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En la puerta, me sentía solo a pesar de que a pocos metros moraban miles de individuos con algo en común y a poco metros de distancia. Una caminata al sol de la tarde me hacia reflexionar, el lapso de dos o tres minutos que estuve en el corredor fue eterno, por que parte de mi merecía estar ahí y otra no.

Me recordaba mucho a mis años de colegio, pensaba que todo era una porquería, quería estar con mi madre, me cuidaban y me custodiaban pero con la diferencia que en mis tiempos de infante los cuidadores tenían reglas o escuadras en la mano, ahora no. Ahora tienen escopetas de alta potencia en sus dedos, preparadas para disparar en cualquier momento. En ese tiempo que estuve en movimiento hacia la áspera puerta de metal pensé, en formas de escapar, o de acabar con mi dolor, pero en mi anterior hogar me educaron a permanecer en pie siempre y luchar, algo que consideraba una maldición total...

Al pasar aquellas puertas oxidadas pensé que me sentiría de lo peor, pero no, me sentí con cierta felicidad al darme cuenta de que hice algo bueno para merecer estar ahí, que simplemente había dos personas muertas la noche del incidente, el y yo, que mi vida tal ves había acabado pero no había llegado al cielo pero el si al infierno, que era un puente para convertirme en inmortal. En fin sentí un poco de alivio y felicidad, pero el metal me heria las muñecas con cada paso que daba y no me sentia vivo. Llegamos a una mesa, me preguntaron mi nombre, mi edad y mi ocupación antes. Me quitaron la ropa, desnudo note algo raro en mi muñeca una cicatriz que nunca antes había recordado tener, no le preste importancia y lo asocie con mi incidente, acto seguido me afeitaron la cabeza . Sentado en el remordimiento me broto una lagrima y alguien de azul con una escopeta en las manos me dijo: “Llego la carne fresca”, con la sonrisa mas enferma que vi. Y todavía pensaban que yo era el corrompedor de la sociedad por quitarle a alguien cruel de sus filas no, sentía impotencia y rabia. Era en vano no podía contra un sistema de miles siendo uno. Una señora con voz gruesa y resonante me dijo, ahora no tienes nombre, ahora eres un numero, 7015. Ese era mi nuevo nombre, pero pensándolo bien nunca tuve nombre, ni sabia quien era.

Finalmente, llegue a mi odiado pero querido nuevo hogar, ese hogar que me acompañara por los próximos 45 años de mi vida. En cual vivirá un hombre nuevo, el cual nació en aquella mesa, 7015, era

mi nombre. Pero en mi “Hogar” no estaba solo, estaba con otro renacido su nombre o su numero, 4890, el igual que yo murió y renació hace 10 años. Bueno, en mi primer dia, detalle mucho el reloj, en cierto punto pensaba que cada minuto era un año. Así es el encierro. Una de las primeras noches mi nuevo y golpeado amigo me dijo unas raras palabras, “No duermas mucho” y lo cual le respondí preguntadole de que hablaba, y el con risas inquietantes se fue a dormir... A lo cual no preste atención y pensé en mi situación, en mis pensamientos de mi mismo sentí cansancio y dormí, en lo voraz y rápido que fue aquel sueño que tuve esa noche, solo recuerdo los gritos, que llegaban a mis oídos como puñales, la voz, inconfundible de mi madre se escuchaba en ecos en aquella imagen, que en la cual me veía sentado como siempre en la mesa de mi antiguo hogar, con aquel que odiaba al frente, y repetía las mimas frías palabras de aquella noche. ¿Por que? ¿Por que?, aquello se interrumpe con el llamar de mi custodio para desayunar. Como siempre me imagine estaba rodeado de personas con quien nunca llegue a imaginar que me ligaría, pero si, ahí estaba, comiendo el peor desayuno de mi vida. En un parpadeo la escena de mi comida se torno grotesca, estaba desayunando un cráneo putrefacto rebanado en dos. En un brote de agonía de mi mente aquella cosa en mi plato empezó a murmurar algo que me decía, con voz fría y temblorosa “¿Por que 7015?, ¿Por que?”. Sentí un poco de terror, pero a la vez estaba quieto, porque sabia que era mi mente jugando sus crueles pasadas. Hasta llegue a sonreír, por que era lo que me merecía, bueno eso creía cierta parte de mi.

Aquella semana transcurrió sin sobresaltos entre cigarrillo y cigarrillo hasta que una noche, la alarma sonó, un desgraciado no podía con su mente y se suicido, colgándose de las vigas de su techo con sus propias sabanas. Las risas del pobre diablo de su compañero inundaban el pabellón, le parecía gracioso como aquel cadáver se bamboleaba de un lado al otro, dijo a voz alta y burlona, “Creo que vivo con una piñata” Lo cual me saco una sonrisa, pero triste. Esa misma noche en lo profundo del sueño, escuche unas palabras en la misma tonalidad de voz del cráneo que vi en mi desayuno de unos días antes. La voz pronunciaba un numero y decía algo, “7068 cuidado, con el”. Al despertar no sentí preocupación ni miedo, por que pensaba que era mi mente jugandome sucio. Ese dia transcurrió normal y las siguientes 2 semanas igual. Pero un tiempo algo paso, mi compañero y amigo 4890 murio mientras dormía de una enfermedad del corazón que acarreaba desde hace 20 años, tenia envidia de su forma de morir por que fue tranquila y ya era hombre libre al fin. Sentí un poco de tristeza por el, pero seguí con mi situación. Esa noche dormía solo, por que en unos días me asignarían mi nuevo compañero. Al parecer la rueda de la fortuna de mi vida giro y en mi sueño profundo escuche aquella voz fría e inhumana, que decía claramente esta ves, “7068, el, cuidado, el es el culpable..”. Como la primera ves no senti nada al despertar por que asociaba lo ocurrido con mi golpeada mente. Mis siguientes dos dias solo estuve muy relajado en mi nuevo hogar, pensando en mi vida y mi incidente. Pero al llegar aquel dia, mi mente se puso en alarma y se disparo. Mi nuevo compañero no tenia nombre, solo un mismo numero, 7068. No pregunte nada, me sentí tranquilo al saber que al parecer ese hombre no le interesaba, lo cual alivio un poco mi mente, en los días posteriores no nos hablamos, solo cruces esquivos de miradas nada mas. Hasta esa semana...

En la mañana, desde la atmósfera aislada de nuestro cuarto me di cuenta que era un dia lluvioso y oscuro, lo cual me hacia sentir a gusto por extrañas razones. Esa mañana era distinta, tal ves por la lluvia, pero no le preste atención. Irónicamente esa comida, fue la mejor en mi estadía ahí. Ese dia fue el mas a gusto que me sentí en aquel lugar, pero desde aquella noche, el infierno abrió sus puertas.

En la noche, antes de apagar las luces del pabellón, mi compañero me dijo algo, eso me sorprendió ya que nunca en el tiempo que estuvimos juntos me hablo. Pero cuando escuche por primera ves su voz me sentí muy alarmado, en lo que recuerdo, el dijo, “Oye amigo feliz noche” y unas cuantas risa, pero su tono de voz era muy grave y casi pude oírlo, fue hasta la fecha el timbre de voz mas lúgubre y escuro que percibí, al cual no respondí, confieso que por primeras ves allí sentí un gran temor. Pasaron 4 horas para que pudiera conciliar el sueño, pero lo juro por lo mas sagrado que si fuera tenido conocimiento de lo estaba destinado a ver estuviera hasta el dia de hoy despierto. De esa visión no muy clara recuerdo. Llevaban mi cuerpo por un largo pasillo de muchas puertas, en ese tiempo logre a escuchar muchas voces, pero no saque nada en limpio de ellas, al cruzar aquella doble puerta todo comenzó. Estaba amarrado en una camilla de quirófano, rodeado y sedado, escuche voces poco alentadoras y todas con el mismo tono de voz oscuro y lúgubre. Pocas palabras entendí de los individuos que vi en aquella habitación, pero lo que mas me aterro fue aquello que dijo lo que supongo que era una enfermera, aquella mujer dijo: Este hombre no tiene registros, solo un numero, 7068” a lo cual alguien le respondió: “¿Que tiene en las placas?” y esta mujer replico: “Parece una llave...” En ese punto todo cambio... Aquella escena típica de emergencias estabilizando a un paciente cambio, las rendijas de ventilación empezaron a gotear restos, lo cual supuse que era órganos internos molidos, lo cual convirtió el suelo de aquella habitación en un rio nauseabundo de desperdicios viscerales, de un momento a otro uno de los doctores tomaba su propio bisturí y lo clavaba una y otra ves en su zona abdominal. Al tiempo todos los individuos empezaron a hacer lo mismo y a apuñalar a los de su alrededor, todo continuo y espontáneamente uno se me acerco a mi cara y se quito el tapa boca, al quitarse eso del rostro recordé quien era... El cráneo asqueroso y descompuesto que vi hace tiempo en el plato de mi desayuno y aquella cosa me dijo claramente: “En la llave esta tu verdad...” un segundo despues todo se volvió blanco y desperté.

Me levante un mar de sudor, sentía como cada nervio y vena de mi cuerpo apretaba todo mi ser, la peor sensación de terror superando por mucho la noche de mi incidente. Vi a mi compañero pararse y su espalda observe en muy grande su numero 7068, y pensé ese numero le pertenece a el, no a mi, desde ese punto se disparo mi locura. Era un paranoico con aquel hombre, esa semana nunca le di la espalda, no dormí, no comí y ni me lavaba los dientes. En las noches lluvia torrencialmente por el invierno tropical de nuestra region, en mi letargo contaba cada trueno que aquella semana. Mis ojeras eran increíblemente pronunciadas y estaba empezando a delirar, y mi sucia y estropeada mente reacciono... La llave, el objeto estaba según esos sujetos en el su estomago y también según sus palabras era la llave de mi vida. Me volvía loco lentamente.

Esos días no comí, y si recuerdo en 6 días no dormí mucho. La paranoia era tan grande que no confiaba ni en mi mismo, ni en mi familia que me habían dicho que no tenia pero claramente recordaba muy bien a mi madre. Escribí un diario para llevar el avance de cada dia, para extraer aquella llave de las entrañas de mi compañero. Soñaba con tomar un cuchillo y rebanar su estomago hasta su espinazo para poder ver si tiene lo que se menciono en mi sueño, pero en cierto punto mi parte cuerda se acordaba de mi viejo yo y pensaba en mi madre y mi situación pero rápidamente la paranoia de se adueñaba de mi cuerpo. Entre rayones, borrones y textos sin sentido pasaba mis dias, estudiando y aguardando el momento para atacar a este individuo y como efectivamente lo pensé quitarle la vida y ganarme la mía. En las semanas perdí peso, me creció el vello facial, y los custodios de asqueaban de mi. Innegablemente pensé en el suicidio en los lapsos de tiempo que mi paranoia y miedo me dejaban descansar pero lo dije antes, no me enseñaron a rendirme. Mientras tanto los sueños se intensificaron mas, y cada ves mas atormentantes y grotescos. Desde bosques de huesos putrefactos y sanguinolientos hasta orgias de sangre en los cielos. La locura conquistaba poco a poco mi ser, y me di cuenta que hasta que no consiguiera mi objetivo no estaría tranquilo... La llave.

Calcule bien, entre las tres y cuatro de la mañana se supone que se encontraba en sueño profundo, tal ves soñando sobre familia, hijos u otros seres queridos, pero eso no me importo. Mi dolor era mas grande que sus sueños y esperanzas, mi libreta estaba repleta y planee un ataque que nadie detectaría al cobijo de la noche. La arma estaba lista pero algo impedía todo, mis nervios, temblaba solo en pensar en abrir a aquel hombre y escuchar el rio lúgubre de viseras que causaba mi locura. La noche era perfecta, había mucha luna y hacia frio, lo ideal para dormir tranquilo. En mi ataque de locura y desasosiego pensé. ¿Que haría con esa llave en mis manos, que abriría, como escondería ese cadáver? Por que pronto lo descubrirían y pagaría mas años de cárcel como el maldito y frenético homicida que soy. En ese punto empece a llorar desconsolado y mi valor para cometer aquel crimen se fueron, me sentí cansado y muy triste. Me acosté en mi cama con la misera luz de mi encendedor personal y un cristal me vi reflejado, el monstro era yo, el culpable de todo era yo y no sabia... Barajare la opción de clavarme el cristal en el cuello y me temblaba el pulso, pero en ese momento me desmaye... Desperté en lo que parecía era mi celda, pero no lo era, la litera estaba en otra posición y el inodoro estaba muy oxidado. En el subsiguiente momento salí de aquella habitación, me sorprendí mucho a saber que al abrir aquella puerta estaba la sala de mi viejo hogar cuando era libre, pero ese lugar en estados de ruinas totales. El techo cayéndose las vigas corroídas, la madera carcomida y las ventanas rotas. Corrí rápido hacia la entrada de la casa, abrí la puerta y observe el entorno, era un vació negro, muy negro, con estruendos y ruidos, pero a lo lejos algo que parecía al sol, no soporte mas el ruido y se cerré la puerta. Al regresar todo había cambiado, la sala de esa cara era una carnicería total, no podía distinguir nada de aquella exageración de pedazos de carnes esparcidos por todos lados, detallaba brazos, piernas y creo que órganos internos, me asqueo hasta el punto de las arcadas pero no vomite. Detallando el brutal lugar observe algo fuera de si, una linea y pisadas, se veía como si arrastraran hacia otro lado de la casa, con mucho miedo encima lo seguí sin vacilar, pase siguiendo el rastro por la vieja cocina destruida y tome un cuchillo por precaución. La linea y pisadas de sangre subían por las escaleras de la casa a un pasillo oscuro que no recordaba que estuviera ahí pero igual lo seguí, al pasar el umbral de oscuridad las paredes eran retazos de metal muy brillantes sujetados unos a otros con remaches muy sólidos, pensando como infante se asemejaba mucho a un submarino, después de un tiempo caminando llegue a la puerta, estaba hecha de hierro y estaba empezando a oxidarse, pero extrañamente el pomo era dorado, era tan dorado que parecía oro solido, antes de girarlo para abrir la entrada vi un numero encima de esta, era el numero de mi celda, lo cual me parecía muy extraño pero proseguí. Entre y supe que era mi celda, como la recordaba tal como siempre, en la parte de abajo de la litera estaba un hombre acostado boca abajo con lo que pensé que era el mismo uniforme que yo tenia, camine hacia el pero en el trayecto divise en el suelo una gran bolsa de color negro, me acerque a ver que era, la abrí lentamente y todo exploto. En esa bolsa de muerte estaba mi madre en una sangrienta escena, cortada con lo que yo pensé que era un hacha o un cuchillo, su cabeza casi cercenada y los órganos al aire. Sentí miedo y posteriormente mucha ira, me levante hacia aquel hombre acostado con furia y vi el numero que portaba en su espalda, que sorpresa, el numero era 7068. Arremetí con mucho enojo con mi cuchillo y lo clave una y otra y otra ves en su cuerpo, hasta que la espina dorsal era visible, cegado por la ira voltee al misterioso sujeto para ver su rostro y era el... El, como pensarlo aquel yo liquide antes, ese hombre que odiaba tanto era a quien apuñalaba. La ira fluyo mas en mi a ver su rostro y seguí con mi impulso asesino, no calcule cuantas veces hundí aquel cuchillo en ese frio cuerpo pero sentí que lo corte a la mitad, cansado me desplome y comencé a llorar, ahí todo se volvió negro y desperté...

Estaba rodeado de mucha gente, me pregunte que pasaba. ¿Que hacia toda esa gente mirándome? Me levante vi mis manos y me di cuenta, estaban manchadas de sangre, gire rápidamente saque mi pequeño espejo personal y vi mi cara que también estaba manchada de ese liquido. Quera salir corriendo de allí, baje de la parte alta de la litera y voltee hacia la reja para abrirla y lo vi, era mi recién llegado compañero brutalmente mutilado, golpeado hasta los huesos y el rostro desfigurado de tantas laceraciónes. Aterrado corrí abrí la reja y camine por el pasillo mientas los hombres murmuraban y gritaban. En la caminata por ese corredor sentí un gran golpe en la parte posterior de la cabeza y mi mundo se desvanecido.

Mi cerebro se reactivo espontáneamente, por golpes en el cráneo. Era un pasillo, las paredes eran azul y blanco y el techo se movía, me tenían entre dos personas sujetado por las piernas mientras me llevaban hacia algún lugar que desconocía. Detrás o adelante de mi, por que podia verlo, estaba un guardia cuidando que me despertara solo veía sus orificios de la nariz, su prominente barbilla y su mejor y fiel amiga, su escopeta, que creo que estaba listo para usarla en ese momento al ver mis ojos abiertos, asi que fingí estar inconsciente aun. Me sentí rendido y sabia que era mi fin, tal ves me iban a ejecutar en el sótano o en otro lugar alejado para que nadie lo supiera y no se escandalizara, no lo sabia, estaba muy asustado. Todavía fingiendo no estar despierto observe que pasamos una extraña puerta de madera con una gran candado y pasamos a una zona que nunca había visto en mi estadía ahí. Vi a mi alrededor y divise celdas, pero me parecía muy rara esa parte del lugar por que todo estaba descolorido y pareciera como que si todo fuese a desplomarse. Aquellas celdas estaban en ruinas son barrotes tenían un aspecto a maderos viejos de tanta oxidación que tenían, en sus interiores podía ver rápidamente varios instrumentos muy deteriorados como sillas de ruedas y camas que les faltaban sus respectivos colchones, solo estaban sus armazones. Esa zona obviamente estaba cerrada a nosotros y a los mismos guardias comunes por que los tres guardias que me arrastraban eran de mas edad que los jóvenes que nos cuidaban siempre y con un uniforme muy raro, creía que me matarían en el sitio, asustado por la situación revise mi cuerpo con mucho sigilo de no hacer notar que estaba consiente, estaba sangrando por la cabeza de aquel golpe y en el bolsillo izquierdo de mi gabardina estaba un raro objeto que palpe con bastante cuidado, su forma era inconfundible, era una maldita llave. Cuando iba a tomar la llave de mi uniforme arrojaron mis piernas y con la culata de la escopeta me dieron un golpe en el abdomen, mas específicamente en el estomago, si aun estaba aturdido y mareado ese golpe me acabo despertando del todo. Me sujetaron de la parte de atrás de mi cuello y me levantaron debido a mis condiciones estaba escaso de fuerza así que me volví a caer en un segundo, uno de los guardias dijo que tenían que matarme rápido e irse por que ese lugar estaba maldito. ¿Maldito por que... Ese lugar que era y donde estaba? Los hombres acordaron revisarme a ver si traía algo de valor, buscaron en mi cuerpo y la encontraron, la llave. Otra ves el horror tocaba a mi puerta, aquella llave no era de metal ni de ningún otro material ferroso conocido. La llave era de color blanco y con manchas rojas, aquellos guardias se aterraron por el aspecto del objeto y decidieron macharse rápidamente soltando la llave en suelo y olvidando que yo estaba también tirado allí, solo escuche los pasos y la puerta cerrarse tras estos, desde ahí silencio.

Como pude me arrastre hasta la llave, me asquee completamente. Este objeto parecía estar tallado en hueso, algo espantoso, cuando toque esa cosa los recuerdos me abrumaron, fue el peor dolor de cabeza que tuve en años. Entre los recuerdos uno lo sentía mas agudo, solo me veía a mi con un cadáver al frente destrozado en mi celda y con una costilla en mi mano izquierda y un puñal en la derecha. Todo se detuvo y solté el objeto... Fui yo el que fabrico aquella macabra llave, al instante vomite y me senti de lo peor. Pensé que el causante de las desgracias de mi vida no era algo no alguien solo yo, mis manos destruían todo lo que tocaban, y acabaron con dos vidas en menos de un año... Era un homicida. El llanto me inundo, quería morir pero no tenia fuerzas para tan siquiera arrojarme yo mismo de cabeza contra una pared... Llore mucho pero llego un momento que me sentía seco por dentro y me calme, tome de nuevo aquella llave perversa, en la parte del frente de la misma vi un dígito muy bien tallado, era el 193, imagine automáticamente que esa cosa abría una puerta o un compartimiento, asi que me arrastre por el pasillo para observar celda por celda sus números.

Empece a moverme, las conté una por una mientras me movía, 260, 249, 238, 201, 197 y finalmente 193. Note rápidamente que la puerta era distinta a las demás, era una puerta de metal muy solido y pesado, como que si un monstro estuviera atrapado allí. Con la fuerza que me restaba me sujete de la manilla y subí lentamente para ponerme de pie, vi una pequeña cerradura y saque la llave de hueso. Aquella cosa del demonio estaba hecha a la medida para esa cerradura, le di un giro y abrió. Desde el vamos la celda no era normal, estaba acolchada, algo semejante a un manicomio, de color blanco y su centro una silla de metal con correas para sujetar un cuerpo. Al costado pude notar una especie de camisa me movía hacia alla y supe que era una camisa de fuerza antigua hecha de cuero y remaches, me alarme por uno de sus brazos tenia unos números borrados por el tiempo pero visibles, 7015.

Cansado, con hambre y solo decidí descansar en ese raro lugar. Entrecerré los ojos por que tenia miedo de que si me quedaba dormido al despertar estaría muerto pero era tanto mi pesar y mi agotamiento que en segundos allí me había quedado dormido. Desperté, pero lo hice en otra posición, estaba sentado, con la camisa de fuerza amarrada y atado a la lúgubre y oxidada silla, al frente un televisor de aspecto arcaico y muy deteriorado. Luche por soltarme pero aquella silla estaba bien construida, no me moveria de allí, así que me quede quieto. Como era de esperarse al estar tranquilo el televisor encendió. Después de la típica pantalla negra a los segundos vi estática, puntos blancos y negros moviéndose en linea de derecha a izquierda, observándolo entre en una especie de trance, mi mente quedo totalmente en blanco mientras el sonido llenaba aquel pequeño cuarto. De repente una imagen me dio una bofetada y me puso alerta, la imagen era negra, poco a poco algo apareció muy pequeño después fue creciendo paulatinamente mientras mi asombro también lo hacia. Apareció la cara ensombrecida de mi peor enemigo aquel que odiaba y esta muerto, pero extrañamente estaba sonriendo, el rostro no era muy visible pero sabia con seguridad quien era. Acto seguido apareció otra cosa, era la misma secuencia pero con otro rostro, esta vez era mi amada madre también sonriendo, apareció una tercera imagen.. Era yo, pero con rasgos de tristeza en mi rostro y lo note un poco golpeado. Al instante de aparecer mi rostro la imagen empezó a dar vueltas lentas, poco a poco me di cuenta que la velocidad de los giros de la imagen aumentaba y con estos giros los rostro de los demás se parecían mas al mio, y estando mas golpeados. Cuando la velocidad era frenética, note puntos rojos en la misma y de un momento a otro aquello se fue deteniendo, y note algo, los rostro de mi madre y mi odiado estaban desfigurados al punto de parecer victimas de una ira brutal o un linchamiento de miles de personas. Me aterre mucho por el rostro de mi madre y me preguntaba ¿Por que mi madre, que le paso a mi madre?.

Los rostros desaparecieron, y la pantalla se torno blanca, hubo unos minutos de silencio. Después en la pantalla apareció una habitación de una casa que me parecía muy familiar. Pasaron unos minutos, la imagen parecía de una cámara de seguridad y la resolución de la misma no ayudaba mucho a mi entender... De un golpe todo tomo sentido, apareció una mujer que reconocería entre millones con solo un vistazo, era mi madre, con su singular escoba barriendo como todas las noches la sala de la casa, muchos recuerdos me bombardearon rápidamente. No terminaba de digerir todo cuando alguien entro a la habitación, era ese maldito, mi odiado y ferviente enemigo, se sentó en un sillón a leer algo que parecía una revista, por minutos la escena fue igual, hasta que... Sonó la puerta, de un estruendo pensé que aquel que la lanzo la había derribado, el monstro entro, era un hombre encapuchado y con un hacha, todo vestido de negro. El hombre extraño corriendo se lanzo contra mi enemigo rápidamente, el intento luchar pero tratándose de un hombre maduro enfrentándose contra alguien que visiblemente era atlético claramente perdió y murió brutalmente desfigurado, mi madre corrió hacia otro lado de la casa, en el momento que vi que el hombre misterioso corrió detrás de ella me pregunte ¿Donde estaba yo en ese momento, y quien es el? La imagen permaneció así mientras escuchabas fuertes pisadas y cosas rompiéndose al fondo, después, sentí horror, escuche proviniendo de aquel televisor el grito desgarrado de mi madre, fuertes golpes, después un silencio. Comencé a llorar, sentía panico entre-ligado con ira e impotencia por aquella imagen, no apareció nada en la televisión solo se veía un hombre destrozado en el sofa, de repente el hombre con hacha camino hasta allí, observe como extrañamente se arrodillo y coloco las manos sobre su rostro y por los sonidos y movimiento daba a entender que estaba llorando, después de un tiempo el hombre se quito la capucha... Al alzar su rostro toda mi vida tomo sentido, por eso no recordaba a mi familia, ni tenia a nadie.. Era yo, observe muy bien lo que hice después, ese yo saco una pequeña navaja de su pantalón y se corto la muñeca... Por dios me intente suicidar... El televisor se apago súbitamente. Empece a gritar de ira y tristeza, me movía bruscamente para liberarme de esa silla, no quería seguir viviendo, era un maldito asesino, no merecía vivir. Espontáneamente mi visión se nublo, y después todo fue negro...

Vi hacia arriba, una luz blanca me molestaba y sentía mucho frio, me di cuenta que no estaba en una cama era algo de metal muy rígido, alce un poco mi cráneo para ver en donde estaba y me percate que estaba desnudo, sentí mucho pavor, voltee hacia un lado estaban especies de camillas con personas tapadas con sabanas hasta su cabeza y sus pies descubiertos, no entendía nada voltee hacia el otro lado y se veía lo mismo las camillas con personas así, ahí lo entendí todo estaba en una maldita morgue, pensaban que estaba muerto, me aterre me pare rápido y corrí hacia la puerta que estaba alli la abri era un pasillo, camine por el doble por otro pasillo y llegue a lo que pensé que era una sala de espera, las mujeres gritaban asustadas al ver que estaba desnudo en aquel lugar, las enfermeras y médicos corrían de un lado a otro, estaba desconcertado, gire mi cabeza al escuchar unas pisadas fuertes de lo que supuse que eran botas, al voltear vi en mi rostro sin detallar quien era, algo largo que se aproximaba y me golpeo en rostro, y otra ves, estaba dormido.

Hoy estoy cruzando las puertas de metal que una ves pensé haber cruzado. Hoy me dirijo a la mesa que una ves pensé haber visitado. Hoy siento lo mismo que sentí en mi mente. Vuelvo a conocer a mi compañero. hoy se donde pertenezco. Hoy y siempre pertenezco a ella.. A la Jaula.

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