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Facebook es una de las redes sociales más grandes que existen en Internet, la cual nos acerca a muchas personas tanto conocidas como desconocidas. En un día de abril, un joven de aproximadamente 19 años decide meterse a Facebook para pasar el rato después de un largo día de estudio.

Entre muchos de sus contactos que estaban conectados en el chat de aquella página, apareció una chica muy linda llamada “Katia Hernández”. La primera impresión del muchacho fue sorpresiva porque él no recordaba haberla agregado a sus contactos, pero no le dio mucha importancia al hecho y decidió hablarle.

Al principio ella daba la impresión de ser una persona fría pero al transcurrir de las horas la conversación entre ellos dos cada vez se prolongaba mas hasta el punto de que ambos se cayeron muy bien. Era la primera vez que este muchacho sostenía una conversación de este tipo con una chica y por ende le era muy extraño pero a la vez gratificante poder entablar una conversación tan amena.

Pasaron los días y este chico se compenetraba en la vida de Katia hasta el punto de en que ellos vivían una especie de amor a distancia. Él estaba muy feliz de haber encontrado a su media naranja, pero a partir de aquel momento empezaron a suceder cosas que en su vida no podrá olvidar jamás.

Un día 1 de Mayo, este muchacho decide iniciar su sesión en Facebook para charlar con su amada, pero ella es quien le escribe primero. Su alegría se disiparía al instante al leer el siguiente mensaje: “Tengo algo que decirte y sé que me odiarás una vez que te lo diga".

El muchacho se puso nervioso y muchas interrogantes se le vinieron a la cabeza; sin embargo, decidió preguntarle qué pasaba. Katia le contesta: “No soy quien tú crees”.

La reacción del muchacho no es para menos, cada vez más se ponía más nervioso, la sangre se le helaba y le sudaban las palmas de las manos. Todo eso llegaría a su máximo punto cuando aparece en el inbox un último mensaje que decía así: “En verdad no soy Katia Hernández, mi nombre real es María y esta soy yo”.

En el monitor de la computadora, se materializó la imagen de la persona que estaba detrás de la supuesta farsa, claramente era una impostora. La indignación y el enojo que sentía el chico en aquel momento era grande y eso lo obligó a borrarla de su lista de contactos. Pasaron los meses y por medio de un periódico local se enteró que una joven se había suicidado producto de una decepción amorosa a través de Facebook.

Al leer el nombre de la persona que había decidido atentar contra su propia vida, el chico quedó totalmente frío del miedo, por un instante se paralizó. El nombre que había leído en aquel periódico era el de María.

Muchas noches en las que se la pasó pensando en el hecho no podía pegar los ojos debido al trauma que le causó la noticia. Lo peor sucedió cuando este muchacho, al iniciar su sesión en Facebook, notó que tenía un mensaje por inbox y ese mensaje precisamente provenía de la supuesta Katia. El muchacho experimentó un terror indescriptible, pero a la vez estaba furioso porque encontraba insólito que alguien hubiese usurpado la cuenta de esa chica solo para molestarlo. Dicha teoría la descartó rápidamente, ya que al leer el mensaje que había recibido, notó que nadie había usado esa cuenta.

“¿Por qué me borraste? ¿Es porque soy fea y no soy la chica que pensabas?"

El muchacho sudaba del nerviosismo, del terror y de la impresión al leer dicho mensaje. Sin dudarlo, la bloqueó de nuevo y la denunció. Ya pasada la medianoche, se dispone a dormir cuando a la media hora empieza a escuchar sonidos muy suaves. Pensó que era el perro que estaba olisqueando por las cercanías, pero después notó que los sonidos provenían de su propio cuarto.

El terror empezó a recorrerle su cuerpo; ayudado con la linterna de su celular apuntó en dirección a su mesa de escritorio (en donde estaba su computadora) y lo que vio no se le olvidaría jamás. En la pared había una inscripción con sangre que decía: “Te amo pero, ¿tú me amas?”. El muchacho gritó con todas sus fuerzas y peor aún cuando al lado de la inscripción apareció un cuerpo colgando, era el de una mujer joven y con muchas cortadas en sus piernas, brazos y cuello.

No pudo soportar aquella escena y rompió a llorar. No tuvo más opción que mudarse de domicilio y dar de baja su cuenta de Facebook. Actualmente está recluido en una institución psiquiátrica.