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27 de junio de 2016

La iglesia era el único lugar donde el Padre Nicholas Herrera se sentía seguro, después de su hogar claro. Estaba hincado frente a una imagen de Cristo mientras rezaba.

–Oh Señor que estas allá arriba… la ciudad esta agitada por que el mal se ha levantado de las Puertas de Lucifer y los malditos caminan entre nosotros. Los demonios han tomado el alma y carne de los habitantes, alguna vez normales de esta ciudad, matando brutalmente a todos en su camino.

Siguió orando:

-Padre dame una señal. Reveladme el camino de la justicia de tal manera que pueda y de vuelta a estos demonios al infierno del cual ellos se arrastraron.

Abrió los ojos y bajos los puños que tenía en su cara en modo de oración. La luz del sol apunto a la Biblia del padre, como si Dios en realidad le diera una señal.

Nicholas fue hacia ella, guiado por la luz solar y al abrir la Biblia, estaba su revolver Magnum con su tambor cargado. Eso se le dio en caso de un asalto a la Iglesia, pero ahora eso no le importaba.

-Gracias Señor, Tu sabiduría es absoluta.

Nicholas saco el revolver de la Biblia, reviso el tambor y recogió las municiones que quedaban de una bolsa de plástico. Habían 24 balas en la bolsa más las 6 del cargador: 30 balas.

-El día del Juicio está a la mano.

Abrió las puertas pesadas de la Iglesia, no sin antes llevar su Biblia y un poco de alcohol.

Al salir y ver el mundo, había niños devorándose a los adultos como zombis o los adultos persiguiendo a no poseídos y a algunos arrancándose partes de su cuerpo.

“¿Habrá algún no poseído por algún lado?” pensaba.

No fue hasta que una madre joven, con un rifle de caza le dispara a un demonio que se acercaba al pastor mientras pensaba. Al lado de la madre se hallaban los cuerpos de dos policías aunque uno era un demonio que se arrastraba sin sus piernas.

–Cuídese la próxima, Padre.

La mujer cayo frente al cura mientras los demonios de Lucifer la despedazaban parte por parte. El cura solo se alejó, sosteniendo su revolver.  Una mujer poseída se acercó pero el padre le disparo. El padre se mareo al ver el cadáver de la mujer a que le había disparado.

Paso por el centro comercial, controlado por los militares, antes de que un militar fuese poseído y asesinara a todos. El centro comercial estaba vacío en su totalidad, solo habían rastros de sangre y los cuerpos de no poseídos.

–Esto no me está agradando para nada– pensó antes de que un niño se le acercara. Persiguiendo al niño había una madre con una pistola y aunque se apuntaron, comprendieron que no estaban poseídos.

– ¿Padre Herrera?– pregunto la mujer al padre

–Ese soy yo. – respondió Nicholas.

– ¿Pero cómo?

–Eso no importa, mamá. Lo que importa es huir de ellos.

Un hombre gordo que se veía en su aspecto estaba poseído se acercaba en su silla de ruedas, apunto su mano hacia el sacerdote antes de que este le disparara con su revolver.

Atrás de ellos, llegaron los primeros poseídos y lograron morder al niño… Lo mordió nada más y nada menos que su hermana mayor.

La madre le quito el revolver a Nicholas antes de tener que dispárale a su hijo con lágrimas en la cara.

–Huya, Padre. No merezco vivir en este mundo sin mi querido Daniel.

Nicholas corrió hasta la tienda más cercana y no pudo ver si la mujer  seguía con vida o no.

 

En la noche llego al subterráneo donde una niña poseída devoraba el cuerpo de su hermano mayor, de 19 años. El padre, sin piedad le dio el tiro de gracia. La sangre le hervía al padre mientras le disparaba al cuerpo del niño mayor



Después, el cura fue al túnel por donde salía el tren, antes de disparar de nuevo contra otro poseído.