FANDOM


Pues bien, esta historia podría ser demasiado extraña como para poder ser creíble. Si hubiera oído hablar a alguien de esto hace unos meses me hubiera reído; por si fuera poco, habría pensado que solo se trataría de una historia de fantasmas para asustar a los niños pequeños alrededor de una fogata.

Ojalá que aún pudiera creerlo de esa manera. Todo comenzó hace unos dos meses. Yo vivo en una zona rural en el norte de Ohio, rodeado de colinas y bosques. Mi casa era un hogar modesto, escondido justo en el borde de un gran bosque. El pueblo tenía raíces que se remotan a cientos de años a la época de los colonos, cuando los inmigrantes alemanes fundaron nuestro pueblo. El bosque de detrás de mi hogar fue nombrado, "Die Dä monischen Hölzer ", que más o menos traducido significaría: "El Bosque del Demonio". Recuerdo que cuando era un niño  y escuchaba historias de otros niños sobre una malvada bruja que vivía en el bosque. Cuando crecí, me gustaba salir a caminar en estos bosques.

180px-Tumblr mlif0aGPOL1snfrtoo1 500

Fue en uno de esos paseos que lo descubrí. Era un ruido, al principio muy suave y tenue,  apenas podía escucharlo entre el bosque que era casi silencioso al solo percibirse el aire de principios de invierno. Era lo suficientemente tranquilo que no podía descifrar lo que era. Era solo... fuera de  lugar.  Seguí caminando, pensando que era un pájaro o algo así. A medida que seguí profundizando en el bosque, el ruido se tornó un poco más claro, hasta que pude distinguir lo que era... Un piano.

Me quedé allí por un segundo, ¿qué demonios estaba haciendo un piano en el medio del bosque? ¿Y qué hacía alguien tocándolo? Intrigado, me dirigí hacia el sonido, que se hizo más fuerte cuanto más me acercaba a él. Parecía estar siendo tocada lentamente, una triste melodía, parecida a un canto fúnebre. Casi podía oír a la perfección cuando se detuvo. Me acerqué más y vi a través de árboles estériles, un piano negro brillante, su asiento incluido. Parecía nuevo. No vi a nadie tocando o incluso huellas que alejándose. El único otro ser viviente que podía ver a los alrededores era un cuervo negro, sentado encima del piano.

Miré alrededor del piano, pero no pude ver ninguna señal de que otra persona hubiera estado allí. La única cosa allí era el cuervo, mirándome con sus ojos pequeños y brillantes. Me encogí de hombros por éste extraño incidente, suponiendo que algún pueblo excéntrico lo había dejado allí y que éstos salieron corriendo antes de que pudiera verlos. Me molestó repentinamente el pensamiento de que podían estar en el bosque al igual que yo, mi casa no estaba muy lejos, y yo soy un corredor rápido. Era suficiente de todos modos como para enviarme de regreso a casa.

Unos días más tarde, dos de mis amigos, Alex y Megan fueron a mi casa, y les estaba diciendo acerca de lo que vi. Alex, que era muy sensato y realista, de acuerdo con mi teoría él no pensaba mucho en el suceso. Megan, por otro lado, era valiente, y un poco de un temeraria. Estaba ansiosa por saber más sobre el piano, y decidió ir a echar un vistazo. Yo no quería volver a verlo, y Alex no mostró ningún interés en ir, así que le dije cómo llegar y Megan fue a aquel lugar, tomando su teléfono celular con ella.

Una media hora más tarde, ella no había regresado, y estábamos empezando a preocuparnos. Justo cuando estábamos a punto de salir a buscarla, nos envió un mensaje de texto, diciendo que estaba bien y regresó caminando a casa. Aunque parecía extraño que ella no terminara por llegar a mi casa, nos había asegurado que ella estaba bien, así que la dejamos tranquila.

Megan se informó como desaparecida dos días después.

La policía estaba sobre todo el caso. Incluso nos cuestionaron Alex y a mí, que explicó había ido al bosque, pero mandándonos un texto diciendo que estaba bien. No les dije sobre el piano. No sé por qué, pero algo en el fondo de mi mente me dijo que debía guardar silencio al respecto.  Alex no soltó una palabra de eso tampoco. La policía registró minuciosamente toda la ciudad, y “Demon Woods”, pero no escuché nada acerca de algún rastro de Megan o del piano.

Unas semanas más tarde, volví al bosque,  aunque el resto de la ciudad no se acercaba a él. Caminé por el sendero hacia donde había visto el piano, por supuesto, el piano estaba allí. Todo era exactamente igual, sólo que ahora habían dos cuervos. Ambos estaban sentados en la parte superior del piano, mirándome directamente. De repente, sentí un escalofrío a través de mí, que se clavó en mis huesos no importa cuán bien me envolví mi chaqueta a mi alrededor. Una niebla comenzó encrespa alrededor de los árboles, y yo corrí tan rápido como pude, sin mirar detrás de mí, aunque yo estaba seguro de que algo me estaba mirando.

Pasaron dos semanas antes de que otro hombre fuera reportado como desaparecido. Robert Fields, un hombre que trabajaba en la central eléctrica. Su casa, también estaba cerca de Demon Woods. La policía buscó en toda la zona, él vivía sólo con su sobrina, además no era muy conocido por el pueblo, el caso pronto se enfrió.  Comenzaba a sospechar que su desaparición tenía algo que ver con la de Megan cuando el tercer caso se acercó, se trataba de una mujer joven quien visitaba a su abuelo. La gente del pueblo comenzaba a entrar en pánico, y Demon Woods había sido cerrada, y un toque de queda se había establecido.

A pesar de esto, me acerque al bosque. No sé por qué quise ir o incluso cómo es que me adentré al lugar. Los recuerdos de ir caminando a través de éste sitio son difusos, están como apagados. Cuando trato de recordar resulta como si estuviera viendo una vieja película dañada. Mi memoria no se aclaró realmente hasta que llegué al pequeño claro donde el piano estaba situado, pero en este momento, cuestioné mi cordura al darme cuenta de que la policía no había podido encontrarlo. Dos cuervos más se habían reunido alrededor de él, revoloteando. Por el rabillo del ojo, vi un destello de rojo intenso, el color de la sangre seca. Me di media vuelta tan rápido como pude, pero fuera lo que fuera había desaparecido. Mi corazón empezó a latir rápidamente, pero mis pies no podían moverse, como si estuvieran atrapados en arenas movedizas. Sentí que algo se movía detrás de mí, poco a poco, me di la vuelta para enfrentarlo. Casi me cagué en los pantalones.

Sentada allí, al costado del piano me miraba de forma pasiva, una niña. Parecía ser una adolescente. Cabello corto hasta los hombros  y de color rojo sangre, piel blanca, ojos grises como la niebla, un vestido largo y negro, hecho jirones. Ella me miraba con una expresión impasible. Salí corriendo de allí,  a la mierda el sendero, ¡yo solo corrí hacia el frente! La forma en que me miraba, la forma en que me miró, como si yo fuera una especie si sujeto de prueba. Cada célula de mi cuerpo gritaba que debía salir de allí.

Un mes más tarde, me había olvidado de todo eso. Bueno, casi. Créeme, yo quería hacerlo. Pero, ¿Me habrá dejado en paz? No. Por supuesto que no. Fue a mediados de diciembre, y yo estaba esperando a que mi perro, Rusty, hiciera sus asuntos y pudiéramos volver dentro. Hacía mucho frío y una ligera nieve había empezado a caer. De repente, Rusty se derrumbó,  empezó a crispar y tener espasmos. Quedé helado. No sabía qué hacer. Sus ojos se pusieron en blanco, girándose hacia dentro de su cabeza, y... Cristo. Era horrible. Cada vez que cerraba los ojos, todo lo que podía ver era a Rusty moverse como si fuese una marioneta. Cuando finalmente se detuvo, me acerqué a él, pero de solo mirarlo, sabía que estaba muerto. No quise tocarlo.

Alcé mí mirada y al otro lado de la calle, pude ver una figura arrastrándose a través de la nieve. Muerto de miedo, corrí hasta mi casa, cerré la puerta y agarré un cuchillo de la cocina. Me agaché junto a la puerta, dispuesto a todo, cuando oí un golpe constante. Miré por la mirilla, y  para mi sorpresa vi a Alex. No llevaba un gorro, o incluso una chaqueta. No parecía que le afectase el frío en lo más mínimo. Tenía una sonrisa somnolienta blanca plasmada en su rostro, como si fuera un niño pequeño listo para ir dormir. No había manera en el infierno de que yo fuera a abrir la puerta. Esa sonrisa, esa sonrisa en su rostro... Tenía el aspecto más espeluznante que pudiera ver en mi vida hacer por algún ser humano. Volvió a llamar a la puerta. No abrí. Siguió sonriendo. "Siento que no respondas a la puerta", me heló la sangre a medida que hablaba con una voz suave, inocente. "Pero comprenderás pronto. Muy pronto", hizo una pausa. "Adiós. Tengo que caminar hasta el bosque ahora, " Él se fue. No dormí en toda la noche.

Al día siguiente, Alex fue reportado como desaparecido. La policía buscó de nuevo en todo el pueblo sin lograr nada en absoluto. Decidí averiguar más. Tengo que saber lo que estaba pasando. Otra vez caminé por el bosque, hasta que llegué al piano. La chica ya estaba allí, alcanzaba su mano y miraba hacia el cielo al instante en que un quinto cuervo aterrizó en sobre su mano. Su cabeza giró a una velocidad antinatural, y esos ojos grises se clavaron sobre mí. Ella sonrió, yo estaba paralizado. Ni siquiera me inmuté cuando ella se acercó a mí, con el cuervo en la mano.

Un millar de miles de cuervos explotaron de detrás de ella.

No sé lo que es. Todo lo que sé es que puede hipnotizar a la gente atrayéndola hacia ella, como lo hizo conmigo. Para convertirlos en sus cuervos. Y que estos hagan su voluntad. No hay manera de que sea humana. Pero si alguna vez sientes que algo te observa, o escuchas el picoteo de algo en tu ventana, o si solo tienes un deseo inexplicable de ir un poco más lejos por el bosque, es ella. Supongo que importa muy poco ahora.

No me verás de nuevo, pero yo te veré.

Adiós.


Debo caminar hacia el bosque ahora.