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Al principio todo es muy bonito... luego vienen los momentos que te marcan de por vida.

Me compré una muñeca de porcelana por eBay, no me gustaba como se llamaba, así que le puse un nombre nuevo: Esther. Me encanta ese nombre.

Me puse tremendamente contenta al recibirla, tanto que le hice cientos y cientos de fotos, de hecho, mi amiga Irina se empeñó en hacerse un selfie con la muñeca, y bueno, a los pocos días Irina murió. No he borrado las fotos de la dichosa muñeca por una simple razón, no quiero saber nada de ella, no quiero ni verla.

Karla, una compañera de clases, intentó comprarme la muñeca. La verdad es que me ofreció una gran cantidad de dinero por ella, y yo como tonta la rechacé. He de decir que esta chica era un poco "rarita", pues era una amante del ocultismo. Karla lo intentó por activa y por pasiva, pero yo siempre le daba la misma respuesta. Karla se sintió dolida, ofendida, y lanzó una potente maldición a ESTHER. Definitivamente no sabía lo que había dicho. Karla murió a los pocos días, "algo" la empujó por las escaleras. Karla murió de una hemorragia cerebral.

Desde ese momento me mantuve distante a la muñeca, me daba escalofríos estar a solas con ella, es increíble como llegó a pasar, puesto que al principio, éramos grandes amigas...

Las cosas fueron de mal en peor y peor que iban a terminar.

Un día como otro cualquiera, en mis casa, Mía, mi mejor amiga, y yo nos encontrábamos en la planta de abajo, no paraba de llorar por la muerte de Karla e Irina, eran grandes amigas. Le conté que Karla, en un estado de nervios y fuera de sí, había lanzado una maldición contra ESTHER, mi muñeca de porcelana. Mía culpó a la muñeca de la muerte de su amiga. Menos mal, alguien pensaba lo mismo que yo, me quería deshacer de la maldita muñeca ¿¡pero cómo lo iba a lograr si al acercarme a ella me daba un pánico terrible?! Mía me vio nerviosa, y como buen amiga que era, trató de tranquilizarme.

Mía juró acabar con la dichosa muñeca, y para ello tomó un cuchillo de la cocina y subió a mi habitación, yo me quedé abajo, me aterraba la idea de subir a mi cuarto y verla ahí de pie. De los nervios, comencé a morderme las uñas, Mía ya estaba tardando demasiado. No podía soportar la idea de perder a mi mejor amiga, así que me armé de valor y subí a mi habitación. Al llegar vi a Mía tirada en el piso con los ojos en blanco, lo más espeluznante de todo esto no fue su muerte, no, lo que más me atormenta es el cómo sucedió. Si no hizo ningún ruido, ni un grito, nada... impresionante. Perdí a mis tres amigas, pero a ella le da igual, sea lo que sea esa cosa no quiero que se acerque a mí, no tiene expresión, es fría como el hielo y blanca como la nieve...