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Era el primer día de trabajo de Alejandra como ayudante de chef en aquel famoso hotel, la enviaron al cuarto frío por suministros, el lugar era algo confuso para alguien que estaba ahí por primera vez, un enorme sótano lleno de largos pasillos con paredes blancas. Alejandra se perdió varias veces y todas ellas sentía que alguien iba tras ella, pero al voltear ¡Nada!

Pisadas

Cuando por fin llegó, apenas había puesto un pie dentro del congelador, y la puerta se cerró bruscamente detrás de ella, haciéndola caer de rodillas por el golpe. Se incorporó rápido y vio a través de la empañada ventanilla, que alguien había cerrado la puerta por fuera y se alejaba de prisa.

Pensando que se trataba de su novatada, se mantuvo caliente esperando que los bromistas regresaran a sacarla, pero el reloj avanzaba, el frío le calaba y nadie venía, quiso llamar desde su celular pero por el material de las paredes ahí no había señal. Cuando se sentía algo desconcertada, alguien abrió la puerta del congelador, y la encontró temblando,

-Pero muchacha, ¿qué haces aquí sola? -le dijo la mujer que recién llegaba

–Me cerraron la puerta por fuera y esperaba que me abrieran -respondió Alejandra, la señora la miraba algo sorprendida mientras la tomaba de la mano para sacarla de ahí.

–¿Qué nadie te dijo que está prohibido venir sola acá?, desde que aquella chica quedó encerrada y murió de frío es una regla estricta que vengamos en pareja -la señora se disponía a cerrar la puerta, pero esta se atoró o al menos eso pensaron hasta que vieron por la ventanilla que alguien se movía dentro.

La mujer que ya había vivido esa situación muchas veces, apresuró el paso de la chica nueva, iban casi corriendo, y detrás de ellas se marcaban en el suelo, huellas mojadas siguiendo sus pasos.

La regla era sencilla, y no estaba hecha para evitar quedar encerrados por accidente, si no para protegerse unos a otros de la chica muerta en el cuarto frío, que quería que otros corrieran con su misma suerte.