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La inmortalidad es un regalo de los dioses para el hombre, aunque en algunos casos ese obsequio puede ser una perdición.

Era una fresca noche, la luna brillaba con un esplendor infinito, la imploraban a tal hora los gatos, que le maullaban, y yo, un chico de 16 años que se las arregla para sobrevivir en el grotesco y mortal ambiente de Rottensoul, una ciudad que corrompe hasta el alma más pura.

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La noche estaba un poco callada y tranquila, el frío era algo molesto, pero era lo de menos; me encontraba siguiendo a un hombre de mayor edad que había salido del banco con un portafolio en su mano derecha y un pequeño costal en la otra. El anciano tenía un aspecto sospechoso: un aura oscura emanaba de él, pero aún más del costal que traía en su mano izquierda.

Por un momento, el tipo estuvo caminando sin rumbo fijo como si fuera su último día, giró hacia el callejón y sin pensarlo dos veces -sigo creyendo que era la oportunidad perfecta para atacar- hice lo mismo: el anciano había desaparecido.

Atónito e inmovilizado con el cuchillo en mano, permanecí así por lo menos 2 minutos, cuando de repente sentí una presencia a mi espalda, obligándome a girar bruscamente y recibiendo un fuerte puñetazo que me derribó por los suelos. Era él.

Me levanté rápidamente y me lancé hacia el viejo, colocando toda mi fuerza en la cuchillada, que penetró en su pecho. Sin detenerme, empecé a golpearlo hasta que no se movió más. Cogí el portafolio y el costal y huí antes de que las autoridades aparecieran.

Ojos ver
Al llegar al apartamento, me senté en el suelo para contar el dinero del portafolio: estaba vacío; en el interior del extraño costal solo encontré una grotesca máscara.

Sin más que hacer se me da por ir a un espejo y ver como me queda la mascara, pero de un momento a otro la mascara comienza a moverse lanzándose a mi rostro y aferrándose rápidamente a la piel de mi cara; cuando reaccioné ya era demasiado tarde, intenté quitármela pero era imposible, y al final me di por vencido y me acosté en el sofá.

Después de un tiempo empecé a perder la cordura. Mis sentimientos se habían descontrolado: tenia calor pero a la vez frió, estaba feliz pero de igual forma estaba triste, y como si fuera poco está ese dolor de cabeza y el deseo de matar a alguien. Era insoportable, así que, saqué un tarro de gasolina y lo regué por toda la habitación, luego prendí un fósforo y lo arrojé provocando un incendio.

Al caminar por el pasillo el edificio sentía las ansias de destruir el lugar por completo, mientras los inquilinos dormían.

En eso llegó el guardia de seguridad y sin más remedio me le acerco dándole un derechazo, lo que lo deja inconsciente; lo amarro con una soga en el cuello y lo cuelgo.

Después de unas horas, me siento a disfrutar mi obra de arte desde una distancia en la que la pueda apreciar, aunque eso no fue suficiente.

Tres años después...

(Noticias de Rottensoul): se le informa a todos los habitantes de Rottensoul City que aseguren sus casas y no salgan de ellas después de las 9, ya que 30 familias en tan solo una semana han sido asesinadas por un chico que porta un mascara en su rostro y una capucha negra que le tapa la cabeza. Un testigo afirma que aquel joven psicópata cuenta con habilidades sobrenaturales, afirma que su nombre es Jack Eiliv, responsable de la muerte de los los oficiales que se encontraron incrustados en las astas de las banderas de fuerte de la policía; tal vez sea el comienzo de la perdición o sólo sea el inicio de una nueva era.

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