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Era mi primer día de clases... Nunca había estado en esa escuela antes. Cuando mi madre abrió la puerta del auto supe que algo no andaba bien en ese edificio. Por alguna razón todo me era aterrador en ese pueblo, pero esa escuela era como el centro de toda actividad paranormal que hay en este mundo, como si de un viejo río se tratase. Por si fuera poco, aunque fuera un día soleado, en ese lugar parecía que la luz no llegaba. Y aunque tratara, sólo tenía seis años, no podía contradecir a mi madre.

Caminé por ese enorme patio, siempre sostenido de mi madre, hasta llegar al salón. El triste uniforme gris hacía juego con las paredes blancas, el viejo y desgastado piso de madera y el escritorio que se hallaba al frente del pizarrón. Mi madre me acompañó hasta mi asiento, el más apartado. Para desgracia de los demás niños, sus padres se despedían de ellos a la entrada, sin preocuparse de qué se esconde detrás de esa puerta.

Los primeros días parecieron normales, tan normales que llegué a aburrirme de la rutina. Lo único raro era el comportamiento inexpresivo de los maestros, era como si tuvieran prohibido el mostrar sus emociones. Habrá sido casi al final del mes de agosto cuando supe, de parte de mis amigos, que en el sótano hay unos túneles que se conectan con diferentes puntos de la ciudad, pero que uno de ellos no lleva hasta algún lugar en particular, sino a una sala, en donde lo único que hay es un ataúd, construido con unos árboles de abeto que hay por detrás del edificio.

Según la leyenda, una niña que cursaba el sexto grado saltó desde el balcón. No sabían exactamente por qué lo hizo, hasta que las culpables decidieron confesar. Resulta que esta niña era la más hermosa del aula, siempre llamaba la atención de todos los chicos: su piel, su cabello negro y rizado... Era como una muñeca. Todas esas cualidades, y más, despertaron la envidia de las demás niñas.

Habían dejado de dirigirle la palabra, hablaban a sus espaldas, sin disimular, para que se sintiera insignificante. La pobre niña se sumergió en un mundo de horror y fantasía, al cual le gustaba llamar "El Averno", como relató en su diario íntimo. No le hablaba a nadie, ni a sus padres, sólo confiaba en ella y en sus muñecas. Sin embargo, en la escuela seguía siendo el centro de todo... Si bien los chicos también se burlaban de ella, aún les parecía hermosa. Al no soportarlo, tres del grupo cortaron su cabello y le hicieron heridas por todo su cuerpo con unas tijeras. Aterrorizada por el incidente, acabó con su vida de esa manera miserable en una hermosa tarde lluviosa.

Pero ahí no termina: después de eso todos en ese salón, hasta los profesores, fallecieron de formas que no se pueden explicar.

Fue tal la curiosidad que sentimos mis amigos y yo, que cuando todos estaban en clase, fuimos hasta el sótano. Ahí nos dividimos, y para mi fortuna no tuve un acompañante. Caminé solo por ese estrecho y oscuro pasillo, hasta que me encontré con el ataúd descrito en la historia. Junto a él una fotografía de la niña en vida, rodeada de rosas marchitas. Abrí el sarcófago encontrándome con ese pálido rostro y su pequeño cuerpo, como de plástico, envuelto en un vestido negro... Y pensar que tuvieron que pasar doce años para que ella pudiera abrir sus ojos eternamente cerrados...