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Fue en la ciudad de Waterkap, cercana al poblado de FortStone y tocando el estado de Washington. Entre los dos lugares, una carretera que fue la causante de la desaparición de cientos y cientos de ciudadanos.

Todo comenzó con una leyenda que acabó transformándose en realidad. La leyenda de un coche que aparecía por la noche y atacaba a la gente para devorarla.

A mí también me pasó.

Ocurrió un día de octubre cuando regresaba a mi casa después de entregar un paquete a un miembro importante de la asociación Roxon NORTE. A las doce de la noche, y por la mitad del trayecto, cerca de la fábrica de cemento.

La carretera estaba completamente vacía desde hacía horas y me sentía como pez en el agua. Un frescor y luna llena para deleitarme con música de rock cincuentero y el agradable contemplar de las estrellas.

Sin embargo, tras unos minutos de haber pasado la cementera, dos faros vinieron por detrás con las luces largas y con una velocidad terrible fue comiendo terreno.

Aquello me molestó ya que me hacía daño en los ojos, de hecho es ilegal llevar las luces así si hay gente delante. Pero aquello no parecía importarle.

Dicho conductor parecía no hacer caso a mis indicaciones de los faros traseros y sin embargo no se movía ni un ápice.

El coche avanzó y me sobrepasó por un lado con un chirrío tremendo y adelantó por la derecha obligándome a disminuir.

Le pité pero él siguió hacia delante y no tardó en perderse por el horizonte.

Tras esto noté que el coche perdía velocidad, así que paré y revisé el vehículo.

Al hacerlo me di cuenta de que el chirrío ocasionado venía de mi coche y de una rueda pinchada, cables sueltos y un agujero en el depósito.

Aquel coche debía haberme golpeado con algún tipo de hierro sobresaliente por todo el lado. Ya que la marca se extendía desde el morro hasta el maletero.

Cambié la rueda maldiciendo al idiota que me había atacado y me prepare para pasar la noche allí. Por la mañana iba a reparar el depósito y a rellenarlo con la gasolina de repuesto. Los cables eran fáciles y un poco de cinta los curó de su letargo.

Puse dos señales de avería detrás de mí y procedí a taparme con la manta de viaje.

Pasaron dos horas hasta que unas luces aparecieron en el horizonte. Yo no las vi hasta que el vehículo hizo sonar la bocina. Me desperté aletargado y vi un coche del mismo modelo que mi agresor pero de otro color.

Ahora pude ver mejor que se trataba de un coche antiguo un porche 356 B de color blanco. Su radiocasete estaba tan alto que se escuchaba desde kilómetros.

Empezé a pensar de que se trataba del mismo que me había atacado, pero en mi coche, las marcas de pintura eran negras como la noche. De hecho, no llegué a ver al vehículo por ese motivo. Pero al sobrepasarme vi que se trataba de un coche antiguo. Por lo cual deducí que estaban en algún tipo de competición ilegal.

La canción que sonaba era la de "Take on Me". Y escuchado a esas horas de la noche y desde un coche sospechoso, daba mal rollo.

La popular letra de la canción llegaba como una lejana brisa desde el final de la carretera. Me coloqué en el centro he hice señales con dos banderines que llevaba con tela reflectora.

El coche no parecía disminuir la velocidad, y por momentos parecía aumentar.

El bramido de las ruedas sobre el asfalto me hizo llegar a la conclusión de que se trataba del mismo vehículo.

Tardé demasiado en salirme de ahí cuando vi sus verdaderas intenciones.

La bestia de metal estaba a tan solo cien metros de mi, y su velocidad no se detenía.

Para ser un coche antiguo iba muy deprisa, parecía que tuviera turbo-jets.

Salté un segundo a tiempo de que me destrozara por el impacto.

El coche frenó en seco un pelín más adelante, luego la canción empezó a sonar más deprisa... Era la parte donde el chico y la chica huían.

El vehículo aceleró hacia el interior de la carretera y luego derrapó sin perder el control ni un momento. Entonces embistió contra mi coche con una agresividad tenebrosa.

Cuando creía que lo había visto todo, el coche abrió su tapa del maletero, (Que lo lleva en la parte delantera en lugar de atrás) y al hacerlo pude ver que tenía lo que parecían dientes de metal muy afilados. Y le metió un mordisco al mi ahora destrozado Seat León.

Miré dentro de aquel engendro, nadie lo conducía. ¡Ese coche tenía vida propia!

La bestia agarró con aquella fatal mandíbula y lanzó mi coche hacia un poste hundiéndolo junto a lo que quedaba de el.

Lo que había creído como los faros del coche, ahora veía que eran ojos brillantes que eran más fulgurantes que la estrella más cercana. Quise seguir mirando pero vi que giraba dando una vuelta entera mostrando la parte trasera.

Aquella bestia terrible portaba una matrícula burlona pues ponía: M0R 3UR1EM.

Después de esto, el vehículo derrapó de nuevo y la música se detuvo por completo para abrir el maletero y empezar a avanzar hacia mi.

Creí que mi fin había llegado, pero afortunadamente pude ver otro coche a lo lejos.

Corrí en su ayuda mientras que detrás de mí el engendro de la noche huía de los ojos de más personas. Intentando mantener aquel aura de misterio que le rodeaba.

Cuando lo dije a la policía no me creyeron y me pusieron una multa por conducir borracho. Escribo aquí para que si alguien se encuentra con esa cosa, que tenga cuidado con la bestia de la carretera.

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