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Eran las 6:30 a.m. el sol ya había asomado dando la impresión de que seria otro día soleado y tranquilo. En un vecindario de la ciudad de Toronto, Canadá, los tenues rayos de luz apenas entraban por las cortinas verdes de la habitación de un chico que se encontraba profundamente dormido.

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- John... John, levántate cariño - Decía la dulce voz de una mujer, de al parecer mediana edad que llamaba con cariño a su hijo.

- Ya voy mamá - Respondió el chico un poco adormilado, beso la mejilla de su madre y le dedicó una cálida sonrisa, miró el reloj de la pared, si no se apresuraba llegaría tarde, se dispuso a alistarse para posteriormente bajar a la planta inferior.

- Buenos días - Dijo sonriendo mientras tomaba asiento en la mesa junto a su padre.

- Buenos Días hijo, por cierto, Feliz Cumpleaños - Contesto el padre del muchacho bajando el periódico y revolviéndole el cabello.

- Gracias... Como quisiera que estén todo el día para festejar en familia, pero tienen que irse ¿Cierto? - Dijo con la cabeza baja el muchacho.

- Cariño, te prometo que al regresar de ese asunto saldremos a donde tu decidas, todos juntos - Dijo su madre mientras se despedía.

Salieron de casa rumbo a unos departamentos en Vancouver por asuntos de trabajo. Al llegar fueron directo a la habitación, no era lujosa ni nada por el estilo, solamente era un cuarto sencillo para hospedarse durante una semana y después volverían a casa. Dentro de 3 horas tendrían que ir a una junta, en eso, mientras estaban cenando en el pequeño comedor escucharon el chirrear de las bisagras al abrirse la puerta.

- Merrie, iré a ver qué pasa, creo que debió haber sido el aire - 

- Claro, yo esperare aquí, Cárter - Contestó la mujer mientras se volvía a acomodar bien en la silla.

El señor Clarkson, caminó lentamente por el pasillo hacia la puerta y la cerró, al voltear se topó cara a cara con lo último que vería... A ese hombre encapuchado. Él dio su último suspiro, sabía que era su final... y lo aceptó. Aquel extraño sujeto sostenía un martillo, golpeándolo en el cráneo, observó cómo el hombre se desplomaba inconsciente, sacó un revólver de los bolsillos internos de la chaqueta y le asentó un "tiro de gracia" para asegurarse de que su trabajo se cumpliera, y ahora iría por la dama. 

La mujer al escuchar un estruendo contra el suelo, se estremeció... Sentía un tremendo miedo. "Cariño, ¿Estas bien?" preguntó. No recibió respuesta alguna de parte de su esposo así que se empezó a preocupar.

- Carter... ¿Amor? - Eso fue lo último que pudo mencionar, unas manos con guantes rodearon su cuello impidiéndole hablar, cada vez que intentaba luchar las manos apretaban más fuerte su cuello, hasta que no pudo más... 

"Se llevaron todo, lo único que encontramos eran los cuerpos... según el informe de la policía fueron quemados..." Decía un oficial por televisión, ya habían pasado tan solo unos días desde la última vez que el chico vio a sus padres, lo que se suponía que iba a ser la mejor semana para él, fue lo más horrible que le había pasado en toda su, todavía, corta vida.

El pequeño entró en depresión después de lo sucedido, no podía creerlo, sus padres... Las personas más especiales de su vida fueron asesinadas. Todo paso tan rápido que no se dio cuenta, todo era tan borroso, todo lo que quería era regresar en el tiempo a evitar que sus padres salieran de viaje. Pero en su interior sabía que era imposible por más que lo deseara.

- John... - Aquella chica de cabello pelirrojo abraza al joven - En verdad lo siento.

- No lo sientas Maddeline, de todas formas, no hubiera podido evitarlo aunque quisiera - Decía entre lágrimas mientras correspondía al abrazo de su prima.

- ¿Hay algo que yo pueda hacer por ti? - Pregunta aún sin dejar de abrazarlo.

- Quiero visitar mi casa por última vez... Quiero recordar todo lo que pasé allí con mis padres, esos hermosos momentos. -

El deseo de John se cumplió, sus tíos lo llevaron a ver su casa, pero este decidió entrar solo, quería tener un momento a solas, donde solo pudieran estar él y los recuerdos de sus padres. Deambuló por la casa en silencio, miraba los cuadros y las habitaciones en silencio, sus recuerdos dolían, se detuvo en una habitación de la casa a la cual llamaban "pequeña biblioteca" donde sus padres ponían diferentes libros y enciclopedias, pero John nunca se había interesado en esos libros, los ojeo con cuidado hasta encontrarse con algo que llamó su atención, un viejo libro que solía leer con su madre cuando era más pequeño, "Alicia en el país de las maravillas" decidió conservarlo, incluso esa noche no durmió, leyendo y releyendo el libro de páginas ya amarillentas.

Su adicción al libro empezó después de leerlo una y otra vez, cada día que lo leía veía algo que no había notado la vez pasada, cada vez lo leía más seguido. El libro se volvió su obsesión, con cada día, mes y año que pasaba no podía dejar de pensar en la historia fantástica hasta llegar a un punto enfermizo.

Al cumplir los 18 años se había vuelto completamente loco por ese libro, su caso era preocupante, no dejaba el libro por nada en el mundo, estaba... Traumado, todo su mundo giraba en torno a su libro, era tan excesiva su afición al libro que se convirtió en un caso clínico. Lo que quedaba de su familia estaba sumamente preocupada, el paso de tener el cabello castaño a teñirlo de un azul mar, sus ojos mostraban locura al igual que su comportamiento, ya era hora...

- John, primo, ¿Te sientes bien? Sabes que me preocupas - Dijo Maddeline apartando un poco el libro de su primo intentando captar su atención.

- ¿Bien? ¿¡BIEN!? Ya sabes que yo siempre estoy bien, ¿Por qué no estarlo? - Respondió él arrebatándole el libro con brusquedad.

- Es que... En serio te pido que me perdones, pero mi madre esta aterrada... Ya no puede vivir así, lo siento.

- ¿Qué? ¿De qué hablas? - Preguntó sonriendo de manera preocupada.

Pero la respuesta a su pregunta era obvia, él iba a ser llevado a un hospital psiquiátrico, por más que se resistiera lo trasladarían a la fuerza. Por todo el vecindario resonaban los gritos provenientes del muchacho que luchaba por salir de allí lo más pronto posible.

La mente de John era un laberinto, no tenía idea de qué pensar en ese momento, estaba en shock, no quería ir al hospital psiquiátrico, el creía que estaba en perfecto estado y que su adicción no era nada de lo que preocuparse si no que era completamente normal... Pero por lo visto no lo era.

Él había pasado semanas resistiéndose a los medicamentos y sedantes, los enfermeros estaban desesperados, nunca habían visto un caso tan severo. Aquella locura era extrema, pasaba el rato hablando consigo mismo, estaba enfadado aunque, no se notara, por ello reaccionaba agresivo ante los doctores y enfermeros. Sus ojos entre una combinación de verde y naranja brillaban en el rincón donde él descansaba, quería salir de ahí, de ese sucio y lúgubre lugar, quería terminar lo empezado... Quería destruirlos a todos, él terminaría lo empezado. 

Él no quería pasar ahí ni un minuto más, tenía que encontrar la forma de salir... Tenía que ser él, no podía estar encerrado sin nada que hacer, no le dejaron el libro, lo cual afecto más a John causando que su locura llegara a otro nivel, solo pensaba en el libro, soñaba con las historias, entró en un estado de paranoia, necesitaba el libro más que a nada en el mundo, una paranoia que causo miedo incluso en los doctores causaba...

Los doctores estaban preocupados por la salud mental y emocional de John, no creían que fuera a empeorar más, pero como cualquier otro ser humano se equivocaron. La locura de John ya la catalogaban como de un psicópata, ya no tenían forma de ayudarlo, tenían que recurrir a cosas más fuertes, y así lo hicieron, apenas llevaba 1 mes y ya tenía puesta la camisa de fuerza y estaba aislado del mundo, los doctores creyeron que lo iban a ayudar, pero no fue así.

Era hora de escapar, tenía que haber una forma. Esperaría a que vinieran a darle sus medicamentos diarios, allí es cuando… Pero para eso tendría que asesinar a los enfermeros, eso ya no le importaba, ahora su único interés era salir. Una enfermera fue para darle los medicamentos, para su sorpresa el no hacía ni un mínimo ruido. Eso era raro, pero no le tomó importancia, justo cuando inyectaría la medicina el empezó a descontrolarse, se estaba resistiendo nuevamente, estaba soltándose de la camisa, la mujer estaba asustada, sentía pánico, pero aun así solo se quedaba mirando y retrocedía. 

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John luchaba por liberarse hasta que se escuchó un crujir, se había librado de esa espantosa camisa y ahora era el momento de actuar, no espero ni un momento más, se abalanzó sobre la enfermera y empezó a estrangularla con la camisa. Él no estaba consciente de que hacia, solo se dejaba llevar por las voces de su cabeza.

Cuando la enfermera por fin cayó muerta supo que tenía la oportunidad de salir de ahí, salió golpeando y empujando todo y a todos los que se atravesaran en su camino, lo único que olvido fueron las cámaras de seguridad que habían captado todo, pero ya se las arreglaría, no pensaba volver.

Estaba cansado, debía encontrar algún lugar dónde quedarse y lo más importante, debía recuperar el libro. "¿Dónde lo habrán dejado?" Pensó. De todas formas, no regresaría, aunque le doliera perder lo único que quedaba de sus padres no quería que lo volvieran a meter en ese lugar o en uno mucho peor, así que siguió su camino sin rumbo alguno.

Tenía que ocultarse de alguna forma, necesitaba un disfraz y sabia a dónde ir para conseguirlo. Se dirigió a su antigua casa, era un tanto diferente, se mostraba empolvada, con el tapiz dañado al igual que el suelo que era de mármol pulido. Tenía vagos recuerdos de la ultima vez que vino, cuando encontró aquel libro... Cuando sus padres murieron. Ahora solo tenía que hacer su disfraz, se emocionó mucho por fin tendría el traje que siempre había deseado.

Subía las escaleras directo a la habitación de sus padres, ahí saco un viejo traje de su papá al igual que un sombrero y varios tipos de tela, los pedazos de tela y diferentes listones inundaban el cuarto de colores, era fantástico, tenían tantas texturas diferentes... El chico sonrió de oreja a oreja.

- ¡Esto quedará estupendo! - Se dijo para si.

El admiró su traje, orgulloso de lo que había hecho, estaba feliz, no podía esperar para usarlo quería demostrar que él no era como los demás de la sociedad y ese fue un gran avance para él. Pero faltaba algo, su rostro... Era pálido, la única chispa de color eran sus ojos y cabello. Así que sin demora se puso el traje y fue hacia el espejo, saco varias pinturas para el rostro y empezó a dibujar de azul el contorno de su ojo izquierdo, y fue agregando líneas verticales y horizontales de distintos colores. Se vio en el espejo, ahora solo faltaba su otro ojo, pero el maquillaje no le bastaba, quería algo más, así que fue hacía unos cajones y lo abrió. Allí se encontraba la mitad de una vieja máscara completamente blanca, sin expresión, la agarró cuidadosamente y le colocó pegamento industrial, lo que haría sería una total locura pero a él no le importaba, había hecho peores cosas que eso. Él colocó la máscara en la parte derecha de la cara y empezó a pintar con pinturas acrílicas.

- Al fin... ¡Está listo! - Gritaba alegre

Emocionado por su creación, pensó en como salir para que la sociedad viera todo lo que había hecho, pero luego, llegaron a su cabeza unos pensamientos que hacían que se asustara, el podía ver como la sociedad lo rechazaría, sin embargo, eso no lo detenía, él quería salir y ver el mundo exterior sin importar las críticas, él no creía que lo fueran a tomar a mal, solo no está siguiendo la línea de la sociedad, lo que él no sabía es que eso es lo peor que alguien podía hacer.

Después de terminar todo, John se puso a pensar en su familia, se dio cuenta que Madeline era una de las únicas personas que lo podían aceptar, por ello quiso darle una visita a su querida prima, de todas formas, no tenia donde quedarse y estaba seguro de que ella lo recibiría con alegría, sin embargo, la reacción de su prima fue totalmente opuesta a la que esperaba, ella se llevó las manos a la boca y retrocedió, dejo escapar un grito de terror al ver la nueva apariencia de John.

- Oh por Dios... ¡John! - 

Su prima, la chica que lo comprendió siempre, ahora se encontraba con una expresión de pánico en el rostro, pese a estar aterrada, extendió los brazos y le dio un cariñoso abrazo. Él estaba sumamente alegre, no podía pronunciar ni una sola palabra, por fin, después de todo ese oscuro tiempo, se sintió en casa. Pero el problema era que su tía Rose, la madre de Madeline no lo aceptaba, ella sentía un gran temor hacia el por ser "diferente" en cambio Maddie, ella pensaba que solo era un chico con una gran adicción, que no podría dañar a nadie, así que lo invitó a pasar.

La tía Rose empezó a preocuparse, sentía un leve escalofrió al verlo en su casa nuevamente, no se sentía segura, había algo en el que había cambiado, ya no era un tipo que necesitaba ir al hospital psiquiátrico, ahora era más que eso... Era un psicópata o al menos eso pensaba, y tenía la razón.

- Mamá, saldré con mi primo al parque - Dijo la joven pelirroja.

- Pero, Maddeline... - Contestaba preocupada - ¿Estás segura?

- ¡Madre, por favor! Es tu sobrino, no es ningún extraño - Contestaba alejándose, la chica.

Caminaban por un barrio desolado, las farolas amarillentas apenas alumbraban las calles completamente vacías, solamente se encontraban tres hombres en una banca del parque. Sin importar que fuesen muy sospechosos Madeline y John se sentaron en los columpios.

- Ese chico... lo he visto en alguna parte - Dijo uno de los hombres, y un recuerdo apareció en su cabeza, como al encender una bombilla vieja.

- Salió en las noticias, ¿Acaso no es el qué se escapó del hospital?

- No solo eso, ese es él hijo de una pareja rica que asesiné unos años atrás - Respondió un hombre de gafas oscuras al sujeto que estaba a su lado -Supongo que la policía dará una buena recompensa por su cabeza.

- ¿Y qué esperamos? Vamos por él - Dijo otro que era más delgado.

Ellos empezaron a caminar hacia los jóvenes. John percatándose de que los seguían se puso algo nervioso y apretó la mano de su prima. "Es hora de irnos" murmuró a la chica. Caminaban deprisa, el único lugar en donde podrían perderlos era en un callejón que conectaba una calle con otra, decidieron pasar por ahí. Pero cometieron un grave error, se metieron en el callejón equivocado, en uno sin salida. Estaban atrapados, uno de los sujetos empezó a caminar hacia John, pero Madeline se puso frente a el.

- No te atrevas a tocarle si quiera un cabello - Dijo ella entre dientes.

- ¿Y qué harás pequeña puta? ¿Golpearme con tu bolso? - Contestó entre burlas.

- Algo así... - Replico furiosa.

En ese momento ella golpeó al tipo quebrándole la nariz, el sujeto respondió al golpe con una brusca patada seguida de más y más golpes. John no podía hacer nada los otros dos hombres lo sujetaron impidiendo que se moviera, gritaba con desesperación no quería ver morir a la única persona que lo amaba, que lo entendía, ya había perdido tiempo atrás a sus padres, ahora no perdería a su prima. Sin embargo, aquel hombre que golpeaba sin piedad a la chica saco una navaja, la muchacha comprendía que moriría, pero el concepto de dejar atrás a su primo le dolía, él la necesitaba pero ya no podría hacer nada más. Él le acercó el arma a la boca eh hizo un corte en toda su lengua, ella gritaba y gemía de dolor, John se movía con desespero, no sabía qué hacer... Ella moriría y él se quedaría solo en ese oscuro lugar. Lo siguiente que haría el hombre seria lo que terminaría completamente con Madeline, la agarró del cuello empujándola hacia la pared provocando un fuerte estruendo seguido de un crujir de huesos para después volver a alzar la navaja encajándolo en el ojo de la joven.

John ya no lo podía soportar, en su cabeza vagaban pensamientos de venganza. "Es hora" dijo él y golpeó a los dos tipos que lo tenían sujetado, rompió como pudo un tubo y se abalanzó sobre el "líder", lo golpeaba sin piedad alguna, solo quería que dejaran de moverse, de este modo dejarían en paz a Maddeline, el crujir de los huesos al hacerse trisas lo lleno de alegría. John se volteó jadeante en dirección de Maddeline, pero no podía creer lo que había pasado, se dejó caer de rodillas ella, ella... Estaba muerta, el rompió en llanto "¿Por qué no a mí?" se preguntaba una y otra vez al lado de la chica. La cargó en sus brazos, fue hacia una pequeña zona boscosa cerca y la recostó en un árbol. No tenía ni una mínima idea de que hacer ahora, odiaba a la sociedad "Todos son unas estúpidas marionetas del dinero" decía entre lágrimas ya que sabía que hay gente que mata por dinero, pero otros por diversión... "Diversión" esa palabra resonaba en su cabeza y formó en su cara una sonrisa.

Ahora tendría que terminar con la sociedad, era su momento. Ya no le quedaba nada, así que empezaría a eliminar desde ese día. Iría primero con la persona que nunca lo aceptó, su Tía Rose, ella seria rápidamente eliminada para luego seguir con las demás personas, aquellas que muestren desprecio por otras. Así que le acarició el rostro a Madeline y fue hacia casa de Rose, se divertiría mucho.

El tocó a la puerta y Rose abrió. Al mirar al chico se veía algo más raro de lo normal, su gran sonrisa... Daba un poco de terror a la mujer, él pasó a la fuerza cerrando la puerta. Se escuchaban gritos provenientes de esa casa... Al apagarse los gritos, John observó esa escena en la sala, todo estaba a color carmesí, tenía todos los muebles de cabeza, eso le pareció divertido, ahora tenía que salir de allí. Tuvo que salir por la puerta trasera, pero justo cuando se estaba alejando escucho una voz conocida.

- John... Gracias - Decía una voz amable


Al voltear vio a la persona que emitía esa voz, era Madeline, estaba sorprendido no podía hablar, se quedó sin palabras, solo fue y la abrazo. Ella estaba con el cabello pelirrojo, con las puntas haciéndose blancas, su vestido estaba manchado de sangre y sus ojos... Eran totalmente oscuros. 


Ella por alguna extraña razón no estaba enojada con el por haber matado a su madre, ella no sabia por qué razón no estaba enojada pero no lo quería averiguar, así que prefirió ver que podía hacer junto con John, después de una larga plática llegaron a la conclusión de que querían que las personas murieran, querían divertirse con eso, ya se habían convertido en unos psicópatas completos, querían ver a quien matar... Pero decidieron que lo dejarían a la suerte y lo que harían con ellos seria horrible, los convertirían en marionetas humanas para así poder divertirse a su manera única y loca.

- Nota Periodística -

"...Se ha encontrado el cadáver de una mujer de aproximadamente 34 años de edad en.... Un oficial afirma haber visto a un chico y una chica salir de la escena del crimen el pasado viernes... En otras noticias, en la calle... El pasado miércoles se encontró a un hombre con cuerdas atravesándole los brazos, piernas y cabeza, fue identificado como ... No se han encontrado a los culpables de los de los crímenes, la policía cree que están vinculados con los acontecimientos sucedidos en ... hace 2 meses..."

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