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Estaba casi seguro de que lo pasaría mal. Lejos de la ciudad, sin tecnología, PS3, menos del 5% de señal de teléfono, sin televisión, sin Wi-Fi... Y con su hermana. En ese momento pensó que ya nada podría empeorar.

"¡Qué buena idea, ¿no?". En ese preciso momento, en la camioneta de su madre y dirigiéndose a una granja casi en medio de la nada, sólo para pasar una semana de ¿vacaciones? Con sus tíos-abuelos. Prácticamente no los conocía de nada. ¿Por qué no dejarlo así?

Tenía 16 años, en su pináculo de las relaciones sociales, y el pasar más de 1 día incomunicado, lo mataría desde lo más profundo de su mente.

Peor. Tener que estar obligado en compañía de su asocial hermana lunática con la cual no tenía nada en común. Prácticamente de la misma edad, misma sangre, mentes tan diferentes como el frío y el calor. Desde la ventana de la Explorer, veía que se acercaba más y más a la granja de esos fósiles vivientes...

...

Sin duda no era la mejor de vacacionar, pero por lo menos no tendría que soportar el ruido de la gran ciudad, las críticas de los demás por ser diferente, entre otras cosas. Supuso que estaría más... En calma, por así decirlo. Podría entretenerse con cualquier cosa. No dejó nada (ni a nadie) importante en su ciudad... Le gustaba la idea de aprender las costumbres del campo. Lo malo... Tener que soportar las quejas de su hermano Samuel adicto a la tecnología, altamente sociable y popular y muy irritable cuando se le antoja. Era completamente diferente a ella.

...

—Hola mis muchachos, ¿cómo están? —fue lo primero que escuchó Samuel al bajarse del auto, pero no pudo dejar escapar una mirada de extrañeza y burla al ver a lo que se suponía era su abuelo. O tío-abuelo. Ni sabía exactamente lo que los relacionaba.

Saludó de lejos con un gesto de la mano y vio como Lucy, su hermana, fue a saludar a sus abuelos. Ellos la recibieron cariñosamente, y dentro de sí, se sintió obligado a ir a saludar, aunque no lo quisiera. Se acercó, y le tendió la mano al viejo hombre (aunque se le veía enérgico y vivaz), y él se la recibió seguido de un fuerte abrazo del abuelo y otro de la mujer, se suponía, era su abuela Leonor.

—Mis nietos, ¡¿cuánto tiempo?! Recuerdo cuando ni siquiera caminaban y ahora mírense —decía la mujer con tono alegre y maternal.

Eran como se esperaban. El hombre era alto, un poco arrugado. Aproximadamente de 65 años, pero fuerte y saludable. Ella, regordeta, no muy arrugada, y siempre con una sonrisa en su cara.

Por dentro, Samuel gritaba y maldecía a los 7 vientos (él creía que eran 7 vientos y no 4). Se giro y vio que la camioneta se alejaba poco a poco. No pensó que su madre ni siquiera se bajara a saludar. Sabía que las familias, de padre y madre, nunca se habían llevado bien, pero no creyó que fuera para tanto. Se volvió, y noto que su abuelo miraba el auto mientras se alejaba, con una fría mirada. Su abuela, agitaba su mano en el aire, tal vez sólo por educación.

...

—Por favor, pasen. Siéntanse como en su casa.

A ella le agradaba la manera en cómo fueron recibidos. Casi sentía que recibía la atención y el afecto que tanto necesitaba y deseaba de sus padres, cosas que tal vez nunca obtendría.

La casa era acogedora, de diseño rústico, con decoración de estilo campestre, y algunas antigüedades interesantes. Ella: sencilla, amantes de la historia, afectuosa y para nada exigente. Su entorno le empezaba a agradar.

No recordaba mucho de sus abuelos paternos, por lo que le pareció buena idea tener una semana para conocerlos y aprender de ellos cosas del campo. Su abuela le invito ir a la zona trasera, que era donde estaban los corrales de los animales. Se adelantó y quedó encantada al ver dos corrales llenos de gallinas, vio tres porquerizas de cerdos de varios colores y tamaños. Iba a avanzar a lo que parecían unos establos cuando vio entre una maleza a un hombre con la cara un poco deformada, con una sonrisa que le heló la sangre a Stephanie. Ella retrocedió un poco; acto seguido el hombre sacó la lengua de una forma macabra y desapareció entre la vegetación.

Estaba aterrada. De pronto sintió una fuerte mano tocándole el hombro izquierdo. Se asustó y giro rápidamente. Sonriente, la tranquilizó el abuelo.

—Ja ja, te asusté, ¿no es verdad? —preguntó el hombre.

—Um, pues...

—Oh, tramposa, no digas que no. —Devolvió él con tono alegre y burlón. —¿De casualidad viste a un muchacho con la cara un poco estúpida por aquí? Él trabaja para mí.

—Um, pues no. No lo vi —Respondió eso sin siquiera saber por qué no dijo lo que pasó.

—No importa. Ven, quiero seguir mostrándote el resto de mis amados animales.

El abuelo la condujo por unos establos con caballos realmente hermosos. La llevó a ver un corral de conejos y otro de pavos en la parte derecha de la hacienda. A la distancia, vio varias vacas y toros que pastaban por la llanura. Su abuelo le dijo que sus tierras ocupaban más de 8 Km2. Para ella, era un amplio espacio, lleno de paz y serenidad.

—Oh, Samuel, ven acá. Mira la vista -Le dijo el hombre a su hermano que se asomaba por el umbral de la puerta trasera. Él se acercó y observó con ella. Por supuesto, tenía una mirada de rabia y tristeza, por estar (tal como él lo dijo antes) ``Lejos de la civilización”.

—¿Qué es eso de allá? Parece una laguna.

Le sorprendió que su hermano abriese la boca antes de que llegara a su habitación para empezar a quejarse de la mala señal, etc.

Efectivamente, hacia donde observaba, estaba unas bajadas que conducían a un campo de maíz y paja, y luego, una laguna con aguas un poco oscuras a simple vista. Le sorprendió que después de los campos, estuviera una cerca que marcaba el límite de la granja.

El abuelo suspiró y dijo:

—Sí, es una laguna. Pero no pueden ir para allá. Está fuera de los límites. Ahora, suban a desempacar. Su abuela ya está preparando la cena. Y yo debo terminar de hacer algo. -

...

Nada de señal. Nada. Sin Internet. Imposible. Iba a morir en media hora. Él: Irritable, exigente, obstinado, adicto a la tecnología y presumido.

—Recuérdame cómo mamá se dejó convencer del imbécil de papá para traernos aquí por una maldita semana. Si es que esto es una mierda —dijo él.

—Cállate, te van a oír.

—¿Qué importa? Peor esto no puede ser. Digo, vamos a estar aquí por una semana. ¡Una maldita semana! —dijo levantando más su tono de voz.

—Pues a mí me gusta. Además, recuerda que las cosas con mamá y papá no están muy bien, es por eso que él decidió que nos quedáramos aquí. Ahora, yo quiero la cama de arriba -respondió ella tratando de fingir un tono de autoridad débil.

—Se nota que las cosas no están bien. ¿No viste el educado saludo de mamá?

—Ese no es nuestro problema. Ahora compórtate.

—Ni que fueras mi hermana mayor, ni mamá.

—No tienes remedio.

La pelea de los hermanos se interrumpió por el llamado de la abuela a comer.

—A ver la mierda que nos toca tragar. Ellos no saben que existe comida instantánea —dijo Samuel. Iba a decir otra cosa si no fuera por Stephanie que jaló fuertemente el cabello de su hermano. Entonces le dijo:

—Óyeme, esto es lo que va a pasar, vas a bajar, serás educado y comerás lo que halla en la mesa —dijo ella, y empujó la cabeza de su hermano.

Le estaba gustando mucho la cena. Pavo horneado con pan de ajo, ensalada de tomate y cebolla, con un contorno de arroz y frijoles con limonada. Le pareció exquisita la comida

—Abuela, todo estaba muy sabroso. Debe enseñarme a cocinar —dijo Stephanie.

—Ay, gracias dulzura. De seguro te saldrá exquisito. Debes tener la sazón de la comida en la sangre. De seguro —respondió la mujer con tono risueño

Pero su hermano tuvo que hablar:

—Stephanie cocina algo y de seguro les absorbe la poca vida que les queda —luego de decir eso, comenzó a reírse mucho.

Se notaba mucho que a él, Samuel, fue el único al que le hizo gracia su propio comentario. Nadie más río.

Ella estaba ahogada en vergüenza. Se alivió cuando el abuelo rompió (otra vez) el incómodo silencio mientras seguían comiendo.

...

Ambos se fueron a la cama. Él deseaba poder chatear con sus compañeros hasta más de las 2 am. Ella deseaba despertar temprano para aprovechar la mañana. Además, quería que un rayo partiese en pedazos a su hermano...

...

Aunque tenía algo de sueño, estaba emocionada por hacer algo diferente a su rutina diaria. Abrió los ojos, y se fijo en un reloj en una mesa de noche al lado de la litera. Los números eran suficientemente grandes como para ver la hora. Eran las 6:05 am. La hora perfecta pensó dentro de sí.

Bajó de la cama superior sin preocuparse por despertar a su hermano. Aunque no le importaba, sabía que estaría casi muerto hasta las 12:00 pm más o menos, por lo cual nada podría despertarlo antes. Tomó su muda, y bajó hasta la cocina y donde estaba su abuela preparando el desayuno.

—Buenos días, abuela.

—Buenos días mi linda niña. No creí que te levantaras tan temprano...

—Quería aprovechar la mañana. ¿Dónde está el abuelo?

—Está ordenando las vacas con Arnold y Enrique. Ve a conocerlos, son como de la familia.

Lucy asintió y fue al baño a ducharse y a cambiarse.

...

—Espero que te guste el tocino y los huevos revueltos que te hice —dijo su abuela.

Lucy respondió con una sonrisa y comió su desayuno con gusto. Como era de esperar, estaba delicioso. Ordenó la mesa y ayudó a su abuela a lavar los trastes. Al terminar, fue a ver a su abuelo al establo de las vacas.

Estaba ordeñando a una mientras un hombre grande, obeso y fuerte movía unos contenedores de leche fresca.

—Hola mi linda florecita. Ven, te presento a Arnold. —dijo el abuelo muy alegre.

Arnold era por lo general un hombre amable y carismático, pero su corpulencia lo hacía ver de otra manera.

—Hola, mucho gusto en saludarte. ¿Cómo te llamas? —preguntó el hombre.

—Um, Lucy —respondió con un tono algo tímido.

—Que lindo nombre. Verás, yo he trabajado en esta granja casi toda la vida, y al lado de éste viejo —dijo al mismo tiempo que le daba una palmada al abuelo de Lucy, que estaba terminando de ordenar a la vaca —Es cómo un padre para mí.

—Eso es mentira. Un hijo mío nunca tendría más grasa que un cerdo —respondió George lanzando una carcajada.

Tanto Arnold como Lucy rompieron en risas. George y Arnold invitaron a la chica a enseñarle a trabajar con las vacas y alimentar a otros animales. Ella simplemente pensó que todo estaría bien en esa granja. Error.

...

Por obligación tuvo que ser amable y aceptar la comida. Extrañaba comer fuera con sus compañeros en un McDonald's o en Subway, pero no tenía opción. Tan pronto comió, se levantó y salió por la parte delantera, la entrada principal. Oyó que su abuela le quería decir algo pero hizo caso omiso y siguió caminando. Se puso a detallar los alrededores. Pasto, carreteras de tierra, vegetación, y algunos animales. Aburrido.

Dobló a la izquierda y vio que había una camioneta vieja estacionada junto a la casa. Tenía su tiempo y algunos golpes, pero parecía funcionar. Siguió caminando por el largo de la pared de la casa, y oyó que, al doblar la esquina, se encontraba su hermana, y su abuelo. Se asomó y un hombre increíblemente gordo los acompañaba, lanzando comentarios que hacía estallar en risas el ambiente. Prefirió no perder el tiempo y se devolvió. Mientras caminaba, noto que la parte de carga de la camioneta estaba manchada por lo que creyó era sangre seca. Inconscientemente, miró a su derecha: Había un contenedor amplio metálico y oxidado del que salía un olor a carne descompuesta.

—Dios, que peste.

Aunque no le gustó para nada eso, sintió una extrema necesidad de quitar la pesada tapa del viejo contenedor. Se dividió. Puso su mano encima dispuesto a levantarla. Pero una mano ensangrentada presionó fuertemente la tapa para evitar que se abriera. Samuel se asustó y cuando volteó a ver, estaba casi frente a un hombre delgado, con la cara deformada con algunas cicatrices. El hombre lo miraba fijamente, y con ira. Abrió la boca y con un tono tétrico dijo:

—No se te ocurra levantar la tapa.

...

Le había caído muy bien Arnold. Siempre sonriendo y muy trabajador, ayudaba a su abuelo en lo que necesitase. Le preguntó a ella si quería que le enseñara a alimentar a los conejos:

—Pues... —No pudo terminar, pues de golpe escuchó el grito de su hermano que venía de un lado de la casa. Todos se sobresaltaron.

El joven salió corriendo de la dirección donde se había escuchado el grito, estaba muy asustado. Detrás de él lo perseguí un hombre que le parecía familiar. El chico tropezó y cayó al suelo, y el hombre iba a sujetarlo.

—Detente Enrique. Déjalo en paz, carajo, es mi nieto —gritó George.

El hombre volteó a verlos. Era el mismo que había visto el día en el que llego. La misma espantosa cara. Nunca podría olvidarlo. Se le congeló el pensamiento cuando su hermano cayó y entonces ese hombre le iba a hacer algo. Menos mal que su abuelo le gritó y el tipo se detuvo.

El chico corrió detrás de George. Sin duda estaba más aterrado que nunca.

—¿Qué mierda le ibas a hacer al muchacho? —preguntó George, evidentemente molesto.

El tipo, al parecer llamado Enrique, dijo con un tono entrecortado y con una voz algo siniestra:

—Iba a… levantar tapa oxidada. No dejar levantar tapa… Eso…

Lucy concluyó que él debía tener algún tipo de retraso mental por la forma de expresarse.

—No es motivo para querer matarlo… Del susto —respondió Arnold con tono nervioso.

—Como sea. —añadió George— Ven a conocer a mi nieta.

¿¡Qué?! Ella no quería tener contacto alguno con ese tal Enrique. Realmente le daba miedo. O se describiría mejor como absoluta desconfianza. El hombre se acercó, y en su cara se dibujó una macabra sonrisa.

—Mucho gusto señorita —claramente tenía dificultad para pronunciar algunas palabras. El hombre le tendió la mano esperando a que ella también lo hiciera. Lucy lo hizo sin mediar frase alguna.

—Y creo que ya conociste a mi nieto Samuel —añadió George.

—¡Aléjate de mí, fenómeno de mierda! —dijo Samuel casi de manera automática, tratando de parecer desafiante y saliendo desde detrás de su abuelo.

Enrique no respondió y nadie más lo hizo. Finalmente George:

—Bueno, ve y sigue con lo tuyo.

—Tendré que volver laguna.

Y el hombre se dirigió a los campos y desapareció.

—Pues no es tan malo cuando lo conocen —dijo Arnold.

—Sí claro —respondió Samuel –Como sea, George. ¿Qué hace tan importante esa laguna?

Obviamente no le gustó que un niñato le llamara por su nombre, pero igual contestó:

—Tenemos unas cosas allá. Pero más nada; no vayan para allá, hay cocodrilos y caimanes –El tono parecía cada vez más nervioso.

"Interesante respuesta" pensó Samuel. Ya sabía qué podría mantenerlo ocupado ya que no había señal ni internet. En ese momento, Samuel planeaba su próximo movimiento.

Deliciosa cena, buena relación con sus abuelos. Todo estaba bien en ese momento, pero… Su hermano no estaba en su cama. Se bajó de la litera y miró el reloj. Las 2:45 Am. Escuchó unas pisadas abajo y decidió que iría tras él. Se puso un pantalón, una blusa y bajó. Cuando miró la puerta trasera cerrarse, supo a dónde iría…

Estaba ansioso por ver lo que aguardaba esa laguna, pues obviamente algo había allí que sus abuelos no querían que supiesen. Sacó su linterna, la encendió, saltó la cerca y empezaba a entrar en el campo.

—No deberías ir para allá.

Mierda, su hermana.

—Ve a molestar a otra parte.

—Sabes que no podemos ir. Es peligroso.

—No eres mi madre para mandarme; igual creo que empezaré a obedecerle sólo a papá.

—Deja de decir esas mentiras.

—Como sea, no me digas que no tienes curiosidad.

—Eso no importa.

—No para ti.

Sin decir nada más, se adentró en la vegetación.

—Tendré que ir contigo.

—Nada te detiene.

Podría estar durmiendo en su cómoda cama, pero se le ocurre a su hermano ir a una laguna extraña y ella tendría que acompañarlo para asegurarse de que no perdiera una pelea contra una mazorca y muriera. Perfección.

Seguían caminando y la vegetación de los campos se hacía cada vez más espesa y la tierra más húmeda.

—Desgraciado, volvamos de una vez.

—Hazlo si quieres. Igual creo que casi llegamos.

—¿Y qué piensas hacer al llegar?

—Quiero descubrir por qué esos malditos actuaban tan raro al mencionar esa laguna.

—Estaremos en muchos problemas, no te lo digo más.

En parte la curiosidad aumentaba más en ella, pero igual sabía que no era correcto hacer esto. Llevaban más de 10 minutos de caminata, hasta que llegaron. Y la vieron. El agua se veía turbia, negra y fangosa. La luz de la luna ya no era suficiente para ver más, por lo que Samuel levantó su linterna para alumbrar la orilla. Habían algunos rastros de ropa y lo que parecía lodo mezclado con lo que parecía sangre…

—¿Qué demonios es este lugar? —preguntó Stephanie.

—Simplemente no lo sé. Es extraño, ¿no crees?

Samuel se acercó más a la orilla, y su pie casi se hunde en el fango.

—Ten cuidado.

Parecía que el estar en una situación tan extraña y desesperante, hacía esfumarse la hostilidad entre ellos dos. Pero ninguno pudo darse cuenta de eso, pues estaban igual de aterrados y nerviosos.

—Lucy, toma la linterna y alumbra aquí. No quiero que se caiga —dijo Samuel entregándole el objeto a Lucy. Ella alumbró y pareció notar que algo brillaba en el lodo. Samuel también logró verlo, así que se agachó para tomarlo.

—Vayámonos ya, esto no me gusta nada —dijo Lucy.

—Espera —respondió él mientras sacaba lo que vieron. Lo levantó y ambos vieron que se trataba de un reloj de apariencia cara. Pero no estaba solo. Una mano cerrada en un puño sostenía al reloj. Lucy gritó de terror, y Samuel dejó caer la mano cercenada. Ambos se miraron asustados; pero ella se fijaba en otra cosa, detrás de su hermano…

Detrás de él, una figura alta, sucia en lodo y sangre extendía sus largos brazos hacia su hermano. Simplemente, tenía pánico…

Tal vez no fue buena idea ir a aquella laguna. Iba decir algo a Lucy pero lo olvidó en cuanto la vio con la cara pálida y asustadiza.

—Lucy, ¿qué pasa?

Ella temblorosa levantaba el brazo señalando a su espalda. Lentamente se giró y vio una criatura cubierta de lodo que estaba a punto de atraparlo. Retrocedió rápidamente pero tropezó y cayó sentado, y ahora la criatura se aproximaba a él. Cerró los ojos para no ver lo que sucedería, pero se sorprendió cuando nada pasó. Abrió los ojos y miró cómo su hermana golpeó al ser con un tronco dos veces hasta que la cosa cayó; acto seguido le ayudó a levantarse… Ambos retrocedieron y lo vieron retorcerse de dolor. Pero pareció recuperar el sentido y comenzó a arrastrarse hacia ellos. Algo les llamó la atención: De la laguna, empezaban a salir más de esas cosas rastreras y lentas…

—Dios mío —dijo él.

—Voy… ¡Voy a decirle al abuelo! —Y Lucy se fue corriendo por el sendero de regreso. Él iba a hacerlo también pero pensó, ¿A su abuelo?

—¡Espera, Lucy, no!

Ya no la veía, pero igual sabía que ese era el camino. No tenían que decirle al abuelo. Él tenía algo que ver con todo eso, y algo no estaba bien con todo… Cuando llegó vio a George y a Leonor que salían presurosos a calmar a su hermana que estaba histérica. Se quedó paralizado cerca del campo mientras ella les contó todo lo que pasó. No podía hacer nada más.

—Y habían unos monstruos… que… que salieron… y… y...

De un momento a otro, Samuel llevó a la fuerza a Lucy al extremo de la cerca, lejos de sus abuelos.

—¿Qué mierda hay en esa laguna? No mientan. Sé que ustedes saben.

—Samuel, ¿qué haces? ¡Suéltame!

—Hijo —decía George –Hay cocodrilos. Les dijimos que no fueran para allá. ¡Se los dijimos!

—¡Mentiroso!

—Samuel —dijo Lucy—. Ellos no saben lo que hay all…

—Lucy no seas tan ingenua. Siempre se ponían nerviosos al mencionar esa laguna, y nos llenaron la cabeza con historias de caimanes y cocodrilos. ¿Saben? Los caimanes no caminan en dos patas, ¿o estos sí?

Los rostros de los ancianos ya no eran los de antes. Mostraban una maldad fría y tenebrosa.

—Hijos –empezó Leonor –Les dijimos esto para protegerlos, y que fueran a ese horrible lugar… —mientras decía esto, George sacaba un afilado cuchillo de su cinturón, y los muchachos se dieron cuenta. Ahora estaba decidido… Tenían más de un enemigo. Cuando George dio el primer paso hacia ellos, ambos saltaron al cerca y salieron corriendo hacia el campo. Entonces los ancianos se fueron a la vieja camioneta, la encendieron y atravesaron al cerca con el objetivo de encontrar a Samuel y a Lucy.

Vio las luces alejarse. "Estuvo cerca" pensó Samuel.

—Vamos a empacar nuestras cosas. Hoy nos largamos.

Entraron al cuarto y cada uno buscó su maleta. Pero sintieron que la puerta de su cuarto se cerró de golpe. Ambos voltearon a a ver, y el que había bloqueado al puerta no era otro más que Enrique…

—Mierda, Lucy, tras de mí.

—Jajaja —reía el hombre

—Aléjate —ambos chicos retrocedieron hasta que se toparon con la ventana tras de ellos. Luego de unos segundos de silencio, Lucy rompió el ambiente:

—¿Por qué mis abuelos…?

—Hidcieron esso, ¿no?

Ambos se dieron cuenta que delante de ellos, estaba la verdad.

—Georch y Leonord, pelearon con Grillins por tierras durante mucho tiempo. Mi ayuda, Arnold ayuda, juntos, matarnos Grillins y lanzar… al agua. Pero Grillins, brujos, poner maldición en tierras, en la laguna… ‘’Sólo la carne nos calmará’’ y pobres Georch y Leonord tener que dar carne de persona a Grillins en la laguna para calmar ira y no morir.

Nadie pudo haberlo explicado tan bien.

—Ahora, niños, ir con Grillins —y el hombre sacó un hacha que tenía escondida tras de sí y corrió hacia ellos. Justo antes de que los atrapara, ambos esquivaron el ataque y el hombre embistió la ventana y la rompió, cayendo desde el segundo piso. Luego se oyeron sus gritos de dolor. Aunque aún nerviosos, Samuel se asomó por la ventana. Enrique había caído sobre un tridente que había dejado sostenido contra el contenedor oxidado y si había atravesado las puntas afiladas en la cara, haciendo que se empezara a desangrar rápidamente mientras más gritaba.

—¡Oh Dios mío –dijo Lucy, a punto de llorar.

Samuel todavía estaba procesando lo sucedido, mientras poco a poco los gritos del hombre cesaban.

—No hay tiempo, tenemos que irnos, Lucy —dijo aún mirando por la ventana. Cuando se giró vio a su hermana desmayada. No vio nada más…

—Estaban planeando escapar, así que los golpeé —dijo una voz.

—Bien hecho Arnold. Creímos que se habían dirigido a la laguna, menos mal los atrapaste.

Vio a Lucy a su lado izquierdo, acostada boca abajo en la tierra. Debían de estar en el patio trasero junto a los establos. Un pie pesado lo apoyaba fuertemente contra el suelo.

—Ahora debemos llevarlos hacia ella –dijo Leonor –No podemos dejarlos sin más.

—Ya lo sé, Leonor. Pero primero, quiero encargarme de este –dijo George mientras, que pateaba tierra a la cara de Samuel. –Por cierto ¿Han visto a Enrique?

—No. Luego nos ocuparemos de buscarlo. Ahora nos toca lo más importante —dijo Arnold mientras tomaba bruscamente del cabello al chico.

Entonces George se acercó a él, y le dijo. Quiero encargarme personalmente de ti, pero como tu linda hermana –dijo mirando a Lucy que estaba asustada y llorando –Es muy diferente a ti, bastardo –le golpeó en el rostro –No quiero que ella pase por el martirio de ver a su hermano morir… Ahora ¡Levanta!

—¡Por favor, déjanos ir! ¡No diremos nada, lo juro! —suplicaba Lucy desesperada.

—¡Cállate, mocosa! –dijo Leonor al mismo tiempo que la cacheteaba y le escupía.

—¡No toques a mi hermana, bruja de mier…! —Samuel se vio interrumpido por otros dos golpes más de George y uno de Arnold.

—Esta vez, quiero ir, George –dijo Leonor.

—Les dejaré a ti y a Arnold la camioneta. Yo llevaré a esta mierda.

—Camina.

George estaba tras de él, obligándole ir a la laguna y con una escopeta apuntando a su espalda. No pensaba que sus vacaciones terminarían así. Sabía que la pasaría mal, pero no creyó que él y su hermana morirían por haber tenido un poco de curiosidad. ‘’Entonces, la curiosidad sí mató al gato’’ pensó. Caminaban por el oscuro sendero lleno de plantas pesadas, y campos pequeños de maíz, guiándose por una linterna que tenía en la mano… ¿Maíz? Entonces ya estaban cerca. Ya no había opción, tenía que hacer algo. Sintió cómo el cañón del arma lo golpeó por la espalda.

—¡Camina, más rápido! —Ordenó George.

El próximo paso que dio le confirmó que delante de ellos estaba la orilla. Estaba desierta, pero había marcas de arrastre y más fango que antes… El hombre lo obligó a ir más cerca del agua, pero vio una roca… El plan.

Cuando dio un paso más, Samuel fingió tropezar y cayó al lodo. -¿Qué haces? Levántate, muchacho —Entonces sintió otra vez el cañón detrás de él. Vio sobre su hombro el arma, y con un rápido movimiento, tomó el arma por la punta desde su espalda y enterró el cañón en el lodo, y como reflejo, George disparó, haciendo que salpicase tierra y lodo alrededor. Se giró, se levantó y sujetó a George por el cuello y lo golpeó, haciendo que dejase caer el arma. Se abalanzó sobre el hombre, pero sintió un fuerte dolor en el estómago y lanzó el cuerpo de George lejos de él; vio que George había dejado caer algo: Un reflejo le hizo ver que era un cuchillo. Se miró el abdomen, se lo tocó y tenía sangre. Estaba herido… Con dolor tomó el cuchillo y se aproximó a George, que trataba de levantarse sin lograrlo…

—Ahora… Es mi turno.

Iba hacia él para apuñalarlo y acabarlo. Pero algo lo tomó por el tobillo; miró y una de esas cosas surgía violentamente desde el fango y lo hizo caer. La criatura se arrastraba hacia Samuel y cuando estuvo sobre él, le rasgó el pecho y le mordió un hombro. El lodo ahogó su grito, por lo que nadie podría escucharlo. Pero aún tenía el cuchillo en la mano, así que apuñaló al monstruo en el costado repetidas veces… Cuando los mordiscos de la criatura se volvían más lentos y débiles, usó toda su fuerza para quitárselo de encima… Ya no se movía; Samuel escupió tanto lodo y tierra que nunca creyó que tanto de eso cupiera en su boca, y no se ahogara o atragantara. Cuando lo escupió todo, pudo respirar más tranquilamente; sin embargo, estaba muy lastimado y sangraba mucho. Para completar, tenía otra vez el cañón de la escopeta en su cabeza. Volteó a ver, y George estaba decidido a matarlo, pero un sonido fuerte de colisión sonó a lo lejos, y George se distrajo. La oportunidad de Samuel.

"Tres minutos antes"

—¿Sabes?, la primera vez que mi hijo dijo que tendría hijos, supe que en algún momento serían un estorbo para nosotros, de alguna u otra manera —relataba Leonor–. Pero nunca creí que tuviéramos que llegar a tales extremos, pero fue culpa de ambos. Tú y tu hermano. Sin embargo, ten en cuenta que empezabas a caerme muy bien, lo contrario a ese gusano de Samuel. Lástima que nuestro lazo de abuela-nieta termine tan pronto.

Lucy reprimía las lágrimas mientras Leonor le hablaba y Arnold conducía por el sendero. Sabía que en cuanto llegara, moriría, y no volvería a ver a sus padres ni a su hermano… Tal vez no le gustaba su vida social, pero se dio cuenta de que no tenía ganas de morir.

Iba entre Arnold y Leonor, ella en el centro de la pequeña cabina vieja… De golpe, el sentimiento por vivir la inundó, y mientras Arnold se ocupaba de no salir del camino, y Leonor de ser copiloto, Lucy tomó y giró el volante bruscamente hacia la derecha, haciendo que la camioneta se saliera del camino. Arnold era incapaz de recuperar el control del vehículo, y gritó cuando vio algo a lo que se aproximaban.

—¡Cuidado!

Se dio un pequeño golpe en la cabeza, pero nada grave. Vio a Leonor al lado suyo, pero no a Arnold… Supo que esa era su oportunidad de escapar. Nunca había imaginado que sobreviviría al hecho de que una camioneta tan vieja y peligrosa, se estrellara con una enorme roca en medio del campo, y lograra seguir viviendo. Se arrastró poco a poco hacia la puerta del piloto, la cual estaba abierta, pero una mano la tomó por la pierna.

—¿A dónde crees que vas? —gritó Leonor.

La chica forcejeaba y luchaba para que la anciana la soltara.

—¡No! ¡Suéltame!

De un vistazo rápido vio un gran cristal roto del parabrisas, y se dio cuenta de que no había opción. Mientras la mujer la arrastraba hacia ella, Lucy tomó el cristal con las dos manos, cerró los ojos y se abalanzó sobre Leonor, enterrándole el cristal. La mujer gritó desgarradoramente, y soltó a la chica. Lucy, sin abrir los ojos, se apartó de ella y salió de la camioneta. Entonces giró, y vio a Leonor retorciéndose del dolor, con sangre saliendo violentamente desde su panza… Sin querer mirar más, cerró la puerta de la camioneta, y salió corriendo, directo hacia la laguna.

Cuando se asomó a verla, ya estaba casi muerta. No podía hacer nada más por ella… Pobre Leonor; pero no acabaría así. Iría por esa niña, y la mataría.

Corría desesperada en medio de los cultivos. Sólo esperaba llegar a esa laguna, encontrar a su hermano y escapar. Todavía no podía creer lo que había hecho. Mató a su propia abuela. Esta vez, no pudo evitar que sus lágrimas salieran…

No sabía exactamente si iba por el camino correcto, pero tenía una corazonada. Al fin llegó a la laguna. En la orilla, vio a George y a su hermano tendidos en el suelo. Con desesperación, se acercó a él y vio que estaba vivo, pero muy herido. Tenía mucha sangre saliendo y no se veía para nada bien…

—¡Vamos, tenemos que salir de aquí.

Trató de llevar a Samuel sosteniéndolo por un brazo sobre su cuello pero casi no se movían. Estaba desesperada, con miedo, y sola… Pero cuando sintió una mano en su nuca, se percató de que se había equivocado, no estaba sola.

Sentía demasiado dolor, y se dio cuenta de que su cuerpo se enfriaba más y más. Pero todavía le quedaban algunas fuerzas. Alzó su cara, y vio a su hermana gritando, debajo de una gran figura mientras la golpeaba: Arnold. ‘’Maldito gordo’’. Lucy moriría con unos cuantos golpes más de ese tipo, por lo que hizo lo que primero se le vino a la mente. Como pudo, se levantó, tomó la pesada escopeta, sacó todas sus fuerzas restantes para apuntar hacia el hombre. Se le hacía difícil sostener y apuntar bien, pero no perdía nada con intentarlo. Y jaló el gatillo.

Sentía otro, y otro, otro golpe, cada uno más fuerte que el otro… Iba a perder el conocimiento, cuando un estruendo la mantuvo despierta. Sangre salpicó a su rostro en grandes cantidades, y el cuerpo de Arnold se tumbó hacia un lado. Ella se levantó y tosió sangre, y cuando vio a Arnold, tenía la cabeza destrozada por un disparo. Se giró hacia su hermano, y estaba tendido unos metros más allá de ella. Llegó hasta él, y vio el arma descargada; entendió lo que su hermano había hecho. Samuel se volteó hasta estar sobre su estómago para que Lucy no viese cuánta sangre había perdido. Además, la potencia del disparo le hizo gastar el resto de sus fuerzas.

Lucy no pudo decir nada, sólo dejar sacar algunas lágrimas. Otra mano en su nuca.

Cayó de espaldas sobre el lodo, y vio a George lleno de sangre encima de ella.

—¿Pensaron que iban a escaparse luego de lo que hicieron?

El hombre sacó un cuchillo y lo puso en su cuello para degollarla, pero una sombra lo apartó de ella con fuerza. Vio cómo varias de esas criaturas salían desde el agua de la laguna, tomaban a George y empezaban a comérselo, mientras él gritaba por el dolor. Y esas cosas lo arrastraron hasta las oscuras aguas…

Se levantó temblando. Quería salir corriendo, pero vio a su hermano que señalaba hacia ella. No. Algo tras de ella. Se giró, y lo último que Lucy vio, fue una criatura con la boca llena de sangre, grandes colmillo que fue rápidamente hacia ella. Y luego… Oscuridad.

Las vacaciones habían terminado…

Narración de las autoridades:

—Última hora:

Las autoridades han encontrado en la mañana de este miércoles los cuerpos de cinco personas en una granja propiedad del matrimonio Moore, ubicados en el estado de Kansas. Los cuerpos forenses han encontrado cadáveres de tres personas mayores de edad y dos menores; los cuerpos se encontraron aproximadamente a 1 km de la granja del matrimonio. Uno de los cadáveres pertenece a Enrique Villanueva, trabajador en dicha granja. También se identificó el cuerpo de Arnold Ford (trabajador), Leonor Trotter de Moore, Samuel y Lucy Williams (ambos hermanos). Dichos restos se encontraron en las orillas de una laguna, que está dentro del territorio de la propiedad.

El cuerpo de Enrique Villanueva estaba ubicado en los alrededores de la casa-granja. Se desconoce el paradero del propietario de la finca, George Moore González. Debido a la proximidad de los cuerpos a la laguna, no se descarta la posibilidad que éste último se encuentre dentro de ella. Las causas aparentes de las muertes han involucrado la posibilidad de terceros en los sucesos, o bien, una masacre colectiva. No se sabe con certeza si el causante de esto fue el propio George Moore.

En este momento las autoridades forenses examinan la escena del crimen y recolectan pruebas para esclarecer los hechos. Cabe destacar que es intrigante una serie de heridas encontradas en algunos de los cadáveres, las cuales se asemejan a heridas con garras y mordidas. No se descarta la posibilidad de que animales salvajes, incluyendo cocodrilos y caimanes hallan causados algunas de estas muertes, pero las evidencias encontradas hasta ahora, arrojan a que esta teoría es poco probable. Seguiremos informando sobre este lamentable hecho, más adelante en Noticias del Canal 9.

Los cadáveres empezaban a desprender más fuerte el típico olor a descomposición, característico después de tres días a la intemperie. Pero la paga lo valía.

Fernando se estaba preparando para entrar a la laguna, para tocar, en las proximidades de la orilla, si se encontraba algún otro cuerpo.

—Bonito baño que nos daremos —dijo Arthur.

—Bueno, es lo que nos toca —respondió Fernando.

—Dejen de hablar como maricas, hay que trabajar, que no falta mucho para el anochecer –replicó con tono burlón Horace.

Y los tres entraron al agua. La orilla era extremadamente fangosa, y era muy fácil hundirse, pero con el equipo adecuado, el cual los tres tenían, era mejor el desplazamiento en dicho lugar. Cuando encontraran algo, debían marcar el lugar y esperar el regreso del sheriff en unos minutos.

—¡Hey, tengo algo! —gritó Arthur a la izquierda de Fernando.

—Pues ya sabes que hacer. ¿Qué es?

—Pues… Arg… Parece, un brazo o algo así.

—Ya te ocuparás de eso.

Entonces Fernando y Horace siguieron buscando, y se adentraron más en la laguna. Horace llegó hasta el límite, mientras que Fernando, en la parte media en la cual todavía era posible caminar. El resto era agua y tierra muy profunda.

—¡Creo que encontré algo también! –dijo Horace.

—Jah, creo que seré el único en no tener suficiente paga por no hacer bien mi trabajo, ¿verdad, Arthur? —dijo Fernando al voltear para encontrarse con su compañero. Pero inesperadamente no estaba. —¡Hey, Arthur no está! ¡¡Arthur!!

—¿Qué? Debería estar allí.

—Pues no está —dijo Fernando todavía buscando a Arthur no la vista–. Tal vez deberíamos…

Su comentario se interrumpió por el sonido del agua en movimiento. Cuando volteó hacia donde debería estar Horace, tampoco estaba. Sólo unas ondas indicando que hubo movimiento en el agua hace muy poco tiempo.

—¡¡Oye, Horace!! ¡Horace! –Fernando iba a aproximarse a buscar a su otro compañero, pero algo salió del agua y lo golpeó desde lo bajo de la mandíbula hacia arriba. Pareció un brazo muy delgado. Sus piernas enterradas en el lodo fue lo que permitió que no cayera hacia atrás.

—Dios mío. ¿Qué carajos? ¡¡Arthur, Horace!! ¡¡Sheriff, necesito…!

No pudo completar la frase, porque algo salió del agua de golpe, lo atacó, lo mordió y lo sumergió. El último recuerdo lúcido que Fernando tuvo fueron unos ojos negros y una boca llena de suciedad y sangre seca en unos enormes colmillos. El resto fue agua mezclada con sangre… Con su sangre…

Joshua888 (discusión) 03:09 26 nov 2016 (UTC).