FANDOM


Aunque el Imperio Oriental del Caos es referido como ‘oriental’, esto es solo en relación a los Segmentum Solar y Obscurus. Pues aunque el Imperio del Caos de Huron está ubicado dentro del Ultima Segmentum, está enfocado alrededor del Torbellino, el segundo espacio de coexistencia real/disforme en la galaxia, ubicada cerca del centro de la gran espiral galáctica. Porque desde este reino de locura es que Blackheart, el Tirano de Badab, renovó su deseo de gobernar un Imperio por su cuenta, mientras sus enemigos del Imperio se derrumbaban por la estridente anarquía traída por la caída de la luz guía de la humanidad.

Mientras el Nuevo Devorador nacía violentamente en la agitada guerra de Octarius, Huron Blackheart escuchó las susurrantes advertencias de los demonios, que le alertaron de la incipiente amenaza. A medida que más y más buques imperiales eran apartados para combatir esta terrible y repentina fuerza, él dio su golpe, atacando y reuniendo todas las naves disformes que pudo saquear, antes de huir al Torbellino una vez más. Allí, mientras el Nuevo Devorador aniquilaba civilizaciones enteras, él y sus secuaces reunieron todos sus recursos, consolidaron su lugar dentro del reino de la locura, derrotando y esclavizando a todas las partidas de guerra caóticas dentro de la interfaz disforme, y exigiendo que se unieran a sus Corsarios Rojos, junto con el resto de marines.

Las guerras fueron brutales, sangrientas y amargas. Monstruos alienígenas, mutantes y retorcidos demonios del caos lucharon en ambos bandos durante los numerosos conflictos internos, Eventualmente, con la derrota y la destrucción del Pecio Espacial poseído Mordrecar, Huron ya era el maestro del Torbellino. Cuando el Nuevo Devorador se fue y el Astronomicón murió, él surgió desde la tormenta infernal. Sus flotas hicieron conquistas relativamente fáciles, mientras las flotas de defensa del Imperio y fuerzas navales restantes permanecieron en un terrible desorden tras el shock inicial sobre cada Astrópata muerto y ruta disforme destruida.

Las brutales bandas de Corsarios Rojos, sus servoarmaduras pintadas crudamente con pintura mezclada con sangre humana, para cubrir e insultar a los colores de los Capítulos, brutalizaron mundos aislados por años luz alrededor de la tormenta disforme. Sus tiránicos asaltos comenzaban con el bombardeo de las capitales de cada mundo. Si aún se rehusaban a acceder a las demandas de los Corsarios, los enloquecidos marines aterrizarían desde órbita, y comenzarían a matar aleatoriamente en las calles, cazando ciudadanos asustados a través de las avenidas de ripio de sus antiguas moradas. Ex-Lobos Espaciales, Hijos de Guilliman, los Hermanos Sabuesos, los Cuernos Negros, las Bestias Saqueadoras e innumerables otros marines desde innumerables otros Capítulos Renegados, todos se unían a la matanza y el caos, embadurnado en la cruda pintura roja, un símbolo de la lealtad nominal a Huron Blackheart.

Los gobernantes eran tomados como rehenes, o simplemente destrozados pedazo a pedazo, solo para las enfermas risas de los carniceros Marines Espaciales del Caos. Posteriormente, cada mundo con el que se encontraban les daba lo que querían: riqueza y recursos. De hecho, estas incursiones contra los setecientos y fracción de mundos alrededor de los dominios de los Corsarios Rojos se convertían en cierta clase de Tributos. Solo que, de igual forma que una fuerza Imperial, los Corsarios Rojos protegían esos mundos de amenazas externas, como alienígenas hambrientos, o Señores de Guerra post-Imperiales. La gente de esos mundos eran propiedad de los Corsarios, para hacer lo que ellos quisieran.

Un número masivo de inmundicia humana, cobarde y sucia, tendían a seguir los Corsarios durante sus guerras y excesos asesinos, esperando capturar la atención de sus superiores super-humanos. Esta escoria humana variaba entre ex-piratas, soldados convictos liberados desde su servidumbre, y asesinos y disidentes, esquivando por poco la horca en sus propios mundos. A menudo, algunos renegados humanos particularmente astutos o brutales podían tener acceso al equipo de las FDPs asesinadas, desde sus maestros Corsarios Rojos. Las hordas cobardes de Huron se inflaron enormemente durante los primeros siglos de la época.

Eventualmente, luego de siglos de completa anarquía y caos, los oponentes de Huron comenzaron finalmente a crear Imperios Secundarios y fuerzas militares por su cuenta, e intentaron derrocar a Huron y recoger sus tierras limpias, sumiéndolas a sus propios imperios en su ambición de crecimiento.

El primero de estos usurpadores fue el Emperador Dotor, y su concomitante Imperio, el cual atacó desde el norte. Una flota de setecientas naves de guerra fuertemente armadas, empleadas por el adinerado Imperial-impostor Dotor, entró en los territorios de Huron Blackheart descaradamente. Tenía las más finas naves, requisadas desde un astillero naval en el Sector Gótico, el cual bordeaba el Imperio Dotoriano, y tenía soldados de élite, traídos desde numerosas unidades de guardia capturadas por los secuaces de Dotor. Esta flota entró a sus fronteras con facilidad, y capturó muchos de los mundos de Huron sin siquiera luchar. Cada mundo era brutalizado y aterrorizado. No habían FDPs, sus propias fuerzas masacradas y confiscadas hace mucho tiempo por Huron. De hecho, el único símbolo de propiedad de Huron sobre los mundos en cuestión eran las billones y billones de estacas, las cuales se alineaban en cada ciudad del mundo, cada una con un enemigo ensartado pudriéndose. Como se puede ver, Blackheart no era un Imperialista en el sentido tradicional. Él no quería colonias, solo quería botines, y sus varias flotas se movilizaban constantemente, desplazándose alrededor de su imperio, con su cruel ojo vigilante buscando a alguien quien desafiara la voluntad de su maestro. Así, las extensas flotas de Huron solo observaban, y esperaban, tomándose su tiempo para atacar a las fuerzas de Dotor en sus propios términos.

Sobre el planeta de Helis, Huron dejó su trampa. Dejó allí a un pequeño grupo de sus Corsarios sobre el planeta, ocupando la capital planetaria, antes de dividir a su fuerza en tres ramas, enviando una a los campos de asteroides, otra alrededor del lado lejano del sol del sistema, y su flota principal alrededor del lado oscuro del planeta.

Cuando llegaron las fuerzas de Dotor, fueron mofadas instantáneamente vía vox, por los Corsarios en la superficie. Las fuerzas imperiales desataron una barrera de devastación orbital sobre el mundo, pero solo matando a miles de millones de humanos normales, mientras los Corsarios se habían atrincherado. Una vez se detuvieron los bombardeos, las burlonas transmisiones comenzaron de nuevo, con uno de los marines clamando ser el mismo Huron (aunque obviamente no lo era).

Entonces, el elemento de flota más pequeño, desde los campos de asteroides, entabló combate con la flota Imperial, y fueron repelidos fácilmente, perdiendo dos naves. Los Dotorianos, en su necia arrogancia, pensaron que se trataba de toda la extensión de las fuerzas de Huron. El almirante se pensó seguro en órbita, y envió a sus soldados a limpiar el mundo de la inmundicia del Caos. Sin embargo, los Corsarios fueron difíciles de desalojar. La sangre corría por las calles, mientras estallaban brutales luchas calle a calle. Los maníacos carmesíes lanzaron asaltos aleatorios desde todos los ángulos y ubicaciones, haciendo muy duro el trabajo de exterminación del ejército enemigo. Los Dotorianos fueron forzados a enviar más y más fuerzas a tierra. Luego de dos semanas de implacable carnicería, los Corsarios en el mundo estaban casi todos muertos. Sin embargo, también lo estaba la fuerza de asalto de los Dotorianos. Fue entonces cuando Huron atacó. Desde el lado oscuro del planeta, desató Exterminatus sobre el mundo. Mientras anochecía, trajo consigo una oscuridad más profunda, y el Devorador de Vida barrió a las fuerzas enemigas; todo el mundo a la vez. En un solo movimiento, todos fueron vencidos.

Luego, emergiendo de su escondite tras la radiación del sol, la Segunda Flota de Huron atacó a los Dotorianos en retirada por sorpresa. Los enormes naves imperiales, mucho más grandes y más potentes, fueron superadas principalmente por grupos de abordaje. Los Marines Espaciales de La Purga, mercenarios psicóticos y suicidas, eran particularmente efectivos. Entraron en las naves de guerra, y luchaban en toda su extensión, antes de soltar armas biológicas y químicas dentro. A través de los hacinados alrededores, las plagas y virus se propagaron rápidamente, matando a todos a bordo, incluyendo a los propios Marines de La Purga.

Las pocas naves de guerra restantes, que habían repelido a los abordantes, fueron subsecuentemente derrotadas por la última y mayor flota de Huron, liderada por sí mismo, y consistiendo en todas sus naves de batalla capturadas.

Ese día, había derrotado a toda la expedición Dotoriana, e incluso, había robado varias de sus naves también.

Este patrón se llevaba a cabo muchas veces. Cada vez que un Imperio o flota enemiga atacaba, él las derrotaba y capturaba las naves sobrevivientes, haciéndolo más fuerte para la próxima campaña. Así, mientras repelía a los invasores, a menudo contra-invadía, robando recursos de sus enemigos, y haciendo que sus planetas temieran a la leyenda de Blackheart.

En algún momento, mientras consolidaba su ahora grande y extenso imperio, fundado sobre el miedo, un potencial aliado se dio a conocer a Huron.

En el 327.M44, una nave que llevaba las oscuras y siniestras runas del Caos, así como la imagen de la Imperial Aquila profanada, fue interceptada en los bordes occidentales del Imperio Oriental del Caos. Esta nave, la cual afirmaba portar un mensaje para Huron, fue llevada a la base de operaciones más reciente de Huron, la Fortaleza de J’baal.

Anteriormente una Fortaleza Estelar Clase-Ramillies, la colosal nave fue retorcida y reformada por el Caos. Mientras llegaban los emisarios, la fortaleza aún estaba en construcción. Huron, habiéndose ganado el favor de las entidades de la Disformidad, había adquirido los servicios de varios demonios y espíritus caóticos, los cuales trabajaban convirtiendo y mejorando a la vieja fortaleza en ruinas, la cual había sido abandonada hace mucho tiempo. Usando al Mechanicum Oscuro, entidades demoníacas de la Forja de las Almas, y esclavos capturados que habían ayudado a Abaddón a construir al Aniquilador Planetario, Huron estaba construyendo algo oscuro y poderoso dentro del decrépito corazón de la fortaleza.

Los emisarios, siete enormes Marines del Caos, portando la sombría heráldica del Imperio del Caos de Abaddón, fueron liderados por una escolta de varias docenas de Corsarios, los variopintos y brutales atuendos piratas de los Corsarios Rojos contrastando fuertemente con la armadura infernalmente pulida y detallada de los Legionarios Negros, las cuales contorsionaban con no-vida demoníaca. Los Corsarios, por el otro lado, eran renegados y monstruos, y no les importaba nada su armadura, y lo demostraban, con secciones rotas de su armadura simplemente arrancadas, y reemplazadas con cotas de malla, o placas crudas de hierro.

Eventualmente, los emisarios de Abaddón fueron llevados ante el mismo Huron. Pocos seres habían entrado a su morada y vivido. Se decía que diferentes artefactos y baratijas, desde toda la galaxia, eran exhibidas dentro, como testamento a la prolífica habilidad de Huron para el robo y su retorcida obsesión por lo arcaico y lo valioso. Se decía que habían jarras con monstruos malformados, y pequeñas jaulas mostrando fenómenos mutantes maulladores, los cuales se alineaban en el humeante salón, el cual se llenaba constantemente con humo de incienso.

Los emisarios se presentaron ante Blackheart, y trajeron nuevas desde el Saqueador. Abaddón le ofreció la oportunidad de unirse al Imperio Occidental del Caos, y en el proceso, aplastar a los pocos Imperios Secundarios atrapados entre las dos grandes fuerzas de poderío infernal. Huron no deseaba ser un subordinado de Abaddón, a quién consideraba inferior. Le hizo una contra-oferta: que Abaddón podía unirse a su Imperio, como subordinado de Huron, y, quizás, aprender cómo gobernar de verdad un Imperio del Caos.

El gran líder cornudo de los Emisarios, Lord Vadek Suul, luego de oír tal descarado desafío contra Abaddón, maldijo a Huron por su cobardía y su patético orgullo, antes de cargar contra el Señor del Caos. Huron le asesinó con una docena de golpes de espada, y sus secuaces fueron incautados por los Corsarios Rojos, superiores en número, ayudados por los incontables monstruos malformados que llenaban la corte de Huron.

Incluso desde ese día, anualmente, Huron regresaba a Abaddón sus emisarios, pieza a pieza, para anunciar totalmente cuánto irrespetaba a su rival.

Aunque el palpable odio entre las dos grandes potencias agitaba intensamente a la Disformidad, ningún bando podía realmente capitalizar sobre su enemigo, o invadir a su rival. Una docena de Imperios Secundarios yacía entre ellos, y el proceso de enviar una flota de guerra a territorio enemigo implicaba tener que luchar contra las fuerzas de esos Imperios Secundarios, sin mencionar a los continuos asaltos de piratas y saqueadores, tanto humanos como xenos. Así los dos Imperios del Caos eran mordaces enemigos, pero ninguno podía absorber al otro, o destruir a su rival.

Huron pronto se expandiría en múltiples direcciones, hasta que se extendía desde Molov al norte, hasta Badab al sur.

Para el 999.M44, el Imperio de Huron era realmente inmenso, abarcando casi mil mundos. Su expansión, sin embargo, estaba obstaculizada en varios lugares. En el suroeste de su Imperio, la poderosa alianza de Ryza-Catachán se probó muy efectiva. Las vastas filas y la aplastante industria de Ryza, que había militarizado todo el subsector a su alrededor, en combinación con la habilidad sin igual y las brutales naves de guerra de los Catachanes, les permitió disputar (y a menudo aseguran) mundos de dominancia Corsaria Roja. Al sureste, se encontraban las Puertas de Varl. El bloqueo alrededor de dicha área permaneció firme (al menos hasta el M51, y los terribles días que vendrían…). Incluso aunque Huron, si realmente hubiera querido, podría haber derrotado a las flotas de batalla permanentes alrededor de ese sector, no se atrevió a hacerlo. No una vez el Embaucador hubiera desatado al Ophilim-Kiasoz…

Sin importar estos obstáculos en su poder, Huron permaneció como un poderoso Señor de la Guerra, gobernando una inmensa área de la galaxia (comparativamente).. Aún así, ,cada mundo no estaba gobernado directamente por él. Sus políticas eran monstruosas, letales, peligrosas y brutales, pero fueron sin embargo extrañamente liberadoras, ante una población criada por siglos de opresión Imperial.

El acuerdo tácito entre los mundos conquistados por él y sus fuerzas fue así. Sus fuerzas tenían acceso a todos y cada uno de los recursos que necesitaran, en cualquier mundo del Imperio, y podían solicitarlos en el momento que quisieran, implicando que el mundo debía estar en disposición de recibir sus naves en cualquier momento. A cambio, solo las fuerzas de Huron podían saquear los mundos, ninguna otra.

Estos mundos, además, no podrían ser destruidos por Huron, a menos que fuera necesario o realmente así lo quisiera. Este sistema no oficial fue denominado como ‘jerarquía de pillaje’. Aunque era un sistema brutal, otorgaba una libertad sin precedentes sobre todos los mundos del Imperio, para hacer lo que quisieran. Los cultos perversos y asesinos tenían todo el espacio libre.

Algunos mundos incluso mantuvieron la religión del antiguo Imperio. Sin embargo, esta religión pronto se retorció, con el paso de las generaciones, y el Emperador era visto más como una figura de odiada opresión, y menos como una fuerza de protección. Pues ya no eran los Ángeles del Emperador quienes les protegían, sino que, en su lugar, eran ahora los demonios asesinos de las partidas de guerra de Huron.

CapítulosEditar

Anterior:

Siguiente: