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En el internado femenino que se encontraba a las afueras de la ciudad y ubicado justo a un lado del internado para hombres; ubicados a las puertas del bosque nos encontramos con las protagonistas de nuestra historia. En estos internados, la rutina era la misma, despertarse, ir a clases, almorzar en los comedores, regresar a sus dormitorios, dormir hasta las 11 de la noche para al día siguiente despertar a las 7:00 a.m. El internado era un tanto grande, 550 metros de instituto para 95 mujeres y hombres, una cifra demasiado pequeña para el terreno de la escuela.

Las noches de festividades solían ser un lujo para los alumnos, pues juntaban ambas instituciones para celebrar, además de esto, para muchos eran los días perfectos para escaparse un poco de la cruda realidad que es vivir en un internado, los noches de diversión solían terminar en noches de pasión en ambas estructuras, el sexo que a veces llegaba a ocurrir en las instalaciones siempre fue un lujo, que para muchos, era el más valioso, pues viéndolo desde cierto punto, la rebeldía era algo que se debía aplicar de vez en cuando, aunque tener sexo en la institución podía ser un pie dentro de la línea que separa los límites de la rebeldía a ser alguien problemático, no es de extrañarse que jóvenes de 12 a 16 años, que están en etapas de desarrollo y tienen una descarga de hormonas que alborotan su cuerpo quieran experimentar este tipo de situaciones, esto sin mencionar los cigarros y el alcohol que solo ellos sabían cómo lograban conseguirlos, sus ventas dentro de las instituciones era toda una ganga material, una botella de vino por 2 cajetillas de cigarros, entre otros comercios. Los hombres solían vender sus productos a las niñas con precios subidos de tonos, una metida de mano en sus partes, una vista placentera de sus pechos e incluso algunas felaciones o un momento de sexo, se podía intercambiar por una botella de wiski y 3 cajetillas de cigarros de la mejor marca, como lo dije, toda una ganga.

Pero ¿Qué pasa cuando en un internado hay 2 grupos de ambos bandos, una vieja historia de terror, una escuela lo suficientemente grande que alberga muchos misterios y profesores aún más más misteriosos? Correcto, una historia como la que se cuentan en las películas.

Tomemos el primer grupo para comenzar la historia, el de las mujeres. Anahí, Sofía, Montserrat, Diana, Andrea, Esmeralda y Cynthia. Nuestras protagonistas para esta historia. Anahí con 15, Sofía con 13, Montserrat con 15, Diana con 16, Andrea con 12, Esmeralda con 14 y Cynthia con 14. Esas son sus edades. Las 7 compartían habitación en el instituto, desde que habían llegado siempre permanecían juntas y eran casi inseparables. Diana quien era la más grande de todas ellas era quien normalmente cuidaba de las otras. La historia verdadera comienza a partir de este punto.

El despertador sonó, eran las 6:00 a.m., la noche anterior apenas si había tenido tiempo para dormir pues por fin había parado la fiesta a las 4 de la mañana, solo 2 horas había dormido, 2 horas que parecieron minutos. Diana se puso de pie y apago el despertador, al ver que sus compañeras no se habían percatado del sonido de la alarma decidió sacudirlas en sus camas:

- Despierten ya perras, se nos hará tarde para llegar a las clases.-

Las chicas despertaron después de unos segundos, rápidamente comenzaron a cambiarse y arreglarse para las clases.

- Sofía préstame tu sostén, quiero tener los pechos muy apretados hoy.- Le dijo Anahí.

- Porque mejor no te callas y te apuras a vestir, y será mejor que pases al baño a arreglarte de una vez, después será imposible que salgas.- Le respondió Sofía.

- Vieron mis bragas azules, son las últimas limpias de la semana, no las encuentro.- Dijo Andrea que como ropa interior, solo tenía su sostén.

- Sí, están aquí, toma.- Cynthia mientras le entregaba las bragas a su amiga.

-Gracias.- Le contesto Andrea.

Tras 30 minutos de arreglarse, las chicas salieron de su dormitorio vestidas con el uniforme azul marino del uniforme y se fueron directo a su aula de clases. Como era costumbre se sentaron en los lugares que estaban a mitad del salón y esperaron a que dieran las 7:00 de la mañana para que las clases iniciaran, como alumnas, ellas estaban obligadas a llegar antes del profesor para evitar retrasos. Durante su estancia en el salón hablaban con otras chicas. Cuando dio la hora de clases, la profesora Le San entro al salón, cerró la puerta de este de inmediato y comenzó a dar la clase. Todo el salón estaba poniendo atención mientras escribían es sus cuaderno, todas a excepción de Esmeralda, quien recordaba aquella noche de hace 2 años cuando perdió la virginidad con un chico de 16, lo recordaba con el más mínimo detalle, alto, robusto, cabello ondulado y ojos azules, esos ojos eran lo más cercano al mar que Esmeralda había visto. Aquel recuerdo regresó a ella pues paso justo en navidad, y como se acercaba la víspera y con ella el pensamiento de saber con qué chico pasaría la noche ese día; el recuerdo fue aún más profundo. Ella estaba con la mirada hacia la nada mientras su existencia se centraba en aquel recuerdo. Recuerdo que fue interrumpido por la voz de la profesora Le San.

- Esmeralda, ¿Dime que pensamientos son más importantes que la clase?

Las miradas se centraron en la niña, quien miro a la maestra, estaba nerviosa, que le diría a la maestra, que estaba recordando cuando un hombre 4 años mayor que ella la desvirgó en la misma aula en la que la profesora estaba dando clase o que estaba pensando con que muchacho tendría sexo la noche de navidad.

- Dime en que estabas pensando o las dejare a todas sin almuerzo y cena por un día.-

Esmeralda está nerviosa, no sabía que responder, por un momento permaneció en silencio. No fue sino hasta que la profesora Le San estaba a punto de escribir el castigo en la libreta cuando Esmeralda habló.

- En la monja Van Stand, profesora.-

La profesora dejo de escribir en su libreta y solo permaneció ahí por uno segundos, sin moverse ni hablar, apenas parecía que estaba respirando, su mano estaba temblando y movía los ojos de un lado a otro mientras sus labios trataban de susurrar. Las chicas, al escuchar las palabras de Esmeralda también miraron a la profesora, esperando a que dijera algo. Pasaron algunos segundos de silencio sepulcral hasta que Montserrat habló.

- Profesora, se encuentra bien.-

La profesora permaneció haciendo lo mismo, mostrando solo gestos faciales con su mano temblorosa.

- Profesora, quiere que demos la clase nosotras mientras usted se recupera.- Dijo ahora Cynthia mientras otra compañera del salón le confirmaba que ella apoyaría a las demás niñas.

Pasaron algunos segundos más, el silencio reinaba en todo el salón, casi se podían escuchar las respiraciones de las niñas.

- Esmeralda, salga al pasillo del salón y quédese ahí hasta que yo ordene.-

Esmeralda sin hacer algún gesto ni perdiendo ni un segundo de tiempo se puso de pie y camino hasta la puerta de salida, la cual cruzo y cerró detrás de ella. El silencio volvió a hacerse presente hasta que la profesora Le San volvió a hablar.

- Hace muchos años, una mujer de ascendencia Holandesa fundo este instituto, ella era una monja perteneciente a un convento religioso muy importante de su país, al llegar aquí fundo esta institución, su plan era que los niños abandonados por sus padres conocieran la palabra de Dios y así no perder la esperanza después de ser abandonados, pero la monja peco, la avaricia y el poder controlaron su mente, los castigos a los pobres niños eran inhumanos, ella pensó en expulsar a todos sus profesores y así quedar solo ella y los niños, sin embargo los profesores logramos desterrarla antes de que alguna desgracia ocurriera. Hablar de ella aquí es algo muy delicado para los profesores que estuvimos ahí ese día, cuando quedamos con el control de este instituto quitamos la religión y optamos por enseñarles a ustedes la verdadera educación. Hablar de Van Stand es malo para muchos de nosotros. Hoy aquí acaban las clases, necesito descansar un momento, valla a sus dormitorios, y entréguenle sus cosas a Esmeralda. Retírense.- 

Al igual que Esmeralda, las niñas obedecieron y salieron inmediatamente a los pasillos. Anahí y Diana se juntaron con Esmeralda a quien le entregaron sus cosas, cuando las demás compañeras salieron al salón Andrea ordeno regresar a la habitación de inmediato para hablar. Las demás quedaron de acuerdo y con paso apresurado se dirigieron a su dormitorio.

-¿Qué es lo que ha pasado en el salón? Preguntó Andrea quien cerró la puerta tan pronto todas las chicas entraron al dormitorio.

- Eso mismo quisiera saber.- Preguntó Anahí

- Escucharon a Le San; esta aterrada por lo que paso con la monja hace años, es normal que eso pase, ¿Cómo actuarían ustedes si recuerdan el episodio más terrorífico de su vida?  Respondió Sofía.

- Esmeralda, ¿Por qué lo has hecho? Le Preguntó Montserrat

- Que querías que le dijera, que estaba recordando cuando me penetraron vaginalmente en el mismo escritorio en el cual estaba su libreta o que estaba pensando con que chico estar en navidad.- Respondió Esmeralda quien estaba a la defensiva

- Pudiste haber inventado algo, viste la cara de Le San, también viste como quedo en shock, es una suerte que no se nos haya desmayado en el salón.- Respondió Diana.

- Y como sabía que ella iba a actuar así, eso pasó hace mucho tiempo, creí que lo había superado.-

-¿Qué tan rápido te tardarías en superar un trauma que te marco de por vida? Le preguntó Cynthia

- No fue mi intención hacer que Le San se quedara así, simplemente es algo que dije, como todos lo hacemos alguna vez.-

Tras unos momentos más de discusión, Montserrat dijo algo que las hizo callar a todas.

- Le San arriesgo su vida en el pasado para que nosotras no sufriéramos los mismos castigo que las demás niñas, tenemos suerte de haber llegado aquí después de Van Stand.-

Todas se callaron de un segundo a otro, Diana se sentó en la cama y con una voz más calmada habló.

-Sí. Tienes razón, tuvimos suerte de haber llegado mucho después de Van Stand, y se lo debemos a Le San, quizás mañana tendremos el día libre hasta que se recupere y después, a ver qué pasa.-

Tras un breve silencio en la habitación Andrea con risas dijo:

- Así que estabas recordando cuando te la metieron con todo y pelotas eh.-

Las chicas comenzaron a reír, al principio fue una pequeña risa y después termino en una gran carcajada, la habitación ahora se había llenado de risas.

La tarde se había nublado, el frio estaba demasiado fuerte, Anahí, Sofía y Montserrat dormían, Diana y Esmeralda jugaban ajedrez y Cynthia leía un libro de historia, fue entonces cuando llamaron a la puerta, Cinthia se puso de pie y se apresuró a abrir. A quien vio en la puerta fue a la señorita Monidick; la directora de él internado femenino, Cynthia agrando los ojos y habló.

-Buenas tardes señorita Monidick, ¿Qué podemos hacer pos usted?

La señorita Monidick le contesto a Cynthia:

- Por ahora nada para mí Cynthia, solo quiero informarles que la profesora Le San, estará un tiempo incapacitada para dar clases.- En ese momento Diana y Esmeralda se miraron mutuamente.- Por lo tanto, los días que le toca dar clase estarán libres para ustedes, les recomiendo que los usen para descansar, el Sábado irán a nadar al lago para despejar su mente de los estudios y la próxima semana será la cena de Navidad, así que les recomiendo que aprovechen esos días para descansar de la mejor manera.-

- Si señorita Monidick.- Contesto Diana.- Eso mismo haremos.-

La señorita Monidick le sonrió y les dijo:

- Espero que así sea.-

Después de eso se fue de la habitación rumbo a los demás dormitorios para dar las noticias.

Cynthia cerró la puerta y rápidamente Diana habló:

- Le San esta incapacitada para dar clases, parece que lo que sucedió en la tarde le ha afectado mucho.-

- Y es una suerte que no haya dicho nada de lo que pasó, de lo contrario tendríamos muchos problemas.- Agregó Esmeralda

- Demasiados.- Contesto Cynthia.

La tarde paso, y ya hacía un rato que había anochecido, las 7 amigas estaban platicando sobre lo que harían el día de Navidad, cuando escuchan 2 golpeteos en la puerta y después 3.

- Debe ser uno de ellos.- Dijo Diana emocionada

- Que esperan, abran.- Ordeno Montserrat

Esmeralda se puso de pie y abrió la puerta, parados enfrente estaban 2 hombres, Esteban y Antonio, ambos de 15 años. Esmeralda al verlos les sonrió y ellos a ella.

- ¿¡Que!? No nos vas a invitar a pasar.- Dijo Antonio

- Claro, pasen.- Dijo Esmeralda mientras se apartaba de la entrada.

- ¿Qué hacen aquí? Saben lo que les pasara si los descubren.- Dijo Montserrat.

-Jajajaja, Mon, nosotros ya estamos acostumbrados a comer solo una vez al día a comparación de ustedes que lo hacen 2 veces.- Dijo Esteban

- Cierto, ustedes no durarían ni una semana en nuestro edificio.- Ahora había hablado Antonio

Los 2 se dejaron caer en el sofá de la habitación.

-¿Y qué podemos hacer por ustedes? Preguntó Andrea

- Niña, tú a comparación de ellas 3 no puedes hacer nada por nosotros.- Le contesto Antonio con risa mientras señalaba a Anahí, Montserrat y a Diana.

- Así que a eso es por lo único que han venido cierto, a insinuar querer hacerlo con nosotras.- Les contesto Anahí

- No, claro que no. Venimos a traer algunas noticias. Mañana es 1 de los 3 días en los que juntan a los alumnos del internado en general, pero no podíamos esperar a mañana y decidimos hacerlo hoy. Su profesora, la señorita Lasaña…

- Le San, imbécil.- Antonio fue interrumpido por ese insulto proveniente de Cynthia

- Como se llame. Ella, estará un buen tiempo sin darles clase.-

- Si, lo sabemos, Monidick vino a informarnos.- Le contestó Sofía

- Quieres callarte y dejarme hablar. Gracias. Como decía, Lasaña no dará clases por un tiempo debido a que parece tener un trauma. En serio. El profesor Gibrar la ayudó a caminar porque no podía moverse muy bien, parecía estar espantada o algo así. La segunda noticia es que hemos sido enviados por nuestros compañeros para darles la noticia de que quieren pasar navidad con ustedes, de hecho aquí tenemos notas para cada una de ustedes.- Antonio metió su mano a su bolsillo pero fue interrumpido por un Sofía:

- Un momento amigo. Sé que ustedes no tienen experiencia para invitar a una mujer a pasar una noche con ustedes, pero al menos a mí, me gustaría que me invitaran personalmente.-

- Si claro, mira, pasado mañana iremos al lago, ustedes también irán, que les parece si en el lago ellos hablan con ustedes y las invitan personalmente, además la cena será en próximo viernes así que igual les dejo las notas en caso de que algo falle y no podamos ir.-

Antonio entregó las notas a Sofía y después se despidieron de ellas, antes de irse pidieron a Diana que los acompañara a ayudarlos a saltar el muro que separaba los internados, primero salto Esteban y Antonio se detuvo un momento con Diana, a quien agarro de la mano y se pegaron a la pared.

- Tengo nueva mercancía, ¿Qué te parece un intercambio?

- Que me ofreces.- Le contesto Diana

- Tengo 3 cajetillas de Cigarros de buena marca, ¿Qué te parece?

- Está bien.-

Antonio saco de su bolsillo las cajetillas de cigarros con un encendedor.

- Son todos tuyos, pero primero quiero mi pago.-

Antes de entregárselos, Diana se subió el suéter y se desabrocho la camisa, dejando a la vista sus grandes pechos tapados por su sostén.

- Creo que mis cigarros valen más que ver solo un simple sostén.- Dijo Antonio con una sonrisa en su cara

- ¡Agh! Eres un idiota.- Le contestó Diana mientras hacía un gesto de disgusto

Diana se desabrocho el sostén dejando sus pechos al aire y a la vista de Antonio, sus ojos se abrieron de la impresión, así como el comenzó a sentir como su miembro comenzaba a erectarce  producto de la excitación que le causaba ver los pechos de Diana.

- Está bien tócalos un poco y después te largas.- Dijo Diana quien no se molestó en ver a Antonio

Antonio enseguida puso sus manos sobre los pechos de Diana y comenzó a apretarlos, pasó sus dedos por los pezones y finalmente extendió toda la mano sobre ellos.

- Creo que es suficiente. Nos vemos en el sábado, por favor, que no las descubran fumando.-

Después de eso Antonio salto el muro y regreso a su edificio.

Diana se volvió a abrochar el sostén y la camisa, regreso su suéter a su lugar y después se fue a su dormitorio.

Ya era sábado, los chicos se encontraban en el lago, habían logrado ingeniarse un plan perfecto para lograr sus objetivos de invitarse mutuamente a pasar navidad con ellas, a pesar de ello, Esmeralda tenía en mente estar sola, después de la cena dirigirse directo a su habitación y dormir, y a la vez, quería pasársela toda la noche con un chico de tal vez 14 años, o hasta de 15. Terminado el tiempo en que podían estar en el lago los alumnos se dirigieron de nuevo a sus edificios. Al atardecer Andrea y Anahí discutían sobre si deberían pasar navidad con los chicos que las invitaron, las demás descansaban en sus camas y sofás mientras que Cynthia avisaba a sus amigas que iría a la biblioteca por más libros. Salió de la habitación rumbo a la biblioteca. Tenía que cruzar el largo corredor del internado, cruzar el patio y bajar algunas escaleras para dar al piso subterráneo donde se encontraba la biblioteca. Al entrar prendió la luz, pues esta se encontraba en oscuridad, se dirigió a su pasillo favorito de Categorías: Historia del mundo, muchos de los libros ya los había leído por lo cual tuvo que buscar aún más adentro de la hilera de donde había sacado su anterior libro, fue entonces cuando sintió algo pequeño, no era lo suficiente grande y ancho para que pudiera ser un libro, más bien se trataba de una libreta pequeña, después de revolver algunos libros para poder sacarla por fin la tenía en sus manos, tenía demasiado polvo, parecía haber estado en ese lugar por muchos años, después de buscar un poco de papel en los bolsillos de su suéter, se dispuso a quitar el polvo, la portada del libro solo tenía una cinta de papel blanco y con plumón negro escrito: Recuerdos. Cynthia pensó que la libreta podía pertenecer a algún alumno de otra generación. Se recargo en el estante que estaba detrás de ella y abrió la primera página, con letra de tinta negra y puntos azules estaban escritas memorias que daban introducción a los escritos, Cynthia comenzó a leer los apuntes en la libreta:

 


18 de Febrero de 1989

Suzanne Le San

Hago estos escritos para que, si algún día son encontrados y yo no esté aquí puedan saber qué es lo que ha pasado y puedan tomar decisiones que afecten positivamente a los alumnos de la generación que lea esto. Mi nombre es Suzanne Le San. Estudio en este internado desde que tengo 11 años. Cuando llegue aquí conocí a la fundadora y directora de este colegio, la monja Líese Van Stand. Ella es una monja holandesa perteneciente a un convento muy importante de su país. Algunos compañeros que ya han estado tiempo aquí recuerdan que la señorita Van Stand era una buena mujer. Su intención era que los jóvenes que eran internados aquí pudieran ser ¨reclutados¨ por así decirlo, a la religión, pero Van Stand pecó. La avaricia por el dinero y el poder inadvirtieron su mente y corazón, la lujuria atacó su alma y la maldad lleno su cuerpo. Ella llegó a decir más de una vez que la única forma de ser convertidos en religiosos era pecar, volverse impuros, mato a muchas niñas a quienes llamo pecadoras. Por otra parte, los niños no tuvieron el mismo destino. Van Stand creía que por ser hombres, sus corazones ya estaban llenos de maldad y los torturaba, a veces los azotaba con látigos, los gritos de ellos eran tan fuertes que llegamos a escucharlos en nuestro edificio, otra tortura era el ahogamiento simulado, consistía en poner un trapo sobre la cara de la persona y echarle agua, muchas de nosotras logramos evitar un trágico destino, así por 5 años, hasta que después de que todo el internado presenciara en vivo como una de nuestras compañeras era crucificada y quemada en el bosque decidimos de una vez amotinarnos, esa misma noche el internado se volvió un caos, los sacerdotes y monjas que trabajaban con ella fueron golpeados y torturados por los estudiantes, algunos compañeros nos atacaron a nosotros, ellos ya había sido envenenados por la maldad de Van Stand, algunos compañeros fueron asesinados por las brutales golpizas que les propinaron con tubos de metal y los látigos que Van Stand utilizaba para torturar, cuando logramos poner el internado a nuestra disposición, los sacerdotes y mojas fueron quemados o ahorcados. El momento en el que Van Stand estaba a punto de ser quemada grito con todas sus fuerzas una oración: Hoy ustedes me mataran, pero el simple recuerdo de mi nombre hará que los pecados que hoy han cometido los atormenten, los volverán locos y finalmente serán sus propios pecados quienes cobren su vida, juro por Dios que así será. Los gritos de dolor de Van Stand al ser quemada retumbaron en nosotros por muchos días, a los que había ayudado a los compañeros de Van Stan fueron desterrados de aquí, creemos que todos murieron en el camino para regresar a la ciudad. Los demás decidimos quedarnos y hacer de este lugar lo que Van Stand no pudo hacer, pero lo que pasaría después nadie de nosotros lo esperaba. El retrato de Van Stand en su oficina había tomado un aspecto macabro, optamos por retirarlo de ahí y después lo quemamos, pero cuando regresamos a la oficina el mismo retrato estaba ahí de nuevo. Pasamos muchas horas y días retirando y quemando el retrato, pero siempre volvía a aparecer ahí, para evitar algunos problemas decidimos cerrar con seguro esa oficina y después nos olvidamos de ella.


Aquí terminaba la primera página de la libreta. Cynthia tomo el primer libro que vio y se retiró con la libreta dentro de él. La tarde ya se había hecho noche, cuando regreso a su dormitorio la puerta estaba abierta, al asomarse vio a la señorita Monidick de pie y a sus amigas en silencio total, Cynthia tocó la puerta para llamar la atención de la directora, quien al escuchar el ruido de la puerto volteó.

- Señorita Cynthia, ¿Dónde se encontraba?

- Estaba en la biblioteca señorita Monidick, acabe mi libro de historia y fui a buscar otro.- Dijo Cynthia quien discretamente metía la pasta de la libreta que se veía entre las páginas del libro. – ¿Ha pasado algo señorita Monidick?

- Si, ha pasado algo muy malo, la señorita Le San ha muerto, fue encontrada esta noche en su oficina, parece que murió de estrés. Viene a avisarles a ustedes.

Cynthia no lo podía creer, mostraba inquietud en su rostro.

- Mañana la enterraremos en el bosque, mientras tanto quiero que se comporten lo mejor posible, los inspectores vendrán mañana para darle la despedida y también evaluaran el internado, así que nada de fiestas en las habitaciones, duérmanse temprano y obedezcan si algún profesor les ordena algo, ¿Esta claro?

- Si señorita Monidick.- Respondió Diana

- Bien, buenas noches a todas.- La señorita Monidick avanzó hasta la salida y cerró la puerta tras de sí.

- Le San está muerta, ¿Creen que haya tenido que ver con lo que paso hace 2 días? Preguntó Anahí

- No, claro que no, las muertes en el trabajo suelen ser por estrés o por falta de sueño, no creo que recordar un trauma pueda ser suficiente para matar a alguien.- Le contesto Montserrat

Pocos segundos después la puerta de la habitación se escuchó con un golpeteo, 2 veces y después otras 3, eran los chicos, Cynthia abrió inmediatamente la puerta, parados estaba Antonio y Esteban, quienes pasaron rápidamente al cuarto y cerraron la puerta.

- Sabemos lo que ha pasado, el director nos lo conto.- Dijo Antonio

- ¿A qué han venido? Les preguntó Esmeralda

- Pues a darles el pésame, sabemos que Le San era su mejor profesora

- Gracias, pero deberían irse, Monidick estará al pendiente de que estemos dormidas en toda la noche y puede que venga a ver los dormitorios personalmente y si los encuentran habrá graves problemas.-

- Esta bien, buenas noches a todas, nos vemos mañana.- Antonio y Esteban salieron de la habitación.

A la mañana siguiente los alumnos fueren despertados a las 7 de la mañana, una hora después de lo habitual. Las niñas comenzaron a cambiarse, en todo el tiempo en que estuvieron en su habitación no se dirigieron ni una solo palabra.

La señorita Monidick tocó la puerta del dormitorio mientras les avisaba que cuando estuvieran listas se dirigieran al patio de la escuela.

Una vez en el patio se abrieron las puertas y caminaron directamente hacia el bosque, donde ya se encontraban los hombres, los profesores y los inspectores, las niñas se colocaron a lado de los niños, dejando un espacio para que no se juntaran demasiado. El ataúd donde ya hacia el cuerpo de la señorita Le San estaba posicionado frente al lago y debajo de él estaba un agujero en el cual enterrarían el ataúd. La directora pido un minuto de silencio y después un sacerdote comenzó a dar lo que parecía una misa, despidiendo a Le San. Las lágrimas de algunas compañeras no se hicieron esperar. Después de hora y medio el ataúd finalmente serio enterrado, a la tumba se le decoro con muchas rosas y en la lápida tenia escrito: Suzanne Le San 16 de Agosto de 1978 –  19 de Diciembre de 2015. Debajo de su nombre, fecha de nacimiento y muerte había una frase: ¨Espero el día en que me vuelva a encontrar con Dios y darle gracias por haberme dado la vida más difícil para volverme fuerte¨

Los alumnos regresaron a sus edificios, los directores de ambos fueron acompañados por 2 inspectores cada uno. En el dormitorio de las niñas; Diana y Sofía preguntaban quién podría ser la sustituta de la profesora Le San, las demás a excepción de Cynthia daban algunas ideas.

- Monidick puede serlo, no creo que 2 días a la semana le puedan afectar en su trabajo.- Sugirió Andrea

-¿Qué opinas tu Cynthia? Le preguntó Montserrat quien se había dado cuenta de la preocupación que Cynthia mostraba en su cara.

-¿¡Eh!? Perdón no te escuche.-

- ¿Quién crees que será nuestra nueva profesora?

- Pues no lo sé. La señorita Monidick puede ser la mejor candidata.- Contestó Cynthia quien tenía su rostro apoyado en la venta mirando hacia paisaje que se veía a lo lejos del internado

- Se los dije, Monidick es la mejor opción.-

- ¿Pasa algo malo Cynthia? Le preguntó Anahí

- No, nada. Solo que aún no puedo creer lo de la señorita Le San, era ciertamente joven aún.- Contesto Cynthia sin apartar su vista del paisaje.

- Bueno, nadie lo puede creer todavía, fue algo muy rápido e inesperado.- Le dijo Sofía.

- Creo que iré a la biblioteca a leer, quiero estar a solas un momento, vuelvo en un rato.- Dijo Cynthia mientras tomaba su libro y después se dispuso a retirarse.

- Creo que yo me iré a bañar, quiero tener mi cuerpo fresco hoy.- Dijo ahora Andrea.

Las demás solo quedaron en silencio, parecía que ninguna tenía ganas de hablar por ese día, y así fue, Cynthia regreso en la noche al dormitorio, parecía que ya era demasiado tarde, pues cuando abrió la puerta encontró la luz apagada y a sus compañeras dormidas. Antes de poner un pie dentro de su habitación escucho su nombre en un susurro, volteo y vio a Esteban parado en el pasillo.

- ¿Qué haces aquí tan tarde?, si te ve Monidick…

- Me meteré en serios problemas, lo sé, nos lo repiten siempre que venimos.- Interrumpió el chico – Pero es que no puedo dormir, aún no puedo creer lo de su profesora, todo fue tan sorpresivo que al principio no entendí muy bien, ¿Su maestra murió? ¿Cuándo regresara? Me cuestione mucho acerca de eso.-

- Si también yo no lo entendí, pero después logre comprenderlo. La verdad; yo llegué a ver gente morir antes de venir aquí, vi a mi madre, a mi abuela, a mi hermana mayor y a una de mis mejores amigas la mataron en su escuela, era demasiado pequeña cuando eso pasó. Mi padrastro me trajo a este lugar cuando mi madre murió, yo tenía entonces solo 11 años.-

- ¡Guau! – Exclamo Esteban – Siéndote sincero y contándolo con la confianza con la que me acabas de contar tu historia, a mí me trajeron aquí después de haber dejado en coma a un pobre tonto, lo golpee tantas veces en la cabeza que no despertó. Mis padres me trajeron aquí antes de que la policía me arrestara, dijeron que era hasta que las cosas se calmaran. Pero parece que la policía me busca incasablemente desde hace 5 años.-

Hubo un momento de silencio, hasta que esteban lo rompió:

- Bueno, será mejor que me valla, no quiero que Monidick me cache aquí, nos vemos el viernes. Buenas noches.- Dijo mientras le sonreía, y antes de darse la vuelta Cynthia le habló.

- Espera.-

Esteban la miró:

-¿Qué pasa?

- Quiero contarte algo muy importante a ti, es algo muy raro y puede que tenga que ver con la muerte de Le San, si te lo cuento y enseño, prometes no contárselo a nadie hasta que yo lo haga.-

Esteban asintió y Cynthia le dijo:

- Espera un momento aquí, salgo rápido.- Cynthia entro a su habitación, fue a su cama, levanto el colchón con cuidado y saco la libreta que había encontrado en la biblioteca, después salió y le enseño la libreta a Esteban.

-¿Una libreta? Preguntó el chico confundió

- Primero déjame contarte algo. Hace 4 días estábamos en clase con Le San, Esmeralda estaba recordando algunos hechos que pasaron hace 2 años, Le San se dio cuenta que ella no estaba poniendo atención ni escribiendo la información que ella nos estaba diciendo, enojada preguntó a Esmeralda que era lo que estaba pensando, ella no respondió inmediatamente, Le San la amenazo sin dejarnos comida por un día, pero Esmeralda seguía sin responder, fue hasta que comenzó a escribir el castigo en su libreta cuando Esmeralda le respondió a Le San que estaba pensando en la monja Van Stand.-

Los ojos de Esteban se abrieron por lo sorprendido que estaba.

- Le San se quedó inmóvil, su mano temblaba, sus ojos volteaban a todos lados y sus labios parecían que querían abrirse para dejarla gritar, las demás le preguntaron si se encontraba bien, Cynthia y otra chica le propusieron dar la clase para que ella descansara, pero seguía sin decir nada ni moverse, finalmente, le pidió a Esmeralda que se retirara del salón, y después hablo sobre Van Stand, cuando termino nos dijo que nos fuéramos a nuestros dormitorios. Esa misma noche Monidick fue a nustro dormitorio para decirnos que Le San estaría un tiempo sin darnos clases, y ayer nos avisó que Le San había muerto.-

- Y ¿Algo tiene que ver la libreta?

Cynthia le entrego a Esteban la libreta mientras le decía:

- Ayer fui a la biblioteca por otro libro, como ya había leído los principales de una hilera decidí buscar más al fondo y encontré a esta libreta, tenía demasiado polvo, cuando lo limpie vi que tenía escrito: Recuerdos, lo abrí y comencé a leer lo que tiene escrito.-

Esteban vio la libreta, la abrió y comenzó a leer la primera página de la libreta. A medida que iba leyendo Cynthia se dio cuenta que Esteban se sorprendía por lo que estaba escrito ahí. Cuando termino de leer, Esteban le dio una hojeada a la libreta, pero se dio cuenta que era la única página que había sido usada. Esteban entrego la libreta a Cynthia, el no dijo nada, solo se quedó callado.

-¿Crees que sea verdad lo que tiene escrito esto? Preguntó Cynthia

- Si Van Stand realmente lanzo una maldición a quienes derrocaron su tiranía del internado, puede que talvez tenga algo que ver con lo que le pasó a Le San, ¿Pero cómo podemos estar seguros que eso pasó?

Cynthia pensó un momento hasta que recordó la oficina de la monja.

- La oficina.

-¿Qué oficina?

- Hay una oficina en el tercer piso a la que no nos dejan entrar a nosotras.-

- Si, pero tampoco las dejan entrar al segundo piso, ¿Cómo estas segura que la oficina está en el tercero y no en el segundo?

- Recuerdo que una vez llegué a escuchar a Le San y Monidick hablar sobre la oficina que había cerrado cuando ellas estudiaban aquí.- Cynthia callo un momento y después volvió a hablar – Esteban, debemos decirle a Monidick lo que sabemos, ella sabrá que hacer y nos ayudara.-

- Oh, pude que nos tome como locos y que nos castigue por estar los 2 juntos a mitad de la noche.-

- Tenemos que pruebas, y vaya pruebas que tenemos, puede que a nosotros no nos crea, pero a Le San.-

- Mira, Cynthia. No quiero ser grosero, realmente quiero ayudarte, pero si quien escribió esto no fue Le San y fue un loco que se inventó esta historia y se hizo pasar por Le San.-

- Y si fue así, quiero saber algo, ¿Por qué Le San mostro esa actitud cuando Esmeralda le recordó a Van Stand? O mejor ¿Por qué nos contó la historia de cómo era Van Stand con los estudiantes?

- Tal vez hubo un momento en que Van Stand influyo mucho en la vida de Le San por los castigos a los que estuvieron acostumbrados.-

- Esteban, no lo creo, estoy totalmente convencida de que lo que está escrito es real y es una de las causas por las que Le San está muerta.-

- Esta bien Cynthia, si quieres mostrárselo a Monidick y decirle tus teorías, hazlo, pero por favor, hazlo después de la cena de Navidad.-

Los 2 comenzaron a escuchar pasos apresurados.

- Es Monidick, debes irte.- Dijo Cynthia con una voz que emitía decepción

- Lo siento.- Le respondió Esteban con mucha seriedad. Después se echó a correr hacía el pasillo donde daba el muro que separaba los internados. Cynthia se metió la libreta en los pechos y poco después escuchó una voz.

- Señorita Cynthia, ¿Qué hace a altas horas de la noche en su habitación?

- Fui al baño, señorita Monidick.-

- Al baño y con ¿Su uniforme?

- Si, es que me quede dormida en la tarde antes de quitarme mi uniforme y desperté hace unos minutos por la razón que quería ir al baño.-

- Está bien, descanse.-

- Gracias señorita, igualmente.-

Cynthia se metió apresuradamente a su habitación y cerró la puerta. Cuando se acostó en su cama miro al techo, en su mente solo pasaban 2 cosas, decirle o no decirle a la señorita Monidick sobre lo que había encontrado, después de pensarlo por cierto tiempo, Cynthia poco a poco fue quedándose dormida sin darse cuenta, hasta que el sueño se apodero de ella.

Ya era el día de Navidad, la semana se había pasado demasiado rápido, tal como los chicas sugirieron, Monidick era la nueva profesora. Cuando despertaron eran las 8:00 de la mañana, estaban emocionadas, después de un año de espera volverían a comer comida de verdadera calidad y en la noche sería un gran festín con sexo, cigarros y alcohol. Después de haberse bañado juntas, las chicas se comenzaron a arreglar, Sofía le presto a Diana uno de sus sostenes para remarcar sus enormes pechos, pues era ella quien por ser ciertamente más desarrollada, tenía más atributos, Montserrat quien tenía el trasero ligeramente más grande que Diana se puso unas bragas demasiado chicas, que apenas si le cubrían la parte delantera de abajo, era una noche muy especial, noche que solo se repetía una vez cada año y siempre era un placer disfrutar de los lujos que se otorgaban en ese día. Esos días era normal que los pocos profesores se fueran a dormir muy temprano, razón por la cual esa noche terminaba en locuras. Ellas bajaron emocionadas el pasillo, el cual habían decorado hace 2 días las mismas niñas, cuando llegaron comenzaron a ayudar a sacar las sillas y mesas al bosque. Ese era el lugar donde cada año ellos comían, en la salida también se encontraron algunos chicos, que también sacaban mesas y sillas. Diana recordó que había olvidado algo importante en su habitación por lo que subió a su dormitorio a buscarlo. Después de buscar y buscar por un rato se desesperó y se sentó en su cama, unos segundos después entraron Sofía, Andrea y Esmeralda, que le preguntaron que había olvidado.

- Protección para esta noche, recuerdo que me sobraban demasiados anticonceptivos de los años anteriores, pero no lo encuentro, no recuerdo donde los puse.-

- Tienes razón, hay que buscarlos, nunca nos hemos arriesgado a hacerlo sin protección, te ayudaremos.- Le dijo Anahí.

Apenas llevaban un minuto buscándolo cuando escucharon la puerta sonar, Diana se puso de pie mientras sus amigas buscaban debajo de sus camas y abrió la puerta, parados en ella habían 2 jovencitos de aproximadamente 12 años los 2, uno era blanco, cabello negro, ojos verdes y vestía un pantalón de mezclilla oscuro con una sudadera de color gris, el otro era más bajo que el primero, también tenía piel blanca, cabello negro, ojos café oscuros que apenas si se notaban por los lentes que usaban, también tenía un pantalón de mezclilla negro y una suéter azul marino. Diana no los reconoció, pues nunca los había visto en su vida.

-¿Qué se les ofrece? Pregunto un poco confundida

- ¿Diana? Pregunto el de suéter azul marino

- Si, ¿Quién eres tú?

- Soy Dylan, Dylan Hernández.

Diana soltó un grito ahogado y se lanzó a abrazar Dylan.

- Dylan. Te he extrañado tanto, no sabes cómo te he extrañado.- Le susurraba al joven quien también la abrazaba.

Cuando Diana lo soltó, Dylan apunto a su compañero.

-Él es Arturo, mi amigo, vamos juntos en la secundaria.-

 Su compañero le tenido la mano a Diana, quien la estrecho, cuando la soltó Diana pregunto:

- ¿Ha que han venido?

Dylan miro a Arturo y después le respondió a Diana

- Necesitamos tu ayuda.-

- Claro que sí, ¿En qué puedo ayudarles?

- Primero, ¿Hay algún lugar donde podamos hablar a solas?, los 3.- Dijo Dylan mientras hacía un circulo con el dedo.

- Por supuesto, esperen un segundo.- Diana volteó a ver a sus campaneras, quienes los veían a los 3.

- Pueden darnos unos minutos a solas.-

Sus amigas asintieron y salieron de la habitación, Los otros 2 jovencitos entraron y Diana cerró la puerta enseguida.

- Bueno, Diana nos ha corrido mientras le ayudábamos a buscar protección, ¿Qué hacemos ahora? Preguntó Sofía.

- Pues hay que bajar a seguir ayudando con lo de hoy.- Dijo Esmeralda.

Cuando bajaron al patio siguieron ayudando a la señorita Monidick. Después de un rato, Diana bajo con sus compañeras, cuando la vieron, Esmeralda le preguntó:

- ¿Y, te la has pasado bien?

- Es un viejo amigo, hace mucho que no veo una cara familiar.- Respondió Diana quien comenzó a ayudar a sus amigas para la cena.

Ya eran las 9 de la noche, las decoraciones en el bosque ya estaban listas, los alumnos se sentaron. Después de agradecer por los alimentos comenzaron a comer. La felicidad en sus caras podía hacerse presente, una vez al año podian disfrutar de esos manjares que se les daban. Nuestras protagonistas conversaban con sus acompañantes mientras comían, era cuestión de un par de horas para que la fiesta subiera de nivel y terminara en lo mismo que siempre terminaba. Ya eran las 11, los profesores hacía un rato que se había ido a descansar, en el bosque había algunos niños bailando al son de la música relajante que sonaba en el tocadiscos, y otros tantos, como nuestras protagonistas, ya se habían ido a divertir con sus acompañantes a sus dormitorios. Todas a excepción de Cynthia, quien estaba sentada en una silla mientras recordaba las palabras de Esteban, ¿y si en verdad Le San nunca había escrito esas memorias? ¿Y si fue un loco quien se inventó tremenda historia para dar terror al internado? Aunque estas ideas igual tenían sus contras. Porque Le San casi se desmayaba en clase cuando recordaron a la monja, quizá tuvo una muy mala experiencia con la monja y el trauma la envolvió aquel día. Sus pensamientos fueron interrumpidos por la voz de Diana:

- ¿Te vas a quedar ahí toda la noche mientras los demás se divierten?

Cynthia volteo a ver a su amiga:

- Diana, ¿Puedo contarte algo? Es algo relacionado a lo que le pasó a Le San.-

- Por supuesto.- Diana se sentó en una silla que estaba al lado de Cynthia - ¿Qué ha pasado?

Cynthia tardo en encontrar palabras para explicar lo que sabía pero finalmente pudo hablar.

- El día en que Le San murió, en la tarde, fui a buscar algún libro nuevo para leer, yo ya había leído todos los libros de una hilera que estaba en el estante, metí mi mano más adentro para buscar algún libro que me pudiera interesar, pero encontré una libreta, tenía mucho polvo, parecía que llevaba algunos años ahí. Después de limpiarla, vi que tenía una cinta blanca y con plumón negro tenia escrito Recuerdos, cuando abrí la primer página vi que tenía llena la página de memorias, cuando comencé a leerlas vi que los apuntes eran de Le San, en ella describía muchas cosas.-

- ¿Como cuáles? Preguntó Diana

- Le San decía que cuando ella había llegado a los 11 años Van Stand estaba loca, y recordó que los alumnos más viejos decían que ella era una mujer muy buena y con intenciones religiosas, pero después se volvió loca, llego a matar a muchas niñas y a torturar a los niños, pero después hubo un especie de motín, Van Stand y sus compañeros fueran quemados y ahorcados, pero antes de morir…-

Cynthia quedo callada un momento hasta que Diana le preguntó:

- ¿Antes de morir, qué?

- Antes de morir maldijo a quienes la mataron. Dijo que el solo recuerdo de su nombre haría que los pecados de quienes la mataron terminarían por hacer lo mismo con ellos.-

Anahí quedo sorprendida, parecía, en cierto punto, que estaba indecisa de creer o no.

-Cuándo regresase a la habitación fue cuando nos dieron la noticia que Le San estaba muerta.-

- ¿Alguien más lo sabe?

- Solo Esteban, pero él cree que fue alguien más quien escribió la historia.-

- Mira, Cynthia, lo que me estas contando es algo muy delicado, si tú tienes la intención de avisar a Monidick sobre eso, más vale estar convencidas en un 1000 por ciento de que es verdad, porque de lo contrario, sería una acusación muy grave y un insulto a la memoria de Le San.

- Estoy convencida. Se lo diré hoy mismo, no diré que ustedes lo saben, si algo me llega a pasar no los quiero culpar a ustedes, talvez me cueste la expulsión del internado, pero no puedo quedarme con la duda.-

Cynthia se levantó de su silla y le pidió a Diana ir al dormitorio por la libreta. Cuando llegaron al dormitorio, el cual estaba vació, Cynthia agarro la libreta.

- ¿Estas segura de esto Cynthia? , sabes a lo que te estas por enfrentar, una vez que le digas a Monidick sobre tus teorías, no habrá marcha atrás.

Cynthia quedo pensante un momento, parecía que ella también quería no decirle nada a Monidick.

- Primero quiero averiguar algo. Ven acompáñame.-

Cynthia salió de la habitación con la libreta en manos y seguidamente Diana.

- ¿A dónde vamos?

- Al tercer piso.-

- ¿Qué hay ahí?

- La prueba que confirma mis teorías.-

Las chicas se apresuraron a subir las escaleras, llegar al segundo piso fue todo un problema, las escaleras que daban a él estaban tapadas con sillas, estantes y escritorios, lo único que pudieron lograr mover fue un estante, el espacio que este destapo fue lo suficientemente grande para que ellas entraran gateando a las escaleras que daban al segundo piso. Subieron las escaleras del segundo piso también, los pasillos estaban llenos de telarañas debido a que hacía mucho que nadie daba mantenimiento a esos lugares, alumbradas por la débil luz que salía de las lámparas llegaron al tercer piso, un lugar más recóndito y que a diferencia del segundo, estaba mucho más sucio y el cual no tenía luz en el pasillo.

- Cynthia, si alguien llega a descubrirnos aquí, tendremos mucho que decir.-

- Diana, los recuerdos dicen que en este piso se encuentra la oficina de Van Stand, y en ella su retrato, Le San escribió que lo quitaron porque después de que la mataron, su retrato se volvió terrorífico, lo quitaron y quemaron, pero volvía a aparecer en el mismo lugar, fue esa la razón por la que cerraron este piso.-

- Y una pregunta, ¿Cuál es la oficina de Van Stand? Nadie ha subido aquí desde hace mucho tiempo.

- Tal vez debemos empezar por la última puerta, esa de ahí.- Cynthia señalo la puerta que estaba hasta el fondo del pasillo. – Pero necesitamos luz, talvez debemos regresar y buscar algo que nos pueda alumbrar.

En cuanto Diana escuchó esto, se metió la mano al bolsillo de su suéter y saco el encendedor que Antonio le había dado junto con los cigarrillos, Diana lo prendió y le dijo a Cynthia:

- Vamos, debemos darnos prisa.-

Las chicas comenzaron a caminar con paso veloz, a veces se pegaban telarañas en la cara, esto desagrado mucho a Diana, cuando finalmente llegaron a la puerta, se detuvieron frente a ella con asombro. Era una puerta de madera, la chapa parecía ser de oro puro, y en medio de la gigantesca puerta estaba escrito en una chapa de metal – Van Stand-. Diana quedo sorprendida.

- Es aquí Diana, esta es la oficina de Van Stand, dentro de ella está la prueba que necesito para confirmar que Van Stand es la culpable de la muerte de Le San.-

- Después de ti.- Le respondió Diana.

Cynthia giro la perilla y la puerta se abrió, la habitación estaba iluminada por una luz amarilla, parecía que la bombilla estaba a punto de fundirse, era un milagro que de hecho, no se hubiera fundido hace varios años. Las chicas entraron en la oficina, aunque llevaba muchos años sin ser usada lo único que había era polvo.

Diana guardo su encendedor y se detuvo en el escritorio que estaba enfrente de la puerta para mirar algunos papeles que estaban en él. Cynthia camino a su izquierda para buscar el retrato de Van Stand, Diana comenzó a hojear algunos papeles del monto que estaba en el escritorio, fue entonces que escucho un grito ahogado y después su nombre.

- Diana, es este, el retrato de la monja, está aquí. Es real, esto es real.

Diana aparto su mirada de los papeles y vio el retrato de Van Stand, el cual le causo escalofríos y un miedo tremendo que hizo que sus piernas temblaran, Cynthia admiro el retrato de la monja, estaba en un marco de madera, su vestimenta era como la de una monja normal, pero el fondo estaba oscurecido, la piel de la monja era muy blanca y tenía cicatrices en su rostro, su cara tenía una mirada que aterraba, ojos amarillos, su mirada penetraba el alma de las chicas.

- ¿Ella fue quien se llevó a Le San?

- No, no, claro que no… la libreta.-

Cynthia abrió la libreta y con una mirada muy precisa se puso a buscar el párrafo donde estaba escrita la maldición.

- Aquí esta. Escucha: Hoy ustedes me mataran, pero el simple recuerdo de mi nombre hará que los pecados que hoy han cometido los atormenten, los volverán locos y finalmente serán sus propios pecados quienes cobren su vida, juro por Dios que así será. El pecado de Le San fue haber ayudado a matar a Van Stand.

- Estas diciendo que haber ayudado a matar a una monja que se volvió loca fue un pecado.-

- Si, asesinar es un pecado, destroza tu alma y te vuelve impuro. Pero hay otra cosa, Le San escribió que Van Stand creía que para llegar a ser tan religioso y llegar a dios tenías que pecar, ella obligo a los estudiantes a pecar.-

- ¿Y cómo?

Hubo un pequeño momento de silencio mientras Cynthia pensaba.

- Sacerdotes. Había sacerdotes aquí, Le San también describió a la monja con lujuria, puede que ella haya obligado a los sacerdotes a violar a las niñas, ellas eran vírgenes, pero al ser violadas se volvieron impuras, esto hizo que pecaran y fue una razón para asesinarlas. Pero también escribió que los hombres fueron torturados por el hecho de ser hombres, Van Stan los consideraba impuros y malos por ser hombres.

- ¿Solo por eso, los torturaba solo por creer que por ser hombres estaban llenos de maldad y lujuria?

- No, piensa otra alternativa, puede que aquellos que no había pecado, se les obligó a hacerlo, ver a las niñas siendo violadas, violarlas o asesinarlas.

- Y dime porque a ellos no los mato

- Porque entonces, los convirtió, les lavo el cerebro. Dice que la noche en que se amotinaron hubo hombres quienes ayudaron a Van Stand, no lo específica, pero si ninguno fue asesinado, entonces hay razones para creer que los convirtió en religiosos. No lo puedo creer, Diana, tenemos que avisar a Monidick ahora mismo.

Cynthia salto ante el grito de Dina.

- Mira esto, lo que tiene escrito.

Cynthia se aproximó al escritorio y vio una hoja de papel que tenía escrito con letra mediana una oración.

- Cuando el pecado reclame a una, yo volveré para tomar su lugar.- Leyó Cynthia

- Mira, aquí hay otra. Cuando el pecado reclame a todos, nosotros volveremos para tomar su lugar. Leyó ahora Diana

- Mira, hay más aquí. Una ya está con nosotros, es hora de regresar por la otra. Vamos por ustedes. La luna se cubre en el cielo con las nubes, no quiere ser testigo del regreso de la muerte a la vida. Ahora estamos por subir. Estamos en camino, se paciente, nos veremos aquí arriba. Él y ella vendrán con nosotros hoy. Esperamos ansiosos la luna llena, esperamos de nuevo estar vivos.

- Cynthia, Cynthia se acaban de escribir, no estaban cuando yo las vi.- Dijo Diana quien mostraba miedo en su cara

- Diana, mira, la última, están escribiendo en ella.

Diana miro la última hoja de papel que estaba en el escritorio, las letras comenzaron a hacerse más visibles. Es la hora, no perdamos tiempo, vamos a por ella.

Las chicas se miraron una a la otra, Diana tomo las hojas de papel y ordeno a Cynthia correr. Mientras corrían por el pasillo Cynthia dijo a Diana:

- Hay que avisarle a Monidick, no hay tiempo para esperar.-

Bajaron las escaleras del tercer y segundo piso a toda velocidad, cruzaron el hueco del estante que habían dejado cuando subieron.

- Debemos ir ahora mismo con Monidick. -Dijo Cynthia

Diana asintió y las chicas volvieron a correr por el pasillo que daba a los dormitorios de las 3 profesoras que ensañaban en la semana, la oficina de Monidick quedaba en el final de ese mismo pasillo, tocaron la puerta apresuradamente, desde adentro de su oficina, Monidick habló.

-Adelante, pasen.-

Las chicas entraron, sus caras de cansancio y de miedo se notaban a simple vista, la señorita Monidick noto esto y de inmediato se puso de pie para ayudar a sus alumnas.

-¿Qué ha pasado? ¿Porque esas caras? Preguntó la directora con preocupación.

- Señorita Monidick, tenemos que habler con usted, es un asunto muy serio y solo usted puede decirnos la verdad.- Contesto Diana

- ¿Qué es lo que sucede señoritas? Pregunto Monidick intrigada por la respuesta de sus alumnas

- Es sobre la monja Van Stand, sabemos lo que paso hace 26 años, y debemos hablar con usted.- Contesto Diana

La cara de Monidick cambio de preocupación a asombro, suspiro mientras se daba la vuelta y miraba por afuera de la ventana que estaba atrás de su escritorio.

- Entonces, encontraron los recuerdos de la señorita Le San, ¿Verdad?

- Sí, así es.- Contesto Cynthia – Pero queremos saber si es cierto lo que la señorita Le San escribió aquí.

La habitación se llenó de silencio por un momento hasta que Monidick volvió a hablar:

- Si, todo es cierto, Van Stand era una mujer amable y llena de amor antes de volverse cruel y despiadada.-

 Siéntense. Monidick señalo un par de sillas que estaban en su escritorio, las chicas se sentaron y la señorita continúo hablando:

– Le San y yo teníamos 11 años cuando llagamos aquí, Van Stand ya era mala en ese entonces, pero las niñas mayores nos contaban historias de cómo era ella antes de volverse así, parecía que era un sueño haber estado con ella en esos años en la que fue una buena persona, la crueldad de Van Stand nunca conoció limites, ella mataba a quien consideraba ¨impuro¨, pero nunca encontraba razones para matar, todos estábamos libres de pecado, fue entonces que ella comenzó a ordenar a los sacerdotes que nos violaran, muchas fueron violadas, torturadas y humilladas, quienes tuvimos suerte solo supimos callar, sabíamos que era cuestión de tiempo para que a todas nos pasara lo mismo. Las violaban en público, siempre frente a los hombres, ellos eran azotados y ahogados por las monjas y sacerdotes, quienes quisieron defenderse terminaron muertos, algunos de ellos se volvieron como Van Stand, con las mismas locas creencias. 5 años de sufrimiento pasamos, el limite llegó cuando… – La señorita Monidick dio una pausa, parecía que le costaba trabajo hablar, después de un momento de respirar profundamente pudo retomar las palabras – cuando  la hermana pequeña de Le San fue violada y quemada en el bosque, a la vista de todos. Su muerte se convirtió en el mártir perfecto para amotinarnos, esa noche todo el instituto ardió, quemamos muchos salones, golpeamos y torturamos a quienes habían apoyado a Van Stand y a su secta, los sacerdotes y monjas ahorcados y quemados vivos, nosotros también perdimos compañeros, pero al final logramos poner este internado a nuestra disposición. La última fue Van Stand, la golpeamos, la torturamos y finalmente la quemamos. Pero antes de quemarla, ella lanzó una maldición a todo el internado y a quienes estudiaran aquí.-

- El peso de sus pecados los matara.- Dijo Cynthia.

- No, no Cynthia. Esas palabras fueron las que le pedí a Le San cuando escribió los recuerdos. Ella dijo que aquella de corazón más puro sería la primera en morir al solo recordar el nombre de Van Stand, y que regresarían por quien tenía el corazón más oscuro y se llevarían a quienes estuvieran bajo su cuidado. Recordó cuando violaran y quemaron a su hermana, todo bajo órdenes de Van Stand. Van Stand invadió de maldad su cuerpo. Cuando encontramos a Le San en su oficina, ella tenía las muñecas cortadas, había dejado una carta, en la que mencionaba que era cuestión de días para que el recuerdo de Van Stand la obligara a matarse. Pero el suicido también es morir, Van Stand cumplió con la mitad de su maldición, ¨aquella de corazón más puro será la primera en morir al solo recordar mi nombre ¨.-

La habitación se llenó de silencio, las chicas estaban sorprendidas por la confesión de Monidick.

- Entonces, usted señorita…

- Le San venia de una familia pobre pero humilde, sus padres las trajeron aquí, en ellas no había mal. A mí me trajeron porque mi pasatiempo favorito en casa era matar animales, pero matar a una niña de 3 años fue el motivo para venir aquí, mis padres dijeron que regresarían cuando la policía dejara de buscarme. Ella vendrá por mí. Y por todos ustedes. No hay tiempo para planear, ahora que ustedes saben esto, su regreso solo se adelantara.-

Diana puso sobre el escritorio las hojas de papel que encontraron en la oficina de la monja.

- Fueron escritas mientras nosotras estábamos en la oficina de Van Stand.-

Monidick las leyó, asustada e impaciente habló a las niñas:

- Salgas de aquí ahora mismo, busquen a sus compañeras, debemos sacarlos a todos ustedes de aquí. Vayan ahora mismo.-

Las chicas se pusieron de pie, abrieron la puerta y comenzaron a correr directo al dormitorio donde esperaban, sus amigas ya estuvieran ahí, en el transcurso se comenzó a escuchar una alarma en todo el internado, acompañado de la voz de la señorita Monidick quien avisaba a todos:

- Atención, esto no es un simulacro, el internado y los alumnos corren peligro, Van Stand ha regresado, a todos los profesores les solicito que junten a los alumnos en el patio de las mujeres.-

Ante este aviso las niñas comenzaron a correr aún más rápido hasta llegar a su dormitorio, algunas puertas se comenzaron a abrir y de ellas salían hombres y mujeres, cuando las niñas llegaron a su dormitorio y entraron vieron a Montserrat y Anahí vistiéndose al igual que a Esteban Y Antonio. Anahí al verlas les pregunto:

- ¿Qué está pasando y qué es eso de que Van Stand ha regresado?

-  No hay tiempo para explicaciones, corremos peligro, ¿Dónde están las demás?

- Están en el edificio de los hombres.-

- Dense prisa ahora mismo, dependemos de muy poco tiempo.- Les ordeno Cynthia quien estaba muy nerviosa.

Cuando salieron de su habitación la alarma seguía escuchándose por todo el internado. Bajaron rápidamente las escaleras del pasillo y llegaron al patio, donde los alumnos ya estaban reunidos ahí.

La señorita Monidick salió de su oficina y pidió silencio a los alumnos, quienes se preguntaban entre ellos que es lo que pasaba.

- Jóvenes, estamos en peligro, debemos salir de la institución ahora mismo, no se separen de sus compañeros ni de sus profesores y recuerden…

La voz de Monidick fue interrumpida por un grito de una niña:

-¿Qué es eso que se dirige hacia acá?

Los demás niños comenzaron a alarmarse cuando vieron a las afueras del internado, muchas figuras esqueléticas caminando hacía el internado, la señorita Monidick solo pudo avisar a los niños.

- Tendremos que pelear si queremos salir de aquí.-

Los alumnos estaban aterrados, sabían que era lo que se acercaba a su escuela y sabrían que, en efecto, tendrían que enfrentarse a ellos si quieran vivir.

Cuando comenzaron a llegar al internado jóvenes comenzaron a atacarlos con piedras y palos, poco a poco fueron llegando demasiados hasta que el internado se comenzó a llenar de ellos, comenzaron a matar a los jóvenes, les mordían el cuello, se los rompían o simplemente al tenerlos demasiado cerca y notar lo terroríficos que eran, morían de un infarto. Los jóvenes se defendían, algunos lloraban y otros no se podían ni mover por el miedo que sentían. Fue cuando del primer piso comenzaron a caer bombas de fuego, eran las botellas de alcohol que los niños se intercambiaban entre ellos, los jóvenes armados con tubos, palos de madera y rocas comenzaron a pelear de nuevo con esas criaturas.

Las chicas se apresuraron a buscar a sus amigas, Cynthia y Montserrat buscaron por un lado, mientras Diana y Anahí por el otro, era difícil caminar por el patio del internado pues había muchos alumnos y criaturas peleando entre sí. En un grupo, Cynthia encontró a sus amigas, Andrea quien estaba temblando del miedo que sentía la abrazo fuertemente.

- Chicas debemos salir de aquí, es cuestión de tiempo para que esas cosas tomen el internado.-

- ¿Y Monidick? ¿Qué va a pasar con ella? ¿Qué va a pasar con los demás? No podemos irnos mientras ellos son asesinados, debemos ayudarlos.

- No hay tiempo, no podemos arriesgarnos, esas cosas van a matarnos a todos, debemos salir de aquí mientras podamos.-

Una bomba de fuego había caído muy cerca de ellas, el suéter de Cynthia comenzó a prenderse, rápidamente Andrea y Montserrat le ayudaron a quitárselo.

- Debemos salir de aquí ahora mismo, no hay otra opción.-

Sofía y Esmeralda se pusieron de pie.

-¿Dónde están Diana y Anahí? Preguntó Sofía

- Están buscándonos, vallan al primer piso, quédense ahí, yo iré a buscarlas.- Dijo Cynthia quien fue corriendo a la oficina de Monidick

Cuando entró vio a sus compañeras con la Directora.

- Deben sacar a los alumnos que puedan. Tengan, un mapa para llegar al pueblo más cercano, digan que gente armada entraron al internado y comenzaron a matarlos a todos.-

- Señorita Monidick, no podemos irnos sin usted.- Le respondió Diana.

- Deben hacerlo, Van Stand pronto llegara y matara a quien esté aquí, es por eso que ustedes deben irse, no merecen morir, no tiene la culpa de lo que paso hace 26 años.-

- Vámonos de aquí, eh encontrado a las chicas, debemos irnos con quienes podamos.- Dijo Cynthia

Sus amigas se miraron entre si y después de ver a la señorita Monidick quien les asintió, salieron de la oficina, la directora salió detrás de ellas, mientras corrían por el pasillo que daba hacía el patio una fuerte explosión las derribo, era la cocina, había explotado, al parecer habían abierto las llaves de gas y echado una bomba de fuego en ella, el patio tenia llamas en él, algunos alumnos y criaturas se estaban quemando.

- Vamos al primer piso, las chicas nos están esperando ahí.- Les dijo Cynthia.

Rápidamente las 3 subieron las escaleras y a mitad de ellas se encontraron a sus amigas, acompañadas de Esteban, Antonio y otros 3 chicos.

- Debemos irnos, tenemos un mapa para llegar al pueblo más cercano, debemos llevarnos a quienes podamos.-

- Esta bien, vamos.-

Los jóvenes bajaron las escaleras y pasaron por la multitud que había en el patio, algunos compañeros y criaturas estaban en el piso, inmóviles, parecía que estaban muerto y re muertos. Estaban a punto de cruzar el patio para llegar a la salida cuando una explosión, mucho más fuerte ahora volvió a tumbar a quienes estaban en el patio, el segundo y tercer piso se derrumbaban sobre ellos, los alumnos corrieron lo más lejos que pudieron, muchas criaturas quedaron aplastadas por los escombros de la explosión, sorprendidas por cómo había logrado derrumbar los 2 pisos, las chicas se pusieron de pie y comenzaron a decir a los jóvenes que las siguieran, algunos de ellos las obedecieron, pero finalmente, otra explosión volvió a derribarlos y seguidamente un terremoto de una gran magnitud, tal fue la fuerza, que se podía escuchar el suelo, las paredes y los arboles crujir, parecía que la tierra se estaba partiendo en 2. Una gran aura de fuego ilumino todo el cielo, y de los escombros una silueta negra comenzó a hacerse presente, era alta. El combate entre los jóvenes y las criaturas ceso para ver a la silueta, la cual, poco a poco fue tomando forma, hasta que finalmente lo hizo. Era ella, la monja. Era Van Stand, los jóvenes se pusieron de pie mientras las criaturas se arrodillaron. Todos la vieron, fue entonces que ella, con una voz espectral, hablo:

- He regresado. Tal como lo prometí, la de corazón puro murió, y he regresado por la de corazón impuro. Leandra, he regresado por ti. ¿Dónde estás?

Cuando habló, su voz derribo a los jóvenes que se había puesto de pie anteriormente. Hubo un momento de silencio, hasta que este fue roto por la voz de la Señorita Monidick:

- Aquí estoy Líese, he estado esperándote desde hace 26 años, te esperaba con muchas ansias.- Dijo la directora quien se cubría con una mano el abdomen, el cual le sangraba. Estaba frente a la monja.

La monja estiro la mano y la directora fue jalada hacía el lugar donde estaba la monja, la mirada penetrante de la brujo impaciento a Monidick, quien igual le regresaba la mirada.

- Has regresado solo por mí, mis muchachos no tienen nada que ver con lo que paso hace 26 años, ellos no tiene la culpa de nada. Me iré contigo pero a ellos dales la oportunidad de irse.- Dijo la señorita Monidick

- Jajajaja, ¿Ustedes nos dieron la oportunidad de irnos a nosotros mientras nos torturaban y golpeaban?

- Ustedes merecían morir. Quienes ayudaron a tu secta fueron desterrados de aquí, ellos también merecían morir, pero les perdonamos la vida. Perdónales la vida a ellos, como nosotros se las perdonamos a tus aprendices.-

- Ya han muerto muchos de ellos, y otros más morirán en poco tiempo, no es necesario dejarlos ir.-

- Son puros de corazón, no han pecado, no tienen por qué morir.-

- No me obligues a hacerle a las niñas lo mismo que les hice a ustedes.-

- Entonces, déjalos ir, solo quedo yo de quienes te asesinamos, los otros 5 ya están muertos, y los demás también, tú los mataste, ellos solo se han defendido de ti, como nosotros lo hicimos contigo. ¿Es un trato?

- Bien. Hágase así tu voluntad.-

Van Stand chasqueo los dedos y las criaturas que estaban arrodilladas se desintegraron, acto seguido Van Stand puso su mano sobre el pecho de Monidick y lo apretó, el cuerpo de Monidick dejo de moverse, Van Stand lo dejo caer y ante la mirada de los jóvenes, comenzó a desaparecer entre los escombros de la escuela.

Esa misma noche la directora y los compañeros que habían muerto fueron enterrados frente al lago. Ninguno de ellos durmió esa noche. A la mañana siguiente, todos tomaron sus cosas y por delante de las 7 amigas caminaron al pueblo más cercano. En el camino Diana y Cynthia se quedaron hasta atrás, viendo como los compañeros avanzaban, Cynthia volteo la vista para ver el internado una vez más.

- Sabes que no volveremos ahí, ahora somos libres, pero debemos depender de nosotros, los pueblos son muy tranquilos, puede que incluso nos ayuden a vivir.- Le dijo Diana quien se puso a lado de ella.

- Lo sé, pero… me hubiera gustado que Monidick estuviera con nosotros, acompañándonos al pueblo.-

- Ella dio su vida para que nosotros saliéramos de ahí, creo que ella estaría feliz de vernos fuera del internado y vivos, es lo más importante.-

- Qué pasara ahora, ¿viviremos todos juntos?

- Eso parece. Por cierto, Cynthia, tengo algunas dudas, sobre si ir con ustedes o no.-

- ¿Qué? ¿A dónde irías?

- Uno de mis viejos amigos ayer vino a verme, necesitaba mi ayuda para un problema muy grande, y le prometí que si podía salir de aquí iría a ayudarlo. Tratare de ganar dinero en el pueblo para poder regresar a la ciudad y ayudarlo, y cuando lo haga, regresare aquí. Pero tengo dudas si en verdad ir o quedarme con ustedes.-

- Si me prometes regresar te diría que vayas, pero quiero ir contigo, quiero ayudarte en todo lo que sea posible, me ayudaste a mí y quiere regresarte el favor.-

- Gracias, pero por ahora hay que establecernos en el pueblo, es lo único en lo que debemos pensar ahora.-

Cynthia y Diana siguieron caminando, tras sus compañeros hacía el pueblo.

 

Después de unos meses por fin se habían establecido en el pueblo, al principio fue difícil pero pronto se acostumbraron. En la primera semana Diana y Cynthia habían logrado conseguir dinero para ir a la ciudad y fueron a ayudar al amigo de Diana, Dylan. Las demás chicas se quedaron en el pueblo junto con sus compañeros. Después de 2 meses Diana Y Cynthia habían regresado al pueblo, y se empeñaron en seguir aprendiendo y enseñar a sus compañeros educación.

Mientras tanto, el internado seguía en ruinas y sobre los escombros, había un marco de madera, el cual estaba vació, la maldición de la moja se había cumplido.

ESDLO Tu Alma Ya Descansa En Paz 20:16 20 mar 2019 (UTC)

La maldicon de la monja