin decir nada más Elibé se detuvo en el paso peatonal y alzó la mano con la atención de llamar a un coche patrulla que esperaba en acera paralela.

-¿Eh? ¿Qué haces?- Preguntó su compañera desconcertada.

-Tenemos un problema, alguien ha entrado a robar en nuestro piso.- Subidas en el coche de policía fueron escasos minutos de trayecto, pero los suficientes para que Elibé explicase lo sucedido con todo lujo de detalles.

Sus palabras salían disparadas de su boca con nerviosismo, necesitaba que su credibilidad fuese absoluta para que la justicia le tendiese una mano de ayuda. Lamentablemente la falta de evidencias tan sólo les brindó la posibilidad de denunciar lo sucedido. Los agentes no encontraron pista alguna del sospechoso y el hecho de que la cerradura no se encontrase forzada acabó disipando la posibilidad de un robo.

-El modus operandi del ladrón es muy confuso y no parecen haber objetos robados.-Concluyó uno de ellos.

Claudia supo al instante que aquellas palabras no fueron del todo sinceras, lo cierto era que la falta de interés en el caso había sido a causa del comportamiento de su compañera de piso. Los nervios de Elibé se desbordaron cuando horrorizada descubrió que el colgante encontrado en el bosque había sido robado. Aquella cadena dorada con medio corazón era la única pista que podría llevarle de nuevo junto a Marcos, pero al igual que hacía cuatro meses, desapareció sin dejar rastro. Desesperada intentó hacerles entender que el ladrón tan solo entró para hacerse con aquel objeto y quizás, si lograban dar con él, también podrían encontrar a su pareja.

-Tranquila, como aún no me encuentro del todo bien mañana no iré a clase- dijo Claudia cuando los agentes marcharon. -Aprovecharé para acercarme a comisaría y denunciarlo.

A pesar de sus palabras, mientras su amiga le acariciaba el hombro de un modo comprensivo, un ligero ardor de rabia abrasó sus entrañas.

-Elibé, confía en mí, todo se va a solucionar.- Se maldijo a si misma por haber perdido la única pista que podría conducirle hacia su pareja, por sentirse perdida y aturdida como una estúpida niña y sobretodo su cólera se desató al percatarse de que se encontraba en el mismo estado que cuando su pareja desapareció.

Si lo que deseaba era una respuesta clara debía reaccionar, despertar de aquel sueño que la mantenía anestesiada en la cama y valerse por sí misma para encontrar una nueva pista. Porque a pesar de las promesas de su amiga y por mucha seguridad que transmitiese la policía se encontraba sola en aquella pesadilla. *** Con un sutil clic presionó el botón "Play" del radiocasete y la canción "I´ve told every little star" de Linda Scott iluminó el comedor. Acompañada por la música corrió las cortinas del balcón permitiendo la vista del hermoso paisaje exterior.

Con el mismo entusiasmo se situó frente el espejo y, con un pintalabios carmín en mano, resaltó la optimista sonrisa con la que despertó a la mañana siguiente.

-Te he dejado un plato de arroz y un poco de carne en la cocina-Dijo Elibé girándose hacia el pasillo.-Me voy a clase que voy a llegar tarde, espero que cuando vuelva hayas comido algo.-Sin nada más que decir cruzó el recibidor y cerrando la puerta tras de sí abandonó el piso.

En el silencio que dejó, tan solo perturbable por tic tac del reloj, una desgastada mano apareció y arrastró el cuerpo que mantenía a su compañera esclava en la cama. Ella misma y su expresión de crudeza, como un punzante alfiler atravesando su mejilla izquierda, se tambaleó hacia el baño y, dejando caer sus párpados con tristeza, se encerró silenciosamente en él. Los profetas del siglo XXI predijeron que aquel 13 de Agosto sería un día soleado y en parte acertaron; Pero ningún meteorólogo sabía que el pueblo en el que vivían era de lo más contradictorio, fuese cual fuese el pronóstico siempre acababan recibiendo lo totalmente opuesto. Por eso mismo y, a diferencia del resto del mundo, los días en aquella villa siempre eran grises, apagados, y con la persistencia de la lluvia sobre sus aceras. En ocasiones muchos de los habitantes se habían preguntado si tal comportamiento del tiempo era natural, algunos de ellos, sobre todo los más viejos, respondieron con antiguas leyendas que escucharon cuando eran pequeños, sobre una maldición que se desató en el lugar cuando aún ni siquiera había sido edificado.

"Yo he visto el fuego arder bajo estas tierras, llamas de color violeta que despiertan a nuestros antepasados en sus sepulcros" Solía decir Fermín, un anciano con los primeros problemas mentales de la vejez. Después de escuchar algo así uno se preguntaría.

-¿Qué idiota iba a creer semejante bobada?- Y como respuesta allí estarían Paula y Sergio.

Su afición por los fenómenos paranormales, extraterrestres y demás rarezas les había hecho populares en la región. ¿Quién habría imaginado que aquellos niños que se conocieron en la guardería acabarían juntos para el resto de sus vidas? Para ser sinceros ninguno destacaba ni por su físico ni por su intelecto, sin embargo el aura esotérica que desprendían lograba captar la atención de todos los demás. Claudia fue una de esas personas; se sintió atraída por la extraña pareja, incluso de algún modo parecía admirar su modo de vida, y se trabajó su amistad durante un tiempo hasta que finalmente logró intimar con ellos. A pesar del rose, Elibé jamás llego a sentir lo mismo; sin lugar a dudas reconocía que eran buena gente pero sus aficiones le resultaban demasiado escabrosas como para compartirlo.

-Parece ser que teníamos razón.- Dijo Sergio asintiendo con la cabeza.

-Después me lo contó por Messenger.

-No me lo puedo creer.- Respondió Paula dejando escapar una carcajada.

-Pero si el tío era súper gay.

-Pues mira, habrá cambiado de parecer.

Eran las dos del medio día, las lluvias para entonces ya habían cesado pero un intenso frío provocaba el crujir de las ramas. Durante las clases Elibé se dejó llevar por el melancólico paisaje, utilizó los colores más apagados para recordar los sucesos que la acompañaron y, después de pensarlo mucho, finalmente llegó a una conclusión.

Cuando Claudia sufrió el desmayo regresaba de salir de fiesta con Paula y Sergio, concretamente celebraron la visita de un amigo lejano que durante años residió en el mismo pueblo. Por eso mismo pensó que tenían todo el derecho a saberlo. Si tal amistad les unía debían ser informados sobre el estado en que se encontraba Claudia y si realmente se preocupaban por ella, entre los tres podrían buscar un modo de ayudarla.

-¡Esperad, esperad!- Gritó Elibé corriendo hacia ellos Al instante la pareja se detuvo sobre el puente de madera y girándose respondieron con una mirada de sorpresa.

La expresión de sus ojos se veía justificada por la falta de comunicación con ella; durante todos aquellos años pocas fueron las ocasiones que se acercó para hablar de forma desinteresada, siempre existió algún tipo de aliciente que la forzaba a comunicarse con ellos y, como imaginaron, aquella vez no sería diferente al resto.

-¿Qué tal Eli?- Preguntó Sergio.- He salido un poco tarde, pensaba que no podría alcanzaros.

-¿Pasa algo?-Siguió Paula.

-¿Tenéis un momento para hablar?- Ambos se miraron y después asintieron con la cabeza. -Es sobre Claudia, ayer estuvo ingresada en el hospital.

-Ah vaya... ¿Y eso por qué?- Preguntó Paula un poco cortada.

-Mira, vosotros sois sus amigos y creo que es mejor que os lo cuente. Quizás os haga más caso que a mí.- Elibé se detuvo unos segundos para coger aire y prosiguió con su explicación.

-A ver, ya sabéis que Claudia siempre ha sido delgada, pero hace meses, bueno... últimamente no come como debería.

Muchos días se salta las comidas, pero... en fin, que casi no prueba bocado. El caso es que ayer, justo cuando volvía de quedar con vosotros, se desmayó en medio de la calle y tuvieron que llevarla de urgencias.

-¿Lo dices en serio?-Preguntó Sergio.

-Sí, yo la verdad es que no sé qué hacer; Si ir a un especialista, hablar con sus padres o no sé. Pero no puedo soportarlo, esto no puede alargarse más.

-¿Y que quieres que hagamos?- Preguntó Paula.- Mira, podríamos ir a hablar los tres con ella, de buenas ¿sabes? Y quizás así abra los ojos. Sergio negó con la cabeza.

-No creo que eso sirva de mucho.

-¿Qué? Pero podríamos intentarlo al menos.

-Mira Elibé- Siguió Paula- Claudia y yo siempre hemos tenido muy buen rollo y no quiero estropearlo. Ella es adulta, es responsable de lo que haga y por mucho que nosotros le digamos tampoco va a cambiar de parecer.

-Pero a ver...

-No sé, es que además yo no la veo tan delgada como dices.

-Joder Paula, no hay que fijarse mucho para ver que está esquelética -Respondió molesta.-Además Eli, yo no creo que se desmayara por eso, cuando quedamos no estuvo a penas con nosotros, enseguida se fue porque no se encontraba bien, quizás estaba incubando algo.

-Sí claro ¿Y por qué te crees que la subió tantísimo? Eso justamente pasa cuando tienes el estómago vacío.

-No, no estaba borracha- Respondió Sergio.-A penas bebió nada.

-¿Qué? Pero si ella...

-Se marchó tan pronto que no probó el alcohol.

-Pero... ¿tan pronto se fue?

-Sí, serían sobre las doce ¿verdad?- Preguntó girándose hacia su novia.

-Las doce y media como mucho-Confirmó ella.

Completamente desconcertada Elibé recordó la noche en que Claudia fue hospitalizada; la llamada se produjo a las cuatro de la mañana, pero al parecer se despidió de sus amigos casi tres horas antes.

Si lo que decían era cierto, Claudia podría haber estado inconsciente durante todo aquel tiempo, pero era muy extraño que nadie la hubiese encontrado antes.

-Eli ¿te pasa algo?-Preguntó Sergio buscando su mirada.

-No -Respondió al instante- Aunque...visto lo visto tampoco creo que os interese saberlo.- Sin nada más que decir adelantó sus pasos, corrió sobre los tablones del puente cruzando el río y con la misma prisa se encaminó por el sendero que bordeaba la colina.

A medida que la silueta de Elibé se alejaba en la montaña la extraña pareja se echó una mirada y, con una media sonrisa, restaron importancia a sus palabras. Una vez llegó a su hogar, justo antes de entrar, intentó disimular la prisa que se había dado y con calma esperó unos segundos a que su respiración se normalizara. Cuando sus pasos alcanzaron el comedor pudo ver a su amiga arrodillada frente al televisor mientras recogía algo del suelo.

Claudia se incorporó y se giró hacia su compañera con ambas manos ocupadas; en su izquierda sostenía lo que parecían ser unos cuantos cristales rotos y en su derecha agarraba el preciado cuadro con la fotografía de Elibé y Marcos.

-Lo siento, se me ha caído mientras limpiaba.- Se disculpó. Intranquila se acercó a Claudia y con cuidado le arrebató el cuadro. Observó la fotografía de arriba abajo y con un suspiro se tranquilizó al percatarse de que no había sufrido daños.

-No pasa nada, ya compraremos uno nuevo. -Dijo sin apartar la mirada del marco.- ¿Y tú? ¿Cómo te encuentras?

-Ah, pues bastante mejor. Por cierto, me he pasado por comisaría y hecho la denuncia. La verdad es que me ha ido bien para despejarme un poco.

-Me alegro.

-Aunque deberías volver al médico.

-No, no creo que haga falta, enserio.- Elibé se detuvo unos segundos con el objeto en sus manos, su silenció extrañó a Claudia, la cual estaba acostumbrada a que siempre insistiera con su falta de peso.

-Puede que tengas razón.-Dijo finalmente.-Supongo que tanto alcohol y fiesta con Paula y Sergio te acabó destrozando.

-Ah, bueno...la verdad es que sí -Afirmó Claudia un tanto sorprendida por su respuesta.

-Ya te dije que seguramente me desmayé por eso.- Tres minutos antes Claudia permanecía sentada en la butaca del balcón mientras cruzada de brazos observaba el lúgubre paisaje que la rodeaba.

Sus ojos estaban abiertos de un modo antinatural mientras su respiración se descontrolaba con violentas compulsiones en su pecho.

-No, por favor.- El color de su iris jamás había resaltado entre los demás, pero ahora, con las pupilas totalmente contraídas su mirada se manifestaba de un modo escalofriante.

A pesar de los espasmos no podía apartar la vista de la montaña; permanecía paralizada, observando con terror como la niebla suspiraba entre la arboleda, como susurraba su nombre mientras se desplazaba colina abajo.

-¡Déjame tranquila!- Gritó incorporándose de la silla, introduciéndose inmediatamente en el comedor y situándose frente al mueble del televisor.

-¡Déjame en paz de una vez!- Acompañada por un grito desgarrador agarró el cuadro con sus manos y, alzándolo sobre su cabeza, lo arrojó violentamente contra el suelo.

Tres minutos después Sosteniendo el marco se incorporó, con calma se giró hacia Claudia, y mirándola a los ojos le sonrió. Elibé, confía en mí, todo se va a solucionar Desafortunadamente para ella, aquella expresión de simpatía tan solo fue una máscara de sospecha como respuesta a su mentira.