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Mi nombre es Tom. ¿Quieres que te diga algo? No soy normal... No para muchos

Era un día normal como todos. Me despertaba, desayunaba y iba a trabajar. Pero todo cambio, cuando sonó el timbre de mi puerta. Me pregunté quien era mientras la abría. No había nadie. Solo una carta tirada en el suelo. La agarré y me devolví. La abrí y decía:

Sr. Tom. Está usted invitado a la cena de los Mc´Gurtys. Una de las cenas más lujosas del mundo. La fecha es el 1 de septiembre a las 19:30. Calle Gurtys 322. No falte.

Al leer la carta, pensé:

"¿Por qué me habrán invitado? No soy un Mc'Gurty, aunque por otro lado, debería ir, la carta es muy formal".

Fui a trabajar y volví a mi casa. Me acosté y me dormí. A las 3:00 me desperté sin razón alguna, pero al despertarme, volvió a sonar el timbre. Salí de mi habitación, fui hacia la puerta, la abrí y veo que un señor estaba parado. Era alto y con una larga barba. Éste dice:

-Buenas noches. Mi nombre es Rick. ¿Cuál es vuestro nombre?

-Me llamo Tom, ¿por qué estás aquí? ¿Y por qué a estas horas?

-Oh, es que soy el chófer de los Mc´Gurtys. He venido a llevarle. La cena está a punto de empezar.

-Pero si la cena es a las 19:30 horas, o eso decía la carta...

-Oh, esas cartas mentirosas...

Le dije que me esperase unos segundos. Debía ponerme mi traje. Fui a mi habitación, me puse el mejor traje que poseía y volví. El chófer me preguntó:

-¿Está listo?

Le respondí que sí.

Me subí al auto y fuimos hacia la calle Gurtys 322. Mientras íbamos en el coche le pregunté al chófer:

-¿Por qué le apetece a la familia comer a esta hora?

-Es que es la mejor hora para comer carne humana...

Me asusté cuando me dijo eso. Era una broma de muy mal gusto.

Al llegar a la casa, nos bajamos del auto y nos fuimos a la entrada principal. El chófer tocó la puerta y ésta se abrió al instante. Le preguntó a la persona que abrió si podía pasar y ella respondió afirmativamente. Al entrar, veo que hay 3 puertas que dicen respectivamente: comedor, cocina, sótano. Lo que me pareció raro fue ver que no había dormitorio alguno. El chófer me dijo que entráramos por la puerta que decía comedor.

Entramos y encontramos una mesa muy larga con mucha gente sentada. El sentado en la esquina gritó en dirección mía:

-¡Bienvenido, Tom! Siéntate.

Agarré la silla y me senté. Traté de ser lo más formal posible ya que era una familia, un tanto, lujosa. Todos se empiezan a presentar ante mí. El mayor y más sabio se llamaba Donald. El primero que me saludó tenia de nombre Ski. Nombres raros a mi parecer, pero interesantes. Mientras esperaba la comida, observé un poco los alrededores. Había cuadros y muchas plantas. En un momento, Ski tocó una pequeña campana y anunció:

-¡La cena ha llegado!

Todos se entusiasmaron y esperaron la comida con ansias. Al llegar los cocineros dieron un plato de comida a cada uno, veo que no era comida normal. Sino, eran corazones humanos. Me asusté y vomité. Pero los Mc'Gurtys al parecer no se habían dado cuenta. Me levanté y me excusé para ir al baño. Mientras caminaba por el pasillo, vi una cosa moverse rápido. Me pregunté qué fue eso.

Mientras seguía caminando, sentí que algo me agarraba desde atrás. Me dí la vuelta y vi a una niña con un oso de peluche en sus manos. Pero tenía unas cuencas oscuras por ojos. Ella me dice:

-No te quedes aquí, te pasará lo mismo que a mí.

Me asusté y se me fueron las ganas de ir al baño. Quería salir lo más rápido de esta mansión. Salí corriendo hacia la puerta principal. Traté de abrirla, pero estaba trabada. Le empecé a pegar patadas a la puerta. Grité:

-¡Quiero salir de aquí! ¡Déjenme salir!

Seguía gritando sin limites hasta que, cuando iba a dar el último golpe, me taparon la boca con un pañuelo y me dormí por las sustancias en él.

Al despertar, sentía mucho calor. Vi hacia a los alrededores y descubrí que me habían encerrado dentro de una caldera.

Traté de salir, pero la puerta era de hierro y estaba cerrada con seguro. Cada vez sentía más calor y que me derretía.

Caí al piso y mi cara se empezó a desfigurar. Se me caía la piel y cada dos por tres se me dormía una parte del cuerpo, hasta que llegué al punto en el que pensé que me iba a morir. Permanecí al lado de la puerta con la esperanza de que la abrieran. Mientras moría despacio, escuché un ruido y la puerta finalmente se abrió. Era aquella niña, la que me había advertido. Ella me dijo:

-No es tan fácil irse de aquí, créeme, lo intenté y así se me quedaron los ojos -señaló sus cuencas vacías.

Salí de la caldera y me tropecé. Vomité sangre por todas partes y empecé a llorar sangre. La niña mirándome, dijo:

-La tortura es lo único que conozco. Aquí te dejan sin corazón ni alma; solo con dolor.

La niña empezó a llorar sangre negra y gritó:

-¡Mis padres! Mis padre murieron en sus manos. Soy un simple fantasma.

Solo fui capaz de replicar:

-Lo lamento...

Ella dejó de llorar y me dirigió a una habitación secreta de la casa: el cuarto de crucifijos. Me dijo que ellos no podrían entrar allí. Quedarían entre la vida y la muerte. Quedarían en el limbo. Eso me dejó dudas:

-¿No son humanos?

-¿Que cosa serán?

Al entrar a la sala de los crucifijos, veo que está todo alumbrado y había dos camas. Arriba de la primera estaba el oso de la niña. Pero me di cuenta de algo, el oso no poseía ojos, solo boca. Solo su propio ser. Era la alma de la niña, reflejada como un objeto, como algo, no como alguien. En la segunda, se encontraba una nota. La nota decía:

Tom, mi nombre es Mary.

Mis padres murieron a causa de los asesinos de esta mansión; de estos "Osos de peluche". Ellos son malos, pero cuando encuentres al "oso" verás la verdad...

La carta me impresionó y me quedé con la duda: ¿Quién era el oso?

Dejé la nota en el suelo y me acosté a dormir.

Al siguiente día, decidí recorrer la casa a escondidas. Primero fui a la cocina, había cuerpos colgando del techo. Algunos sin cabeza, otros sin corazón, etc. Pero lo que más me llamó la atención fue que había 3 osos de peluche arriba de la mesa. Los miré y tenían la ropa de cocinero y un cuchillo en sus patas. Recordando lo que Mary me dijo, supe que eran sus almas. Las almas de unos pobres cocineros en un oso de peluche.

Salí de la cocina y fui hacia el comedor. Algo que realmente no debí haber hecho. Ski me esperaba, sentado en la esquina de la mesa, rodeado de osos de peluche. Con una voz tenebrosa espetó:

-Aquí estás, Tom... Te estaba esperando, pensé que no ibas a venir, me dijeron que sufriste en la caldera, ¿no?

-Sí, pero, ¿por qué lo hiciste?

-Yo no lo hice, lo hizo Rick. Te diré algo, nadie sale de esta casa, sin antes cenar con nosotros. Te espero, ya sabes a que hora comemos.

Sin decir nada, me retiré de la sala y fui hacia el sótano. Abrí la puerta y bajé las escaleras. Vi la caldera que casi me mata, destrozándome el cuerpo. Salí del sótano y fui hacia mi habitación a pensar:

¿Quién era el oso?

Llegada la hora de la cena, con el mismo traje puesto, fui directamente hacia el comedor. Me senté esperando a que llegarán los otros, Ski me tocó el hombro y dijo:

-Sabía que vendrías. Hoy comeremos riñones humanos.

Sentí ganas de vomitar, pero me debía acostumbrar. De todas formas tenía hambre. Cerré mis ojos por unos momentos y al abrirlos estaban todos en la mesa. Mientras venían los cocineros, veo que Donald tenía un gran oso de peluche. Ese era el oso, el de la verdad. Fui hacia Donald que estaba sentado en frente de mí y le dije:

-¿Qué es ese oso?

Él me respondió:

-Algo valioso...

Agarré el oso y salí corriendo. Ski gritó:

-¡Que no se lo lleve a la sala de los crucifijos!

Saqué un cuchillo de arriba de la mesa y empecé a clavar el cuchillo en el oso. Lo cual no debía haber hecho.

Salió una sombra negra del oso que me atrapó. Sentía que me aspiraba. Cuando la sombra se fue, caí al piso con el oso en mis manos. Y ese oso grande se convirtió en uno chiquito. Mi traje se empezó a caer, igual que mis ojos. Quedé semidesnudo y sin ojos. Cuando un traje apareció de repente en mi cuerpo, era blanco y con un moño violeta, miré el oso y me di cuenta: ya era parte de la casa. Mi alma, estaba en ese oso. No tenía escapatoria alguna, solo obedecer a mi amo, Sky, el oso de las almas.