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Era una noche despejada y aún mi ronda no acababa, de a pocos se aproximaban las 3 de la mañana y mis ojos ya estaban lo suficientemente cansados como para no distinguir entre un sueño y una situación real, y digo esto porque desearía con toda el alma que lo que ocurrió esa noche, el 24 de abril, sólo haya sido parte de un mal fundado sueño.

Como ya había mencionado antes, el reloj marcaba ya las 3 y 15 de la madrugada, mis pupilas se encontraban cansadas, la noche estaba despejada, cuando sin previo aviso, la radio me despertó mientras entrecerraba mis ojos. Contesté más dormido que despierto, se trataba de una llamada de la estación de policía comunicándome sobre la queja de un ciudadano, cuya casa se encontraba aledaña a un antiguo asilo, una llamada que analizándola después de lo ocurrido resultó ser bastante extraña, la emergencia del sujeto en cuestión no era más simple de lo que parecía.

Al parecer sólo se trataba de gritos extraños y disturbios en el interior del ya mencionado establecimiento, dentro de mi cabeza sólo surgía la idea de que se trataba de un anciano que no estaba dispuesto a tomar sus pastillas y que todo el problema se debía en una lucha desigual entre enfermeros y asistentes por calmar al dichoso octogenario.

Me dirigí allí entonces, sin pensarlo mucho, la dirección no estaba tan lejos de donde mi patrulla se encontraba, así que pensé que sería algo sencillo de controlar y me daría tiempo suficiente de tomar otra taza de café ya que la mía se había enfriado y resulta que el café frío no me gusta. La situación afuera de dicho lugar no era como me la planteaba, grande fue la sorpresa cuando encontré una ambulancia mal aparcada afuera del jardín, sillas de ruedas regadas a diestra y siniestra por todo el perímetro y algunas camillas en la misma situación.

Por momentos me recorría un viento helado que me erizaba cada vello de mis brazos. Trate de que estos factores no influyeran en lo absoluto en mi confianza acerca de este lugar que a todas luces debería ser apacible y no en el infernal estado en el que se encontraba. Entre decidido a que solucionar rápido esto y regresara a la patrulla por un expreso caliente. El desorden y la inmundicia rondaban por todos lados, se notaba que algo muy raro había pasado, pero más extraño se me hizo el hecho de que en todo el lugar no había una sola alma que me recibiera, ni enfermeros, asistentes y ni mucho menos ancianos, y esto último fue bastante extraño, ya que había recorrido (con mucho miedo) cerca de cuatro pisos de puras habitaciones vacías, en un lugar donde por lo menos cabían cerda 2000 ancianos y no había ni uno.

Acabando tan sensacional inspección (y en esto estoy siendo sarcástico) me retire de este extraño lugar, el cual había desecho todas mis expectativas de acabar de una buena manera mi ronda nocturna, cuando algo extraño (queriendo tratar de decir aterrador) me hizo darme la vuelta y cerciorarme de algo, como si algo en ese lugar se hubiese quedado y me lo estuviera recordando, como queriendo que volteé.

Quizás pude haber estado mejor solo siguiendo mi camino hacia la patrulla (la cual estaba muy cerca) pero ese sonido... Ese sonido de silencio, todo posible ruido, no había sonido de briza, graznido de grillo o alguna hoja cayendo sobre el suelo, sólo ese maldito sonido que heló mi sangre a tal punto que no me atreví tan siquiera a imaginar de lo que se podría tratar... Sí, así es... Dicho sonido es el sonido que hace un interruptor de luz al encenderse y como ya lo había dicho, en ese lugar no había nadie (al menos eso fue lo que pensé), pero luego surgió en mi cabeza una posibilidad más lógica a lo que surgió en un principio.

Pensé que quizás se trataba de alguien tratando de llamar la atención de alguna forma porque quizás no estaba en las facultades de hacerlo por sus propios medios (y con eso me refiero a salir corriendo o ya de plano pedir ayuda a gritos) así que con todo el valor del mundo y con más miedo que confianza me dispuse a entrar y note algo que no note en un principio, el ambiente estaba más denso y más frío de lo estaba en un principio cuando entre, decidí no darle mucha importancia a esto ya que mientras más lo pensara, menos valor tendría.

Recordé casi de manera fotográfica en que habitación era y en que piso se encontraba, ya que en pleno piso se me hizo muy difícil encontrarla, al parecer había apagado la luz y simplemente se me hacía imposible determinar cuál habitación era, pero hubo algo que me dio una ligera pista sobre la posible habitación, una de las puertas se abrió, dejando el típico chirrido infernal de una bisagra mal aceitada, quizás sólo pudo ser el viento o una persona desesperada por que la encuentren. No lo quise pensar más y entré, grande fue mi sorpresa cuando en efecto, hubo una luz encendida, pero no fue la luz de una habitación, sino la de una lámpara, como si alguien hubiese preparado disponerse a tomarse un café a la tenue luz de una lámpara.

La habitación a diferencia de todo lo demás se encontraba en perfecto estado, en la habitación había perfectamente ordenada una pequeña biblioteca bastante poblada, una alfombra completamente aspirada, una mesa en la que se encontraba la lámpara acompañada de varios periódicos recientes y… Una mecedora en un rincón de la habitación, un rincón al que no llegaba la luz de la pobre lámpara, y en ella se encontraba un anciano, meciéndose tan pasible, como si no estuviera enterado de lo que sucedía a su alrededor, arropado de pies a cabeza, un ancho abrigo y una bufanda le cubría todo el torso, mientras que de las mangas del abrigo sobresalían unas manos, manos arrugadas y algo maltratadas por el paso de los años.

A todo esto, había olvidado por completo que me encontraba ante una persona que posiblemente no necesitaba ayuda, pero que no podía permanecer más allí, así que justo cuando me dispuse a decir las primeras palabras, el anciano interrumpió diciendo:

-Ya soy el último anciano aquí... ¿Serías tan amable de pasarme aquellos periódicos? -A lo que yo respondí pasándole aquellos periódicos y tratando de tranquilizarlo y que no percibiera lo que estaba sucediendo afuera, pero al parecer el anciano se mostraba más tranquilo de lo que se podría estar.-

Traté de preguntarle si estaba informado y si sabía de algo del por qué no se encontraban los médicos y asistentes en el asilo, a lo que el me respondió entre risas que lo único extraño en toda la noche fue mi presencia.

Un poco más tranquilo por lo sucedido traté de entablar un diálogo más amistoso, aunque al anciano poco o nada le importaban mis intentos, más interesante se veía el periódico, hasta que de la nada, mientras mantenía aun la mirada en las páginas del periódico, me susurró:

-Sería una lástima que en tan bella noche muriera más gente de la que ya ha muerto hoy.

En un principio pensé que se refería a alguna noticia del periódico, pero luego su mirada me lo dijo todo... Esa mirada tan desconcertante... Me miraba fijamente mientras una sonrisa se mal formaba en su arrugado rostro, no hacía falta ser muy inteligente para darse cuenta de quién fue el causante de lo que sea que haya ocurrido es ese infernal lugar, todos estos pensamientos llegaron a mi cabeza mientras la luz de aquella lámpara tiritaba mientras se prendía y apagaba, a pesar de eso el extraño anciano no dejaba de mirarme, y tomando en cuenta que lo único que iluminaba ese cuarto era esa lámpara, no me quedaron ganas de quedarme a oscuras con tan extraño hombre, así que sin previo aviso ni formalidades hice lo que en un principio debí haber hecho, y salí corriendo, mientras de fondo se escuchaba una risa desquiciada a la par del sonido de un azote en cada puerta de las habitaciones.

No tarde nada en llegar a la patrulla, quizás por la desesperación o por el miedo, pero el hecho está en que apenas llegué, me metí al auto, pero no sin antes percatarme de lo sucedido en la habitación, no había luces de ningún tipo, como si nunca nadie hubiese estado en esa habitación, y ocurrió de nuevo... Si otra vez ese silencio abismal, pero esta vez fue especial, esta vez el sonido que opaco al resto de ruidos no fue un interruptor, si no pisadas, pisadas que venían del interior del asilo y lentamente se acercaban hacia la puerta principal, COMO QUIERIENDO SALIR... Decidí no ver a lo que sea que quisiera salir de ahí y encendí el motor de la patrulla y me marche lo más rápido que pude, olvidando tan si quiera la necesidad que tenía por un café, aunque ahora ya no lo necesitaba, lo que menos tenia era sueño.

A la mañana siguiente, decidí darme una vuelta por aquel asilo, esta vez no estaba trabajando, la curiosidad y el miedo no me permitían darme cuenta que prácticamente no había dormido nada anoche, pero estaba decidido a saber qué fue lo que había visto, esta vez sin tanto temor ya que era de día y lo que sea que haya sido eso, se manejaba mejor de noche que de día.

Me causó sorpresa ver que en toda el área había policías de criminología y varios forenses, ¿la razón?, simple, en el jardín del asilo, alguien se había en cargado de enterrar centenares de cuerpos de ancianos, y de incinerar a los cuerpos de los encargados de limpieza, enfermeros y doctores a cargo. Entre mis colegas, se mencionaba el hecho de que los asesinos tuvieron que haber tenido mucho tiempo para haber hecho lo que hicieron, pero a mí me quedo más que claro que no solo no fueron varios asesinos, sino que, además, no necesitaron demasiado tiempo, pero aun todas mis preguntas no habían sido respuestas, así que con el cargo que se me había sido asignado, me tome la libertad de entrar en la escena del crimen, si así es en el asilo, ¿con que objetivo?, para cerciorarme de un detalle que yo suponía (con un poco de desagrado) que no fuese cierto, pero no.…estaban ahí... Sí, así es... Lo que muchos de ustedes ya se suponían.

Al parecer a uno de los ancianos, el último en el registro del asilo, lo encontraron sin toda la capa de piel que viene a conformar un rostro y con las manos quirúrgicamente cortadas... Y ¿quieres saber algo más? Esas piezas las encontré justo donde imaginé que habían quedado, encima de la mecedora...