Wiki Creepypasta
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Hace ya mucho tiempo yo solía jugar con mis primos a entrar en casas abandonadas. Un poco más abajo de donde vive mi abuela hay una casa que siempre nos había llamado la atención porque era muy grande. En ella vivía una anciana llamada Sra. Mónica que nos daba dinero por quitarle las hierbas que crecían al lado de su puerta. Más que por el dinero, nosotros arrancábamos las hierbas solamente por poder echar un vistazo dentro de la casa.

Tiempo después mi abuela nos informó de que la anciana se había ido a vivir con los hijos, pues estaba muy enferma. Entonces vimos la mejor ocasión para buscar la manera de entrar en el caserón. La puerta era muy vieja, así que con un par de patadas no nos costó mucho abrirla. Ibamos preparados con linternas pues eran sobre las 8 de la tarde y a esas horas en invierno es de noche.

Empezamos a mirar por la planta de abajo, en la que había un enorme salón y al fondo una cocina que iba a dar a un patio.

Entramos en el patio y al lado había un taller (cuyo significado después contaré). El momento más intenso tuvo lugar cuando nos dispusimos a visitar la planta de arriba de la casa, empezamos a subir las escaleras que tenían forma de curva y al final llegamos al piso de arriba que estaba perfectamente enmoquetado. Entramos en la primera habitación, la cual estaba completamente vacía. Solamente había un viejo somier.

Nos dispusimos a visitar la siguiente habitación. Caminábamos con la luz de nuestras linternas delante, pues no veíamos nada, y nos disponíamos a buscar la puerta de la siguiente habitación. Nuestra sorpresa fue que la luz de nuestras linternas no encontraron ninguna puerta, sino que en su lugar la entrada de la habitación estaba tapiada con ladrillos. Nos empezamos a mirar unos a los otros y cuando nos acercamos a la misma, unas voces de dolor que procedían del interior de la habitación nos aterrorizaron. Salimos de la casa lo más rápido que pudimos y sin mirar atrás.

Al día siguiente, aunque con miedo, nos dispusimos a entrar de nuevo, pero no sabemos quien había cerrado la puerta con tablas.

Unos días después, hablando con nuestra abuela empezamos a preguntarle cosas sobre la vida de la Sra. Mónica. Nos contó que se había enterado de que la Sra. Mónica había muerto recientemente y que siempre había vivido en pena, pues su marido, que era mecánico, un día trabajando fue aplastado por un tractor en el taller que tenía montado en su propia casa.

No sabemos si la muerte del marido de la Sra. Mónica tendrá alguna relación con nuestra experiencia o quizás su propia muerte. Lo único que sabemos es que la imagen de aquella puerta tapiada jamás la borraremos de nuestas mentes. Siempre nos quedará la duda sobre por qué estaba la entrada de la habitación tapiada con ladrillos. ¿Quién o qué emitia aquellas voces de dolor? Posiblemente, nunca lo sabremos.

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