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Siempre me gustaron los juguetes antiguos. Desde niño que tengo esta pasión y los últimos años de mi vida los dediqué a coleccionar estas reliquias. Coleccionaba desde las primeras bicicletas para niños hasta esas cajas musicales que contienen un payaso dentro. Y de eso es de lo que vengo a arrepentirme en estos tiempos, de las cajas musicales.

Esto me ocurrió hace ya varios años. Había tenido problemas con mi esposa, queríamos casarnos y lo que más necesitábamos era el dinero para los anillos. Me reclamo que porque tenía tantos juguetes, todos viejos y feos, deformados y descoloridos. Yo le respondí que esto era porque coleccionarlos era mi hobby preferido. Ella me obligo a hacer una venta de garaje y venderlos a todos. Obedecí. Después de todo, estaba grande para juguetes. Saque la mesa al jardín delantero y me puse a escribir carteles con precios que luego fui pegando en todos los muñecos y cosas.

Quería sacar verdadero provecho vendiendo a mis queridos amigos de infancia, asi que los vendía a 20 dólares o incluso más. Sinceramente no tuve suerte ese día. Mire a lo alto, y vi el sol cayendo. Decidí guardar todo para irme a acostar y volver a intentarlo al día siguiente, pero algo me detuvo. Era como una presencia detrás de mí. Me di la vuelta y vi a un anciano con la piel muy pálida, pero apenas pude notar ese detalle, puesto que tenía un sombrero y un gran saco marrón que lo cubría por completo. En sus manos traía un gran cubo que tenía una manija.

Lo dejó sobre mi mesa y se fue. Pasé como 5 minutos tratando de analizar la extraña situación, hasta que decidí agarrar el cubo e inspeccionarlo, y maravillado pude apreciar la hermosa antigüedad que el hombre había dejado. Era una caja musical que adentro traía un payaso, o un “Jack In The Box”, mejor dicho. Me olvide completamente de entrar la mesa, en su lugar, entré corriendo yo, con la cara llena de felicidad por probar la caja. Me metí a la habitación y cerré la puerta, para que mi esposa no me vea con un nuevo juguete. Pude notar que abajo decía pero no le presté atención a eso y le di un poco de cuerda a la caja, la canción “Pop Goes the Weasel” comenzó a sonar. Me quedé esperando, pero pasaba el tiempo y el payaso no salía. Solo le había dado un poco de cuerda, pero esta parecía infinita.

Pasaba el tiempo y nada ocurría, solo la música. Me quedé esperando media hora, hasta que algo más atrajo mi atención. Un apagón en toda la cuadra. Fui al sótano a revisar la caja de fusibles para ver si el problema estaba allí, pero no puede hacer nada puesto a que me había olvidado la linterna. Llamé a mi esposa para pedirle que me la alcance, pero ella no dio ni señal. Esto me perturbó un poco. No se sentía en la casa, o al menos yo no la escuchaba, pero no le di menor importancia, seguro que se había ido a comprar algo de cenar.

Esta situación me obligó a subir y traer la linterna por mi cuenta. Nada más comencé a pisar los escalones, y lo escuché. No sé de qué modo, pero la cajita musical seguía y seguía con el “Pop Goes The Weasel” y parecía no detenerse nunca. Decidí ir a la habitación a apagarla o al menos, hacer el intento. Luego de tropezarme varias veces debido a la falta de luz, llegué a la cómoda en donde había dejado la cajita y encendí la tenue luz de mi teléfono celular para ver si tenía algún mecanismo de apagado, pero lo que vi en su lugar me dejo completamente inmóvil.

La caja musical tenía la tapa abierta, pero el payaso no estaba adentro. “Es imposible” pensé, mientras la canción sonaba cada vez más rápido y mis nervios aumentaban de manera impresionante. Las alternativas que tenía para explicar como el payaso no se encontraba dentro eran de lo más absurdas.

Era obvio que, el tipo que me dio la caja  le sacó el payaso antes, o el muñeco había cobrado vida. No entendía nada, hasta que me percaté de un papel pegado en mi espejo. Lo tomé y comencé a leer:

Esto sí que es aburrido. ¿Qué te parece un juego? El escondite”  Y ahí terminaba. Las palabras tenían una pésima caligrafía, como si un niño lo hubiera escrito. Yo ya estaba agonizando, la confusión era demasiada, y el miedo, peor. Estaba completamente tieso gracias a los escalofríos. En ese momento, la música se detuvo, pero luego de unos segundos, se reanudo de nuevo. Esta vez la canción iba mucho más lento que antes, incluso más que la velocidad normal. Salí de una vez del trance y comencé a moverme. Estaba decidido, iba a buscar la linterna y terminar de arreglar los fusibles. La nota no era una amenaza para mí. No sé por qué, pero en ese momento me sentía valiente.

En fin, recordaba que ese mismo día había estado arreglando unas cañerías en el baño y había precisado de la linterna. Así que allí me dirigí, pero me esperaba otra sorpresa. La puerta estaba trabada, como si le hubieran puesto llave desde adentro, además, la canción que todavía se oía desde la habitación, había tomado ahora un ritmo más rápido. Adiviné rápidamente que era esa música la que me ponía nervioso y me desesperaba, pero eso no iba a ser rival para mí.

Comencé a darle feroces patadas a la puerta. La adrenalina que tenía en ese momento me había sido de mucha ayuda, pero no me advertí de que nuevamente la música había tomado otro ritmo, y esta vez iba más rápido. Logré derribar la puerta y solo quedaba tomar la linterna. Recordaba también que había arreglado las cañerías de la ducha, entonces por ahí debía estar mi linterna. Corrí la cortina y por un segundo se me detuvo el corazón. Mi esposa estaba ahí, tirada, llena de sangre y con un terrible corte en la garganta. En su pecho tenía pegada otra nota, que ni siquiera me moleste en leer por la rabia que tenía. Comencé a gritar del enojo, pero eso fue otra distracción para no percatarme de que la cajita musical había dejado de sonar. Pasó un rato hasta que escuche una risa aguda.

De pronto escuche que la misma voz daba un grito de rabia, como yo. Y por último, escuché unos pasos, de alguien pequeño que corría. Los pasos cada vez se oían más cerca. Y volví a escuchar el grito, pero esta vez parecía que me lo estaban gritando a mí, y lo último que recuerdo, fue un rostro blanco con una sanguinaria sonrisa negra y ojos rojos pegado a mi cara. Desde ahí estoy en tratamiento psicológico.

Y desde ese entonces deseché todos mis juguetes de colección y me mudé. Pero esa horrible experiencia no sale de mi cabeza y cada vez que me voy a dormir, siento que me vigila.

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