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¿Alguna vez los han internado en el hospital o en algún otro lugar?

Bueno, a mi sí. Me han metido varias veces a un internado de modales. Cuando tenía 7 años solía ser un terrible. Respondía, insultaba, golpeaba a quien pasara enfrente mío. En fin, me daban igual ese tipo de cosas, pero una vez internado... Jamás lo volví a hacer.

Con Lucy, Francisco, Angélica y Bryan, solíamos ir a los bosques a contarnos historias.

Improvisábamos una fogata, llevábamos malvaviscos, a veces Bryan traía salchichas y allí nos quedábamos hasta las 10:00 PM. Esa vez Lucy nos contó de un internado al que la habían mandado sus padres, ella decía que estar allí era aterrador, si estornudabas cuando los demás leían, te dejaban tras una pequeña puerta, ella apenas cabía allí, tenía que sentarse abrazada a sus rodillas y pegada a la pared para que los clavos que sobresalían no la lastimaran.

Si llegabas a decir que no querías comer, te dejaban sin comer nada una semana, apenas te daban agua. Si es que insultabas o golpeabas a alguien, aunque fuese sin querer, te latigueaban, tenías que contar cada golpe hasta los 40, y si perdías la cuenta, se volvía a empezar.

Todo allí era terrible. Todas las noches ibas a dormir a las 11, y a las 3 te despertaban para ir a entrenar si eras varón, a las niñas las hacían limpiar.

Lucy dijo que cuando sus padres vieron las marcas en su espalda hechas por el látigo, trataron de demandar a la directora, mas cuando se dieron cuenta, ya se habían ido de la ciudad. Ella dijo que ahora, iban a volver, mas yo le dije que quizá ya los habían metido presos a todos.

Me arrepentí en seguida de haberme portado tan mal esa última semana.

Cuando oyeron del nuevo internado, me llevaron. Me hicieron vestir con un uniforme realmente incómodo. Me hacían el pelo para atrás con mucha fuerza, lo reparaban con gel.

Todos los días esperaba poder salir de allí, intentaba portarme bien, pero cada cosa que hacía, para ellos estaba mal.

Un día, caminando por el pasillo con Andrew, mi compañero de cuarto, y Angélica, mi otra compañera, vimos una lista cerca de la cocina. A la derecha, en color azul, decía "Niños perdidos" y eran más de 140 niños, cada uno con la causa de muerte al lado. Palidecí al instante.

Escuché entonces el llanto de Angélica; entre los niños muertos estaba su hermano. Yo también lloré, pensé en mi prima April. ¿Y si a ella la metían allí y moría también? ¿Y si yo termino muerto como esos niños?

Salí corriendo, quería escapar. Un par de maestras me vieron allí, intentando abrir, se acercaron y me cargaron, grité y supliqué que me dejaran ir, y vi como Andrew y Angélica agachaban la cabeza mientras me alejaba. Me latiguearon más de 40 veces, traté de no perder la cuenta, y por suerte no me pegaron más. Ese día soñé con fuerza que me dejaran ir, y a la mañana siguiente fue domingo, por fin pude ir a casa.

Mis padres también intentaron denunciar, pero la escuela se había retirado ya.

Unos años más tarde, leía el diario junto a papá, y vi a un costado de la página, una noticia que decía: "Se encuentra escuela abandonada en las afueras de Estados Unidos". Abajo decía que habían hallado a 140 niños agonizando, todos fueron reconocidos, me alivié y quise contar a Angélica, pero cuando atendí... "El número solicitado no corresponde a un abonado en servicio...".

Angélica no volvió a aparecer, y una semana más tarde, en las noticias se mencionó a una niñas de 7 años hallada colgada en su cuarto y a los padres también, se reconoció a la familia como los Petterson, como Medeline, Charlie y Angélica Petterson.

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