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¿Alguna vez has sentido el verdadero dolor, la verdadera soledad?

¿Alguna vez has sentido cómo tu alma se rasga y se destroza por la mitad hasta que sólo quedan de ella girones inútiles incapaces de llenar el vacío en tu interior? ¿Has sentido cómo las sombras de tu solitaria habitación te ahogan poco a poco mientras los otros solo miran indiferentes? ¡¿Has gritado hasta desgarrarte la garganta por ayuda, por compañía y tacto humanos mientras los demás te miran cómo un trozo de carne sin cerebro o emociones?!

No… desde luego que no lo has hecho, de otra forma, ahora tú estarías en mi lugar. ¿Quién soy? Eso ya no importa, aunque supongo que debo contarte mi historia, despues de todo, por eso has llegado hasta aquí en primer lugar. Mi nombre es… no, mi nombre era Jason Rosenzweig, yo antes era humano, pero ahora soy algo mucho mejor, algo mas fuerte, y es todo gracias a él.

Nací en Berlín en 1909, tuve una infancia feliz y una buena educación. Mis padres me amaban y siempre fui feliz. Cuando me hice hombre me dediqué a juguetero. Recuerdo que creaba los mejores juguetes para los niños alemanes, todo tipo de ingeniosos mecanismos impulsaban mis creaciones, desde muñecas de madera que bailaban Ballet de verdad y luego se convertían en botoncillos de rosa, hasta enormes fortalezas repletas de soldaditos en las que los cañones disparaban corcho mientras los pequeños soldados de plomo velaban la muralla marchando sobre ella con tono marcial.

Tenía una esposa maravillosa. El gran amor de mi vida llamada Caroline, amaba su hermoso cabello dorado como el sol y sus profundos ojos azules como el mar. Tuvimos dos hijos. Adler el mayor había salido a mí, con mis mismos cabellos rojos y mis ojos color verde esmeralda; su hermana Belinda era idéntica a su madre. Ella tenía apenas 2 años cuando estalló la guerra en 1939, desde ese momento, para mí, ya no hubo mas juguetes coloridos ni mecanismos ingeniosos. La guerra obligó al país a reclutar a los hombres, pero a mó no me hicieron soldado… hubiera preferido eso mil veces.

Me convertí en la espada del “führer”. Ese maldito loco de Hitler me convirtió en su inventor personal, me obligó a crear todo tipo de mecanismos diabólicos de tortura para los prisioneros de las fuerzas aliadas que caían en las manos de sus hombres. El maldito me hizo hacerle reproducciones de la Dama de Hierro, del aplasta-pulgares, del toro de Falaris y muchas otras monstruosidades medievales mejoradas por mis mecanismos para ser aún peores, más dolorosas y mucho más letales y efectivas, incluso empecé a ayudar en una mejora del tanque convencional de los alemanes, que iba a ser capaz de disparar proyectiles explosivos con la misma velocidad que dispara una ametralladora… Me negué. No podría ver a mi Caroline ni a mis muchachos a la cara de nuevo si seguía ayudando a este demente a matar a las personas, a destruir mas familias, quería volver a mis juguetes, a mi taller lleno de colores y de risas de niños… oh, qué ingenuo fui.

Una noche, cuando todos dormían en el bunker donde yo trabajaba, tomé todos los planos que había creado, y los quemé. Luego encendí fuego en el polvorín, explosivos balas y combustible ardieron como si el infierno estuviera subiendo a la tierra. El bunker se derrumbó y mató a muchos soldados… Lástima que el Comandante de esos bastardos no estaba en la cama cuando todo ardió.

Adelfried Scheidemann. Ese es uno de los nombres que odiaré por el resto de mi vida, ese malnacido seguía vivo cuando salí corriendo del bunker escapando de la explosión y las llamas. El maldito llevaba un rifle en la mano y me dio con la culata en la cara, dejándome inconsciente. Cuando desperté estaba en una silla de hierro, con cadenas de acero sujetándome. Luché para liberarme pero no pude, entonces lo noté, estaba en la sala de torturas donde usaban mis propios aparatos de tortura… tragué saliva, el comandante Scheidemann dio un paso al frente y me miró seriamente:

-Me ha herido mucho, Herr Rosenzweig- Dijo burlonamente mientras se quitaba la gorra y él sacó de su uniforme –Usted nos ha traicionado después de que hizo todas estas maravillas para nosotros… Pensaba que era nuestro amigo.

-Maldito bastardo- Le respondí mientras le escupía en la cara –Esas monstruosidades fui obligado a hacerlas, yo jamás cooperé con su demente líder y jamas lo haré, soy juguetero, no carnicero- Pero tras decir eso, el puño de Schidemann se estrelló en mi cara y me hizo escupir sangre, me había abierto una herida en la boca.

-Quiero que vea algo, Herr Rosenzweig- dijo mientras encendía las luces del cuarto. Allí, de rodillas y gritando, estaban Caroline y los niños. Me quedé pálido y forcejeé con más vigor tratando de soltarme cuando Scheidemann tomó por el cuello a mi pequeña Belinda, y con una bayoneta cortó su mordaza haciendo que mi pequeña llorara.

-Shhhh, tranquila- Dijo el maldito bastardo mientras acariciaba su preciosa carita de muñeca de porcelana.

-Suéltela, Scheidemann. Esto es entre usted y yó, mi familia no tiene nada qué ver- dije gritando tratando de soltarme.

-¿Sabes lo que hizo tu padre Mein Lieber?- dijo el maldito enfermo bastardo mientras se arrodillaba y miraba a Belinda con una sonrisa horrenda. Mi hija negó con la cabeza muy asustada – Pues mató a muchas personas, quemó la propiedad del führer y además quiere traicionar al partido. Eso es algo muy malo ,¿no lo crees?- Mi hija aterrada solo empezó a llorar, mientras Scheidemann sonreía

-¡Scheidemann, basta!- Grite desesperado porque no le hicieran daño –Trabajaré, lo lamento, haré lo que me digan, repetiré los diseños, los mejoraré, pero no le haga daño a mi niña.

-Verás Mein Lieber, lo que tu padre ha hecho es algo sumamente malo- dijo mientras acariciaba su cabello –Y desde luego debe ser castigado como todas las personas que son malas… y adivina qué- sin dar un aviso, presionó esa jodida bayoneta sobre el cuello de mi pequeña y de éste corrió un río purpura –Tí eras el castigo, Mein Lieber- dijo con burla al oído de mi pequeña mientras ella se ahogaba en su sangre.

Yo estaba en shock, no pude reaccionar mientras un soldado apuntaba a la cabeza de mi hijo con una pistola y tiraba del gatillo, y tampoco pude cuando 4 hombres tiraron al piso a mi Caroline y la violaron por turnos mientras ella gritaba desesperada.  Scheidemann me hizo mirar cómo destruía todo lo que yo amaba, y dijo a mi oído:

-Disculpa aceptada, Herr Rosenzweig, y no se preocuope, ya hemos pensado en el lugar perfecto para que usted pueda ser de utilidad a la causa.

Días despues, me encontraba en una horrible instalación militar alemana cercana a Auschwitz Monowitz, instalación que jamás encontrarán en los mapas o libros de historia, este lugar se llamaba “Das Feld von Adam” o en español “El campo de Adan”. Aquí trabajaban un grupo de científicos que tenían el mas ambicioso de los proyectos: Rediseñar la raza humana, crearla como un arma viviente que ganara la guerra por los Nazis… y yo era un sujeto de pruebas mas para ellos.

Inyecciones, operaciones, golpizas, implantes… Hicieron mucho en mi cuerpo, me sentía un maldito deforme, la tortura, el dolor, la humillación, y sobre todo la ira, la ira de haber visto todo lo que amaba muerto ante mis ojos. Empecé a volverme loco, tallaba juguetes de los trozos de roca caída de mi habitación. Susurraba que eran mis hijos y mi esposa… y en medio de toda esa locura, él llegó a mí.

Cuando mi mente estaba por quebrarse empezó a pasar, alguien me sacaba de mi cuerpo cuando me estaban torturando, inyectándome o golpeándome, me llevaba a un mundo hermoso, lleno de colores, donde mis juguetes tenían vida y me llamaban padre, todos me querían, siempre estaba a salvo, pero lo mas hermoso es que mi Caroline, Adler y Belinda estaban allí conmigo, sanos, salvos, como si nada les hubiera pasado. La voz de ese ser que me ayudaba me contactaba cuando estaba allí:

-¿Eres feliz aquí, hijo mio?-  decía mientras yo acariciaba los cabellos de mi hija.

-Sí, señor. Sí lo soy- respondía con una sonrisa en el rostro –Gracias, en verdad gracias.

-Puedo darte más- ofreció la voz –Puedo darte el poder de castigar a aquellos que te han hecho sufrir, solo tienes que serme leal, y venir a mí- La oferta era demasiado tentadora.

-Si, señor, eso haré. Iré con usted- dije caminando hacia la dirección que creí que era el origen de la voz. En ese momento siempre regresaba a mi cuerpo en ese horrible lugar de pesadilla donde experimentaban conmigo, lloraba por horas pero entonces empecé a saber que él me confortaba y me consolaba, que debía ser fuerte y pasar su prueba.

Meses y meses pasaron y me di cuenta de lo estúpido que había sido. ¿Por qué debía de preocuparme por mi familia? ¿Qué eran ellos comparados con esa hermosa voz y los bellos paisajes de oscuridad que él me ofrecía? Poco a poco empecé a concentrarme a buscarlo, hasta el día en que morí… Sí, así es, morí. Escuché el monitor de mi corazón hacer un ruido característico que anunciaba que había muerto durante la operación de ese día. Cerré mis ojos  y entonces lo vi a él: era el ser mas magnífico que he visto. Su cuerpo estaba hecho de una gloriosa y hermosa oscuridad, tenía dos largos brazos terminadas en garras. En una sostenía una especie de esfera púrpura que brillaba levemente, y en la otra una vela con un fuego color negro manchada de sangre:

-Hijo mio, por fín lo has logrado. ¿Quieres estar conmigo?- preguntó hablando por una de sus bocas, tenía 6 que salían de su cuerpo como serpientes sin ojos, y la séptima en su bello rostro permanecía cerrada e inmutable.

-Sí, señor. No hay nada que desee mas- dije esperanzado de estar con él y tener el poder de vengarme de quienes me habían torturado.

-En ese caso debes hacer un último sacrificio- dijo él mientras acercaba una de sus bocas a mi rostro –Has de darme tu alma- ¿mi alma? ¿Algo tan nimio? ¿Esa alma tan llena de pena y que no me había servido de nada? Me habían dicho que el alma le pertenecía a Dios, pero, ¿qué había hecho Dios por mí? No había salvado a mi familia, no había detenido el dolor, no me había ayudado a escapar… No, yo no quería que ese ser que llaman Dios fuera el dueño de mi alma:

-Mi alma es suya, mi señor- dije a la boca, con total convicción. Él me besó con una de sus bocas, y fue el más hermoso beso de mi vida. Pude sentir que un calor asfixiante y quemante salía por mi boca hasta la de él mientras mis penas y dolores desaparecían para siempre.

-El mundo te hizo débil, hijo mio. Pero no mas, ahora eres poderoso, ahora eres grande y tienes el poder de otorgarle la vida a tus creaciones. Ahora eres mi juguetero- yo salté de felicidad, por fin, por fin volvía a mi taller, a mi hermoso taller, y a mis juguetes, y ahora tendrían vida. Él hizo aparecer ante mí un espejo y yo me vi a mí mismo transformado en algo hermoso. Mis ojos estaban rodeados por una sombra oscura que asemejaba pestañas largas, mis labios eran palidos como todo mi cuerpo, mi cuello estaba rodeado por líneas negras que asemejaban un collar. Llevaba un precioso traje todo hecho de cuero negro, con pelaje en los hombros, y un sombrero negro de correas y hebillas, no podía estar mas contento

-Gracias, mi señor. Gracias, amo- le dije llorando de felicidad.

-Yo soy Zalgo, hijo mío, y hoy tú te has convertido en un ser de las sombras. Ahora ve. Ve y tráeme las almas de aquellos que te causaron dolor para que sean castigados por ello.- no tuvo que decírmelo dos veces, extendí ante mi una mano y abrí un portal por el que veía esa horrenda instalación donde me tenían, crucé por ella y me encontré en el lugar de noche, sonreí y chasquee los dedos, y una canción parecida a la de los circos empezó a sonar por el lugar, todos despertaron, pero al verme, sus ojos mostraban un terror absoluto, desde luego es razonable sabiendo que yo ya había muerto en ese momento, pero ninguno fue un obstáculo, todos murieron a mis manos, uno por uno, presos y científicos por igual, todos se convirtieron en mis juguetes, era muy divertido convertirlos en marionetas colgando de sus tendones y fibras musculares, romper sus columnas vertebrales con mis llaves de cuerda, arrancarles las extremidades y y cortarlos en trocitos y luego armarlos con otras formas como si fueran rompecabezas… en fin me divertí con ellos hasta que me cansé, entonces tomé los intestinos de uno de ellos y los use como cuerda para saltar mientras entraba a otro portal.

Scheidemann estaba del otro lado de este, dormido, sonreí y empecé a hacer sonar una cajita de música que estaba allí, el despertó y me miró con terror.

-N-no es posible- dijo con un hilo de voz –me dijeron que habías muerto hoy, en el campo- dijo aterrado mientras tomaba su pistola y me disparaba varias veces, pero las balas no me dolían y mis heridas se cerraban con velocidad, yo solo podía reír, reir y reir divertido mientras veía como vaciaba el cargador y caía al suelo aterrado.

-Buenas noches Herr Scheidemann- dije haciéndole una reverencia y quitándome el sombrero –Encantado de verle de nuevo, como verá ahora tengo muchas cosas por que agradecerle- agregue mientras lo sujetaba por el cuello –Como verá ahora tengo muchas capacidades, y debo agradecérselas a usted, por desgracia hay algo con lo que usted no contó, verá, usted mató a mi hija, a mi esposa y a mi hijo, de formas horribles y frente a mí, eso es bastante malo, ¿no lo cree?- dije apretando su cuello mas y mas fuertemente, el se revolvía como un loco.

-No… no lo hagas Rosenzweig, te lo suplico… haré lo que sea, te lo ruego, perdóname, eran mis órdenes, te suplico tu perdón- Dijo jadeante.

-Vera usted Herr Scheidemann, lo malo es que a todas las personas que hacen algo malo es necesario castigarlas- dije mientras tiraba de su cuello, desprendiendo toda su columna vertebral del cuerpo, sus ojos se volvieron blancos y yo sonreí, empujé la columna de nuevo en su cuerpo hasta que su cabeza también estuvo dentro, y le metí una manivela por el costado en el corazón, comencé a darle vueltas y la música sonó hasta que su cabeza y su column a saltaron del interior –Esplendido Herr Scheidemann, esplendido, ahora usted será mi juguete favorito, sus disculpas quedan aceptadas- dije aplaudiendo divertido por mi nueva creación.

Desde ese día he servido a mi amo Zalgo, él me explicó que, para alimentarse el mismo y el universo del cual ahora yo soy parte, necesitamos tristeza, soledad y sufrimiento, todo obtenido de los humanos, me volví su recolector a las órdenes de uno al que el llama su heraldo, es un sujeto muy divertido y agradable que viste una armadura oscura, sin embargo, pronto me convertí en algo mas, hay un terror, un dolor, una miseria y deseperación que para mi amo son lo mas delicioso: los que vienen de los llamados niños de luz, niños con una habilidad psíquica muy poderosa que pueden influir en las emociones de cualquier otra persona haciéndola feliz, calmando su dolor.

Cazarlos es peligroso por que su propia aura de luz es un escudo poderoso contra nosotros, hay que atacar a distancia, hacer que sus vidas caigan en la miseria sin tocarlos, sin acercarnos demasiado a ellos, hasta que es el momento de matarlos, allí es donde yo y otros entramos, habemos muchos recolectores especializados en niños de luz, la elite, los mejores, y disfrutamos mucho nuestro trabajo, como yo dije, me encantan los niños, y hacer que un niño vea como convierto a sus padres y amigos en mis juguetes es hermoso de verdad, no hay nada mas divertido. Desde ese día ya no fui más Jason Rosenzweig, ahora soy el sirviente del poderoso Zalgo, yo soy Jason The Toymaker, y mi misión es llevar comida a mi amo, he renacido… y nunca he mirado hacia atrás.

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