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Jamás se debe andar solo y tan tarde por las carreteras abandonadas, pues el horror nos puede encontrar en los lugares mas bellos, raros o incluso en aquellos donde creemos estar seguros y a salvo.

Vengo del pueblo, estaba de visita en casa de un amigo y no me di ni cuenta cuando ya se había hecho de noche. Él me ofreció hospedaje, pero tuve la mala ocurrencia de no aceptar y regresar a mi hogar a estas horas. El olor a humedad no ayuda en nada a espantar las ideas de mi supersticiosa mente, si bien hay postes de luz cada 160 pasos, no deja de inquietarme la idea de que en medio de los húmedos matorrales que hay junto al camino pavimentado pueda estar alguien al acecho. No me refiero a un ladrón o algo así, en este pueblo todos somos conocidos y es sabido cuando llega algún forastero hostil, me refiero mas bien a una amenaza sobrenatural. Y es que del último mes algo me viene acechando y haciendo la vida imposible.

Esa fue una de las razones por las que hoy salí de casa, la soledad es mala compañía cuando uno tiene miedo.

He podido identificar a la amenazadora presencia que acecha mi alma, es esa extraña y maldita obsesión que me pide a gritos que me ponga de su lado, extraña presencia que parece penetrar y dividir mi espíritu. Cada vez que grito por libertad ella parece despertar de un sueño milenario y pone en alerta mis sentidos…

Dios es testigo de cómo ella atraviesa la piel y se roba los pensamientos. Estoy sucio, cansado y cada vez que ella me mira directo a los ojos parece que yo perdiera por completo el habla. Ahora se acerca lentamente y está por alcanzarme hace florecer cada poro de mi piel.

Creo que jamás me había visto tan solo como ahora…

Sin ella… yo muero.