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Una vez vi los ojos de la Muerte cuando era aun muy joven, demasiado para recordarlo. No son como uno se espera. No eran los ojos negros de un animal, o los rojos de un demonio, se veían igual que los de cualquier hombre. Eran verdes con manchas doradas, pupilas dilatas y salvajes. Tenían pequeñas venas rojas, como si no hubiera dormido desde hace mucho. Supongo que la Muerte tiene mucho trabajo.

También toque la piel de la Muerte una vez. Estaba caliente. Pensaba que estaría fría, pero había sangre corriendo por sus venas. Tenía un color extraño, era amarillenta, pero con su cara roja. Nunca he visto piel como esa después.

Escuché la voz de la Muerte también. Era potente, resonando como un trueno desde la otra habitación. Cuando la vi, ella me hablo bajo. Hablaba español, como yo. Con el mismo acento. Me dijo que me calmara, que estaba seguro. Que no tenia de que preocuparme.

Pero nunca toque el cuchillo de la Muerte. Estaba cubierto de sangre, como su ropa. Era largo y afilado. No era aún mi hora, estaba para llevarse a mi madre. Ella no quería marcharse, pero la Muerte siempre consigue lo que quiere.