FANDOM


Era un día gris en el cual no hacía mucho frío. Una muchacha recorría descalza la orilla de la playa hasta llegar a un montículo de rocas negras y húmedas. La chica trepó ágilmente y cuando llegó arriba se encontró de forma imprevista con otra figura femenina… era una mujer, pero había algo raro.

-Hola…- saludó la muchacha sorprendida.- Es una mañana agradable, ¿no?

La mujer la observó directo a los ojos. Tenia una mirada cargada de tristeza y desazón, tal parecía que llevaba mucho tiempo en esa posición sobre las rocas y no era capaz de moverse.

-Mi nombre es Alicia…- se presentó la cándida muchacha. Se detuvo a observar mejor a la mujer  y recién allí se dio cuenta de que ésta de la cintura para abajo no tenía piernas humanas, sino una extremidad enorme como la de los pescados…- Oh, por Dios… no tienes piernas, ¿son escamas?… ¿qué eres?

-Vengo del fondo del mar… -dijo la mujer al fin.- ¿ves esta herida de acá?, no me deja moverme… no puedo regresar al agua por mis propios medios.

-Eres una… una sirena…- comentó la chica fijándose en la herida profunda que tenía la mujer en su cola de pescado.- He leído sobre ustedes solo en cuentos… entonces en verdad existen.

-Así es. Existimos hace millones de años, pero evitamos toparnos con ustedes los humanos.

-¿Hace cuánto estás aquí varada, pobre sirena?- preguntó Alicia conmovida.

-Hace muchas horas… temo no poder regresar nunca.

 Alicia trepó solo un poco más y se acercó a la sirena para sentarse junto a ella, la rodeó con sus brazos y apoyó su cabeza en su hombro.

-Déjame ayudarte.- dijo Alicia.- tengo brazos débiles, pero puedo hacer el intento…

-Gracias, estando así la verdad es que soy una carnada fácil…- dijo la sirena y abrazó fuertemente a Alicia.

-¿Eh?, ¿carnada?… ah, ya entiendo, y los animales marinos son las presas, ¿verdad?

-No. Tú eres.- sentenció la sirena.

  De pronto de debajo de las rocas unas hediondas y asquerosas extremidades se aferraron a las piernas de Alicia y la jalaron con violencia hacia el mar. Fue tanta la fuerza que la chica se dio contra una afilada roca y se rompió el cuello salpicando a la sirena de sangre. La muchacha se perdió en el fondo del mar siendo arrastrada por seres desconocidos y horripilantes. Arriba aquel montón de rocas la sirena volvió a quedar sola. Con un poco de agua de mar se limpió la salpicadura de sangre y luego peinó sus cabellos para volver a adoptar la pose de siempre.

-Sangre humana… iug, qué asco.- dijo entre dientes.