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"Yo sabía lo que le pasaba... Lo sabía ¡Lo sabía!... Pero nadie me creyó, y por no creer en algo o alguien... Vienen las consecuencias..."

Jacob solía ser un primo mío lejano. Él venía a mi casa cada 2 años, cuando su familia tenía tiempo. La primera vez que lo vi tenia 5 años, en ese momento no terminó de caerme bien, jaja. Lo raro es que terminamos por nombrarnos mejores primos a los 7 años.

Él siempre venía con su madre, Luisella, quien era muy cariñosa con él, y muy amable con mi madre. Jacob no tenía padre, ya que lo abandonó a sus 2 meses de edad, debido a problemas con su esposa y sus familiares, por lo que nunca lo conoció. El caso es que siempre preguntaba su nombre, cómo era, cuál era su profesión, de qué marca era su auto, etc. Era tonto y torpe, pero a la vez era gracioso y divertido. Nada podría arruinar nuestra relación, ¡éramos los más unidos! Sin importar qué, cuándo o dónde, él siempre estaría ahí para mí y yo para él.

Cuando tenía 9 me visitó de nuevo, pero algo andaba mal. Así como antes era divertido y torpe, ahora era sombrío, y se lo veía deprimido y desilusionado. Yo no tenía idea de lo que le pasaba, "¿Qué podría sucederle a alguien tan alegre como él para que se pusiera así?", pensaba. Yo trataba de conversar con él e intentaba animarlo, pero simplemente no me contestaba.

-Vamos, juguemos al escondite, yo cuento- Decía yo.

Pero por más que traté de averiguar qué pasaba o animarlo, sólo me ignoró o me dijo que no, que no tenía ganas, que no estaba de humor.

Como era de costumbre, se quedó a dormir dos días y luego partió.

Años después, cuando tenía catorce, volvió a visitarnos. Yo imaginaba que se le había pasado, que volvía a ser el mismo de siempre. Pero, sin embargo, fue todo lo contrario. Esta vez se encontraba demasiado triste, con problemas. Se le notaba cansado y con ojeras. Yo simplemente me rendí de intentar hablar con él, y empecé a tratar de evitarlo.

Al día siguiente, se le veía todavía peor. Y por si fuera poco, yo parecía ser el único de toda la casa que lo notaba. Cansado, corrí a donde se hallaba mi madre y con los ojos en lágrimas le dije:

-Mamá, Jacob no se ve bien, creo que algo le ocurrió...

-¡Cállate! Yo lo veo bien, y no digas eso- Me contestó raramente.

Más tarde, su madre nos preguntó si queríamos ir por helados y chocolate, yo no quería pero mi madre me obligó. Luisella dijo que Jacob conduciría, ya que había sacado su pase anticipadamente, lo cual me dio aún más desconfianza.

En el camino me atreví a armar esta conversación:

-Jacob, ¿qué te ocurre?- Le pregunté.

-Nada, ¿por qué? ¿Acaso te incumbe?- Contestó.

-Jacob, así no se responde- Dijo-. Lo que ocurrió... fue que su tío falleció cuando tenía 9 años... su abuela a los 11, y su herm-hermana cuando tenía 14...- Aclaró Luisella casi llorando.

-¡Mama!- Exclamó Jacob enojado.

-Jacob olvida eso, tienes que avanzar...- Dije tratando de animarlo.

-¡¡¡Tú cállate, imbécil!!!- Gritó.

-Oye, ¿qué te ocurre?

-¡Que te calles, hijo de perra!

-¡Jacob!- Exclamó Luisella enojada.

En ese momento mi mama empezó a llorar lentamente. Todo el ambiente se volvió callado y nadie dijo una palabra. Mi primo (o lo que quedaba de él), simplemente siguió conduciendo en silencio.

Luego estábamos pasando por un puente, todos en silencio. Entonces, sin previo aviso, Jacob aceleró con todo y se dirigió a toda velocidad a las barandas del puente.

-¡¡¡Jacob, ¿qué haces?!!!- Exclamó su madre.

-Termino con este sufrimiento...- Dijo Jacob calladamente mientras comenzaba a llorar sin control.

-¡Jacob, detente!- Exclamamos mi madre y yo casi a coro sin recibir respuesta alguna.

El auto destruyó las barandas y pasó a estar en el aire. Recuerdo que el aire hacía silbar el vehículo, mientras mi madre y mi tía gritaban. Jacob sólo se mantenía firme.

Cuando el auto cayó, el impacto fue tal que mi madre y Luisella murieron por el golpe. Cuando desperté, tenía dislocado el cubito, la nariz rota, tres dientes rotos y un tobillo dislocado. Jacob no estaba, entonces yo salí del auto con toda la dificultad del mundo, todo adolorido. Jacob, al ver su madre muerta antes de salir del auto, terminó rebosando la copa de su furia y sed de sangre.

Cuando salí, vi a Jacob a unos 38 metros de distancia, y se acercaba con un palo en manos hacia mí. Yo traté de alejarme lo más posible, él comenzó a perseguirme con el palo, y un cigarrillo en su boca. Yo traté de correr, pero los dolores en mi cuerpo no me lo permitieron. Él rápidamente me alcanzó y enseguida me golpeó con el palo en la cabeza. Quedé aturdido y con la mirada borrosa. Entonces, para mi sorpresa, Jacob lloró viendo lo que había hecho y echó a correr.

Ahora mismo estoy en el hospital, ya me he curado pero no volveré a ser el mismo. Estoy escribiendo esto para que los policías y todos los que están aquí lo lean y lo reporten. En este mismo instante, mientras escribo esto, tengo el revólver que le robé al guardia del hospital. Me estoy apuntando a la cabeza, así que, si alguien ve esto, por favor, cobre venganza por mí...