FANDOM


Esa noche me había quedado cuidando a mis hijas. Me parecía que el tiempo había pasado lento, pero aún así estaba convencido de que pronto amanecería cuando aún eran, de hecho, casi las tres de la madrugada. La noche la había llevado con paz, sin ningún inconveniente en vigilar a las "pequeñas brujas"; como les decía cariñosamente.

Cuando me dirigía a mi cuarto para al fin descansar, con ellas obviamente dormidas, toda la casa en orden y en suma oscuridad, me sorprendió en la penumbra un sonido extraño; grueso, tosco, como un gruñido. Al principio pensé que había sido Mafi, mi perro, pero cuando el sonido se repitió en dirección a la cocina, me pregunté... ¿Cómo podía estar él en la cocina, si lo había dejado afuera?

Me levanté, sin ganas por el cansancio, pero preocupado. En el camino atribuía diversas causas al sonido, mientras éste se repetía suavemente y me ponía más nervioso. En algún momento mi caminar se hizo más rápido, y me detuve de golpe cuando el repentino silencio fue roto por un grito desgarrador. Venía del cuarto de mis hijas.

Corrí alarmado, casi saltando los pasillos, atravesado las escaleras en un par de saltos bruscos. Llegué al cuarto de mis hijas, que tenía la puerta entreabierta. Sudaba frío cuando empujé aquella barrera para encontrarme con un cuarto vacío, aparentemente. Me convencí de que las niñas podían estar en el baño... y cuando me di vuelta, las vi ahí, en el suelo, sin ojos. Y sin...

Nuevamente un gruñido resonó, esta vez a mis espaldas.

El homicida Frank

Antes, mucho antes de todo, ellos eran una familia como cualquier otra. Común, feliz, conformada por cuatro integrantes y endulzada con su querida mascota. La hija mayor, Stephanie, nació en 1983. La menor, Karla, en 1990. La familia White se había instalado en Moscú, Rusia, hace no demasiado tiempo. El padre era llamado por todos Frank; la madre, Andrea, era una trabajadora igual que él, por lo que las hermanas se quedaban solas casi todo el día mientras ambos padres vivían en la faena hasta, mínimo, las once de la noche.

Desde el año 1999, las cosas se volvieron un tanto distintas. El padre desarrolló intenciones que podrían considerarse macabras o retorcidas, de la mano de sueños asquerosamente pervertidos que involucraban a sus hijas. Sus impulsos le trastornaban, pero no podían ser saciados con Stephanie debido al trabajo, aunque con Karla era diferente.

Un día, el hombre cayó enfermo. Tuvo que quedarse en casa ese día. Las pequeñas, apenas llegando de la escuela, corrieron hasta la cocina en busca de algo con qué saciar su hambre. Como lo imaginaban ya, Frank no había hecho comida alguna. Ambas subieron a la habitación de él y le preguntaron:

- ¿Qué vamos a comer, Papi?

Mientras las niñas esperaban la respuesta con impaciencia, el hombre no se molestaba siquiera en formularla en su mente. Lo único que tenía toda su atención en esos momentos eran las fantasías que cruzaban su cabeza mientras observaba a sus hijas con lascivia. Quería violarlas, deseaba hacerlo; estaba ansioso. Al menos, en el caso de la menor no afectaría tanto: siempre abusaba de Karla debido a que era menuda y asustadiza, fácil de manipular. En cambio, sabía bien que si intentaba algo con Stephanie, ésta le diría a su madre.

Su consuelo estaba en las ocasiones que aprovechaba para violar a la menor, cuando su hermana asistía a clases de ballet y su madre aún estaba en el trabajo. Por el momento, ésto le era suficiente.

Un singular día de marzo, en el que el ambiente se sentía más pesado, Stephanie se formuló varias dudas ¿Por qué ahora su padre llegaba más temprano? El hombre se la pasaba en su cuarto, aún con las visitas constantes de su hermana. No le veía salir demasiado. La curiosidad la carcomía, por lo que decidió averiguar qué hacía su padre. Antes de ir a sus clases dejó una cámara en el cuarto del enfermo, aunque no supiera ella lo que era en realidad, y siguió su día con normalidad, pero claro, invadida por la impaciencia.

Al llegar a casa lo primero que hizo fue ir directo al cuarto de sus padres. Buscó el aparato, comprobó el vídeo, y con pánico descubrió lo que el hombre le hacía a su hermana en su ausencia. Casi soltó la cámara, aterrorizada.

La muchacha corrió ante su madre y le hizo ver el vídeo acusador. Andrea, indignada, se dirigió a su esposo. Apenas estando frente a él, desatendiendo el saludo que éste le dirigió, le plantó una fuerte bofetada.

- ¡¿Cómo te atreves a violar a tu propia hija?! -gritó la mujer. Frank tomó unos segundos para llevar su mano a su mejilla y mirarla. Luego, la ira manchó su rostro.

Tomó por el cuello a su mujer, estrangulándola. Escupió un "Púdrete" en su rostro, y le cortó el oxígeno hasta matarla. Mantuvo a Andrea pendiendo muerta de su mano hasta que la dejó caer. Stephanie, que había presenciado todo entre lágrimas desde lejos, tomó el inútil valor necesario para golpear a su padre. Él le respondió con una patada directo al hígado, furioso.

Mientras su hija mayor se retorcía en el suelo, el hombre tomó un cuchillo de la cocina. Se dirigió empuñando el objeto al cuarto de sus hijas, en donde encontró a Karla intentando esconderse del alboroto, en llanto. La apuñaló tantas veces como su brazo pudo hacerlo aún luego de muerta. No tenía en claro la razón por la que lo hacía, un frenesí de fantasías alocadas le nublaba el pensamiento.

La hija mayor, llorando por su madre y su hermana, se arrastró hasta levantarse mientras. Tomó un cuchillo al igual que lo había hecho su padre, y se dirigió a él. Así, mientras él estaba de espaldas a ella, acumuló todas sus fuerzas en una puñalada certera en la espalda. El hombre gritó.

Aún con la sangre corriendo sin remedio y ante la mirada confundida de los ahora perturbados ojos de su hija, Frank se las arregló para alejarla de su camino en un empujón, atravesando la casa ¿A dónde va? pensaba Stephanie.

Se mantuvo inmóvil un tiempo, contemplando el cadáver de su hermana mientras las lágrimas corrían sin remedio. Apoyaba su mano libre en su abdomen, en el lugar de la patada, en un inútil intento de apaciguar el dolor. Luego de unos momentos de pensar en nada, quizás, fortaleció el agarre en el mango del cuchillo y fue a donde había ido su padre; la puerta principal no la había oído, así que no huyó.

La estela de sangre que dejaba Frank a su camino le guió hasta el sótano; sumado a eso, el cuerpo de su madre no estaba por ningún lado. Empujó con suavidad la puerta que conducía a las escaleras, y bajó éstas poco a poco hasta que pudo verlo ¿Era posible tener más horror en sus ojos?

Ante ella, lo único que veía era el cadáver de su madre ardiendo en las llamas de un pentagrama, dibujado en el suelo. Se quedó ahí, petrificada, con un nudo en la garganta y un llanto más poderoso aunque mudo que le cortaba la respiración. Se mantuvo allí, observando la horrenda escena, hasta que de Andrea no quedó más que cenizas.

Resulta ser que el padre se refugiaba en las "riquezas monetarias" que exigía con la brujería ¿De quién ganaba el dinero? Nunca se supo. Su trabajo era sencillamente ser el guardia de una escuela primaria hasta que ésta cerrara. Ya le parecía que dicho trabajo no bastaba para mantener a toda la familia.

Stephanie, con las lágrimas ya secas pero el dolor aún latente, se apresuró en llamar al 911. De Frank no había rastro alguno. Lo único que quedaba eran las víctimas y las pruebas de la oscura práctica del padre de la familia. Los medios nunca quisieron publicar esta historia, porque creyeron, y aún creen, que todo lo que contó aquella jovencita era una cruda mentira para encubrir sus propios crímenes.

La primera aparición de Frank posterior a ésto fue en 2007. Se dio dentro de una casa, en la que los padres yacían muertos y sus pequeños bebés igual. Todos con los estómagos abiertos, y con aquel monstruo devorando las entrañas de los niños.