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Venganza, es la única palabra que tiene sentido en mi interior, a ella la acompañan el dolor, la ira y la traición, pero no son más que súbditos ante su poder. Segundos parecen eternidades, mis movimientos son decididos, en minutos podré detener este sufrimiento, en minutos podré finalmente descansar.

Queda tan poco para liberarme, tan poco para finalmente poder vengarme que no puedo contener mis emociones, rojas lágrimas caen por mis mejillas anunciando la muerte, mi respiración es silenciosa y letal, mis músculos trabajan como si su composición dependiese de ello, estoy preparada para el final, lista para eliminar a aquella persona que convirtió mi existencia en un martirio, en un eterno llanto nocturno, una pena que ya se ha quedado sin lamentos de tanto sufrir, pronto todo terminará…
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—¡Elios!, ¡¿Elios dónde estás?!, ¡por favor ayúdame! —En ese momento sentía como mi voz se debilitaba con cada agitación, veía borroso, apenas podía mantenerme consciente, necesitaba de su fuerza… Entonces sentí sus pasos, subía las escaleras tan rápido como podía, había escuchado mi llamado y acudía en mi ayuda, logré verlo entrar en la habitación y entonces todo se desvaneció.

Cuando abrí los ojos me encontré con los suyos, verdes y profundos como el más bello de los paisajes, su sonrisa invadió mis emociones y me obligó a sonreír en respuesta, tan bello, tan real, lo amaba como nunca había podido amar a un hombre, él era mi hombre, mi alma gemela, la mitad que por treintaicinco años esperé.

—Hola preciosa -Su voz, suave como el susurro que acaricia las praderas en el atardecer, me saludaba.

—Hola —Respondí, me sentía tan agotada como después de un día entero de ejercicio, mi cuerpo apenas respondía a los incómodos movimientos que deseaba realizar, quería mantenerse quieto, no pude obligarlo a cambiar de posición.

—¿Cómo te sientes?, has dormido un día completo —No le creí, ¿cómo podía estar tan cansada entonces?, ¿qué había pasado? Apenas recordaba el dolor y la desesperación del día anterior.

—Estoy bien, un poco cansada, ¿qué ha pasado? —pregunté.

—-Te caíste ayer en la ducha, gritaste tan fuerte que casi se me sale el corazón del pecho, cuando llegué a la pieza, de alguna forma, te habías arrastrado desde el baño hasta la alfombra de nuestra habitación, estabas pálida e inconsciente. —Sentí como su voz cambiaba súbitamente de tono, ya no había suavidad, una nota triste oscureció sus palabras, algo no me estaba contando.

—¿Te has quedado todo el día aquí en el hospital?

—¿Qué otra cosa iba a hacer, irme? ¡Ni loco!, sí, he estado todo el día aquí, ni un centímetro me he movido, no sabes lo bien que me hace verte abrir los ojos nuevamente, tuve tanto miedo. Los doctores me dijeron que te recuperarás. —La tristeza aún se percibía en sus palabras, sus ojos también lo delataban, brillaban como las hojas después del rocío matutino en los días de primavera, pero su brillo no era de felicidad, en cualquier momento sus ojos se inundarían y una lágrima se deslizaría por su mejilla.

—¿Todo el día aquí?, ¡debes estar muerto de hambre! —no quería preguntarle qué sucedía, por alguna razón no quería saber qué lo deprimía.

—Sí, amor… Un poco, creo que iré a buscar un pequeño bocado a la cafetería, mi estómago ya ruge de ansiedad. No te vayas a dormir, estaré de vuelta en unos minutos. —Me besó la frente y se levantó de la silla que lo había soportado toda la noche anterior, caminó con paso elegante y desapareció tras el umbral de la puerta. Entonces comprendí.

Mi vida pareció escaparse en un segundo, un vacío me golpeó con tanta fuerza que me quedé sin aire, no podía ser real, no nos podía estar pasando esto, ¡No!, por favor díganme que es una mentira, una terrible pesadilla, por favor, díganme que no… por favor…

¡Muérete!, ¡púdrete!, ¡sufre!, ¡desaparece! Los recuerdos sólo aumentan mi ira, nada va a detener esta ansiedad, esta sed insaciable, estoy tan cerca tuyo que ni un milagro podrá salvarte, puedo sentir tu respiración, puedo oler tu ridícula sensación de seguridad, disfrútala todo lo que puedas, regocíjate junto a ella para que cuando mi venganza se concrete pueda hacerte sufrir aún más de lo que mis mejores sueños me han mostrado.
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Frente a mí, una caída infinita se extiende hasta su profunda oscuridad, puedo sentir cómo tu temor aparece ahora que se acerca tu final, no puedes negarlo, comienzas a transpirar un sudor tan frío como el hielo, tu corazón se acelera y tu piel se torna de un pálido color, ¿vas a presentarte de una vez por todas a tu juicio?, ¿quieres luchar contra mí?, no lo intentes… No hay vuelta atrás.

Oí sus pasos subiendo la escalera y los recuerdos se arremolinaron en mi mente, yo, tendida sobre la alfombra, mi vientre sangrando y el punzante dolor que sentí, todo llegó como si no hubiese pasado el mes de recuperación, cada imagen, cada sensación, fue todo tan real que me estremecí al enfrentarme a la cruda realidad. La puerta se abrió y lo vi entrar en la habitación, hermoso y perfecto como siempre, el hombre de mi vida, lo único que mi iluminaba mi existencia y me mantenía aún de pie. Su rostro resplandeció con su sonrisa y sus ojos se posaron en los míos, tan sincero, tan enamorado, jamás podría encontrar a un hombre como él, era nuestro destino estar unidos.

—Hola, preciosa —Su saludo común, me encantaba que cuando me lo decía, lo miré y correspondí su bella sonrisa con la más forzada de las mías.

-Hola –Mi tono fue frío, me arrepentí de usarlo inmediatamente, no quería verlo triste. Pero él ignoró mi tono y se acercó hasta aferrar mi cintura con uno de sus poderosos brazos, me dejé llevar y apoyé mi cabeza sobre su pecho.

—¿Cómo te sientes? —Aquella pregunta la había escuchado tantas veces que me parecía una tortura volver a oírla, mi respuesta era obvia, estaba mal y no dejaría de estarlo jamás, ¿cómo podía hacer como si nada hubiese pasado?, era un egoísta, sólo pensaba en él y en nadie más.

—¿Por qué finges que nada ha pasado?, ¿por qué tratas de que olvide?, ¿cuál es tu maldito problema Elios? —La rabia surgía sin poder retenerla, estaba tan molesta que no pensé en medir mis palabras, solté lo que tenía y se lo escupí sin misericordia.

—Mi amor, cálmate, sólo era una pregunta. No finjo nada, he sufrido tanto como tú nuestra pérdida, estoy apenado pero sé que debemos seguir adelante, tenemos que seguir viviendo, cueste lo que cueste. —¡Maldito hipócrita!, cómo podía decir tal cantidad de mentiras, a él le daba lo mismo, para él no había sido nada más que un suceso aislado en su estúpida vida perfecta.

—¡Deja de mentirme, Elios! –Grité— Estoy cansada de tu hipocresía, ¿no vez nada más que tu perfecto mundo feliz?, egoísta, egoísta, ¡egoísta!

—Edén, ¿por qué insistes en transformarme en tu enemigo?, ¿qué demonios pasa contigo mujer?, te amo, ¡entiende eso de una vez por todas! –Su grito aumentó mi ira y luego continuó con su discurso.

—La pérdida de nuestro bebé fue un gran golpe para mi, como también lo fue para ti, pero yo he decidido seguir adelante, volver a intentarlo si es posible, rearmar nuestra vida y cumplir nuestros sueños, ¿qué es lo que quieres tú?, ¿destruir nuestra relación? –No pude entender cómo habíamos llegado a eso, ¿qué más quería el mundo de mí?, ahora mi gran amor me gritaba enojado, podía ver su rabia reflejada en sus bellos ojos, ¿por qué peleamos?, no podía comprender cuál era el motivo.

—¡Estoy cansado de tu mala voluntad Edén!, estoy cansado de oír día a día como te disculpas y finges no saber el porqué de nuestras discusiones, cansado de aguantar tus cambios de actitud y tu cinismo, ¿qué quieres mujer?, ¡respóndeme!

—Perdóname Elios, te quiero a ti, quiero armar una familia contigo, vivir calmada, olvidar... —Dices que me quieres a mí, que deseas volver a crear una familia, pero sólo te encierras en esta pieza y te mantienes alejada del mundo, cuando llego me miras con unos ojos vacíos, sin brillo, sin deseo, a veces he llegado a pensar que me odias. —¿Odiarlo?, ¿cómo podría odiar al hombre que mantenía mi corazón funcionando?

—No, Elios, no te odio, por favor no pienses esas cosas, eres lo único que me queda, perdóname por favor.

—No lo sé, Edén, he escuchado muchas veces lo mismo, e insisto, estoy agotado, quiero descansar. Creo que lo mejor es que te vayas donde tus padres unos días, o yo me iré a un hotel para pensar, lo necesito. –Me estaba abandonando, sabía que sólo pensaba en él, ¡debí darme cuenta antes de casarme!

—¡Ándate si tanto lo deseas!, ¡aléjate y déjame en paz de una vez! –Sus ojos brillaron, pero no de rabia, las lágrimas inundaron sus ojos, luego como si mis palabras hubiesen sido una orden, dio media vuelta y caminó hasta el umbral de la puerta.

—Como tu quieras, iré a un hotel, si necesitas algo puedes llamarme. —Después de sus palabras cruzó la puerta y se marchó.

No lo llamé y el tiempo pasó, los días se me hicieron eternas torturas silenciosas, día a día esperaba su llegada, su llamada, un indicio de su vida, pero nada. Una semana después ya había perdido la esperanza de que volviera, me había dado cuenta de que lo que alguna vez fue una perfecta vida ahora no era más que una triste sátira de mi felicidad. ¿Por qué había llegado a esto?, esa pregunta rondó mi mente todos los días, discutía con personas invisibles, gritaba de rabia y lloraba ahogada en pena, siempre esperando una respuesta a la interrogante. Pasó otra semana y por fin había entendido cuál era el problema, tal y como lo había dicho mi esposo, necesitábamos tiempo para pensar, alejarnos y entender qué era lo que provocaba nuestras peleas, mi rabia, mi dolor, en resumen, la destrucción de nuestra relación.

Cuando al fin comprendí, tomé una determinación, debía ir y eliminar el problema de raíz, dejar de dañar a quien amaba y de esa forma dejar de sufrir de una vez por todas. Bajé corriendo las escaleras, llena de odio hacia quien había corrompido mi felicidad, salí a la calle y recorrí el camino de la venganza, de la liberación.

No seas ridícula, no vas a matarme, no tienes el coraje suficiente para acabar con mi alma, date la vuelta y vuelve por donde viniste. ¿No te das cuenta que sólo tratas de culpar a los demás de tus errores?, Tú, y nadie más que tú provocó la destrucción de lo llamabas felicidad. ¿Qué?, ¿acaso no lo recuerdas?, deja que te ayude.

Te duchabas, el agua tibia bañaba tu cuerpo, estabas limpia pero pronto dejarías de estarlo, dentro de ti una vida surgía, ¿cinco meses tenía no?, sí, cinco meses de vida desarrollada, pero tú no la querías, te desagradaba tenerlo dentro de ti. Miraste tu mano y viste la herramienta que usarías para eliminar la molestia, tenías miedo, sabías que podías provocar tu propia muerte, pero aún así lo hiciste, gritaste de dolor y la sangre comenzó a correr por tus piernas, el agua limpiaba lo que alcanzaba, perdiste fuerzas y palideciste, entonces te arrepentiste. Saliste arrastrándote de la ducha y gritaste por ayuda, tu esposo subió las escaleras y tu vista se nubló.

¿Ahora si recuerdas?, ¿ahora te das cuenta de que todo esto lo provocaste tú?

¡No, no fui yo, fuiste tú!, tú me convenciste de hacerlo, traté de detenerte pero fuiste más fuerte que yo. ¿Por qué lo hiciste?, te ocultaste más de treinta años y cuando yo veía que mi vida era perfecta saliste a destruirla, ¿por qué?, ¡te odio!

Claro que no me odias, te odias a ti misma, tú nunca quisiste reconocer quien eras, preferiste ser la buena chica, fingir que eras una buena persona, pero yo no quería ser esa buena persona, me apartaste a un rincón oscuro de tu mente y yo te odie a ti, odie tu felicidad y preparé mi venganza, ahora está completa y tú sufres, ¿hay algo mejor que eso?, lo dudo.

No sigas hablando, acabaré contigo y con todo lo que hiciste, por fin podré olvidar la tristeza, ¡acabaste con mi hijo, con mi esposo, con mi felicidad, con mi vida y ahora yo acabaré con la tuya!

No serías cap… ¡No, detente!, ¿estás loca?, no vas a solucionar nada, si yo muero lo harás tú, estúpida, tan importante es el amor que sientes por tu “familia feliz”, tu hijo ya no existe, tu esposo te odia, olvídalo y comienza otra vida, empecemos una vida pero juntas, como un solo ser, no me apartes y podremos hacer cosas infinitas, obtener más de lo que alguna vez pudimos soñar.

No hables más, me iré con el recuerdo de mi felicidad y moriré tranquila, la única forma de acabar con la persona que destruyó mi vida es esta, y como ya te dije antes, no hay vuelta atrás.

Mi cuerpo tieso se niega a caminar, una lucha entre yo y mi otro yo, pero soy más fuerte, el amor me hace más fuerte y la esperanza de unirme con mis seres queridos me ayudará a finalizar mi venganza, doy un paso hacia adelante y siento el vértigo producido por la altura, cierro los ojos y escucho los agónicos gritos de mi mente, todo acaba ahora. Salto.

Sankananbebe
El estómago se me aprieta, el miedo se esconde junto al odio, la esperanza juega con mi mente y la ilumina, el frío aire a mi alrededor me indica que la caída a comenzado, todo terminará por fin, mis ojos quieren despedirse del mundo, por mi mejilla, arrastrada por el viento una gota avanza y desaparece en la oscuridad, mi última lágrima de pena, la primera de esperanza.