FANDOM


Podía recordar cualquier cosa con solo escucharla una vez, desde las fechas de una batalla en la clase de historia hasta el nombre del primo del vecino. En cambio su mejor amiga, Sara, era lo contrario, siempre se olvidaba el cumpleaños de Jenny, de las horas que habían quedado… y más de una vez se había dejado el monedero o las llaves en casa, o ambos.

Por eso mismo Jenny no se sorprendió de que Sara llegara tarde para el maratón de películas. Incluso aunque fuera una tradición mantenida los últimos años, Sara siempre ponía excusas pobres para no admitir que se había olvidado.

“Sé que es mi mejor amiga, pero algún día, olvidara su propia dirección.”

Jenny pensó para sí misma mientras ponía palomitas en el microondas. Iba a presionar el botón cuando el timbre sonó enloquecido.

“Hablando del diablo.” Murmuró para ella mientras andaba hacia la puerta. No se esperaba que Sara casi la empujara cuando entró dentro.

“¿Qué demonios te ha pasado?” Jenny preguntó, con la confusión dibujada en su cara.

“Yo… he olvidado preguntar… a mama por… dinero…” Sara susurró, casi sin aire.

“Para un taxi… así que he venido andando.”

Se la veía hecha un desastre, su pelo revuelto y sus cordones desabrochados.

“Había un tipo… era extraño… no pensaba mucho en eso… pero ha venido caminando detrás de mi… He empezado… a caminar rápido… me seguía… he corrido… lo he perdido.”

Consiguió algo de aire.

“Pero estaba muy asustada, pensaba que iba a atacarme.” Empezó a llorar.

“Está bien, tranquila.” Jenny la abrazó con mimo.

Le era imposible descartar que fuera otra de esas historias de Sara y se odio por ello. Pero de nuevo, su barrio era conocido por ser uno de los más seguros de la ciudad.

“Puede que no te estuviera siguiendo a ti.” Dijo.

“Tal vez solo caminara calle abajo y le vistes extraño. Solo eso.”

“No lo sé, tal vez.” Sara asintió, mostrándose más calmada, no le gustaba parecer débil, incluso delante de su amiga Jenny.

El momento en el que el microondas pitó empezó la noche de películas. Jenny las puso en un bol mientras Sara colgaba su chaqueta en el armario de la entrada.

Tras media hora viendo la película de miedo a todo volumen, las chicas decidieron que necesitaban más cerveza así que Jenny fue hacia la cocina. Abrió el armario y cuando fue a buscar el abridor vio algo que hizo que sus piernas temblaran. Sabía perfectamente que su madre tenía trece cuchillos de cocina para diferentes motivos.

Ahora solo había doce, el más grande faltaba. Cualquier otra persona pensaría que estaría mal colocado y lo olvidaría, pero no Jenny. Después de todo, tenía muy buena memoria. Y ahora tenía esa sensación en el estomago de que algo iba mal.

“Sara.” Llamó, con la voz temblorosa.

“¿Qué?” Respondió su amiga en la distancia, sin haber captado el tono.

“¿Has cerrado la puerta de entrada?”

El contenido de la comunidad está disponible bajo CC-BY-SA a menos que se indique lo contrario.