Wiki Creepypasta
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Elizabeth era la princesa de un reino lejano, era amable, alegre y muy dulce con todos en el reino, su Padre la educó desde que murió su madre a los tres años de su nacimiento, La formó para ser la sucesora del trono apesar de tener un hijo mayor pero en todo sentido ella era mejor, todos la adoraban, menos su hermano que le tenia rencor porque apesar de ser el mayor y que se esforzara para llegar a ser rey su hermana era la "Favorita" de su padre el rey.

Elizabeth un día estaba dando un paseo por el reino mostrando-le una sonrisa a todos, sus prendas siempre eran finas y ella era muy elegante pero nunca perdió su amabilidad con nadie y se le olvidaba la elegancia cuando ella quería, se distrajo un momento por andar en sus pensamientos y tropezó con un chico mas o menos de su edad, ambos se disculparon al haber caído los dos y cruzaron unas que otras palabras de el hecho de que ella fuera una princesa y la plebe que era el chico, a ella nunca le importó la diferencia de clases, era dulce con quien sea y ella quería un reino en donde todos sonrieran y sin discriminación, Su hermano la vigilaba desde las sombras para hallar el mas mínimo error e intentar destituirla de ser la sucesora del trono pero un simple tropiezo con un plebeyo no era suficiente.

Pasaron los dias y Elizabeth se hizo mas cercana al chico, ambos compartían cosas y se divertían juntos como buenos amigos... o quizás algo mas, Su hermano como siempre estaba tras de ella sin que Elizabeth se diera cuenta y al notar tanta cercanía entre la princesa y el plebeyo empezó a darse esperanzas de poder llegar a ser rey y solo tenia que esperar.

Pasaron unas semanas mas y era notorio que ambos sentían lo mismo uno por el otro, Elizabeth se habia enamorado de aquel plebeyo y el de ella pero Elizabeth estaba comprometida con el hijo del rey de un reino cercano pero ella obviamente no sentía nada por ese chico y su padre la obligaba a casarse con el por el bien del reino y por eso mantuvo oculto el nuevo romance que tenia con el, pero ya su hermano lo sabia, ocultándose entre las sombras estaba el príncipe observando todo lo que la nueva pareja hacia con una sonrisa sádica en sus labios y con la idea de el estando en el trono.

Una noche Elizabeth caminaba por los pasillos del castillo alegremente, daba pequeños pasos de baile mientras iba camino a su habitación, recordaba los momentos que habia pasado con su amor y se le notaba a leguas lo enamorada que estaba y se hacia la idea se que el era el amor de su vida, llegó a su gigante habitación y se lanzó en la cama entre risas alegres imaginándose miles de cosas con su novio hasta que...

Señorita Elizabeth su padre la necesita en su oficina - Dijo una sirvienta del castillo entrando a la habitación para luego retirarse al terminar de hablar, Elizabeth curiosa por el llamado de su padre, se levanto de la cama, se acomodo el vestido y se encaminó hacia la  oficina de su padre sin problema, al llegar a la puerta, tocó y su padre desde adentro le ordenó que pasara, esta entró y miró a su padre con una pequeña sonrisa pero se borró al ver la expresión seria de su padre.

Hija te he llamado porque quiero que contestes unas preguntas - Dijo su padre mirándola seriamente con su tono grave y directo - Quien es el plebeyo con el que te la pasas?

Esta se puso nerviosa y desvió la mirada a otro lado - E-es solo un chico... un amigo - Dije con las manos detrás de la espalda y su padre se fue acercando a ella.

Solo un amigo? - Preguntó y esta asintió - si p-porque lo preguntas? - Dijo esta un poco mas nerviosa y el  rey llamó a su hermano y está antes de poder reaccionar sintió un golpe en la cabeza para luego quedar inconsciente.

Cuando despertó estaba en un lugar oscuro amarrada de las manos a una viga de madera sobre su cabeza y se dio cuenta de que estaba desnuda, empezó a pedir auxilio pero fue callada por un latigazo en su espalda y de entre las sombras salió su hermano con el látigo en la mano y una gran sonrisa, el lugar fue iluminado gracias a su padre que venia bajando unas escaleras y encendió varias antorchas del lugar, ella confundida le pedía explicaciones pero después de unos segundos un segundo latigazo en su espalda la calló.

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Te lo preguntare otra vez - Dijo su padre poniéndose frente a ella - Que tienes con ese plebeyo? - dijo mirándola a los ojos con rabia y ella contesto - Nada ah! - Dijo y recibió otro latigazo y su hermano habló - Mentira es su novio yo los vi - Dijo y le dio otro latigazo cada vez mas fuerte y su padre habló - con que no me dirás...bueno tal vez - dijo y empujó algo y sus ojos se abrieron como platos de miedo, su amor verdadera estaba amarrado y amordazado con una cuerda al cuello con una silla bajo de el mientras este intentaba gritar o soltarse  pero le era inútil - el si - Elizabeth desesperada empezó a rogarle a su padre y hermano que los soltaran a ambos pero solo recibía latigazos y preguntas de su padre - El...Es el amor de mi vida... no amo a ese príncipe lo amo a el - Decía entre lagrimas mirando al suelo mientras tensaba el cuerpo ante el ardor de los latigazos - Por favor papa yo... - esta vez no pudo terminar ya que su padre le dio una cachetada que la calló en seco y habló - Tu no eres mi hija, eres idéntica a tu madre... y tengo que hacerte lo mismo que le hice a ella - Dijo y se dio la vuelta caminando hacia el plebeyo y pateó la silla bajo sus pies y el campesino que ella amaba tanto se quedó guindando con la soga al cuello, ahorcándolo y cortando le el aire por completo , este se sacudía haciendo un ultimo intento para zafarse pero fue en vano y ahora con su mirada perdida y vacía miraba a Elizabeth dando su ultimo aliento entrecortadamente, Elizabeth gritó de dolor rompiendo en llanto ante la muerte de aquel hombre y fue callada por un par de latigazos propinados por lo que alguna vez fue su hermano, su padre le hiso una seña al príncipe el cual este asintió con una sonrisa psicópata mientras Elizabeth lloraba desconsolada mirando el cuerpo de su amor colgando de aquella Horca, su corazón hecho pedazos y su cuerpo totalmente desnudo que recibía latigazos con masiva fuerza por todos lados, desgarrando su piel y desangrándose de a poco mientras su hermano decía - Esto te pasa por desobedecer jajaja, ahora yo seré el Rey jajajaaaa - Decía y seguía propinándole latigazos con todas sus fuerzas por donde le cayera el látigo, su cara estaba destrozada y sangrante, su pecho, abdomen, espalda, piernas y brazos en todos lados tenia heridas que derramaban sangre.


(Este es mi fin? así terminare? porque? así mató a mi madre?) - Eran las preguntas que resonaban en su cabeza mientras su cuerpo perdía la noción - (No disfrute lo suficiente con el...No puedo jurar que me vengare...) (Lo siento) - Susurró con su mirada enfocada en el cadáver de aquel chico que amaba mientras lagrimas y gotas de sangre bajaban por su rostro pálido y su mirada dolida entre sollozos y gemidos de dolor por los latigazos que al final cesaron cuando ya no quedaba rastro de vida en ella, sus pupilas se dilataron y su cuerpo quedó sin fuerzas, el Príncipe la desató y esta calló sobre su propio charco de sangre y le lanzó el látigo encima, el que seria el rey en un futuro salió del sótano en donde estaban y se fue a su habitación dejando los dos cadáveres allí.

De pronto, del cuerpo de Elizabeth una pequeña luz blanca emergió llevándose consigo el látigo con que fue asesinada, esta daba un sutil brillo mientras mientras levitaba sobre el cuerpo de la chica y empezó a extenderse y formarse hasta que, una Elizabeth, transparente y con las heridas recién hechas goteando sangre todavía, levitaba en el aire con la mirada perdida y vacía como si fuera un... Fantasma, bajó la mirada y el cuerpo de la princesa estaba allí inmóvil y sin vida, la ahora fantasma llevaba un vestido que colgaba y se movía en el aire como si fuera el suave humo de un cigarrillo, miró al frente y una pequeña lagrima de sangre transparente cayó de su ojo al recordar lo que había acabado de pasar. Envuelta en ira y dolor atravesó las paredes y el suelo hasta llegar al cuarto del Rey en donde yacía dormido en su cama, esta sin que el la viera sacó unos látigos de su espalda que se movían como tentáculos a su voluntad y se acercó levitando a lo que fue su padre, los látigos lo tomaron del cuello y lo fueron apretando con fuerza elevándolo varios centímetros de la cama y este se sacudía e intentaba zafarse pero el miedo recorrió su cuerpo al ver a la causante de aquello, Su hija al que el había ordenado a matar y parecía que si estuviera muerta lo estaba mirando con odio con esos ojos vacíos que sentía que lo desgarraba por dentro, los látigos siguieron apretando su cuello hasta que un crujido resonó en la habitación, habia matado a su padre rompiéndole el cuello, esta lo soltó sobre la cama y salió de la habitación de su padre dirigiéndose a la de su hermano, el seguía despierto y al parecer estaba bebiendo y esta le llegó por detrás, los látigos enrollaron el cuerpo del chico por completo y lo acercaron a ella mientras apretaban su cuerpo con fuerza, el camino por donde pasaba estaba manchado de sangre por sus heridas que aun goteaban aquel liquido carmesí, los látigos pusieron al príncipe cara a cara con el fantasma de Elizabeth y esta le dijo - No te dolerá... como me dolió a mi - Dijo y los látigos dieron un apretón tan fuerte que todos los huesos de su cuerpo se rompieron escuchando el crujido tan claro con el agua, el cuerpo de su hermano se desgarró ante aquel acto y esta lo soltó guardando los látigos de nuevo a su espalda, salió del castillo y vio ahora la segunda oportunidad que el destino le había dado, siendo un ser indescriptible o un Alma en pena que reparte muerte con sus látigos.

Ese día Elizabeth de Caztañeda murió... y Horsewhip la Doncella del Látigo nació de entre las sombras, ahora vaga por las calles de aquel reino a través del tiempo y hay quienes dicen que aun en esta época sigue matando a todo aquel que se le acerque al verla, de lejos parece una mujer hermosa con finos ropajes, pero al acercarte tu muerte esta mas que clara al ver sus ojos vacíos, sus heridas goteantes y sus feroces látigos que te quitaran la vida al instante.

Dicen que cuando se acerca hay un aroma a sangre en el aire, el viento se intensifica un poco y el miedo aumenta al ver uno de sus latigos o su herido rostro.

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