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La invocación de NoirEditar

Mi amiga, una chica llamada Sarah, alguien muy tímida, me contó sobre Black-White y el gato Noir, lo que me sorprendió mucho ya que ella tiene la apariencia de ser una niña frágil que correría a esconderse bajo la cama a penas una mosca volara, es decir, parecía una completa miedosa que no podía escuchar una historia de terror, por el mismo motivo evitaba el tema.

El caso es que Sarah me contó la forma de invoca al dichoso gato, "Para que no te burles de mí y creas que miento" me había dicho y luego de contarme la forma, simplemente me habia dejado hablando sola y se había ido.

Soy una persona curiosa, que le encantan los retos. 

Aquella noche, como a eso de las 2:50 a.m, me escapé de casa, por suerte vivo en un área rural por lo que el bosque queda justo detrás de mi casa. Era necesario adentrarse en el bosque para que esto funcionara, así que tomé el primer gato que se me cruzó por el camino y seguí adentrándome, debo decir que los gatos son, por lo menos para mí, el animal más despreciable que pueda existir, gracias a el animalejo terminé totalmente rasguñada, pero no lo solté, tenía que salir de la duda.

"Dliph, Dliph... Dliph, Dloph" entoné en voz de cántico, debo decir que me costó mucho hacer el sonido "¿Estás aquí, Black-White" pregunté en un susurro aun con voz de cántico.

Me sentía ridícula, luego de unos diez minutos el gato logró escapar y yo me cansé de tratar de invocar a algo que no iba a ir, pues ya me había resignado.

Me di vuelta encontrándome con una figura oscura, aunque todo era oscuro, es decir, era un bosque y era de madrugada... La figura extraña me hizo retroceder, pero no era más que un tronco de árbol que se mecía con el viento. Luego del fracaso regresé a casa, llevándome un regaño de mi padre que salía a esa hora de las 3:00 am a trabajar.

En aquel entonces creí que mi invocación no había resultado. Mas, a la noche siguiente sentí un peso en los pies de mi cama y un suave ronroneo. Me cubrí entera ya que odio a los gatos y sí, había quedado atemorizada por la invocación fallida. El bulto comenzó a moverse, sentí cómo las patas del gato caminaban sobre mis piernas subiendo por mi cama. Por más ridículo que suene, en aquel entonces grité llamando a mi mamá, cuando ella llegó, buscó al gato allí pero no había ninguno, ni si quiera el calor en los pies de mi cama como para decir que el gato había estado allí.

Los siguientes días fueron casi igual, sentía su nariz rozar contra mi cabeza que quedaba al descubierto o veía aquellos ojos plateados observándome desde la oscuridad, siempre acompañados de aquel suave ronroneo que daba escalofríos. A la semana siguiente, una noche sentí pasos desde la escalera, cuando escuché un "Dliph, Dliph... Dloph" grité a mi madre otra vez, pero esta vez ella no pareció escucharme, todo parecía perdido hasta que el sonido del celular de mi padre se escuchó, Oh, bendita alarma, te haría un altar. 

Ese día le rogué a mis padres que me dejaran ir a la ciudad a alojarme en la casa de mi abuela por una semana. Creía que si me iba de allí todo mi tormento acabaría. Lástima que no fue así.

El insomnio me tenía casi vuelta loca, salía corriendo a penas veía un gato. Decidí hablar con Sarah.

-¿Has intentado despedirte de Black?- Me preguntó riendo, riéndose de mí, de mi temor.

Seguí su consejo y lo hice como ella había dicho.

-Me he divertido, Black, pero es tiempo de que me dejes- susurré.

Por primera vez escuché un maullido del gato, luego ya no sentía nada, levanté la cobija un poco y me topé con la cara del gato, mitad blanca, mitad negra, ojos plateados y brillantes, me miró con los ojos entre cerrados mientras ronroneaba y desapareció, volviéndose cada vez más borroso.

Según Sarah, tuve suerte de encontrarme con Black, ya que White me habría matado sin pensárselo mucho. Entonces, como venganza, decidí ocupar su nombre para dar a conocer la historia.