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Corrían los tiempos de la gran guerra civil japonesa haya por 1600, las familias de samuráis Heike y Genji, se habían enfrentado, en una cruentísima batalla en la cual los Heike, fueron masacrados, incluido el samurai, Antoku, por los Genji.

En la batalla de Dan no Ura, de la cual se escribió un cántico de 6 actos, que narraba la batalla y su brutal resultado.

A partir de entonces en Akamagaseki donde se produjo tal batalla, cerca del mar, se veían "onbi" que asustaban a los habitantes.

Onbi, es un fuego espiritual, algo así como un fuego fantasmagórico que brota de los espíritus (es la visión mitológica de los fantasmas en Japón, una pálida llama que deambula). Para ahuyentar y calmar el fuego de los espíritus sueltos, se construyó un santuario funerario para los heiki, con el fin de que pudiesen hallar la paz, y el templo de Amidaji fue regentado por un monje budista, y varios monjes súbditos. Y aunque los onbi se calmaron seguían dándose episodios ocasionalmente.

Por la comarca, deambulaba un mendigo ciego, con un biwa (laúd japonés), que cantaba los cantares y las épicas más preciosas, que se habían podido ver nunca en Japón.

Su arte, su sensibilidad y su interpretación, arrancaban todo tipo de sentimientos de los que le escuchaban. Pero el hombre Hoichi, era muy, muy pobre.

El monje de Amidaji, conmovido por la calidad de su interpretación, le ofreció vivir en el templo, a cambio de sus magistrales actuaciones.

Así que Hoichi, vivía en el templo, y todas las noches recitaba para los bonzos, algunas de las líricas japonesas más hermosas.

Una noche el sacerdote tuvo que salir del templo, y el músico estaba sentado en la parte trasera del jardín del palacio por el fuerte calor que hacía. Allí estaba con su biwa, recitando versos. Cuando oyó unos pasos que se acercaban por el jardín.

-Hoichi, - dijo, con actitud arrogante, sin cortesía, ni respeto, por lo que el ciego, pensó, que se trataba de alguien importante de algún samurai.

El hombre le dijo que le siguiera, que tendría que recitar para alguien importante. Hoichi, tenía dudas pero negar la voluntad de un samurái ya podía traer terrible consecuencias. Así que sintió que alguien tomaba su mano y le hacía seguirle rápidamente. Sintió como caminaba, como alguien corría la aldaba de un portón y le hacía entrar a un palacio.

Allí le pidieron que cantara la lírica de Dan no Ura, que narraba la batalla de los Heiki contra los Genji. Tan maravillosa y visceral fue su interpretación que sintió como a su alrededor los asientes lloraban y gemían con el cántico. Después alguien le acompañó de vuelta al templo, sin que nadie se diera cuenta. Tuvo órdenes de hacer lo mismo durante 6 días, y de no decir a nadie lo que iba a hacer.

Al día siguiente, le ocurrió otra vez lo mismo, y el monje patrón del templo, se percató de su huida y temió algo terrible.

A la tercera noche, mandó que alguien siguiera a Hocihi, pero dada la oscuridad y la rapidez con la que salió del jardín le perdieron al poco rato. Pero, esto fue lo que llamó la atención del monje. Hoichi era ciego y no podía caminar tan rápido por el jardín del templo, lo que significaba que alguien tiraba de él.

Así que comenzaron a ir por la comarca, y preguntando a todo el mundo si habían visto a Hoichi. Pero nadie le había visto.

Fue encontrado en el cementerio de los Heiki, tocando de forma encolerizada el canto de Dan no Ura, alrededor de los Onbi. Así que temiendo que hubiera sido hechizado por los Heiki, los sacerdotes sacaron a Hocihi de allí a la fuerza y lo devolvieron al templo.

Presionaron al ciego para que contase su secreto, y al final el reveló todo. Todo era una ilusión, el imaginó los ruidos y los murmullos porque había sido hechizado. Y como era ciego no podía saber si eran espíritus o personas quienes tiraban de él y aplaudían sus cantos. Dijeron que si seguía haciendo eso durante las noches al final los espíritus se apoderarían de su alma y le descuartizarían.

Así que el maestro monje, urdió un plan. Tendría que sentarse en el jardín del templo como todas las noches, y estar en absoluto silencio, y no decir ni gritar nada, en situación de meditación. Los monjes le desnudaron y escribieron sobre todo su cuerpo incluidas las palmas de las manos y las plantas de los pies, el sutra (oración budista) de "Hanna Shin Kyou" para alejar a los espíritus malignos.
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Cuando estaban terminando de escribir todo el sutra el maestro monje, recibió una llamada para un funeral, y tuvo que abandonar el templo.

Hoichi hizo como le dijeron se sentó a meditar en el jardín desnudo y con todo el cuerpo cubierto con un sutra.

Cuando llegaron los espíritus y Hoichi escuchó los pasos en el jardín, su pulso empezó a acelerarse y empezó a sentir mucho pánico.

Pero los espíritus no podían verle debido al sutra que tenía escrito. Gritaban su nombre pero el ciego atemorizado no respondió. Gritaban encolerizados por haber revelado el secreto.

Desafortunadamente, los sacerdotes al tenerse que ir el maestro, que supervisaba la escritura del sutra, olvidaron escribir sobre sus orejas, así los espíritus de Heike, solo veían las orejas de Hoichi, y se las arrancaron de cuajo, para luego descuartizarlas, el pobre Hoichi, sintió un dolor terrible, pero no grito por miedo a que los espíritus, le encontraran.

Así el pobre Hoichi, se quedó sin orejas, El maestro sacerdote al llegar se lamentó por no haber cubierto sus orejas. Le curaron y le cuidaron hasta que la cicatriz se cerró.

Hoichi había quedado librado del hechizo, pero a cambio había perdido sus orejas. Por eso en la comarca le llamaban, "mimi nashi Hochi" el músico sin orejas.