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Era una tarde fría y sombría, los susurros del viento atravesaba los confines de mi casa, mas no me tenía paralizado ni me daba escalofríos, era una sensación indescriptible que se filtraba en mi cuerpo, estaba contemplando por la ventana aquel enigma que me hacía detenerme de cualquier actividad que estuviese realizando, era el único momento en que mi mente se podía quedar en blanco, solo por dejarme llevar por los colores del grisáceo cielo y amarillento que estaba conectado a mí.

Pasaban los objetos a mi alrededor en su habitual rutina, lo que debía apresurarse lo hacía y lo que tenía su tiempo avanzaba a su paso, más yo no percibía ningún movimiento, me había sucumbido en el hielo del espacio, asombrado y atónito por una visión en el cielo que hizo una marca profunda en mi ojo, recorriendo por mi cerebro y quebrantando toda forma de pensamiento crítico, ¿Qué estaba bien o qué estaba mal? ¿Dónde era arriba y dónde era abajo? Mi brújula se desbarató, mi vista se desenfocó y poco a poco todo se fue nublando hasta no quedar una sola pizca de color en mis recuerdos.

Todo se volvió gris e irreal, el sonido se distorsionó ya que mis palabras retumbaban en ecos zigzagueantes, no había nadie quien me escuchara o nada que ser escuchado, avancé lentamente a mi patio trasero porque a estas alturas qué más daba, todo lo poco que podía haber tenido alguna vez se había esfumado, ahora mi consuelo, mi más fiel augurio yacía en el espacio sin tonalidad alguna, vacío de carisma y significado, me dirigí hacia la tumba de mi perrita que había muerto hace poco tiempo, recuerdo como fue tan rápido, sin sentimientos, sin emoción, excave ese día hasta un metro de profundidad, echando el cadáver en una cesta y llenando el hoyo de cal y tierra. Eran las 8 de la noche y el trabajo ya había terminado.

No sé si estaba triste o si estaba enojado o feliz de que ya no estuviera en este mundo, total mi corazón nunca estuvo conmigo, entonces proseguí y de repente saltó a mis pupilas el terreno subterráneo como rayos X, ahí estaba el alma de mi mascota agarrando sus huesos y formando un mensaje que decía: “¿Cuándo terminarás?” y no lo pude soportar, mi cabeza no podía razonar más, no podía explicar. ¿En dónde estaba? ¿Qué es esto que llevo conmigo a todos lados? ¿Por qué estoy pegado al piso? ¿Qué es esto que sale de mi boca? Y un shock estalló, deje de respirar, no podía mover mis ojos, sigilosamente lo último que se me permitió sentir fue cada órgano de mi cuerpo apagarse y quedarse quieto hasta los pulmones que dieron su último esfuerzo. Ya terminé Sandy, ya terminé.