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Hachishakusama Editar

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Hachishakusama es un espíritu en forma de mujer de origen japones. Su nombre significa La Dama De Ocho Pies De Altura; hachi es ocho, shaku es una antigua unidad de longitud y sama es un honorífico de profundo respeto (como señora o dama, en este caso) usado como símbolo de respeto.

Se la conoce como la Slenderman japonesa debido a su gran similitud en altura y tez blanca.

Dependiendo ante quién se le aparezca, su rostro se ve de manera diferente: puede no tenerlo o poseer uno hermoso según el criterio del observador.

La leyenda cuenta que Hachishakusama había sido encerrada en pequeñas estatuas que la contenían, pero una de ellas se rompió y así pudo escapar.

A continuación, procedo a contar la historia de uno de los sobrevivientes.

Relato Editar

Se encontraba de visita en la casa de sus abuelos, en un pueblo rural de Japón. Una tarde calurosa, descansando sobre el césped del patio, escuchó un extraño sonido. No sabía de dónde venía pero tentado por la curiosidad, buscó por su alrededor. Aquel ruido sonaba como una voz profunda y decía algo como:

"Po... popo... popopo."

Se fijó que por encima de los arboles se encontraba un sombrero de mujer, se movía y el sonido provenía de allí.

Era imposible que fuera una persona. ¿Cómo podía ser tan alta? Observando mejor, la vio: una mujer extremadamente alta entre las ramas, sus brazos y piernas parecían infinitos. Tenía el pelo largo y negro, apenas se le veía la cara, llevaba un vestido largo y blanco que le hacía juego con el sombrero.

Quiso acercarse más pero la mujer se marchó y con ella el insólito sonido.

Al volver, a la casa encontró a sus abuelos tomando el té en la cocina y les contó lo que había visto. No le estaban prestando mucha atención pero cuando mencionó la altura de aquella mujer y el ruido que hacía, se pusieron pálidos. La abuela contuvo un grito y el abuelo con la cara muy seria le hizo repetir todo lo que había dicho.

El hombre salió por el pasillo y llamó a alguien desde el teléfono. El niño se quedó con la abuela en la cocina, estaba muy asustado y ella temblaba de miedo. El abuelo les dijo que tendría que salir un momento y le pidió a la abuela que no le quitara los ojos de encima a su nieto. Entonces, cuando preguntó llorando lo que pasaba, la anciana le respondió con tristeza:

— Hachishakusama se ha fijado en ti. Este espíritu es un ser que busca niños para aprovecharse de ellos porque son más fáciles de engañar. Así, cuando un niño es de su agrado, está condenado a morir, ya que este espiritual lo raptará y nunca mas se sabrá de él. —

Su abuelo, decidido a defenderlo, fue en busca de una bruja capaz de hacerle frente a Hachishakusama. Aquella mujer le ordenó quedarse en su habitación, le encerró con llave y le dijo que no debería salir bajo ninguna circunstancia antes de las siete de la mañana. Pero, antes dejarlo solo, colocó en las cuatro esquinas de su habitación cuatro cuencos con sal y puso una pequeña estatua de Buda a la que debería rezar si se sentía asustado, también le dio un pergamino que debía tener en la mano todo el tiempo.

Pasó la noche completamente solo, escuchando por la ventana extraños ruidos y el ya conocido Po...popo...popopo que anunciaba la llegada de Hachishakusama. Oyó de pronto la voz de su abuelo que le preguntaba cómo se sentía, le decía que si tenía miedo solo debía abrir la puerta. El temor que sentía era tanto que estuvo a punto de hacerlo, pero rápidamente recordó lo que la bruja le había dicho y, muerto de miedo, se arrodilló ante el buda y rezó y rezó, aterrorizado y lloroso. La sal en los cuencos se estaba volviendo oscura.

Aquella noche fue casi eterna y el golpeteo de la ventana no pausaba, al llegar al fin el día la sal se mostraba completamente negra.

Miró el reloj y vio que ya podía salir, sus abuelos lloraron de felicidad al verlo sano y salvo. El abuelo sin demora los sacó a todos de la casa y le subieron a una furgoneta en medio de ocho hombres del pueblo, la bruja conducía.

Sentado entre aquellas personas, le dijeron que aunque tenía graves problemas solo debería mantener la cabeza baja y cerrar los ojos, pues solo él podía ver a Hachishakusama. Sin embargo, basta que a uno le digan que cierre los ojos para abrirlos, ¿no? Y eso fue lo que hizo. Mantuvo la cabeza bajada, pero vio por la ventana que allí estaba ella: flotando, al costado del bosque, con su vestido blanco. Acercó su cara a la ventana bruscamente, y él gritó y cerró los ojos lo más fuerte que pudo mientras estrujaba el pergamino de la noche anterior.

Po...popo...popopo, los demás no podían verla ni escuchar el escalofriante sonido pero sí podían oír cuando golpeteaba en la carrocería o en las ventanas.

La bruja comenzó a rezar tan fuerte que su rezo se convirtió en grito, pero al cabo de un tiempo la voz y los golpeteos se esfumaron.

Esa es la historia de cómo sobrevivió. Nunca jamás ha podido regresar a la casa de sus abuelos, pues corre el riesgo de que el fantasma busque raptarlo de nuevo y terminar lo que dejó inconcluso. No se sabe qué es lo que hace con sus víctimas, algunos dicen que se alimenta de la esencia juvenil de sus presas.