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Alrededor del año 2011, una serie de asesinatos se produjo en el remoto poblado de Cobaya, el cual tengo entendido, se encuentra en la selva de América del Sur, entre Perú y Brasil.

La policía del pueblo se internó en una profunda investigación, pero a pesar del reducido tamaño del lugar, nunca llegaron a nada. Se llegó a la suposición de que todo había sido causado por algún grupo terrorista o de narcotraficantes, así que se aumentó la seguridad de los alrededores y se dejó lo demás como estaba.

Sin embargo, a pesar del aumento en el número de oficiales patrullantes, los asesinatos no pararon. Esta vez se tornaron más brutales, y por todas las características en los homicidios, un policía anónimo concluyó que todo se debía a un solo asesino. Sus compañeros no le creyeron, pero eso no le impidió realizar una investigación en solitario y no descansar hasta dar con el culpable.

Comenzó dando un pequeño paseo alrededor del pueblo, interrogando a algunas personas y reuniendo pistas sobre el caso. En esto, llegó hasta un parque lleno de niños alegres; se sentó junto a algunos de ellos a descansar, pero algo le llamó la atención. Unos estaban hablando acerca de un "hombre muy malo" que les daba miedo. Esto le conmocionó un poco, así que se acercó a ellos, hablando con tono amigable; estaba decidido a saber a quién se referían.

Al preguntarles sobre el tema, los niños le dijeron que hacía algunos días habían visto a un hombre alto, vestido con un saco marrón y una capucha gris. Este se estaba llevando a un niño que no dejaba de patalear y gritar, pero nadie lo ayudó. El policía estaba un tanto aturdido con la revelación: la última víctima había sido un niño de aproximadamente nueve años. Siguió haciendo preguntas a los pequeños, pero de estos no consiguió nada más. Era todo lo que sabían, por lo que decidió dejarlos en paz y seguir con su camino. Ahora, por lo menos estaba seguro de que se trataba de sólo un hombre; tenía una vaga descripción, aunque esta podía variar.

Estaba pensando en eso, cuando notó que se encontraba en la parte más vieja y abandonada del pueblo, decorada por casas en ruinas y edificios semi-desnudos. El policía pensó que no tenía nada que hacer ahí, pero se centró en un anciano sentado frente a la puerta de una de esas casas. Se acercó a él, extrañado, y le preguntó qué hacía ahí.

- Esta es mi casa -Respondió el anciano.- y sé qué es lo que estás buscando.

- ¿Sabes qué busco? -Interrogó el policía, alzando una ceja.- En ese caso, dímelo.

- Tú buscas a HalfFace.

- ¿De qué hablas? -Contestó el policía.- Te recomiendo que vuelvas a casa y le digas a tu familia que te den tratamiento mental...

- HalfFace es el asesino que buscas -Siseó el viejo, levantándose y dedicándole una sonrisa extraña al policía.- Él vivió aquí hace muchos años, cuando los restos que ves aquí eran casas grandes y majestuosas...

- ¿Qué es lo que sabes?

- Si en verdad quieres saber... -El policía asintió, así que prosiguió.- Te contaré la historia. Hace mucho tiempo, vivió aquí una familia muy adinerada. Tenían un hijo joven que era muy querido en el pueblo, especialmente por su resaltante belleza. Sin embargo, una noche, un grupo de adolescentes revoltosos decidieron hacerle una broma. Ataron una cuerda a una viga de construcción, y dejaron la trampa por donde sabían que su víctima pasaría. Al momento, el chico pisó la trampa y salió volando por los aires, mientras los responsables morían en carcajadas, sin tener en cuenta el no haber calculado lo siguiente: la viga no soportó el peso y rompió, haciendo caer al joven y a cientos de metales pesados encima de él. Tiempo después, la policía y los paramédicos llegaron al lugar, y aunque lograron salvar su vida, no consiguieron lo mismo con su rostro. La deformación era tal que el chico se negó a salir de casa nuevamente... Meses después, sus padres anunciaron que había muerto por la depresión; fue una gran pena para el pueblo entero, pero el tiempo eliminó los recuerdos y todo siguió su curso normal. Fue entonces cuando empezaron los asesinatos... Uno a uno, los causantes del accidente cayeron de las maneras más horribles...

El policía no podía creer lo que el anciano le decía, a pesar de la seriedad en su voz y su expresión. Luego de unos momentos, preguntó: - ¿Y eso qué tiene que ver con lo que está pasando? O más importante aún... ¿Por qué sabe todo eso?

Repentinamente, el anciano cambió su expresión. Le miró fijamente, directo a los ojos, sentenciando su respuesta con una voz de ultratumba.

- Él es tu asesino, y... ¿Por qué lo sé? Porque yo fui su última víctima en aquel entonces.

Dicho esto, el viejo desapareció como si se tratara de simple niebla, dejando al policía perplejo y si saber exactamente qué hacer.

Pasaron algunos días hasta que un nuevo asesinato fue anunciado. Anonadado, el policía revisó los más viejos archivos y volvió al lugar en el que se había encontrado con el viejo. Gracias a la información de aquellos documentos, pudo dar con la casa del joven de aquella historia. Al entrar, vio entre la oscuridad una mesa vieja en el centro de la sala. Había tres fotos en la superficie de esta, pero la penumbra no le dejaba distinguirlas. El policía se ayudó de su encendedor, revelando en las imágenes al chico de aquel rostro cadavérico, con la mitad de un extraño color oscuro.

Acercó las fotos a sus ojos para detallarlas mejor, pero no consiguió ningún otro aspecto resaltante. Lanzó un suspiro, guardando las imágenes en sus bolsillos y dándose vuelta para salir. Al hacerlo, la luz de su encendedor chocó contra el rostro bicolor de "HalfFace"; una parte pálida, la otra azulada. Recibió a su acompañante con un grito ahogado, retrocediendo en un auto-reflejo y deteniendo su intento de huída con la mesa. El encendedor resbaló de entre sus dedos y cayó, golpeando el suelo al apagarse y dejándole a oscuras frente a aquel espectral asesino, mientras le escuchaba mascullar: "¡Qué horrible accidente!"