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Eran las 2.30 de la mañana. Se había quedado trasnochando de nuevo. Tenía un examen en menos de 12 hs, pero eso no es lo que la mantenía despierta. Cada vez que cerraba los ojos, la misma pesadilla reaparecía. Sombras y seres obscuros, figuras amorfas, emergían de todas partes, tratando de alcanzarla. Una pesadilla recurrente que soportaba desde pequeña, pero que en los últimos meses se había vuelto más presente. Apenas lograba descansar media hora, que ya se despertaba agitada. Hacía 5 días que directamente no dormía, por más que lo intentara. Estrés. Cambiar de ciudad, iniciar los estudios superiores, estar tan lejos de la familia y amigos. Muchos cambios en muy poco tiempo. Seguramente era estrés. Quisiera o no, iba a tener que recurrir a los somníferos, de lo contrario no podría afrontar el largo día que la esperaba. Se los había facilitado una compañera de curso hacía dos o tres días. Nunca antes los había tomado, pero nunca había tenido tantos problemas para dormir. Ingirió la pastilla con un vaso con agua, y luego, simplemente, esperó. Miró la fecha de vencimiento, al ver que aún no surgía efecto.

- Lo único que falta es que me intoxique por tomar algo vencido- pensó.

Pero tras ver que las pastillas aún tenían cerca de un año de vida, se tranquilizó. Aún no sentía el sopor del somnífero y eso la frustraba. Decidió recostarse. “Relajar el cuerpo quizás ayudará al efecto del sedante”, se dijo. Hastiada apagó la luz e hizo el intento de dormir. Debía descansar, con o sin ayuda del narcótico.

Eran las 4 de la mañana y aún no dormía. Era como si mantuviera un estado de alerta. Sus sentidos estaban sensibles. Sus ojos, abiertos todo el tiempo, se habían acostumbrado a la escasa luz, y percibían cada objeto de su habitación: el escritorio, la silla, su modesto guardarropa. Los ruidos de la calle llegaban hasta sus oídos de forma leve, pero muy nítida a la vez. Ya se había resignado a otra noche sin sueño. Se quedó pensando si levantarse y comer algo, si seguir estudiando las mimas lecciones que ya sabía de memoria o si, simplemente, quedarse allí acostada. De repente, se percató del frío. La temperatura había bajado muchísimo, pues estaba temblando. Se estaba incorporando para buscar otra frazada, cuando vio como algo negro se escurría, arrastrándose rápidamente, bajo su cama. Su cuerpo se paralizó bajo las sábanas y el acolchado. Miró hacia la puerta de su habitación. Ella la había cerrado usando el pestillo, lo recordaba muy bien. Entonces, ¿por qué estaba entreabierta? Sintió un escalofrió que recorría su columna al ver como miles de pequeños seres ingresaban a su cuarto. Eran como pequeñas manchas de tinta negra, pululando a su alrededor. A medida que avanzaban hacia ella sólo podía esconderse más en su cama. Estaban en círculo alrededor de ella. Tapando las paredes, el escritorio, la silla. Su clóset no era más que un enorme pilar negro de textura errante por el movimiento de los seres que se apoyaban en él. Vio como delgados ríos de negrura trepaban las patas de la cama, con movimientos reptílicos. Su voz era un hilo de silencio. El nudo que tenía en su cuello, sólo se desató y la dejó gritar cuando una oleada de oscuridad se abalanzó sobre ella.

La alarma de su celular se activó a las 8.30 como cada mañana, pero no fue lo que la despertó. Estaba agitada y cubierta de sudor frío. Con los ojos aún desorbitados, se sentó en la cama y simplemente, rompió a llorar.