FANDOM


LimboP MORADOR DEL LIMBO
"Se estremece la tierra, ruge la espuma de los mares sobre las montañas, y el cielo arde en música de sombras y liras infernales"

Este es un descarriado del Limbo, penitente del Purgatorio con fecha de nacimiento en un guiño de ¡CreepyLooza! Abstente de la arena, que esto es más legal que tu jfa. Burló La Guillotina y a los Jueces del Infierno, así que cómete tu teclado.


PersonajesEditar

  • Kennedy: El protagonista de la historia. Un joven freelancer de 22 años que aparenta llevar una vida normal.
  • Amelie: Una niña que convive con Kennedy. Sólo él puede verla, o al menos de la forma que él cree.
  • Cobain: Uno de los mejores amigos de Kennedy, novio de Wallace y estudiante de marketing.
  • Wallace: Novio de Cobain y amigo de la infancia de Kennedy y Marilyn. Es el único que percibió la presencia de Amelie alguna vez además de Kennedy. Es el único del grupo que tiene 19 años y no 22.
  • Marilyn: Amiga de la infancia de Wallace y Kennedy, a quien se le declaró sin obtener una respuesta, aunque es respaldada por Cobain y Wallace. Actriz.

Escena IEditar

(Kennedy entra en la habitación cargando con dos bolsas de cerveza que sus amigos le habían enviado a comprar. Las deja en pequeña mesa frente al sofá donde se encuentran ellos tres viendo un extraño documental sobre animales marinos.)

Kennedy: Se nota que se están divirtiendo, chicos.

(Marilyn observa la pantalla con indiferencia, Wallace se encuentra dormido y Cobain mira su celular sin prestar atención a Kennedy.)

Kennedy: ¿Querrían al menos hacerme un lugar en el sofá? O tendré que irme con las películas que alquilé, y no los ayudaré a levantar a Wallace.

(Cobain niega con la cabeza y mira a Marilyn con una sonrisa burlona en su cara. Ella se pega al extremo del sofá, dejándole sitio a su lado.)

Marilyn: ¿Qué trajiste? Espero que hayas encontrado alguna buena de terror, o no hay forma de que me quede despierta con alguno de los romances anticuados que te gustan a ti.

Cobain: Por favor, dime que no alquilaste nada que tú elegirías.

Kennedy: Ustedes son los peores amigos que podría tener.

(Kennedy toma una de las cajas de películas, de terror, con una de las portadas más genéricas que jamás había visto. Pone el CD en el reproductor y vuelve a sentarse junto a Marilyn.)

(Tras media hora, Cobain se levanta y sacude a Wallace para que se despierte. Finalmente lo ayuda a pararse y lo lleva hasta la puerta.)

Cobain: No puedo más con tu selección mediocre. Nos vemos mañana, supongo, yo llevaré a este dormilón a su casa y haré lo que quiera con él. Ah, y Marilyn, no vendré a tu departamento nunca más hasta que te compres una consola y podamos evitar este tipo de noches.

(Kennedy y Marilyn empiezan a reír. Después de que Cobain cierra la puerta, Marilyn apoya su cabeza sobre el regazo de Kennedy y cierra los ojos.)

Marilyn: Al fin podemos estar solos.

Kennedy: Entiendo que Wallace es un perezoso, pero Cobain podría haberse quedado con nosotros al menos, es la primera vez que estamos juntos los cuatro en dos meses.

Marilyn: ¿No te gusta la idea de que sea sólo tú y yo...?

(Kennedy se queda mirando a la pantalla fingiendo no escuchar a Marilyn, quien hace un puchero y se levanta repentinamente, acercando su rostro al de Kennedy.)

Marilyn: ¿Nunca deseaste que fuésemos algo más? ¿No lo pensaste siquiera una vez desde que te dije lo que sentía...?

Kennedy: No... yo...

(Marilyn se levanta antes de que Kennedy termine su frase y, sin mirarlo, se acerca a la puerta de su cuarto.)

Marilyn: Tengo una réplica de las llaves en el cajón de aquella cómoda. Cierra la puerta antes de irte, puedes devolvérmelas otro día. Me voy a dormir, mañana tengo clases en el teatro.

(Kennedy intenta hablar pero ella se mete en el cuarto y vuelve a cerrar la puerta antes de que abra la boca. El living se queda en silencio total, aunque la película sigue reproduciéndose. Kennedy apaga la televisión y saca el CD.)

Kennedy: Vaya, debe estar rallado...

(Mete la caja de la película de nuevo en la bolsa y se pone su chaqueta. Después de tomar el manojo de llaves, abandona el departamento y cierra la puerta detrás de sí.)

Escena IIEditar

(Kennedy observa el cielo rojizo. Se encuentra ligeramente más oscuro que el momento en que llegó a la casa de Marilyn, por lo que asume que ya ha anochecido. Intenta observar la hora en su reloj pero los números son completamente ilegibles para sus ojos.)

(La mayoría del paisaje es exactamente igual a como solía serlo ante los ojos de Kennedy, pero no puede evitar observar los rostros de las personas, quienes poseen unas expresiones faciales muy particulares a su parecer. Antes de darse cuenta, se encuentra frente a su hogar. Una niña de largo cabello platinado lo recibe detrás de la puerta principal.)

Amelie: ¿Cómo te fue? ¿Has sido capaz de relajarte con tus amigos esta vez, o todo continúa igual?

Kennedy: Todo continúa igual. Aún soy incapaz de ver los rostros de las personas como tú dices verlos. Puedo ver sus emociones, puedo ver cómo cambian sus caras cuando se sienten asustados, tristes, enojados... ¿por qué no lo hablamos durante la cena?

(Kennedy sube, se cambia la ropa de calle y vuelve a bajar, percibiendo el olor de una comida caliente, como tantas otras que Amelie le había preparado al llegar durante noches anteriores. Se sienta y aguarda por su plato. Cuando Amelie le sirve su comida, el rostro indiferente de Kennedy hace que su sonrisa desaparezca.)

Amelie: ¿Aún no se ve apetitoso? No sientes su aroma, no te provoca hambre, no te atrae su color?

Kennedy: No lo sé. Nunca he sentido apetito por ninguna comida. Puedo darme cuenta de que tiene cierto aroma, pero no puedo compararlo con nada, no es apetitoso ni desagradable, como la mayoría de olores que he percibido desde que nací. Y... siento que los colores significan menos para mí, noto una ligera tonalidad en las cosas pero todo se ve de un color similar, excepto...

(Kennedy toma una botella de jugo de frutos rojos que Amelie había colocado junto a su vaso. El líquido es de un rojo intenso. Kennedy lo señala.)

Kennedy: Esto es lo que todos llaman "color rojo", ¿no?

Amelie: Sí.

Kennedy: Hay varios objetos que se ven así. Una de mis camisetas, el jugo, el vestido que te compré... el cielo, tienen una tonada fuerte, que brilla, que se diferencia mucho de los demás.

Amelie: Ya veo.

(El tono calmado y condescendiente de Amelie no agrada a Kennedy, quien se siente emocionado por poder hablar de las cosas que percibe de una forma distinta y particular, pero ya aprendió a lidiar con su forma de ser tranquila y algo inexpresiva. Sin embargo, ella es muy amorosa y a veces se muestra feliz con sólo saber sobre el día de Kennedy.)

Amelie: Entonces, ¿podrías repetirme cómo es que ves a las demás personas?

(Kennedy vacila un momento con un bocado de puré de zanahorias en la boca, traga y aparta el plato antes de contestar. Su estómago se siente revuelto.)

Kennedy: Todos son... en gran parte, como tú me describes que deberían ser. Rostros, cuerpos normales. Sin embargo, cuando se expresan fuertemente, cuando dejan salir sus emociones, las expresiones no son como tú las describes... sus rostros se deforman completamente, ellos cambian, si están enfadados su rostro se corta y se divide y unos grandes colmillos emergen del interior de su cabeza, y sus dos ojos se separan en tres pares distintos que tienen una tonada oscura. Su piel comienza a tornarse roja, como si estuviera en carne viva, se arruga, se llena de arterias y venas y nervios, como si dieran vuelta todo su cuerpo para sacar lo que hay dentro... y...

(Amelie pone un dedo sobre los labios de Kennedy para impedir que siga hablando. Sus ojos desorbitados, su respiración agitada, las manos sobre la cabeza, delatan que describir esa imagen es muy duro para él.)

Amelie: No entiendo cómo puedes mantenerte calmado enfrente de tantas personas que hay allá afuera cuando al describirlas reaccionas así...

Kennedy: Cuando estoy afuera, debo ser otra persona. Cubrir mis inseguridades. Ver los rostros de los demás y pensar que es completamente normal. Puedo adaptarme. Puedo hacer caso omiso. Pero dejo salir a flote mis emociones cuando estoy contigo... ¿eso te molesta?

(Amelie esboza una sonrisa pícara y sus ojos negros se curvan.)

Amelie: No, para nada...

(Amelie deja toda la vajilla a un lado y se acerca a Kennedy, dándole un apasionado beso mientras se quita el vestido rojo.)

Escena IIIEditar

(Wallace se acerca a la puerta principal de la casa de Kennedy. Se acerca a la única maceta de todo el jardín, mete la mano y saca una llave oxidada, que encaja perfectamente en la puerta.)

Wallace: Así que Kennedy no recuerda que sus padres solían tener esta llave de repuesto en la maceta. Debe ser difícil para él.

(Al abrir la puerta, desde dentro emana un olor fétido, como a carne podrida, que impregna la ropa de Wallace y hace que arrugue la nariz. Al entrar, observa que el pasillo está cubierto por una especie de mucosa rojiza.)

Wallace: ¡Ken!

(Wallace llama varias veces pero no recibe respuesta, por lo que avanza sigilosamente hacia la sala de estar: salvo por el olor a podredumbre y la mucosa desparramada por el suelo, todo parece estar en su sitio, e incluso algunos muebles están cubiertos de polvo.)

(Al entrar en la cocina, Wallace percibe que la mayoría de la vajilla no ha sido lavada y muchos utensilios se encuentran fuera, cubiertos por la misma pestilencia que el suelo de la casa. Varios trozos de carne se encuentran sobre una tabla de madera, pero no parece carne vacuna, sino tejido carnoso de color oscuro y con olor a putrefacción. También hay varias manchas de sangre coagulada sobre la tabla.)

Wallace: Juraría que es carne humana...

(A pesar de las ganas de Wallace de gritar y continuar llamando a Kennedy, la casa se mantiene en silencio. Al explorar el lavadero, los baños, nada parece fuera de su lugar, y Wallace sube las escaleras para revisar la primera planta.)

(El olor a carne podrida se hace más intenso, pero apenas hay rastros de aquel líquido espeso en el suelo. Tras buscar en todos los cuartos de la planta superior, sólo falta el de Kennedy, el único cuya puerta permanecía cerrada. Al acercarse, Wallace percibe el hedor hacerse más fuerte, y decide abrir la puerta de golpe.)

Wallace: ¿Kennedy?

(No hay nadie en el cuarto. Sin embargo, las persianas están bajas y las cortinas evitan cualquier tipo de luz del exterior. El olor es tan fuerte que Wallace no se sorprendería de encontrar un cadáver. Por todo el cuarto, piso, paredes, techo, hay rastros de aquel líquido repugnante de color rojo, sobre todo sobre la cama. Parece que lo que sea que esparció aquella mucosa hubiese estado saltando sobre ella.)

Wallace: ¿No hay nadie aquí...?

(Los oídos de Wallace se habían lacerado tiempo atrás por el silencio de la casa, y la quietud mortuoria le daba mala espina. Un escalofrío recorre su espalda. Sin embargo, parece que su corazón se detiene cuando escucha una especie de chapoteo sobre su cabeza, un ruido sucio y acuoso.)

(Al levantar la cabeza, Wallace observa una amalgama de tejido humano abalanzándose sobre él. Un caos repugnante de músculos, grasa, saliva y sangre que se mezcla, se contrae, se expande y se mueve sobre sí mismo revelando ocasionalmente globos oculares amarillos y gigantescos, así como grandes colmillos sucios y babeantes. Una gota de baba espesa cae sobre la frente de Wallace.)

Wallace: Dios santo...

(Wallace echa a correr sin decir otra palabra en dirección a las escaleras, resbalándose con la alfombre sucia y levantándose rápidamente. Baja los escalones a toda velocidad, escuchando los ¿pasos? de la criatura detrás de él, pero sin atreverse a mirar, y tras dar la vuelta a la esquina y tocar el pomo de la puerta con una mano, algo se aferra a su tobillo y lo arrastra hacia la planta superior nuevamente.)

(En una casa cercana, una familia se alborota durante la cena. El padre se coloca nuevamente los anteojos que cayeron ligeramente sobre su nariz por el susto, la madre se arregla el cabello y la niña se ríe por lo bajo.)

Padre: ¿Oyeron ese grito? Sonó muy cercano...

Hija: Papá, no habrá un asesino suelto por el vecindario, ¿no?

Madre: Claro que no, hija, seguramente haya sido una broma pesada o algo así.

Escena IVEditar

(Marilyn y Cobain se acercan a la casa donde solían reunirse con Kennedy con cautela. Algo en la atmósfera silenciosa y sobria de la casa, con el jardín descuidado, las ventanas cerradas y persianas bajas los hace sospechar.)

Marily: ¿Kennedy siempre vivió en un sitio así de sombrío?

Cobain: No, cuando sus padres aún estaban vivos, cuidaban todos juntos de la casa para hacerla bastante pintoresca. Me pregunto cómo se habrá estado sintiendo todo este tiempo sin ellos...

Marilyn: Y dices que Wallace podría estarse quedando aquí para acompañarlo. Sin embargo, dudo que cualquiera de nosotros pudiese soportar un ambiente así...

Cobain: Es el único lugar en que puedo pensar. Hace tres días que desapareció, no contesta al teléfono, y buscamos en todos lados. Marilyn, si no está aquí...

(Al primer contacto con el pomo de la puerta, Cobain nota que está abierta, por lo que simplemente decide entrar. Una pestilencia imposible de identificar llena sus narices y los hace retroceder unos pasos.)

Cobain: Parece que toda esta casa fuese el ataúd de un muerto en descomposición...

Marilyn: ¿Cómo puede Kennedy vivir en estas condiciones? Es... ¡¿Oíste eso?!

(Un sonido emerge desde la primera planta. Demasiado bajo para identificarlo. Ambos cierran la puerta detrás de sí en silencio y se dirigen hacia las escaleras con el mayor cuidado posible.)

(A medida que suben por los escalones, el sonido se hace más y más intenso hasta que es perfectamente reconocible: gemidos, gemidos masculinos. Al principio, ambos retroceden entre avergonzados y asustados, pero la incertidumbre los hace seguir avanzando hasta la puerta del cuarto de Kennedy, la única que se encuentra cerrada.)

(Marilyn, consternada, se adelanta y toma el pomo de la puerta con una mano. Se incorpora y su mirada se pierde en el piso. Cobain apoya una mano en su hombro.)

Cobain: ¿Segura que quieres ser tú la que abra esa puerta...?

(Marilyn gira el pomo rápidamente y empuja la puerta con toda su fuerza. Esta golpea contra la pared.)

Kennedy: ¡¿Qué mierda sucede?!

(Cobain y Marilyn, en un principio decididos a encarar a Kennedy, pierden la fuerza en sus piernas en un instante y comienzan a temblar. Sobre la cama destendida, envueltos en un aroma a putrefacción, sangre y sudor, se encuentran un desnudo Kennedy y una criatura indescriptible sobre él. En un principio, parece una mujer con los órganos y los músculos sacados desde adentro hacia afuera, con ocasionales hileras de ojos amarillentos cruzando su piel. Sin embargo, aquel ser horripilante se convierte en una amalgama amorfa que se desliza rápidamente de la cama hacia el techo, pasando por encima de Cobain y Marilyn, y huyendo hacia el pasillo.)

Kennedy: ¡¿Qué mierda hacen aquí?! ¡Podrían haber sido suficientemente discretos para irse si sabían lo que estaba haciendo! ¡Asustaron a Amelie!

(Cobain y Marilyn se miran a las caras, incrédulos, aterrados y pálidos hasta la muerte.)

Marilyn y Cobain: ¿Amelie...?

Kennedy: Aquella... chica... niña... ya la vieron...

Marilyn: ¡¿Tú le pusiste un nombre a ese monstruo y lo tratas como si fuese una niña?!

Kennedy: ¡¿De qué monstruo hablas?! ¡Es una niña, no un bicho raro, mierda! ¡Sé que lo que estábamos haciendo no es correcto, sé que luce raro, pero no...!

(Cobain se acerca a Kennedy caminando con paso firme y rápido, y cuando se encuentra lo suficientemente cerca, le propina un puñetazo en la nariz con toda su fuerza. El dolor hace que Kennedy comience a lagrimear y la sangre brota a chorros de sus fosas nasales. Ambos se envuelven sobre la cama cubierta de sangre, baba, fluidos y mucosa e intercambian golpes torpemente.)

(Finalmente, Marilyn cae de rodillas sobre la alfombra pegajosa, y Cobain se sienta sobre el pecho de Kennedy, inmovilizándolo y golpeándolo en la cara hasta que este pierde la fuerza en sus extremidades, al borde de la inconsciencia.)

Cobain: Ahora, vas a vestirte, vas a cerrar la puerta dejando a ese bicho raro ahí afuera y vas a explicarnos absolutamente todo.

(Kennedy coge los primeros pantalones que se encuentran tirados en el piso, cierra la puerta echando el pestillo y se sienta sobre el colchón mojado y sucio. Cobain lo observa con ojos decepcionados y furiosos, mientras Marilyn llora en silencio junto a la puerta.)

Cobain: Entonces... recapitulando... ¿cómo ves tú a esa... cosa?

Kennedy: Es una niña pequeña. Cabello rubio platinado, piel blanca, ojos negros, tiene cicatrices en todo el cuerpo. ¿Qué tiene de raro? Sí, podrá ser una apariencia poco común, y...

Cobain: Calla. Solamente... calla. Responde a lo que te digo y nada más.

(La respiración agitada de Cobain hace que las palabras difícilmente broten de su boca.)

Cobain: Mírame a la cara. Deja de mirar al piso. ¿Qué ves?

(Kennedy dirige sus ojos nerviosamente hacia los de Cobain. Parece que le doliera mirarlo.)

Kennedy: Veo... Veo una especie de capullo. Piel cortada en pétalos de tejido y músculos. Un enjambre de ojos sobre una bola carnosa que hay en el centro, colmillos llenos de baba donde estaban tus labios...

(Cobain se desploma en el suelo. Marilyn cesa su llanto y se agarra la cabeza con fuerza. La habitación se queda en silencio.)

Cobain: Eso... ¿eso es lo que todo el tiempo viste donde estaban nuestros rostros? ¿Por eso siempre luces tan nervioso?

(Kennedy asiente con la cabeza. Ni Cobain ni Marilyn están lo suficientemente atentos para darse cuenta de que la puerta se abre con suavidad. Antes de que cualquiera de los dos pueda articular una palabra, son decapitados por dos tentáculos rojos y carnosos que separan sus cabezas del cuello con una fuerza bestial.)

Escena VEditar

Kennedy: ¿Qué estás haciendo... Amelie?

(La cabeza de Kennedy da vueltas. Su rostro manchado de sangre se mantiene inexpresivo, quizá por la consternación. Amelie coloca una especie de esferas de cristal en los estómagos abiertos de los cuerpos de Cobain y Marilyn.)

Amelie: ¿No sientes nada ahora que están muertos?

Kennedy: Siento pena. Deberían tener una buena vida, no acabar así. Pero me ha costado tanto llegar a quererlos aunque llevamos juntos toda una vida...

Amelie: ¿Eso significa que los ves de esta forma desde que naciste? Nunca me habías contado eso, qué interesante.

(Amelie termina de cerrar el tejido de los órganos internos de los cadáveres y vuelve a colocar la piel en su lugar. Entonces, se sienta junto a Kennedy, quien observa los pocos rayos de luz que se filtran por la persiana entreabierta, sin preocuparse por las manchas de sangre sobre su rostro y cabello.)

Amelie: Sabes, es probable que toda esta condición tuya sea culpa mía.

(Kennedy vacila un momento. Parece no querer reconocer las palabras de Amelie. Por primera vez desde que las cabezas de sus amigos rodaron, parece sorprendido y hasta asustado.)

Kennedy: ¿A qué te refier...?

Amelie: Hace 22 años, yo solía vivir en un hospital de esta ciudad. Era una niña, bueno, para los de mi especie.

Kennedy: ¿Tu especie?

Amelie: Yo vengo de más allá de las estrellas, Ken. Quizá sea imposible volver al lugar de donde pertenezco, o siquiera encontrarlo. Pero antes de saberlo, yo estaba rodeada por aquellas paredes blancas, sin ser notada por nadie, aguardando por alguna presa de la qué alimentarme. Viví de ratas y de insectos que ocasionalmente se colaban en el hospital. Vagué y vagué, siempre en las sombras, sin que nadie me notara. Hasta que un día, llegué a una sala llena de crías humanas.

(Amelie se detiene para dejar a Kennedy asimilar su discurso. Este se queda callado unos segundos y asiente para que continúe.)

Amelie: Creo que el propósito de mi clase era conquistarlos. Debía adaptarme o hospedarme en el cuerpo de uno de ustedes. Intenté esto último, y me introduje en el cuerpo, en el cerebro, de uno de los bebés. Ese eras tú, supongo. Fue cambiado completamente, de formas que no puedo describir. Sin embargo, fui incapaz de asimilarlo, por lo que simplemente salí y aguardé bajo tu camilla.

Kennedy: ¿Y cómo conseguiste llegar hasta mi casa?

Amelie: Fui descubierta por un humano. Tu padre. Él, de alguna forma, logró capturarme y mantenerme en cautiverio en tu sótano, donde crecí y donde empiezan todos mis recuerdos claros. Aprendí mucho de ustedes escuchándolos hablar desde allá abajo, escuchando la televisión y la radio que a veces encendían. Y, cuando me encontraste luego de que tus padres murieron, pude educarme aún más. Incluso aprendí a amar. Había perdido de vista el objetivo original que tuve al nacer.

(Los cuerpos de Marilyn y Cobain comienzan a estremecerse. Un ruido orgánico proviene del interior de los agujeros que Amelie había hecho.)

Amelie: Al fin están floreciendo...

Kennedy: ¿Qué está floreciendo? ¿Qué es eso que plantaste dentro suyo?

Amelie: Nuestra semilla, Ken. No puedo embarazarme como una hembra humana, pero eso, eso que hay incubándose en el interior de sus amigos, es fruto de los dos. De un tipo de relación que creo nunca ha existido antes. No sé si estás preparado para verlo, pero sin duda es maravilloso. Desgraciadamente, "ellos" y yo no podemos existir al mismo tiempo...

(Kennedy toma a Amelie por los hombros y apoya la cabeza en su pecho blanco y pequeño. Por primera vez, lo percibe frío.)

Kennedy: Amelie, yo...

Amelie: Es por eso que, antes de irme, quiero hacer algo por ti. Puedo solucionar lo que hice dentro de tu cabeza, si es que tú lo deseas. Podrás vivir una vida normal a partir de ahora. Depende de ti y de qué tanto desees ver ese mundo que yo no te permití. No te odiaré ni nada, pero quiero que me recuerdes con esta apariencia, así que no volveremos a hablarnos ni a vernos. Y eventualmente los conocerás a "ellos" por tu propia cuenta.

Kennedy: Te amo, Amelie. Si esto es lo que quieres hacer... por mí... aunque me duela... adelante.

(Amelie le da un último beso a Kennedy antes de que su mente se vaya volando, lejos. Percibe a Amelie en su interior pero es incapaz de hablarle. Algo se mueve. Todo se mueve. Sin ser capaz de decir otra palabra, Kennedy cae completamente inconsciente al suelo.)

Escena VIEditar

(Una vez más, Kennedy recibe un plato de comida que no le provoca apetito. Sin embargo, es deliciosa, por la toma y la devora con ansia mientras está sentado en su cama. Los rayos de un sol amarillo y resplandeciente entran por la ventana de cristal reforzado.)

Kennedy: ¿Cuánto tiempo llevo aquí, señor?

(Una voz ronca detrás de la puerta de metal masculla una fecha que Kennedy ya no ubica. Estar encerrado en aislamiento le ha llevado a perder el sentido del tiempo. Sin embargo, las paredes grises y los colores vivos de los libros con dibujos que le llevan ocasionalmente hacen que sea más tolerable.)

Kennedy: A ver... qué escribiré hoy... aquí está el cuaderno.

Kennedy: "Te amo, perdóname por no ofrecerte este mundo tan maravilloso que yo puedo ver" fueron las últimas palabras de Amelie antes de desaparecer. Se llevó los cuerpos de Cobain y Marilyn consigo, algo de lo que me informaron semanas después, cuando desperté en una celda de aislamiento, debido a los posibles asesinatos de mis amigos y al asesinato confirmado de Wallace, que fue encontrado en mi sótano. No dije nada al respecto. Sabía que aunque contara mi experiencia, nadie me creería.

Kennedy: No sé cuánto tiempo llevo aquí. Sin embargo, sigo esperando con ansias ver a aquello que Amelie y yo sembramos juntos, más allá de estas cuatro paredes de concreto. Ahora la comida es deliciosa, los sonidos son agradables, y la cara del doctor que me visitó el otro día se ve extrañamente hermosa.

Kennedy: Amelie, yo...

(Antes de acabar la entrada, Kennedy escucha un golpe sordo tras la puerta y el sonido de una llave abriéndola. Con cuidado, Kennedy se acerca y la abre esperando ser interceptado por el guardia, pero el pasillo está vacío.)

Kennedy: ...oh.

(El pasillo, originalmente blanco y con sus azulejos del piso limpios y encerados a más no poder, ahora se halla repleto de "raíces". Raíces carnosas, rojizas, como si de tejido humano se tratase. Voces vagas y ya irreconocibles como humanas se escuchan a lo lejos. Sangre y baba gotean del techo.)

(Sin mediar palabra, Kennedy se acerca a la escalera que lleva a la planta inferior, el único lugar donde una ventana se encuentra de cara al exterior. Al asomarse, la vegetación que reina fuera del manicomio se ha vuelto roja. La ciudad, apartada de la colina donde se edificó el manicomio, exhuma una niebla rojiza, y los edificios se encuentran siendo devorados por aquellas raíces, que se mueven, que sienten, que viven.)

(Kennedy sonríe y una lágrima de alegría baja por su mejilla.)

Kennedy: Oh... Amelie... son bellísimos...


Autor: Kennedy

El contenido de la comunidad está disponible bajo CC-BY-SA a menos que se indique lo contrario.