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Hola, mi nombre es Robert, y esta es mi historia:

La noche del 25 de julio del año 2009 salí con mi grupo de amigos a tomar unos tragos y a bailar en una discoteca cercana. La pasamos muy bien y reímos todo el tiempo.

Cuando salimos (algo borrachos), nos despedimos y nos marchamos a nuestros hogares. Entonces, después de caminar unos pasos, capté molestos ruidos provenientes de un arbusto grande; me acerqué un poco para intentar husmear.

De esa forma, salió un gato negro con aquellos ojos amarillos como el brillo de la luna, hizo unos ronroneos y se fue de forma elegante.

No me importó mucho, y seguí caminando.

Unas cuadras antes de llegar, de la nada escuché un agudo silbido detrás de mí, me voltee lentamente, y ahí estaba:

Una criatura que me causaba un auténtico terror, ya que tenía el físico de un perro. Poseía piel de color gris, como la de los muertos que llevan varios días sin vida; era de apariencia huesuda, como un anoréxico.

¡DIOS MÍO! ¡TODO SUCEDIÓ TAN RAPIDO!

Se me ocurrió pensar que era una especie de broma de muy mal gusto, porque no era capaz de creer que ese engendro del demonio era real.

Si me desplazaba hacia la derecha, me imitaba y viceversa. Cuando estaba a punto de escapar de la escena, de la garganta le empezó a emanar guturales y asquerosos sonidos y, posteriormente, le brotó sangre por borbotón de aquella boca de labios azules; esa sangre teñía de un rojo oscuro el frío suelo.

Comencé a correr hacia mi casa, y aquel monstruo me persiguió en una encarnizada carrera.

Cuando al fin llegué, saque las llaves de mi bolsillo trasero y rápidamente abrí la puerta del frente. Mi corazón latía con muchísima fuerza por la adrenalina, más que nunca antes en mi vida; reflexioné que ese adefesio no podría irrumpir en mi hogar.

Yo estaba en un rincón del living-room con un cuchillo para atacar si entraba; segundos más tarde se pudo oír una embestida muy poderosa contra la puerta de madera, como si un ariete de batalla estuviera intentando derribar una gran muralla enemiga. A esa embestida le siguieron otras tantas mientras mi rostro cambiaba de expresión a una cada vez más horrorizada por la situación.

Se detuvieron en seco.

Me encontraba en un silencio sepulcral, en un ambiente oscuro y tenebroso, hasta que con una última pero muy potente embestida, se salió la puerta de su lugar y chocó contra la pared. De las sombras apareció aquella fastidiosa criatura, quien tenía las comisuras de la boca prolongadas hasta cerca de esas cuencas, que hacían parecer que estaba sonriendo (cabe aclarar que en vez de ojos poseía cuencas que dejaban ver su interior: oscuro y vacío). Me olfateaba con curiosidad, como si quisiera reconocerme.

Mi paciencia estaba llegando a su límite, así que con gran determinación, le clavé el cuchillo en su angosta espalda, intentando hacerlo lo más profundo posible. Tras esa avivada acción, comenzó a salirle de la herida sangre, poca en realidad, pero asquerosa al fin y al cabo. Sin embargo, hay un detalle que me perturbó demasiado: aquel líquido vital regresó dentro del tajo, y seguidamente se cerró bruscamente, como si nunca hubiera surgido una.

Yo había llamado al 911, pero el caso es que no les comenté sobre la criatura (porque ya sabia que me tomarían como un payaso), sino que hablé sobre un hombre drogado con un arma, y que mi vida corría peligro.

Se me acercó con algo de lentitud, y antes de que pudiera reaccionar, me mordió fuertemente el brazo izquierdo, con tal fuerza que sentí cómo se desgarraban los vasos sanguíneos; lo último que recuerdo antes de desmayarme fue al ente marcharse de mi residencia...

A la mañana siguiente, me desperté en la camilla de un hospital, muy confundido.

Un doctor me reveló que la ambulancia encontró mi casa destruida, y que mi brazo izquierdo había sido gravemente mordido, y que tenían que amputármelo.

Estaba devastado por aquella palabras; iba a perder mi brazo por una criatura Dios sabe qué es, después de un acto tan estúpido.

Le dije al doctor lo ocurrido con ese monstruo, y me contestó que nunca había oído hablar sobre eso. De todas formas, se que me tomó como un loco.

Ahora, estoy escribiendo esto con lágrimas en los ojos, pensando en cómo le voy a contar todo esto a mi familia. Ten mucho cuidado cuando andas en la noche, porque te podría ocurrir exactamente lo mismo que a mí...