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Era un día normal como cualquier otro. El cielo estaba despejado y mostraba su vivo color azul cián bañado de unas esponjosas nubes blancas como el algodón. La temperatura era perfecta, ni frío ni calor. Las calles, bueno, estaba repletas de lugareños y alguno que otro turista que estaban embobados por el abundante vegetación que tenía el pequeño pueblo. Y ahí estaba ella, sentada en un pequeño banco del parque, *Ami Mélody Cooper,* una chica de 15 años, media estatura, la piel ni muy morena ni muy blanca, el pelo era de un naranja intenso acompañado de un rubio ardiente, lo tiene rapado por el lado izquierdo y le llega dos dedos más bajo de su cadera, su flequillo y puntas son de color amarillo mientras que el resto del intenso naranja. Sus ojos son de un violeta oscuro, en su ojo izquierdo, lo acompaña una cicatriz que va de arriba a abajo de éste. Vestía con un top violeta, pantalones cortos de color cián, unas medias que se componía de tres colores, (azul, violeta y naranja) que le llegaban cuatro dedos por encima de la rodilla, unas botas de color verde con tacón alto y en sus manos, unos guantes blancos partidos por los dedos, nunca se los quitaba. Su carácter es fuerte y decidida, no suele dejar vencerse tan fácilmente, nunca da brazo a torcer. Una palabra para describirla: Rebelde ¿Por qué el carácter rebelde? Bueno, desde los seis años, la peli-naranja ya sufría Bullying en el colegio por su apariencia, la suelen llamar rara, bicho raro... Esas cosas, pero no solo eran insultos, llegó un día en que algunos de sus compañeros y compañeras la seguían a casa y cuando estaba cerca de ésta, la golpeaban. Pero un día, la chica no pudo con una humillación más y aprendió a defender por si sola, tuvo y sigue teniendo una vida difícil, desde aquella vez que se defendió, la dejaron en paz, bueno, la mayoría.

La chica se encontraba sentada en el banco con la vista pegada a su móvil sin prestar atención en su entorno y no tenía intenciones de hacerlo. Pero hubo algo que SI le llamó la atención, un llanto, un llanto de niño. Cuando levantó su vista, no pudo ver nada y el llanto cada vez se volvía más fuerte y eso la frustraba, no le quedó de otra que guardar su móvil en el bolsillo trasero de su pantalón y levantarse para buscar al supuesto niño.

—¿Qué pasa pequeño? ¿Por qué lloras?—Preguntó la chica mientras se paraba frente a un niño que estaba sentado en el suelo.

El pequeño no pudo aguantar más y se abalanzó encima de ella en busca de consuelo. La peli-naranja quedó estupefacta, pero a los pocos segundos lo abrazó con fuerza. ¿Quién dijo que las rebeldes no tenían corazón? Ami rompió el abrazo y le limpió las lágrimas al pequeño.

—No pasa nada, todo está bien ¿si?—Dijo ella para calmarlo —¿Por qué llorabas chiquitín?

El pequeño pelinegro la miró y le respondió entre llanto:

—N-No encuentro a m-mi mamá...—Confesó algo apenado.

Ella sonrió de lado y le peinó un poco el flequillo del niño. Le causaba mucha ternura, a parte, le recuerda mucho a ella, ya que de pequeña no hacía nada más que perderse por los supermercados.

—Bueno, no te preocupes pequeño, te ayudaré a buscar a tu mamá.—Le sonrió a lo que el pelinegro se le iluminaron sus pequeños ojitos color café.

Se dieron la mano y caminaron por todo el parque en busca de la mamá del pequeño Kevin, así le dijo que se llamaba. Después de una hora de caminata, una mujer de pelo negro y ojos verdes, se acercó corriendo hacia los dos jóvenes y abrazó con fuerza al pequeño Kevin. Se le veía en la cara una mueca de terror puro, lo más normal del mundo cuando pierdes a un hijo. La angustia y el terror de la mujer desapareció al ver que su hijo estaba sano y salvo, lo cargó en sus brazos y agradeció una y otra vez a la peli-naranja que sonríe radiante.

—No hace falta que agradezca nada, mujer.—Habló Ami riendo.—Solo hice lo correcto.

La mujer le sonrió y se fue mientras que el pequeño se despedía con su mano de Ami, ésta copió su acción. Se sentía muy feliz por haber ayudado al pequeño, que por cierto se parecía bastante a su madre.

—Bueno, hora de volver a mi prisión.—Suspiró ella al recordar que tendría que volver a su casa.

Con solo pensarlo, una mueca de disgusto se le dibujaba en la cara. Su relación en casa no era muy buena que digamos, siempre se peleaba con sus padres por cosas estúpidas, sus padres discutían por "culpa de ella", según ellos. Su padre siempre venía a las tantas de la noche a casa borracho y cuando su madre le iba a pedir explicaciones, él acababa por golpearla. Suspiró y caminó sin ganas a su respectivo hogar esperando la bronca del siglo. Tuvo la tentación de escapar de casa, pero simplemente no podía. Ya cerca de su casa, pudo distinguir a los lejos dos figuras masculinas que se acercaban cada vez rápido hacia ella. Frunció el ceño, eran los matones que siempre la molestaban, Black, un chico extremadamente rebelde y decidido, de complexión fuerte, de alta estatura, piel morena, pelo castaño y de ojos azules y Andrew, un chico no tan fuerte como su compañero, tres dedos mas bajo que Black, piel ni moreno ni pálido, pelo rubio y de ojos grises, en su labio inferior lo decora un pequeño pircing de color azul marino. Ami bufó, estaba cansada de pelear con esos, pero no le quedó de otra que seguir adelante.

—Vaya vaya... Mira a quién tenemos aquí...—Comentó Andrew dando pequeños codazos a su amigo. Éste rió.

—¡Pero si es la chica rara!—Carcajeó Black al ver la cara de fastidio de la chica.

—No estoy de humor para vuestros insultos, así que guardáoslo para otro momento.—Comentó ella mosqueada.

Los matones se miraron entre sí para luego acorralarla contra la pared. Andrew la agarró del brazo izquierdo mientras que Black la agarraba del derecho, acto seguido la agarró del cuello con su mano libre y apretó.

—Mira niñata.—Gruñó Black.—A mí no me hables así o será peor, ¿oíste? Y nos da igual si estás de malas o no, yo te molesto cuando yo quiera, ¡¿Entendiste?!—Chilló.

Ella asistió mientras que Andrew la agarra mas fuerte, no quería correr el riesgo de que escapara

—Muy bien naranjita.—Dijo burlón mientras apartaba la mano de su cuello.

Ella no pudo aguantar y tosió en busca de aire. Andrew y Black la soltaron y la tiraron al suelo para luego empezar con su paliza "diaria". Después de 15 minutos de patadas, pisotones y puñetazos, ambos jóvenes prendieron camino de vuelta a su casa mientras se reían y chocaban puños. Cuando Ami los perdió de vista, se levantó cuidadosamente mientras tosía algo de sangre, no le importó, ya estaba más que acostumbrada a las palizas. Se llevó su mano al costado derecho y entró en casa.

—¿Qué te pasó mocosa?—Habló su madre al verla.—¿Otra vez esos matones?—Ami asintió.—¿Por qué no te defiendes idiota?

—Porque no vale la pena, eso es todo.—Respondió fría y subió a su habitación ignorando los gritos de su madre.

—Odio mi vida...—Dicho esto, se metió al baño y se curó las heridas.

A las 3:15 a.m, un estrepitoso chirrido despertó violentamente a la joven peli-naranja que no dudó ni un segundo en tomar un cuchillo que tenía en su mesita para casos como este y bajó cautelosamente por las escaleras. Aprovechó que la sala estaba oscura para esconderse en ella y atacar al intruso que se había colado, pero cuando prendió la luz para sorprenderle, vio que era su padre, estaba tirado en el suelo balbuceando palabras sin sentido por culpa de su borrachera. Ami suspiró aliviada al ver que era su padre, pero a la vez estaba preocupada por él, increíblemente que parezca, aunque la maltraten e insulten, ella se preocupaba por sus padres. Dejó el cuchillo en la mesa de la entrada e intentó levantar a su padre del suelo, sin éxito, Brayan no ponía nada de su parte y eso la frustró.

—Papá... ¿Podrías echarme una mano?—Preguntó ella.

Solo escuchó un gruñido de su parte, pero al menos la ayudó a ponerse en pie. Ya "estable", caminó hasta el sofá con la ayuda de su única hija y se dejó caer en el sofá. La peli-naranja fue a la cocina y agarro un vaso con agua para su padre. Caminó tranquila hasta la sala y se sentó a su lado extendiéndole el vaso del cual Brayan aceptó.

—Papá.—Le llamó

—¿Qué pasa niña?—Contestó éste sin mirarla.

—¿Por qué siempre llegas en éste estado a casa?—Preguntó curiosa.

—Porque a mí me da la gana y porque puedo y quiero.

Ella no respondió, solo asintió y se levantó del sofá, pero la mano de su padre se lo impidió. Le miró sin expresión alguna, no entendía nada. Él la obligó a sentarse y así lo hizo. Cuando Brayan se fijó en los golpes de su hija, posó la mano en su mentón para obligarla a que le mire. Ella se tensó.

—¿Quién te golpeó?—No hubo respuesta.—Ami, ¡¿quién lo hizo?!—Elevó la voz a lo que ella le dio un escalofrío.

Suspiró—Black y Andrew, papá

Su padre frunció el ceño. Ami no entendía nada, "¿Por qué ahora se preocupa?", pensaba ella. No le quedó de otra que contarle que siempre la molestaban, aunque su padre esté bajo los efectos del alcohol, él entendía perfectamente lo que le contaba su hija. Después de unos minutos de relatos, Brayan la mandó a dormir no sin antes decirle que mañana hablarían, ella asintió y regresó a su cuarto.

Ya por la mañana de sábado, Ami se levantó perezosamente y se metió en el baño para darse una larga ducha. Mientras que el agua caía sobre su cabeza, ella pensó en por qué su padre se preocupaba por ella, nunca lo hizo y eso la extrañaba. Salió del baño y se vistió con una camisa a cuadros de color blanco, unos vaqueros negros gastados por las rodillas, sus guantes blancos y unas converse blancas. Recogió su pelo en un moño y ocultó algunos golpes con maquillaje que nunca usaba. Bajó a desayunar sin ganas, pero tenía que hablar con su padre por lo que le contó a la madrugada. Se sirvió unas tostadas con mantequilla y mermelada y un zumo de naranja, simple. Cuando llegó su padre, hablaron entre los tres sobre los matones, pero Caroline, la madre, hacía caso omiso de eso y se fue a trabajar sin nada más que decir. Ami suspiró y decidió ir al parque para despejarse, agarró su cartera y móvil y salió casi corriendo, no quería toparse con sus agresores. A una cuadra del parque, se fijó que a su lado izquierdo se encontraba un bosque, "¡vaya! Nunca me fijé en este bosque" pensó ella y sin pensarlo dos veces, entró.

—Aquí estaré bien.—Se dijo ella.

En eso, una extraña sensación invadió su cuerpo, se sentía extraña, como si alguien la estuviera observando. Agitó su cabeza a ambos lados pensando que era solo su imaginación, pero esa sensación nunca la abandonó. Intentaba ignorarlo, pero a cada paso que daba, se sentía cada vez más observada. Una presión se apoderó de su pecho, era angustia, y como acto reflejo, se llevó una mano al pecho apretándolo con fuerza.

—Es solo tu imaginación... ¡Solo eso!—Se consoló.

Pero la angustia y la sensación de ser observada no se esfumaban, y como gato curioso, miró hacia atrás, nada, no había absolutamente nada.

—Debería dejar de leer historias de terror, me están volviendo paranoica.—Comentó y siguió caminando sin rumbo.

En eso escucha una rama romperse a sus espaldas haciendo que pararse en seco y poner sus cinco sentidos alerta, al final no era tan paranoica como ella pensaba, era verdad que la estaban siguiendo. No dudó ni un segundo, y volteó hacia atrás, pero nuevamente no vio nada. Suspiró.

—Seguro que es un animal.

Un fuerte dolor inundó su cabeza haciendo que soltara un pequeño quejido, supuso que sería por levantarse a la madrugada, así que no le dio importancia. Cuando siguió caminando, a lo lejos, pegado a un árbol, vio una extraña nota amarillenta. Con una mirada curiosa, se acercó a mirarla, pero lo que vio la dejó confusa, la agarró con una mano y la examinó.

—¿Can't run?—Levantó una ceja.—¿Quién pondría esto aquí?

Ahora su cabeza dolía más que antes y no pudo evitar llevarse las manos a la cabeza, parecía que en cualquier momento iba a estallar. Ahogó un grito y calló de rodillas sin soltarse la cabeza, el dolor era insoportable y en cualquier momento le estallaría. Ahora solo podía escuchar una especie de interferencia, le pareció muy extraño y el grito que ahogaba, se le salió de la garganta. Su nariz empezaba sangrar y cerró los ojos con fuerza esperando que aquella tortura terminase, nunca terminó. Sin poder evitarlo, abrió los ojos de golpe y enfrente suya, vio unas piernas largas. Levantó lentamente la cabeza para poder ver correctamente aquel supuesto hombre. Cuando vio su rostro, soltó un chillido de terror, nunca vio una cosa igual. El hombre que estaba enfrente suya era demasiado alto, de unos 3 o 4 metros de altura, vestía de un traje elegante de color negro con una corbata roja carmesí, tenía la cara blanca como la nieve, y su rostro... ¡Simplemente no tenía facciones! No tenia ni ojos, ni boca ni nariz ni nada, no tenía nada. Ami, horrorizada y al borde del desmayo, se levantó con sus últimas fuerzas y salió corriendo lo más rápido que pudo hasta la salida. Echó un último vistazo hacia atrás y vio que ese ser no la seguía, quedó estático en su lugar, un punto a favor para ella. Vio la salida de lejos y con sus mínimas fuerzas que tenía, salió del bosque y corrió a casa como alma que lleva el diablo. No le importó que la gente la mirara como si estuviese loca, solo le importaba llegar a casa y no salir de ahí en todo el día.

—¡¿Qué mierda era eso?!—Chilló cerrando la puerta tras de sí.

Por suerte no había nadie, su respiración estaba agitada y tambaleó hasta la cocina para beber un poco de agua y así calmarse. Nunca olvidaría a aquella cosa, por más que tratase, no podía. Y si se lo contaba a sus padres, la tratarían como loca e incluso podrían golpearla, "mejor no correr el riesgo" pensó. Se limpió la nariz con una servilleta y subió a su habitación a echarse un rato. A medio subir las escaleras, le entraron unas ganas horribles de vomitar y no le quedó de otra que subir a prisa al baño. Se arrodilló frente al inodoro y vomitó su desayuno, se encontraba pésima, seguramente por el susto. Se lavó los dientes y caminó ha su habitación, sus padres no llegarían en 3 horas, así que aprovechó para dormir.

Mientras dormía, esa sensación de ser observada volvió a resurgir, así que abrió los ojos con el ceño fruncido. La sensación ya le estaba cabreando y saltó de la cama con la intención de bajar la persiana de la ventana, pero cuando se acercó a éste, una interferencia inundó la habitación haciendo que Ami se tapara las orejas y cerrara los ojos con fuerza. Abrió los ojos y se fijó si la televisión estaba encendida, pero comprobó que no lo estaba, así que miró por ventana y vio que el ser que se encontró en el bosque estaba frente a su ventana "mirándola" fijamente. Horrorizada, corrió escaleras abajo, entró en la cocina y agarró el cuchillo más grande que tenía y corrió al baño. Empalideció de golpe y se sentó en la esquina más alejada de la puerta y se abrazó las piernas asustada.

—E-es solo t-tu imaginación... S-solo eso...—Intentó tranquilizarse.

Sentía como las lágrimas se escurrían por ambas mejillas, no podía creer que esa cosa estuviera en su casa. De repente, el ser pálido de traje elegante, apareció delante de ella asustándola más de lo que estaba. Ami, aterrada y por mero impulso, se abalanzó hacia el ser con intenciones de apuñalarlo, pero desapareció en un abrir y cerrar de ojos. Sin pensarlo dos veces, salió del baño corriendo, pero a mitad de camino chocó con algo haciendo que cayera de espaldas al suelo. Soltó un gemido de dolor y cuando abrió los ojos, se encontró con esa cosa pálida frente a ella, su cuchillo cayó lejos cuando chocó, estaba indefensa. Asustada y por el dolor de cabeza, se desmayó. Despertó gritando, y se incorporó en la cama quedando sentada en ella. "Fue una pesadilla..." se dijo. Tocó su frente y comprobó que estaba sudando frío, suspiró aliviada, solo fue una pesadilla. Tenía la respiración agitada, se levantó y fue al baño a lavarse la cara. Cuando paró frente al espejo de cuerpo entero que tenían en el pasillo, pudo ver que estaba vestida con la ropa que se puso a la mañana.

—N-no fue u-un sueño...—Tartamudeó asustada.

Corrió al baño y se lavó la cara desesperadamente. No fue un sueño, fue real pero... ¿Cómo acabó en su habitación? ¿Por qué no la mató?, esas preguntas rondaban una y otra vez por su cabeza. Se secó el rostro y justo en ese momento, el grito de su madre la espanta, sin dudarlo, corrió hacia ella preocupada. Quedó paralelizada cuando vio que la cocina y el salón estaba desordenado, empalideció de golpe al ver que su madre se acercaba a ella peligrosamente. No pudo reaccionar a tiempo y su madre ya le estaba tirando del pelo hasta el salón donde le dio una sonora cachetada. Tan fuerte fue el golpe, que acabó cayendo de lado al suelo mientras se agarraba la zona afectaba. Estaba en shock, su madre nunca le había golpeado. Sintió un líquido escurrir de su labio, se miró los dedos y tenía sangre, le había partido el labio. Miró a su madre con puro odio.

—¡¿QUÉ LE HAS HECHO A LA CASA?!—Gritó su madre enfurecida.

—¡Yo no he hecho nada mamá!—Protestó Ami echo un matojo de nervios.—¡Estaba durmiendo!

Por una parte decía la verdad, pero por otro no le iba a contar que un ente de alta estatura, piel blanca y sin facciones y vestido de traje, entró dispuesto a matarla, la tomaría por una loca y le daría otra cachetada.

—¡NO TE CREO MALDITA ESTÚPIDA!—Gritó su madre mientras la tomaba del pelo.—¡¿ME VES CARA DE IDIOTA OH QUE?!—Chilló para después darle otra cachetada.

En ese instante, algo dentro de la peli-naranja se rompió, ya no sentía miedo, no sentía dolor, no sentía... Nada, solo tenía deseos de... Matar. No pudo reprimir una sonrisa sádica, su madre se confundió más al verla sonreír que acabó mas enfurecida. Levantó la mano para darle una tercera cachetada, pero la mano de Ami se lo impidió. Agarro con fuerza la mano de su progenitora y la retorció hasta romperla. Caroline chilló de dolor y soltó el cabello de su hija, la peli-naranja aprovechó que su madre estaba tendida en el suelo sufriendo por su muñeca rota, que fue al garaje con suma tranquilidad con una sonrisa sádica, no podía evitar de sonreír y su mirada se tornó oscura y sombría. Regresó a la sala con dos martillos en ambas manos y cuando no vio a su madre en el salón, su sonrisa empezaba a desaparecer, pero volvió a sonreír, jugaría un poco con ella.

—Mamiiii~ ¿Donde estáaaas?~—Preguntó burlona.

Ami no se percató que ese ser, conocido como Slenderman, la estaba vigilando desde una distancia estable. La peli-naranja siguió buscando a su madre y escuchó pequeños gemidos en el piso de arriba. Sonrió y caminó por las escaleras y por el pasillo escuchando las quejas de Caroline. Después de 10 minutos de búsqueda, la encontró en el armario de su habitación. Cuando abrió el armario, Caroline se abalanzó hacia su hija dispuesta a clavarle un cuchillo de colección en su cuello, pero pudo agarrar la muñeca sana de su madre y alejarla el cuchillo de su cuello. Caroline empleó toda su fuerza para rajar la mejilla izquierda de su hija. Ésta chilló y lanzó lejos a su madre de ella.

—¡ERES UNA ZORRA!—Chilló Ami enfurecida mientras se llevaba la mano a la mejilla.

Caroline empuñó con fuerza el cuchillo de colección y corrió hacia su hija intentando clavársela de nuevo en el rostro. Ami esta vez pudo esquivar cada golpe, agarró uno de sus martillos y golpeó a su madre en la mandíbula haciendo que se desencajase. Caroline chilló de puro dolor y eso le excitaba a la peli-naranja. Caroline estaba echa una fiera y corrió hacia su hija, y antes de que pudiera esquivarlo, le hizo un corte profundo en la frente, pero Ami no chilló, ya no sentía dolor alguno, pero en cambio sonrió de manera sombría hacia su madre.

—¡¿Eso es todo?!—Gritó eufórica la peli-naranja.

Caroline ignoró el dolor de muñeca y mandíbula, solo quería acabar con todo esto. Corrió nuevamente hacia Ami y la apuñaló repetidas veces, en los hombros, brazos, abdomen, cuello y muslos, pero Ami ni se inmutaba, al contrario, ella comenzó a reír desesperadamente y le dio un puñetazo en el ojo a su madre quien cayó de espaldas.

—¿Eso es todo mami? Pensaba que eras más fuerte.—Dijo burlona mientras se acercaba a su madre.

Caroline no podía hacer nada, Ami se encontraba encima de ella golpeándola repetidamente en el rostro con los martillos. Caroline chillaba de dolor y Ami reía sin cesar hasta que los chillidos agonizantes de su progenitora cesaron, había muerto.

—¿Ya has muerto? ¿Enserio?—Preguntó con una mueca de fastidio.—No aguantas nada.

En sus manos empezó a tener tics al igual que en el ojo izquierdo, soltó una sonora carcajada cuándo vio el coche de su padre aparcar frente a la casa. Cargó el cuerpo sin vida de su madre y se dirigió a las escaleras con una sonrisa de oreja a oreja. Cuando Brayan entró, Ami dejó caer el cuerpo por las escaleras espantando al rubio quién después chilló de horror. La peli-naranja rió captando la atención del rubio quién lloraba desconsolado. Ami, sin pensarlo, sacó sus dos martillos y saltó hacia su padre para matarlo de una vez. Brayan intentó defenderse, pero no podía, tenía a su hija encima de él intentando golpearle con los martillos.

—You are happy? Well I'm sorry to tell you that I'm here to make tour life hell!!—Brayan no le dio tiempo a responder, ya que un martillo le golpeó directamente en el ojo mientras que el otro en la mandíbula.

Brayan se encontraba sin vida tirado encima de un charco de sangre y a su lado, su esposa. Ami agarró el cuchillo de colección de su madre y les abrió desde la garganta hasta el vientre y con la sangre escribió en la pared: Hammer Girl y se dirigió a su habitación. Se puso un top de manga larga que dejaba descubierto los hombros de color negro, un pantalón corto de color negro, guantes negras partidas por los dedos, medias de color negro y gris que le llegaba cuatro dedos por encima de la rodilla, unas botas negras con tacón alto, cogió una correa pequeña y se lo ató al muslo derecho y guardó el cuchillo en él, después agarró una correa más grande y se lo ató a la cintura y guardó sus dos martillos en él. Sonriente, caminó hasta el armario y lo abrió, agarró una máscara negra de con el ceño fruncido, los ojos de color rojo carmesí y tenía una boca dibujada del mismo color que sonreía de oreja a oreja, se lo puso y a su lado apareció ese ser. Ella ya no le temía y sintió que el ser puso una mano encima del hombro de la chica captando la atención de la peli-naranja.

—Hiscite bien.—Habló él. Tenía una voz tétrica.—Ellos se lo merecían.

Ella sonrió bajo la máscara al oírle. Slenderman sacó uno de sus tentáculos de color negro carbón y con él, dibujó por encima de la cadera y al lado del ombligo, un círculo con una *"X"* en el centro.

—Es el símbolo Proxy.—Habló aquel hombre elegante.—Tu serás mi nueva *Proxy*. Ven conmigo.

Ella asintió y salieron de la casa no sin antes acabar con su trabajo: Matar a los que la humillaron y la maltrataron durante tanto tiempo.

La policía encontraron los cadáveres de los padres de Ami descuartizados y mutilados, en la pared escrito en sangre, ponía: You are happy? Well I'm sorry to tell you that I'm here to make tour life hell!! Att: Hammer Girl. Nunca encontraron el cuerpo de Ami Mélody Cooper.