Wiki Creepypasta
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Esta historia es bastante reciente, sucedió en mi familia hace unos tres años, y desde entonces nos ha cambiado a todos la impresión que teníamos de la muerte como algo... definitivo.

Hace tres años, mi abuelo Juan, un hombre muy cariñoso con todos sus hijos y nietos, tuvo que operarse del corazón. Pero esta no era una operación difícil. O eso querían hacernos creer, bien para no preocuparnos o porque, en realidad, era una operación "de rutina", como ellos la llamaron. Mi abuelo presentía algo malo y comenzó a llamar a todos sus hijos para despedirse... Por si acaso, a esto los médicos le animaban y le decían: "¡Pero, hombre Juan, que un by- pass es algo muy sencillo...!".

No le había dado tiempo con las prisas a despedirse de mi madre, que en ese momento se encontraba en la cafetería, ni de mí, que por aquel entonces estudiaba en Valencia.

Mientras mi abuelo permanecía en el quirófano, estábamos en la sala de espera. Tardaban más de lo que habían dicho y estaban ya todos un poco nerviosos. Por primera vez la familia se dio cuenta de la gravedad de la situación. De repente, mi madre notó, en su mejilla, la mano grande y robusta de mi abuelo, estando él aún en el quirófano... Y rompiendo a llorar, ella anunció a los demás por lo que acababa de pasar.

-¡Papá ha muerto!... Ha venido a despedirse de mí, con una caricia en la mejilla, como siempre hacía.

Todos en ese momento la miraron estupefactos, como si se hubiera vuelto loca, pero, y antes de que nadie dijese nada, apareció el medico, anunciando lo que un segundo antes había dicho mi madre.

Cuando yo llegué de Valencia, mi madre me dijo que para despedirse de los seres queridos hay que ponerles luz, y yo, con toda mi pena, encendí una vela, junto con mi madre. Ella me contó entonces lo sucedido.

Yo sentí unas ganas terribles de querer decirle adiós a mi abuelo y en voz baja susurré: "Adiós, abuelito", y sin más, la llama de la vela se elevó al menos diez centímetros y dando bandazos bruscamente de un lado al otro... ¡Yo casi me muero del susto! Pero entonces mi madre me miró tranquila y me confesó que desde la muerte de mi abuelo, una vecina le había dicho que a los muertos hay que ponerles mucha luz para que encuentren su camino.

Al mismo tiempo, esa luz que ponía mi madre había servido de comunicación para ciertos momentos, como para que yo pudiera darle mi despedida a mi abuelo.

Un año después mi abuela murió de pena, pues la luz no la consolaba de la pérdida, y repetimos la operación con la vela... ¡Esta vez no os podéis ni imaginar las llamas las cosas que hacían...!

Alguien pensará que sería el viento o la corriente de aire. Pero os aseguro que estaba todo cerrado en una habitación cerrada, donde solo estábamos mi madre y yo, de cuerpo presente. Os aseguro que mis abuelos también estuvieron allí gracias a la luz de la vela.

Los muertos necesitan luz que los guíe en la oscuridad de su camino. Ponedle velas a vuestros seres queridos y puede que ellos os "demuestren" su agradecimiento.

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