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"Ismarael dios cruel, tú que traes el eterno dolor a la tierra. Dios antiguo, eres el verdadero dios del infierno".

Esas palabras son las que trajeron el dolor a la tierra, con esas palabras Ismarael despertó.

Recuerdo esa noche en la que se dio la alerta, la luna azul apareció en el cielo y todo el pueblo esperaba con miedo la llegada de Ismarael. Del mismo cielo se escuchaba una gran voz que decía:

–"Oh, gran Ismarael, dios del eterno dolor, levántate de aquella tumba que Yahvé dio a tu cuerpo. Tus hermanos te esperan; el tiempo ha llegado, el reinado de los 7 dioses antiguos ha llegado".

De la nada un extraño ser se levanto de entre las montañas. En su mano izquierda portaba un látigo con el cual traería el dolor a la tierra; en su mano derecha había un extraño libro el cual cayó al suelo abriéndose. De la nada, en el cielo aparecieron extrañas imágenes de un futuro desolador, los dioses invadirían la tierra y con su llegada los hombres morirían. Pude observar cómo la tierra era destruida.

Millones de hombres eran devorados por uno de esos dioses. Mujeres y niñas eran violadas por varios Ángeles, veía como la tierra ardía en llamas y cómo Yahvé era destrozado por sus hermanos y cómo en un frenesí los Ángeles devoraban su carne mientras los 7 dioses bebían su sangre.

De la nada, Ismarael tomó su látigo y, dando varios golpes, la tierra se partió en dos y los volcanes hicieron erupción. Ismarael observó hacia abajo y, con una sonrisa en la cara tomó a varias mujeres y niñas, las destrozó y bebió su sangre.

Yo sólo miraba con asombro el poder de Ismarael y su ira. Arrodillándome con voz fuerte dije:

"Oh, gran Ismarael perdóname la vida, entrego mi alma a ti, yo seré tu siervo, pero perdóname la vida".

Ismarael observó mis plegarias y me perdonó la vida.

A cada paso que damos él lleva el dolor consigo; yo por mi parte le doy paso por las tierras más recónditas y le doy la presentación que como dios merece.

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