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“Entrar a la casa era fácil…

El problema era como escapar de las memorias…”

“Mateo era lo que se diría un niño normal

Simpático, risueño, curioso…

Las tres virtudes necesarias para vivir una gran vida

Con una excepción…

La curiosidad no era una virtud para él

Era la fuente de sus pesadillas

Sus eternas pesadillas”

Mateo observaba la casa… La maldita casa

Era un molesto contraste con el ambiente colorido del barrio, siempre gris…

Muy molesto

Tanto, que decidió entrar, quizás estuviese abandonada, y podría llamar a Municipalidad para demolerla

Al abrir la puerta, un aire malévolo le recibió…

La primera habitación era un simple pasillo con sillas, bastante limpio, decorado con espejos

Como no parecía ser peligroso, entró, esperando algo decepcionante, porque después de todo, ¿Qué podría haber en una casa?

A lo largo del pasillo había varias puertas, así que probó todas…

“Cerrada…”

“Bloqueada”

“Abierta”

Abrió la puerta… Y decepción

Aunque la habitación parecía vieja y demacrada, no tenía nada raro, las sillas estaban intactas, las mesas, polvorientas, pero perfectas

Siguió caminando por el pasillo

Este terminaba pronto, en una puerta

“Screee…” Se quejaba la puerta, siendo abierta…

Lo que tenía la puerta detrás era otra habitación

Cubierta de polvo gris, lejana…

Todo roto, caído…

Demacrado

Memorias que sangran de aquellos cuadros, que algún día hubiesen sido preciosos…

Y la cama-

La cama estaba habitada por una criatura huesuda, humana, jadeante…

Mateo no podía salir, sus piernas no acataban órdenes

Las contradecían

Avanzó con terror a un costado de la cama...

Era una mujer, acostada, con los brazos extendidos… Y en una mano sostenía un cuchillo sangrante

Ella jadeaba, incapaz de respirar

Era tan joven… Pero había envejecido

Pareció no ver al aterrorizado niño, que sentía una urgencia…

La urgencia de matarla

Sus manos se acercaban al cuchillo, buscando tomarlo…

Entonces algo le tomó del brazo

Una sombra, quizás de aquello que una vez fue la mujer

“¿Eres tú…?”

El jadeo de la mujer aumentaba, mientras los cuadros sangraban más memorias, las sillas se cubrían más de polvo, y la sombra tomaba aún más luz

“Jonás, ¿Eres tú?”

La oscuridad le acercó a su cara… Que tenía una ¿Sonrisa?

“¿Porqué volviste?, Te pedí que me dejases sola…”

En un ataque de pánico, Mateo se liberó de la mano sombría, y empezó a correr

Risas

Una caja de música sonando

Voces

Mateo veía la puerta, la luz, la salida…

Pero no estaba allí

Ya era tarde

[PHOBOS BLUE]